jueves, 22 de mayo de 2014

Noticia: Calambur en la Feria del Libro de Madrid 2014


Como todos los años, Calambur va a estar presente en la Feria del Libro de Madrid. En esta ocasión, estaremos en la caseta número 334 para ofreceros todos nuestros libros y las firmas de nuestros autores. A continuación os dejamos la agenda de actividades que hemos organizado. Os recordamos que la feria dura desde 30 de mayo al 15 de junio, y que el horario es:

Lunes a Viernes: de 11:00 a 14:00 y de 18:00 a 21:30
Sábados, Domingos y Festivos de 11:00 a 15:00 y de 17:00 a 21:30
Lugar: Parque del Retiro, Madrid.

ACTIVIDADES


SÁBADO 31 DE MAYO:
17:00 - 21:30 
Vanesa Pérez-Sauquillo, La isla que prefieren los pájaros y resto de su obra

DOMINGO 1 DE JUNIO:
11:00 - 15:00
Cecilia Quílez, La hija del capitán Nemo y resto de su obra
Vanesa Pérez-Sauquillo, La isla que prefieren los pájaros y resto de su obra

17:00 - 21:30 
Mercedes Chozas, Los Abecedarios y resto de su obra

SÁBADO 7 DE JUNIO:
11:00 - 15:00
Cecilia Quílez, La hija del capitán Nemo y resto de su obra
José Antonio Zambrano, Lo que dejó la lluvia y resto de su obra

17:00 - 21:30
José Antonio Zambrano, Lo que dejó la lluvia y resto de su obra
Vanesa Pérez-Sauquillo, La isla que prefieren los pájaros y resto de su obra

DOMINGO 8 DE JUNIO:
11:00 - 15:00
Antonio Hernández, Nueva York después de muerto y resto de su obra
Margarita Alfaro y Beatriz Mangada, Atlas literario intercultural. Xenografías femeninas en Europa y resto de su obra

17:00 - 21:30
Vanesa Pérez-Sauquillo, La isla que prefieren los pájaros y resto de su obra
Antonio Hernández, Nueva York después de muerto y resto de su obra

SÁBADO 14 DE JUNIO:
12:00 - 14:30
Juan Carlos Mestre, La poesía ha caído en desgracia y resto de su obra
Miguel Ángel Muñoz Sanjuán, Cantos : & : Ucronías y resto de su obra

19:00 - 21:00
Juan Carlos Mestre, La poesía ha caído en desgracia y resto de su obra
Miguel Ángel Muñoz Sanjuán, Cantos : & : Ucronías y resto de su obra

DOMINGO 15 DE JUNIO:
12:00 - 14:30 
Juan Carlos Mestre, La poesía ha caído en desgracia y resto de su obra

19:00 - 21:00
Juan Carlos Mestre, La poesía ha caído en desgracia y resto de su obra

Más información:
www.ferialibromadrid.com


martes, 20 de mayo de 2014

Feria del libro de Fuenlabrada 2014



El día 24 de mayo, sábado, da comienzo la Feria del Libro de Fuenlabrada. Calambur, en colaboración con la editorial El Sastre de Apollinaire, estará en la caseta 17 para ofrecer nuestros libros. Además, el día 30 de mayo, viernes, habrá una lectura colectiva de poetas de nuestra editorial en el pabellón de adultos, a las 19:30 (hasta las 21:00).

Podéis echar un vistazo al programa de la feria en este enlace.

Horarios:
Primer sábado: 18 a 22 h
S y D: 11 a 14 y 18 a 22 h
L a V: 10 a 13,30 y 18 a 21 h
Último domingo: 11 a 14 h
Parque de la Fuente.
Calle Eras, Fuenlabrada (Madrid)


viernes, 16 de mayo de 2014

Noticia: "Esa gente que soy y que conozco", libro homenaje a Juan Carlos Mestre

El pasado 7 de mayo, Juan Carlos Mestre estuvo en Leganés con motivo de la presentación del libro Esa gente que soy y que conozco, editado por el ayuntamiento del municipio en el marco de una iniciativa, que ya lleva años en funcionamiento, para acercar poetas españoles a las aulas de los colegios e institutos.

Este año, fue el turno de Mestre, cuya obra tuvieron que leer los escolares de la ESO para después publicar el libro Esa gente que soy y que conozco, nombre extraído de uno de los poemas del poeta: "La nostalgia de un pájaro que enciende su rumor en la noche".




El libro recoge las impresiones de los alumnos sobre la obra de Mestre, tanto de forma escrita como visual. Puede ser consultado o descargado desde el enlace en la propia web del Ayuntamiento de Leganés, aquí.

miércoles, 14 de mayo de 2014

Noticia: Entrevista a Antonio Hernández en Babelia

Educadamente rebelde
Por Amelia Castilla
Babelia, 10/05/2014



Gracias a @manuelrreina por la fotografía


Antonio Hernández ultima novela y poemario, tras ser aclamado con el Premio de la Crítica por Nueva York después de muerto

Antonio Hernández (Arcos de la Frontera, Cádiz, 1943) no dispone de un único rincón de trabajo. La poesía la escribe en una vieja Olympia ubicada en el dormitorio; la narrativa, en una máquina de escribir eléctrica ubicada en otro cuarto de la casa, y los “artículos variopintos” los almacena en el ordenador. En las paredes del salón cuelgan una serigrafía de Picasso, un dibujo de José Hierro y otro de Loureiro. Bajo esa inspiración pictórica se sienta a releer y corregir. “Soy un seguidor absoluto de Juan Ramón; procuro moverme en todos los metros y las distancias”, cuenta ene l sofá de la sala. “En mi caso, la prosa pasa por dos fases: lo espontáneo del momento es sometido posteriormente a lo consciente. El poema sale, lo dejo descansar y después corrijo”. Sobre la mesa reposan esta mañana los folios de su nuevo poemario, En la misma piedra, con el relativismo como base, pero con unas gotas de memoria y sentimiento. Todavía tardará al menos un año en entregarlo a la editorial, pero algunos poemas ya tienen título, como ‘Un momento con Hegel’: “Tesis: cielo, paraíso / antítesis: infierno, Hades. / Síntesis: melancolía”. En paralelo a los cambios en el poemario corrige una novela en la que glosa La isla del tesoro con rasgos de su biografía y su familia.

El sur, el amor, la vida y la muerte. Temas eternos visionalizados desde una moral avanzada marcan la obra de este creador. “Los temas no definen a un poeta, lo importante es cómo los toca y el tono”, añade. Heredero de la poesía totalizadora de Luis Rosales, al que siempre se refiere como “maestro”, el autor de El mar es una tarde con campanas le suma a la base lírica elementos del teatro y de la narrativa hasta completar un puzzle. No encuentra una generación a la que adscribirse, aunque, según la teoría que se aborda ahora, estaría entre los poetas del 68. Como escritor ha hecho lo que define como “realismo socialista, pero no político. Mi único componente ideológico va unido a la defensa de los desfavorecidos. Diría que soy un progresista mesurado o, como apuntó Machado, un jacobino mesurado”.

Hernández ha publicado más de cuarenta libros, incluido uno sobre el Betis, y ha sido traducido a 21 idiomas, pero hace unas semanas recibió el Premio de la Crítica —“a mi juicio, el más prestigioso”– en el apartado de poesía por Nueva York después de muerto (Calambur), un cruce de caminos en el que las vidas de Rosales y de Lorca acaban encontrándose. La crítica lo valoró como un título “sorprendente y arriesgado”. Dividido en tres apartados, el libro concluye con la decadencia de Rosales, que arranca con la embolia cerebral que le obligó a aprender a leer y a escribir. En esa dura etapa final, su discípulo hacía las veces de Lazarillo. La cola de Nueva York después de muerto es el episodio de la muerte del poeta. Junto con Caballero Bonald, Hernández es el único poeta vivo que ha recibido en dos ocasiones este premio.

martes, 13 de mayo de 2014

José Antonio Zambrano en al Feria del Libro de Badajoz


El próximo jueves 22 de mayo, José Antonio Zambrano estará presentando su último libro, Lo que dejó la lluvia, en la Feria del Libro de Badajoz. El autor estará acompañado por Enrique García Fuentes (profesor del I.E.S. Castelar y crítico literario). Será a las 18:00 horas en la Carpa de Conferencias.

Día: jueves, 22 de mayo de 2014
Hora: 18:00
Lugar: Carpa de Conferencias, Feria del Libro de Badajoz
Paseo de San Francisco, Badajoz

Más información




Juan Carlos Mestre y Miguel Ángel Muñoz Sanjuán en el Ciclo de Poesía Contemporánea de Vallecas


El próximo 23 de mayo, Juan Carlos Mestre y Miguel Ángel Muñoz Sanjuán, estarán, junto a Raquel Ramírez, en el Ciclo de poesía contemporánea POéTIKAS de Vallecas. Será a las 20:00 horas en la librería La esquina del zorro

Día: 23 de mayo de 2014.
Hora: 20:00 horas.
Lugar: Librería La esquina del zorro.
Calle del Arroyo del Olivar, 34, 28053 Madrid.



lunes, 12 de mayo de 2014

Reseña: La poesía ha caído en desgracia, de Juan Carlos Mestre, en Leonoticias

Lo último de Juan Carlos Mestre
Por Luis Artigue
Leonoticias, 7/05/2014


La obra del poeta Juan Carlos Mestre (Villafranca del Bierzo, 1957), que, asentada decididamente en una disidencia más lingüística que formal de raigambre surrealista, se hizo un hueco importante al margen de las poéticas figurativas dominantes en los años 80 ha ido evolucionando en cada entrega: todo sin apartarse nunca de una expresividad lírica que subvierte los valores de la lógica de la significatividad normalizada no para hacernos ver, como Rimbaud y su delirante heredero Artaud, que, considerando la conciencia y no la palabra como horizonte último, el pequeño escenario existencial que somos aparece ante los ojos atentos siempre vaciado de sentido y la poesía ha de ser un correlato radical de esa certidumbre de imposibilidad, sino, por decirlo con palabras de Octavio Paz, para dar cuenta de que la existencia, y su sinsentido, y hasta su sentido, se concentran en un nivel profundo al cual la poesía sólo accede tras desprenderse de sus ropajes de convención y de evidencia directa.

Y ese modo plástico, irracional y audazmente metafórico de crear poemas a la contra pero no en contra del establishment premiador y académico la obra de nuestro poeta se ha ido intensificando, y, además, ha ido rebasando el ámbito textual para ir más allá en la idea del lector coparticipante hasta convertirse ya en una poesía pública performativa. Y ha ido ganando adeptos, e imitadores, y acólitos y lectores fervorosos por todo el mundo. Y se ha convertido en una referencia fundamental a la hora de explicar lo que es y lo que quiere ser también la poesía actual escrita en castellano.

El culmen de la propuesta lírica de este poeta ha venido con dos libros de poemas inconmensurables en su extensión, LA CASA ROJA (Calambur, 2008) y LA BICICLETA DEL PANADERO (Calambur, 2012), los cuales, aunque haya quien diga que tienen algo de fórmula, resultan a mi juicio fundamentales a la hora de entender, desde el presente, que la concepción del hecho poético como revelación y la percepción de este mismo fenómeno como visión se parecen mucho en su materialización verbal y, de hecho, por eso la mística y el neosurrealismo se encuentran y hasta se dan la mano en el territorio común de la metáfora irracional deslumbrante.

¡Casi un místico laico predicando sobre el valor de la belleza, la memoria, las raíces, la solidaridad espiritualista inherente al espíritu humano y el necesario encuentro de las conciencias que aspiran a estar alerta es el último Juan Carlos Mestre!

Paralelamente el autor ha venido desde 2011 revisando toda su obra anterior para someterla a un proceso de rescritura y de unificación rítmica, métrica y formal. Esta labor la inició con su primer libro publicado en 1983 en la Colección Provincia, LA VISITA DE SAFO, un poemario culturalista y celebratorio compuesto entonces en versículos y que, apoyado en una mitología personal que iba desde Safo a Pasolini y Roland Barthes pasando por Gustav Mhler, apostaba por la cultura, el hedonismo y el apasionamiento como vías de acceso a la belleza. Este texto iniciático, en el que se encontraba ya el experimentalismo sin nihilismo que caracteriza la obra del autor, fue en 2012 aumentado, corregido y, tras perder su carácter versicular en favor del poema en prosa, resultó publicado de nuevo en Calambur con el título de LA VISITA DE SAFO Y OTROS POEMAS PARA DESPEDIR A LENNON.

Igualmente ha sido revisado, musicado por Amancio Prada y reditado en un CD imprescindible su celebrado poemario ANTÍFONA DEL OTOÑO EN EL VALLE DEL BIERZO (el poeta, decía Rilke, transforma el mundo informe llenándolo de formas duraderas, y ésa parece ahora una buena definición y un comentario estilístico de dicho libro).

Y precisamente como fruto de este proceso de rescritura unificadora nos llega ahora otra entrega, de la cual con mucho gusto nos hacemos eco.

El libro “nuevo” de Mestre LA POESÍA HA CAÍDO EN DESGRACIA, que fuera premiado y publicado por la Editorial Visor en su primera edición en 1992, ha sido en efecto también corregido y aumentado y rescrito y reactualizado y rítmicamente traducido al formato salmódico de la poesía en prosa –en todo el libro sólo hay ya dos poemas en verso, los cuales recuerdan a los ritmos de su ANTÍFONA DEL OTOÑO EN EL VALLE DEL BIERZO, y estos son los poemas LA CITRONETA AZUL y LOS ADOLESCENTES ENTIERRAN SU DESEO EN EL BOSQUE-, y ha sido salpimentado todo con la explosiva fantasía y el ingenio verbal del último Mestre, para, así, republicarlo, como decimos, en una edición reciente, austera y cuidada por la Editorial Calambur...

He aquí una nueva expresión del trabajo de revisión del compromiso apasionado con el lenguaje oracular y con el ritmo y la liturgia del lirismo en prosa.

Se trató y se trata LA POESÍA HA CAÍDO EN DESGRACIA de un libro que encierra un desarrollo irracional de ideas estéticas: un libro de poesía sobre la propia poesía, sobre su proceso, sobre su significatividad, sobre su vigencia, sobre su poder de trascendencia y, sobre todo, una revisión del rol social, ético y vital del poeta en medio de esa ceremonia de la impostura que es el mundo en este tiempo poco propicio para la lírica en el que, como reza el medievalizante pero intemporal título, la poesía parece haber caído en desgracia… ¿Qué es ahora la poesía en medio de esa cuenta de resultados que parece ser la vida? ¿Dónde está y qué papel ocupa el poeta?

Respondiendo de forma imaginativa y con punzante finura moral a esto, al papel actual del poeta en tiempos aciagos, desde el principio este libro casi nos invita a ver que hay poetas con nombre y poetas anónimos según la distancia de estos con la verdad, tal como leemos en poemas como HOSPITAL DE ANÓNIMOS, VALS NEGRO, TRIBU y, sobre todo, FECHADO EN AUSCHWITZ donde casi explícitamente se dice que el poeta, si no es el que sufre, al menos sí es el que se pone en la piel de los que sufren. La conducta autoexigente como “topos” del poeta. La ética como pulpa del poema estético para que “haya resplandor en los que sufren”. El poema como “razón de los olvidados” y la poesía, más que juego o proeza emanada del automatismo psíquico puro como pretendían Breton y los surrealistas históricos, que venga a ser de nuevo revelación deslumbrante ante lo más humano como nos enseñó Rimbaud (véase a tal efecto el poema ENIGMA y también EL VIEJO POETA); sustancia musical que ayuda al hombre a no ser, como reza el poema, EL HOMBRE DE GRIS; sí, el poeta sabiendo y haciendo saber que el poema es nuestra JAULA; que es EL OFICIO DE MIRAR.

Asimismo una voluntad de teorizar sobre la poesía, de definir lo indefinible, caracteriza este libro en el que Mestre vuelve a su razón de ser, a lo que le llevó un día a enamorarse para siempre de la poesía, para acabar concluyendo que lo mejor del mundo de la poesía es la poesía misma como lo más sustantivo de la vida es la infancia (véase en este punto el poema CABALLO DE PIEDRA). Pero, creo, la más preclara composición metapoética de este libro que escenifica y comunica el proceso de la inspiración al modo en que los místicos describen sus arrobos y sus éxtasis, fue y es el magnético e hipnótico poema EL ARCA DE LOS DONES.

Lo demás, al margen de composiciones “arraigadas” recuperadas en este libro como RETRATO DE FAMILIA o VALLE DEL ALBA, es explicar la vida como un más allá del racionalismo, como la necesidad de ir al encuentro con los sueños y el espíritu mágico de todo, así como con las fuerzas aparentemente invisibles y decididamente incomprensibles que son nuestra inercia, y así lo sugieren a su modo poemas como MAX ERNST, EL PODER DEL VIENTO, EL SONIDO DE LA DEMENCIA, y por ahí todo seguido.

Sí, la poesía para Juan Carlos Mestre ha de ser densa para decir lo menos decible porque “la oscuridad está llena de invocaciones” (se necesita, escribió T.S. Elliot como refiriéndose a Mestre, un más allá de las palabras, pero expresado a través de las palabras mismas, para que el poeta pueda preguntarse perdurablemente por el poder del hombre de ser en plenitud). Pero, detrás de esa densidad, de esa oscuridad, hay también a mi juicio una voluntad neoplatónica de regreso a la esencia de las cosas, un regreso que sólo es posible mediante lo que el propio Platón denominó “la palabra impugnada” –en esta poesía buscadora de ese envés de la evidencia que es la esencia subyace en efecto la idea neoplatónica de que todo lo que puede ser clasificado científicamente en conceptos carece de esencia-; la palabra que amplia su ámbito y sus posibilidades para servir de puente de comunicación del hombre confrontado con esa súbita descarga de emociones alusivas que es la belleza (nos lo enseñó Hölderlin en el HIPERION antes de su locura sin regreso: a veces el lenguaje poético se reconcentra en sí mismo no para dificultar el acceso a su tesoro, sino para tratar de ayudar al lector a recorrer, no sólo un segmento, sino todo el ámbito del misterio que supone vivir).

Oh, el resultado de agitar en una coctelera intelectual para iniciados la cábala, la mística, el Barroco, Rimbaud, las vanguardias históricas principalmente francesas, el surrealismo y demás itsmos, el arte abstracto, Freud, Marx y sobre todo Lacan, Paul Celan, Octavio Paz, y, en nuestra tradición más reciente, Larrea, Huidobro, Aleixandre, los dibujos de Lorca y los ángeles de Alberti, Gamoneda, Valente, Rafael Pérez Estrada y Manuel Álvarez Ortega, son los poemas oscuros como un pozo con el fondo repleto de diamantes, los poemas cifrados como enredaderas con una flor oculta en cuyo interior se haya la pulpa del sentido, del último Mestre.

Buen ejemplo es LA POESÍA HA CAÍDO EN DESGRACIA.

Adentrándonos pues, permítanme añadir, en la lectura de este revisado libro advertiremos que, a pesar de la tensión casi mística de su lenguaje, Juan Carlos Mestre nunca se aparta de la visión autónoma del espíritu hegeliano y sus ramigficaciones hacia la izquierda que protagonizan el pensamiento poético del siglo XX y XXI. Pero, bien mirado, en LA VISITA DE SAFO había ya una voluntad de convertir la poesía en espejo de un cosmos universal que quería quedar resumido en la cultura y en la mitología privada devenida de ésta, y luego en ANTÍFONA DEL OTOÑO EN EL VALLE DEL BIERZO se acercó aún más al espiritualismo panteísta marcado, al modo de Goethe, por la visión sublimada y nostálgica de la Naturaleza hasta llegar a convertir la poesía en un espejo del paisaje y de la propia naturaleza en el cual el absoluto parece salir al encuentro del espíritu interior del poeta.

Tras ese libro y ese regreso al espacio primigenio el espíritu cósmico del poeta pasará a ser interior, y por eso su lenguaje se situará ya definitivamente más allá del “logos” en LA POESÍA HA CAÍDO EN DESGRACIA: el cosmos universal que anteriormente quedaba resumido en la cultura o el paisaje pasa ahora a ser prometeico; a convertirse en un universal interior dominado por la fuerza cósmica experimental y creativa del artista comprometido que denuncia que, en esta era en la que reina la subjetividad, ya lo universal no se piensa como cosmos: por eso la poesía ha caído en desgracia.

En fin.


Lectura de Carta blanca, de Rafael Saravia, en Sevilla


El próximo 20 de mayo, Rafael Saravia participa en el ciclo Letras Capitales, organizado por el Centro Andaluz de las Letras, en Sevilla, con una lectura de su libro de poemas Carta blanca. El acto estará presentado por David Eloy Rodríguez.

Día: martes, 20 de mayo de 2014
Hora: 20:00
Lugar: Biblioteca Pública Provincial Infanta Elena
Av. de María Luisa, 8, 41013 Sevilla

Más información 

Lectura de Pobreza, por Víktor Gómez, en Sevilla


El próximo 16 de mayo, Víktor Gómez estará en la librería La Fuga, de Sevilla, para realizar una lectura de su último libro, Pobreza, acompañado por Olga Muñoz. Será a las 21:00 horas, y el acto estará presentado por Juan Antonio Bermúdez.

Día: 16 de mayo.
Hora: A partir de las 21:00 horas.
Lugar: Librería La Fuga.
Calle Conde de Torrejón, 4, 41003 Sevilla.

Concha García estará dando una conferencia en la Universidad de Córdoba


Concha García estará este jueves 15 de mayo en la Universidad de Córdoba para llevar a cabo la conferencia "Escribir sobre la huella". Será a las 19:00 horas, en el salón mudéjar del Rectorado, y está organizada por la Cátedra Leonor de Guzmán de Estudios de las Mujeres.

Día: 15/05/2014.
Hora: 19:00 horas.
Lugar: Salón Mudéjar del Rectorado de la Universidad de Córdoba.
Avd. Medina Azahara, n. 5, 14071.

Reseña: La poesía ha caído en desgracia, de Juan Carlos Mestre, en Pura Tura

De la poesía de Juan Carlos Mestre
Por Miguel Ángel Lama
Pura Tura, 5/05/2014


«Esta palabra no ha sido pronunciada contra los dioses, esta palabra y la sombra de esta palabra han sido pronunciadas ante el vacío, para una multitud que no existe». Es el comienzo del poema «Elogio de la palabra», de un libro memorable de Juan Carlos Mestre, importante en su trayectoria, con el que logró el Premio Jaime Gil de Biedma en su segunda edición. Lo ha reeditado Emilio Torné en su sello Calambur Editorial. Es La poesía ha caído en desgracia («La poesía ha caído en desgracia y las salamandras azules del mediodía entran en la ruina de sus vasijas ceremoniales con los ojosdesorbitados por el sol de la muerte»), publicado por Visor en 1992. Lo he releído. Aunque, verdaderamente, lo que he hecho ha sido una lectura ex novo de un texto distinto; al menos, de una obra distinta, que incorpora poemas que no estaban en la primera edición, poemas de Las páginas del fuego, una rareza bibliográfica que yo no conozco y que se publicó en Chile, en Concepción, en Ediciones Letra Nueva, en 1987. Además, hay un buen número de poemas nuevos, más recientes, y un par de los ya publicados en la primera edición ahora cambia de sitio —«El Sur, 11 de septiembre» y «Las páginas del fuego». Qué extraordinaria coincidencia la publicación de esta novedad poética que nos muestra algo que tanto me interesa: la revisión de un autor sobre su propia obra. Coincidencia, sí, porque no hace mucho, hace unos meses, tuve el gusto de dirigir un trabajo de fin de máster sobre «La (re)escritura poética de Juan Carlos Mestre». Lo escribió Ana Isabel Bejarano, una exalumna paisana de mi amigo Ángel Campos Pámpano que obtuvo una excelente calificación por su estudio. La animo a que escriba algo, un artículo, sobre aquello, y, la verdad, el mismísimo Mestre ahora le ofrece un testimonio más del objeto de su futuro ensayo. Sería muy interesante conocer el dossier genético que interesa para la composición de esta obra. Y de todas, diría. Y cómo Juan Carlos Mestre, al remirar su libro La poesía ha caído en desgracia ha mantenido la apertura y el cierre, los dos poemas citados —«Elogio de la palabra» y «La poesía ha caído en desgracia»—, como el que, manteniendo el título original, no quiere alterar mucho el aspecto externo de su obra; y que, sin embargo, incorpora entremezclados cincuenta y siete textos nuevos que se suman a los cincuenta y nueve que tenía la primera versión. Hay más detalles; pero no es el momento de abordar aquí el proceso de relectura del poeta para componer, veintidós años después, un libro nuevo.


viernes, 9 de mayo de 2014

Noticia: Juan Carlos Mestre en la Feria del Libro de Salamanca 2014


Juan Carlos Mestre, acompañado del cantautor Amancio Prada, estará el próximo día 14 de mayo, a las 20:00 horas, en el espacio municipal de actividades de la Plaza Mayor de Salamanca para dar una charla en el marco de conferencias "Encuentros con escritores". El acto, abierto a todas las personas interesadas, se encuentra dentro de las actividades propuestas para la Feria del Libro de Salamanca.

Día: 14 de mayo de 2014.
Hora: 20:00 horas.
Lugar: Espacio municipal de actividades de la Plaza Mayor, Salamanca.

Reseña: Pobreza, de Víktor Gómez, en el blog de Carlos Alcorta

Víktor Gómez. Pobreza
Por Carlos Alcorta
Literatura y Arte, 4/05/2014


Las apuestas radicales en poesía gozan en estos momentos de mayor visibilidad y reconocimiento público que hace tan sólo unos años. Son varios los aspectos que han contribuido a esta especie de resurrección de la poesía comprometida. Unos están relacionados con atributos de índole estrictamente literaria, de endogamia poética, podríamos decir, y otros tienen más que ver con la dramática actualidad política, económica y social que sufrimos y que enturbia todo lo que cae bajo su influjo, incluso los territorios más, podríamos decir, espirituales porque estos tampoco puede permanecer ajenos a las agresiones del liberalismo conservador. Como digo, hace sólo un lustro, cuando disfrutábamos de un espejismo económico que nos cegó a todos con su resplandor, las reivindicaciones eran igual de pertinentes que ahora (aunque no encontraban eco y, cuando lo hacían, éste era minoritario). La mayoría del público lector y de la crítica hacía oídos sordos a esta corriente, tachándola de algo marginal, fruto del impulso inmoderado de algunos inconformistas irredentos o de izquierdistas ultramontanos. Hoy, sin embargo, las circunstancias han dado un vuelco de 180º. Los acontecimientos que tanta sensación de náusea y vergüenza provocan en muchos de nosotros, la creciente indignación, el cabreo generalizado pero también la consternación ante la impotencia para cambiar las cosas encuentran un espejo en aquellos libros que denuncian esta alarmante situación. Esa causa común en la desgracia, para un nutrido grupo de lectores que antes desoía la llamada de la poesía, de la cultura en general como medio para explicar —y explorar— la existencia, les ha brindado la oportunidad de compartir esa irritación, antes subterránea, con el poeta y acaso borrar esos prejuicios que algunos tenían sobre la función del poeta en la sociedad actual. No se trata, claro es, de pensar en un libro de poemas como un recetario de fórmulas mágicas para salir de la crisis o encontrar empleo, ni como un sustituto de los libros de autoayuda, plagados de palabras vacías, de consejos casi siempre inútiles —salvo para los chamanes que los escriben—, de recomendaciones seudocientíficas para alcanzar la felicidad o el éxito. La complicidad que suscitan las experiencias del autor influye de manera inequívoca a la hora de compartir una visión análoga de la realidad, de considerar lo que realmente importa en la vida son asuntos relativos a la conciencia, más que al bolsillo. El conocimiento de los mecanismos que mueven el mundo se reafirma en los poemas y nos involucra en lo que está sucediendo alrededor, nos hace preguntarnos si es convincente y/o acertada nuestra actitud silenciosa o reivindicativa, según se tercie, ante las atrocidades de las que somos testigos. No resulta fácil, en esta falacia de sociedad del bienestar en la que vivimos, adoptar una postura comprometida socialmente. Se necesita enarbolar la bandera de la solidaridad y de la justicia, tener una gran fortaleza de espíritu y, sobre todo, pasar de las palabras a los hechos, cada cual con las herramientas de su propia condición. La herramienta del poeta, y esto no supone paradoja alguna, es la palabra, y con ella debe encauzar su descontento, su rabia, sus denuncias. La lengua es una, pero las formas de utilizarla son innumerables. La propia voz del poeta, desde el precisión y la autoexigencia, será entonces la que determine el procedimiento para llevar a cabo sus propósitos.

Víktor Gómez ha escogido en su libro Pobreza tal vez uno de los caminos que conllevan mayor dificultad, el sendero de la poesía hermética, de la «libertad para no hablar por hablar», cuya clave de bóveda es la sublevación contra la indigencia tanto física como intelectual. Esa es la línea argumental que sustenta las dos partes —heterogéneas en lo que se refiere a extensión, no al estilo—, «Aún sin nombre» y «Jana», del libro, aunque los itinerarios sentimentales no carezcan de recovecos tales como la compasión, la caridad o la ternura. Creo que conviene leer Pobreza, al menos, de dos formas cruzadas. En primer lugar, interesa hacer una lectura siguiendo el orden de las páginas, dejándonos envolver por las redes de un lenguaje que no condesciende con el significado rutinario. Así seremos testigos del primer gesto de insubordinación del poeta, la oposición a un lenguaje preconcebido, insuficiente para cifrar su desconcierto, por eso lo tensa, lo exprime, lo esencializa como si fuera un código cifrado, lo moldea a fuego lento como si fuera un sudoroso herrero en su fragua: «El poema baja sucio de luz lávalo contra tu pecho no finjas otra vez lee despacio que el bicho abra las alas que se lleve lejos tu niña la pupila hasta el abanico castaño oscuro sobre la vista tartamudeando». Otra forma deleer el libro es alternar los poemas con las notas aclaratorias colocadas al final. Se produce así una lectura digamos guiada que puede resultar más atrayente, gracias a que el poeta nos desvela alguna de las claves que subyacen enPobreza. No estoy sugiriendo que se realice un tipo de lectura menoscabando la otra. Ambas son complementarias, aunque personalmente prefiera guiarme por mi instinto más que por las orientaciones, siempre intencionadas, del autor, por más que ese discurso hermético dificulte la complicidad del lector y la ausencia de referencias lo conduzca a un lugar inhóspito. La «conciencia del lenguaje» de Víktor Gómez es muy exigente —así como su responsabilidad histórica como miembro de una sociedad maltratada—, por eso sus poemas presentan una encarnadura cerrada, elíptica, laberíntica en ocasiones («culpa anotado en el antebrazo soga y proscrito tú balanceante al empujar la silla —niega perdón los restos no son sino tendones y venas sin»), connotativa, alejada del mero utilitarismo, que no cesa de perforar, como un berbiquí mental, la superficie de las palabras, en busca del significado deseado, porque «El lenguaje, como escribe Charles Simic, es tanto un contrato (nombra lo que existe) como una opción (inventa lo que existe)». La incorporación, por ejemplo, de palabras en caló contribuye a hacer patente su adhesión a las reivindicaciones de la vituperada raza gitana; un nombre propio, Tais, simboliza la esclavitud infantil; las frecuentes enumeraciones nominales constatan más que esclarecen una determinada circunstancia, comprensible, a veces, gracias a un sutil entramado de pistas secretas que, como hemos dicho más arriba, pueden conducir, si no se camina con cuidado, a un lugar imprevisto. Un libro como Pobreza, tan denso, con un discurso tan fragmentado, no se puede reducir a un comentario unidireccional (algo semejante ocurre con los libros de poetas como Eduardo Milán, Antonio Méndez Rubio o Rafael Saravia, con los que encuentro significativas relaciones), conviene indagar dentro de esa casi total ausencia de narratividad, en la cual los silencios poseen tanta importancia como los signos, porque un tesoro oculto nos está esperando. Una escritura como esta requiere una claridad de ideas muy consolidada, una claridad que va tomando forma a medida que las incertidumbres existenciales se van agravando, porque, a veces, vemos mejor en la oscuridad que bajo un sol inclemente.



jueves, 8 de mayo de 2014

Noticia: Juan Carlos Mestre en El ojo crítico, de RNE



Juan Carlos Mestre fue entrevistado en el programa El Ojo Crítico, de RNE, el pasado 2 de mayo, con motivo de la publicación de La poesía ha caído en desgracia.

A continuación podéis escuchar el audio del programa, con su entrevista realizada por Alfredo Laín, a partir del minuto 6:20.

Reseña: Nueva York después de muerto, de Antonio Hernández, en Andaluces Diario

Poesía total y audaz
Por Alberto Guallart
Andaluces Diario, 4/05/2014


Antonio Hernández obtiene nuevamente el Premio de la Crítica en poesía, veinte años después de Sagrada Forma, el libro que también en su día se alzó con este reconocimiento que cada año concede la Asociación de Críticos Literarios.

En las votaciones finales del jurado, el libro Nueva York después de muerto se puso por delante de los de otros autores andaluces, el granadino Miguel d’Ors y la sevillana Julia Uceda, así como de los de Ada Salas (Cáceres), Pureza Canelo (Moraleja, Cáceres), Eduardo Moga (Barcelona) y Eloy Sánchez Rosillo (Murcia).

Nueva York después de muerto es un poemario singular y extraño que une, o mejor dicho, trenza las voces poéticas del propio Antonio Hernández con las de Federico García Lorca y Luis Rosales. El libro y su título se deben, según justifica Hernández en el encabezamiento, al proyecto que el mismo Rosales tenía de cerrar su obra con una trilogía titulada así, y en la que “quería hablar del exilio, del problema de la gran ciudad, de la lucha de clases y de razas así como de otros conflictos que agobian al hombre”. La gran ciudad norteamericana representaba para él, a juicio de su amigo y discípulo Antonio Hernández, “la mecanización, el automatismo de la vida, la desigualdad entre distintas razas, el imparable avance del mestizaje… y, obviamente, Federico”.

La voz poética de Lorca fue acallada trágicamente en 1936 y la de Rosales dejó de existir en 1992. Antonio Hernández los convoca ahora para, con la ciudad de Nueva York como escenario, conversar junto a ellos sobre la cultura y los afanes y desengaños del hombre contemporáneo. Hernández se ha echado, asimismo, sobre sus espaldas la rehabilitación de la memoria de Rosales, tan atada a la de Federico y a su fantasma. Exculpar a Rosales del asesinato de Lorca es una de las obsesiones de este libro, uno de cuyos poemas dice de los dos: “Así comienza la historia, / un granadino que no puede morir, otro / granadino cuya gloria es parte / de un infierno”.

A ratos escuchamos a Luis Rosales, otras veces son los versos de Federico los que aparecen reescritos por Hernández; el Holocausto judío y el de los japoneses de Hiroshima y Nagasaki, el Plan Marshall, los belenes granadinos, la Guerra Civil española y el desamparo de posguerra, van y vienen en este poemario fluvial, donde el ir y venir de la memoria individual y colectiva discurre con un ritmo narrativo a velocidad y desembarazo cinematográficos.

En el colofón de la obra, Antonio Hernández apunta que este poemario “fue escrito durante los intermedios vacacionales del año 2010”, cosa que, junto a la agilidad y apremiante voluntad introspectiva que revelan sus páginas, nos suscita la sospecha de que éste puede ser el libro que haya escrito en menos tiempo, quizá como en un trance en el que lo que primero se transgrede son los límites del lenguaje.

Que los límites de los géneros, las preceptivas y los cánones están vaciándose de contenido, y que las disciplinas se están haciendo cada vez más impuras, lo evidencia a las claras que se pueda pedir un sorbete de tortilla de patatas.

Hay libros que son igualmente desconcertantes.

La literatura y la gastronomía llevan tiempo evolucionando gracias a transgredir lo estatuido y los modos normativos que desde siempre las han gobernado: La cocina fusión, salmón ahumado enrollado en papel de arroz, con avocado, cúrcuma y surimi, o la poesía / poema total, la lírica mezclada con el periodismo y la prosa, el verso engolfado con el guión cinematográfico y envuelto en el prospecto de los antibióticos. En ambos casos, en el gastronómico y en el poético, los resultados son atrevidos y sorprendentes, y a veces sólo atrevidos.

Resulta curioso –por otra parte– que sean autores de las generaciones o grupos de los 50 y 60 como Caballero Bonald (1926) y Antonio Hernández o José Antonio Moreno Jurado (1946), los que más rebeldías y transgresiones exhiben en sus obras cenitales y compendiosas. Entreguerras del primero, Nueva York después de muerto y Cuadernos de un poeta en Mazagón del último, son tres ejemplos de cómo los límites de la tradición son atropellados irreverentemente por nuestros poetas más veteranos, y de cómo se propone un nuevo lenguaje, un verbo creador renovado a partir de la destrucción del lenguaje. Se trata de aproximarse a la realidad a través de palabras y maneras nunca usadas para describir esa realidad, y entonces se abre un mundo nuevo.

Nueva York después de muerto es un compendio de la vida y obra de Antonio Hernández, un poema total escrito con “lengua de hombre”, como quería Huidobro. Un poema total del hombre total, del hombre contemporáneo, extraviado y aterrado de ser hombre. Un hombre a la intemperie, desengañado de las grandes promesas emancipadoras y pelele de un devenir histórico cada vez más deshumanizado… y al fondo Nueva York como gran síntesis de los sueños colectivos.

miércoles, 7 de mayo de 2014

Novedad: La hija del capitán Nemo, de Cecilia Quílez

La hija del capitán Nemo
Cecilia Quílez
Calambur Poesía, 143. 88 p. 14 x 22,5 cm
ISBN: 978-84-8359-272-4
PVP: 10 €


En La hija del capitán Nemo, Cecilia Quílez ofrece un examen apasionado y elegante sobre el amor y la memoria. La poeta lleva de la mano al lector a través de espacios diversos de pérdida y fuego en los que explora la manera en que la experiencia, el erotismo y la intuición nos ayudan a respirar en un mundo hostil. Con un lenguaje simbólico y enérgico, acompañado a su vez de un tono que reivindica la propia jerarquía de mujer, sus poemas surgen desde la historia personal para cubrirnos física y espiritualmente. Quílez otorga a la vida cotidiana una dimensión lírica de lo que hoy supone ser mujer y vivir con plenitud la desobediencia frente a la dictadura del sobrevivir. Sus poemas desarrollan una sorprendente capacidad para atrapar y escrudiñar los deseos y las reflexiones más humanas. En sus meditaciones la poeta observa y cree en el mundo como quien cuida de un fuego o despierta a unamante.
Julio Mas

Cecilia Quílez, Algeciras (1965), ha publicado cuatro libros de poemas: La posada del dragón, Un mal ácido, El cuarto día y Vísteme de largo. Ha colaborado en programas de radio y coordinado y dirigido exposiciones de pintura y escultura. Ha sido incluida en recopilaciones junto a otros poetas como Entre el clavel y la rosa, Madrid Capital, Fuga de la Nada, El río de los amigos, Poetas a orillas de Machado o En legítima defensa. Coordina y dirige varios ciclos de poesía. Sus poemas han sido traducidos a varios idiomas. Actualmente codirige la editorial Tigres de Papel.


Cecilia Quílez también ha publicado con Calambur:
Vísteme de largo, 2010. Poesía, 118. 92 p. ISBN: 978-84-8359-212-0. 10,00 €.
El cuarto día2008. Poesía, 79. 72 p. ISBN: 978-84-8359-026-3. 9,00 €.

martes, 6 de mayo de 2014

Reseña: La poesía ha caído en desgracia, de Juan Carlos Mestre, en En un bosque extranjero

El arca de los dones de Juan Carlos Mestre
Por Santos Domínguez
En un bosque extranjero, 30/04/2014


A los versos que no escribí, un collar de frutos y semillas.

A la grieta del eremita, la pantera del anochecer.

A la memoria, la lluvia, el lirio de las estaciones abandonadas por las que pasa el ferrocarril sin detenerse.

A los amantes que descifran su desnudez en la oscuridad, un hilo de saliva.

A la pirámide del conocimiento, la amatista mojada del escarabajo y los élitros celestes del jeroglífico.

A La Habana de mis antepasados allá por mil novecientos veinte, la nieve.

Para Rousseau el Aduanero, los ágiles antílopes que cruzan el agua encarnada de los sueños.

Dad este libro a los animales, al búho y al alce, al armadillo y al erizo silvestre.

Arrancadle una a una sus páginas y dádselas a los animales. Dadle al hurón la oscuridad de la palabra búfalo y al búfalo la inmaculada pradera del billar de los bares.

Y de entre todos los dones y de entre todos los sueños, dadle a mi corazón una casa en el aire.


Así termina El arca de los dones, el espléndido poema de Juan Carlos Mestre que forma parte de La poesía ha caído en desgracia, que acaba de reeditar Calambur.

No es una simple reedición del original de 1992. Es una versión dos veces más extensa en la que se añaden poemas anteriores a aquella primera edición –los poemas chilenos de Las páginas del fuego- y otros más recientes, pero que comparten en conjunto una semejanza de tono y de fondo que no perjudica la sólida unidad del libro.


martes, 29 de abril de 2014

Noticia: Antonio Hernández en el Diario de Sevilla

El poeta en su altura
Por Javier Reverte
Diario de Sevilla, 26/04/2014


Antonio Hernández en la Feria del Libro de Madrid, 2013
NUESTRA España es un territorio de poetas y es siempre arriesgado apostar por aquel al que consideramos el mejor de todos los nuestros. Además, casi siempre sucede que, sumergidos en las tormentas y la confusión del presente, no acertamos a poner la distancia precisa para distinguir a aquellos que están un paso más allá de los otros. Yo, sin embargo, no tengo dudas: en estos momentos en los que la poesía española navega por territorios nuevos, imprevisibles y precisados de coraje -porque la gran poesía vive en el mundo, nunca es ajena al hombre- hay un cantor que ocupa ese espacio a un paso por encima de los demás: se llama Antonio Hernández y nació en Arcos de la Frontera, en las serranías altas gaditanas.

No hay que felicitarle a él, sino al jurado del Premio de la Crítica, que este año ha distinguido a su libro Nueva York después de muerto como el mejor de cuantos han sido publicados en este curso pasado. A menudo, los jurados se equivocan. Pero cuando aciertan, hay que celebrar su buen juicio. Y aplaudirlos sin rencor alguno por sus olvidos anteriores.

Escribo a vuela pluma y, de tal guisa, ¿qué puedo decir del libro de Antonio Hernández y de su poesía? En tiempos de desánimo, de amenazas contra el papel de la cultura y de angustia moral, este Nueva York después de muerto alza su voz cual espadazo iluminador, al modo como siempre lo han hecho los poetas valerosos: con emoción, sorprendiendo, cabalgando a lomos de la audacia y alargando la sombra del misterio. Porque la poesía ha sido siempre eso y mucho más: un territorio de asombro que se arrima a la luz, echando mano de una técnica depurada y sin perder la inocencia que habita en el corazón de los niños.

El libro es un homenaje a Luis Rosales, a Federico García Lorca, a la ciudad de Nueva York... Pero va más allá que su temática a través de una melodía tan audaz como sorprendente. Contiene altura moral, sorpresa, audacia, perplejidad... Es una mezcla inesperada de narración , de verso libre y clásico, de ensayo y crítica... Y es misterio, como toda la poesía que se arrima al alma.



Leer el artículo en Diario de Sevilla.

lunes, 28 de abril de 2014

Noticia: Entrevista a Antonio Hernández en La Vanguardia

Antonio Hernández: "La muerte de Lorca fue la gran sombra de Luis Rosales"
Por Ana Mendoza
La Vanguardia, 25/04/2014



Antonio Hernández en la Feria del Libro de Madrid, 2013
El escritor gaditano Antonio Hernández, que ha ganado el Premio de la Crítica por su poemario "Nueva York después de muerto", en el que dialoga con Luis Rosales y Federico García Lorca, aseguraba hoy que "el asesinato de Lorca fue la gran sombra de la vida de Rosales"·

"A Luis Rosales le afectó muchísimo esa muerte y las circunstancias en que se produjo (estaba refugiado en casa de Rosales cuando lo detuvieron). No se le fue nunca de la cabeza, entre otras cosas porque no comprendía cómo podía haber ocurrido aquello", le decía hoy Hernández a Efe.

El ganador del Premio de la Crítica pudo comprobar "el apesadumbramiento" que ese final tan trágico le causó al autor de "La casa encendida", en las constantes visitas que le hacía.

"Quería muchísimo a García Lorca, se le saltaban las lágrimas cuando hablaba de él", añadía el autor de "A palo seco".

Es la segunda vez que Hernández gana este "prestigioso premio" y, sinceramente, no esperaba merecerlo otra vez a pesar de que "Nueva York después de muerto" ha recibido "críticas estupendas".

"Solo los grandísimos poetas, entre ellos Luis Rosales, José Hierro, Octavio Paz o Claudio Rodríguez, lo han ganado más de una vez, y yo no esperaba hacer el doblete", aseguraba hoy.

Además, Hernández, de 71 años, sabía que en 2013 se habían publicado "libros muy buenos" y que, por tanto, había "pocas posibilidades" de que él lo ganara. "Es una alegría doble".

En la obra premiada, Hernández toma el título del último libro imaginado por su "maestro" Luis Rosales y que no pudo escribir por "el problema cerebral" que tuvo.

Hernández visitaba asiduamente a Rosales en su casa y un día, al verlo apesadumbrado porque ya no podría terminar "Nueva York después de muerto", le prometió que lo escribiría él y que haría todo lo posible por que saliera bien. "Lo prometido es deuda", le dijo sonriente el gran poeta granadino, Premio Cervantes 1982.

Residente en Madrid, Antonio Hernández aprovechó sus veranos en Cádiz, y "algunos momentos de rapto poético", para ir escribiendo este "complejo libro", en el que establece un diálogo con Federico García Lorca y con Luis Rosales, con la ciudad de Nueva York como telón de fondo.

"A pesar de esa mixtura, de esa complejidad, el libro creo que ha salido bien, y estoy muy contento por este premio pero, sobre todo, porque pude cumplir la promesa que le hice a Luis Rosales. Esa promesa ha sido refrendada por un jurado tan prestigioso como es el de la Crítica", añadía el poeta gaditano.

Hernández toma recursos expresivos de García Lorca y de Rosales, pero en ese poemario procura que predomine su "propia voz poética y su personalidad".

"García Lorca y Rosales son dos genios", comentaba Hernández, que considera a ambos poetas como sus maestros.

Él es un lector "muy ecléctico" y le gustan poetas tan diferentes como Octavio Paz o Pablo Neruda, por citar a dos grandes escritores latinoamericanos.

Nueva York es el espacio donde se desarrolla "la conversación imaginaria" que recrea el autor del poemario premiado. "Lo más significativo de esa ciudad, la capital cultural del mundo", está en ese poemario, que también refleja los problemas de esa urbe, en la que confluyen muchas razas y conflictos.

"Luis Rosales lo que pretendía era hablar de la cuestión racial, de la homofobia, de las diferencias sociales, y de Federico García Lorca", recalca Antonio Hernández, que conserva muy vivo su acento andaluz, aunque cuando va por su pueblo, Arcos de la Frontera, la gente le dice: "Antonio, cuánto has cambiado, qué fino hablas".


viernes, 25 de abril de 2014

Noticia: Antonio Hernández, Premio de la Crítica de Poesía Castellana 2013


El jurado del Premio de la Crítica ha fallado esta mañana, anunciando como ganadores a Antonio Hernández en la categoría de poesía (Nueva York después de muerto) y a Rafael Chirbes en narrativa (En la orilla).

Todo el equipo de Calambur Editorial queremos felicitar a Hernández por este reconocimiento. ¡Enhorabuena!

A continuación dejamos las noticias que han salido al respecto.

Rafael Chirbes y Antonio Hernández, nuevos Premios de la Crítica
El País, 14/04/2014

Rafael Chirbes y Antonio Hernández han sido proclamados ganadores esta mañana del Premio Nacional de la Crítica. El primero, en la categoría de narrativa, ha logrado el galardón por su novela En la orilla (Anagrama); Hernández, en el apartado de poesía, ha sido reconocido por su obra Nueva York después de muerto (Calambur). Así lo anunció en Logroño el jurado de la Asociación Española de Críticos Literarios (AECL). El jurado se ha reunido para fallar un galardón creado en 1956 que no tiene dotación económica pero sí mucho prestigio y que puede ser concedido a cualquier autor en lengua española siempre que la obra haya sido publicada en España.
[...]
El año pasado los galardonados fueron la narradora Clara Usón por su novela La hija del Este (Seix Barral) y el poeta Juan Carlos Mestre porLa bicicleta del panadero (Calambur). Entre los distinguidos con el premio en Narrativa en castellano, en sus casi seis décadas, figuran Camilo José Cela (por La catira en 1956), Rafael Sánchez Ferlosio (1957 por El Jarama), Miguel Delibes (1963 por Las ratas), Mario Vargas Llosa (en 1964 por La ciudad y los perros y 1967 por La casa verde), José Manuel Caballero Bonald (1975 por Ágata ojo de gato), Eduardo Mendoza (1976 por El verdad sobre el caso Savolta), José Donoso (1978 por Casa de Campo), Juan Carlos Onetti (1979 por Dejemos hablar al viento), Juan Benet (1983 por Herrumbrosas lanzas), Luis Mateo Díez (1986 por La fuente de la edad y 1999 por La ruina del cielo), Antonio Muñoz Molina (1987por El invierno en Lisboa), Álvaro Pombo (1990 por El metro de platino iridiado). Javier Marías (1992 porCorazón tan blanco), Juan Marsé (1993 por El embrujo de Shangai y 2000 por Rabos de lagartija).

Rafael Chirbes y Antonio Hernández, Premios Nacionales de Crítica Literaria 2014
Por Agencia
ABC, 24/04/2014

El primero se ha alzado con el de la categoría de novela por «En la orilla», mientras que Hernández ha obtenido el de poesía con «Nueva York después de muerto».
Rafael Chirbes, con su obra «En la orilla», y Antonio Hernández con«Nueva York después de muerto», han ganado hoy los Premios Nacionales de Crítica Literaria 2014 en las categorías de novela y poesía, respectivamente.
La Asociación Española de Críticos Literarios concede este galardóndesde el año 1956 y se otorga a los mejores libros de narrativa y poesía publicados en España el año anterior, tanto en castellano como en gallego, euskera y catalán.
Catalogada como la novela definitiva sobre la crisis, «En la orilla» (Anagrama), que también se ha alzado con el Premio Francisco Umbral al Libro del Año, continúa el relato que el escritor ya inició hace seis años con «Crematorio», en donde denunciaba las cloacas de la modernidad y la burbuja de la crisis.
Mientras, Antonio Hernández aúna en «Nueva York después de muerto» (Calambur), tres mitologías. Nueva York (mito y realidad), Federico García Lorcay Luis Rosales toman la palabra para hacer hablar a la conciencia poética y a la conciencia histórica.

Rafael Chirbes y Antonio Hernández, ganadores del Premio Nacional de la Crítica Literaria 2014
Por Agencia
Europa Press, 24/04/2014
La novela de Rafael Chirbes 'En la Orilla' y el poeta, Antonio Hernández, por 'Nueva York después de muerto' han sido las obras galardonadas con el Premio Nacional de la Crítica Literaria 2014 en castellano que se ha fallado este viernes en el Espacio Lagares de Logroño.
La alcaldesa de Logroño, Cuca Gamarra, y el presidente del jurado del Premio Nacional de la Crítica Literaria 2014, Ángel Basanta, han dado a conocer los ganadores de esta edición de este prestigioso galardón.
Previamente, los 21 componentes del jurado han deliberado sobre cuáles son a su juicio las mejores obras publicadas en España, tanto en narrativa como en poesía, tanto en castellano como en catalán, euskera y gallego, durante 2013. 

Rafael Chirbes y Antonio Hernández, Premios de la Crítica 2014
La Vanguardia, 24/04/2014 
Rafael Chirbes, con su obra "En la orilla", y Antonio Hernández con "Nueva York después de muerto", han ganado hoy los Premios Nacionales de Crítica Literaria 2014 en las categorías de novela y poesía, respectivamente.
La alcaldesa de Logroño, Concepción Gamarra, y el presidente del jurado del Premio Nacional de Crítica Literaria, Ángel Basanta, han dado hoy a conocer el fallo de la 56 edición, en un acto en el que también han participado el secretario de la Junta Directiva de la Asociación Española de Críticos Literarios, Enrique Turpín; y la concejala logroñesa de Cultura, Pilar Montes.
La Asociación concede este galardón desde el año 1956 y se otorga a los mejores libros de narrativa y poesía publicados en España el año anterior, tanto en castellano como en gallego, euskera y catalán.
[...]
Por su parte, el también componente del jurado Santos Domínguez ha explicado que Antonio Hernández, quien ha sido premiado por "Nueva York después de muerto", es "uno de los autores más sólidos de la poesía española del último medio siglo".
Con este título recoge el proyecto frustrado con el que Luis Rosales pretendía cerrar su obra, pero una enfermedad se lo impidió, y, así, realiza un doble homenaje: al "maestro" y también a Federico García-Lorca, "maestro del maestro", ha detallado.
"Nueva York después de muerto" es un libro "sorprendente y arriesgado", en el que, según el jurado, el autor recoge un cruce de vidas y destinos que acaban en la ciudad de la muerte y de la aurora, con columnas de cieno y aguas podridas.
El presidente del jurado del Premio Nacional de Crítica Literaria, Ángel Basanta, ha recordado que este galardón es el único que se otorga a obras literarias publicadas en las cuatro lenguas oficiales del país y ha resaltado el gran trabajo desempeñado por los 21 miembros del jurado.
Por último, la alcaldesa de Logroño, Concepción Gamarra, ha incidido en el poder que tiene la lectura "como vehículo de crecimiento personal" para niños, jóvenes y adultos y ha opinado que "un buen libro abre la mente y desarrolla el sentido crítico" de las personas.

jueves, 24 de abril de 2014

Reseña: Lo que dejó la lluvia, de José Antonio Zambrano, en el blog de José A. Ramírez

Zambrano
Por José A. Ramírez Lozano
Blog de José A. Ramírez Lozano, 1/04/2014


Aunque ya en Apócrifo de marzo Zambrano había logrado entramar sus dos hilos anteriores, tradición e innovación, en Lo que dejó la lluvia el texto es un hermoso lienzo. Y no digo sobre el que se borda porque José Antonio es un poeta de costuras interiores. No hay pirotecnia cromática en sus imágenes; siempre se rematan con sorprendentes quiebros y conceptualizaciones éticas. Es, además, un libro discursivo con Edinda por medio como interlocutora, la Edinda de sus canciones. Ya digo, sin la presión de entonces, en Lo que dejó la lluvia hay un diálogo entre el sometimiento verbal y la levedad lírica que hace de su conjunción un gozo. Enhorabuena, amigo.


Leer la reseña en el Blog de José A. Ramírez Lozano.

miércoles, 23 de abril de 2014

Reseña: Lo que dejó la lluvia, de José Antonio Zambrano, en Calamo Currente

Zambrano: lo que nos va dejando
Por Benito Estrella
Blog Cálamo Currente, 14/04/2014


Un libro más de Zambrano —Lo que dejó la lluvia, Calambur, 2014— no es un libro más de Zambrano. Es el mismo libro, cada vez más hondo y transparente, más acendrado y riguroso, más preciso y descarnado, más decantado y amigable. Zambrano lleva toda la vida -que ya va siendo larga y Dios se la conserve- siendo fiel a sí mismo y a la intimidad que le rodea: esposa, hijos, amigos, poesía... Una vida sencilla, una intrahistoria. “De la mano de todos”, como dice en uno para mí de los más hermosos poemas del libro. 

 
Todas las circunstancias que rodean al vivir y poetizar como tarea cotidiana en Zambrano conforman una sola pieza musical que se va desarrollando en movimientos sucesivos que son en esencia el mismo movimiento. Él escribe la partitura y dirige la orquesta a un tiempo, con pluma en la mano en vez de una batuta. “Soy
dice el que elige el pan que como y el que sabe que sus actos pertenecen solo a una vida”. Así ha adquirido la maestría y autenticidad que tiene y que se manifiestan en toda su obra y de manera especial, como de síntesis más descarnada, en este libro. 

La fidelidad, en todos los terrenos en que se ejerce, siempre tiene sus frutos. Que se desparraman también alrededor de aquel que persevera en ella. Así, los que hemos venido respondiendo a las exigencias
nunca proclamadas, sino silenciosamente ejemplarizadas de esa fidelidad, no sólo en la amistad compartida, sino como lectores asiduos de su obra, también obtenemos nuestro premio, que es de comprensión y reconocimiento, dedis-frute. Incluso aquellos que, quizá con más distancia y también con más acierto, por oficio, han venido estudiando como críticos su poesía, por ejemplo Ricardo Senabre o Miguel Ángel Lama, han sabido ver que detrás de ella hay una tarea asumida como misión vital ineludible. 
 
La obra de Zambrano -pues se trata de esto, de una obra, no de una serie de libros- es, como dice Marcel Legaut, una obra de itinerario. Y como en todo itinerario vital, nada se desperdicia en el camino, sino que se va recogiendo e integrando para que todo llegue a su cumplimiento, es decir, a su plenitud. Queda dicho también, de forma luminosa, por nuestro poeta en otro de sus poemas, “Futuro”, especialmente en el sentencioso penúltimo verso: “Fijo el viaje lame su llegar”. Lo constante, lo fijo, es el viaje, que curiosamente no se va haciendo más premioso, sino más reposado, más demorado en mirar por donde se pasa, más consciente del viaje en sí, re-creándose en el propio viajar. Como bien dice Ramón Pérez Parejo, el autor del prólogo del libro, no hay en este regresar nostalgia, sino apropiamiento o aprovisionamiento para el vivir diario. Lo que se recoge es el hilo de la memoria, que se enhebra a la aguja que cose el aquí y el ahora. Al mismo tiempo Ulises y Penélope, la memoria va tejiendo
tejido, texto la figura: ser uno mismo, reconocer el santuario hacia el que el peregrino va, al que va viendo que regresa. 
 
Porque, ¿a dónde viajamos? “Vete despacio que a donde tienes que ir es a ti mismo”, reza un proverbio zen, que Juan Ramón Jiménez glosa en Eternidades: “¡No corras, ve despacio, que adonde tienes que ir es a ti solo!”. Por eso, es solo una aparente paradoja que este viaje en Zambrano hacia su propio cumplimiento sea un viaje de regreso, tal como se reclama ya en la cita de Cortázar del comienzo del libro: “Se dio cuenta de que la vuelta era realmente la ida en más de un sentido” y en todo el primer poema, “Memoración”: volver, retornar, a lo que siempre estuvo ahí como patria -con resonancias de Rilque-, sólo que más desnudo -también sin patria
otra patria, sin lengua otra lengua, parece desdecirse luego. Desnudo bajo la lluvia. 

Esta es la paradoja, se va hacia el origen, se hace un peregrinaje de regreso; paradoja cuya resolución sólo puede llevarse a cabo viviendo con autenticidad, como respuesta a la llamada, a la vocación, que el poeta va desgranando en su exigente fidelidad a la obra, que es su vida. Así el poeta, como dice Ernst Jünger, "ayuda al ser humano a encontrar el camino de vuelta a sí mismo: él es un emboscado”. Esta palabra, “emboscado”, pienso que le cuadra bien a Zambrano, como me conviene a mí y a otros pocos amigos que, por decisión propia, más o menos consciente , vivimos un tanto apartados del mundo, aunque no dejemos de estar en el mundo. “De la mano de todos”, compartimos nuestra soledad, que es también la de todos. Lo que un poeta como Zambrano se exige a sí mismo no consiente las distracciones del mundanal ruido, si quiere llegar a conocer su verdadero rostro y mostrarlo. 

Pues de lo que hay que hablar es de reconocimiento. No otra cosa es la dirección de este itinerario de vida y obra. “No cesaremos de explorar
dice T. S. Eliot y el fin de nuestra exploración será llegar a donde arrancamos y conocer el lugar por primera vez”. Este lugar, presentido una y otra vez por Zambrano ”lugar cercado que prima lo preciso del poema y ama las mismas cosas todos los días” es como la brújula dorada que orienta un destino y que se mueve en el abierto magnetismo de las palabras. Buscar el sentido en la palabra y buscar el sentido de vivir se fijan en lo mismo. De ahí la inextricable y a la vez inseparable unión de vida y poesía, vereda y búsqueda, que, aunque no se le conociera personalmente, se dejaría ver con luz propia en la poesía de Zambrano.

“Es necesario elegir —dice Zambrano como “Penúltimo deseo”— entre amar la vida o comprenderla”. Y se responde a sí mismo: “Yo he optado por amarla”. Pero el poeta no puede renunciar a pronunciarla también y para ello debe seguir buscando. Pronunciación, es cierto, siempre penúltima, pues, fiel y exigente consigo mismo, Zambrano seguirá incansable hasta el final, hasta el cumplimiento que está más allá de las palabras, haciendo su obra, es decir, viviendo y amando.