jueves, 13 de febrero de 2014

Reseña: Nueva York después de muerto, de Antonio Hernández, en Diario de Almería

Nueva York después de muerto
Por José Antonio Santano
Diario de Almería, 9/02/2014

La ciudad de Nueva York es, una vez más, ciudad de los encuentros, lugar mítico, pero sobre todo, espacio poético. Nueva York después de muerto es el poemario que nunca llegó a escribir Luis Rosales, y que su autor, el poeta gaditano Antonio Hernández justifica así en sus primeras páginas: «Luis Rosales, mi maestro, me dijo un día, antes de dejarlo escrito, que quería terminar su obra con una trilogía titulada Nueva York después de muerto; también le diría Luis Rosales lo que significaba para él la ciudad de Nueva York: «la mecanización, el automatismo de la vida, la desigualdad entre distintas razas, el imparable avance del mestizaje… y, obviamente, Federico». Y, ciertamente, todo esto lo hallamos en este singular y extraordinario poemario de Antonio Hernández, en su voz, que no es una sino tres, unidas todas en el dolor y la nostalgia de un pasado doloroso, en el que la sangre, el fuego y la lluvia trepan por el aire de la ciudad de Nueva York, y otean ese universo extraño y apasionado a la vez, en el que habitan las paradojas, las contradicciones, luces y sombras, vida y muerte, el todo y la nada, más allá, incluso, de la agónica y ruidosa soledad. Estructurado en tres partes (libro primero, segundo y tercero), el poeta bucea en la condición del hombre, de los poetas que hablan a través de su voz, y es Luis Rosales, y Federico, y también él mismo, Antonio Hernández, que vive y se desvive en cada uno de ellos, y es luz y dolorosa espina que se clava en la carne de los nombres y la palabra, y es luto y sequedad, y plegaria:

«Oremos pues porque el hombre no pueda
prescindir de ser amado, ya que
solo el amado ama, roguemos
por su copa llena, por su frutero colmado,
por ese abrazo que no llega a ahogar
y porque la ojerosa envidia no tenga alojamiento
en nuestra casa».

Rosales y Federico están vivos, nunca murieron, porque laten aún sus corazones en cada verso de Antonio: «LUIS ROSALES CAMACHO, DE GRANADA, / ya en Nueva York, después de muerto. / ¿Después de muerto quién, él, Federico, / Nueva York muerta? / Nunca llegó a decírmelo. Lorca está vivo y él está vivo…».

Pero el poeta es también hombre, y sabe que la vida es un segundo, que no bastan las manos, que es alma el ser entero. Por eso recorre la historia del mundo y de la literatura y de quienes ejercieron de poetas y filósofos. A través de sus ojos veremos «En Central Park llorar a un niño seguramente pobre / lágrimas de mocos como casi todos los niños españoles / en la posguerra.»; nos hablará de que «Los yankis más rupestres / creen aún que el comunismo acecha, / que lo ha importado un negro, / un error democrático…», insistirá en «hablar seriamente, muy seriamente», nombrará en los nombres la poesía total, la misma que persiguió hasta la extenuación su maestro Rosales, «por eso ahora vamos a hablar / como siempre de poesía / -la poesía es la máscara / que nos descubre-», y en esa búsqueda de la poesía total se hallará así mismo, al poeta que canta y llora en los atardeceres, junto al Darro y Sierra Nevada o la Alambra, y se le irá un suspiro ¡Ay, Granada!, la del Rosales calumniado y la del Federico fusilado, Granada con sabor a odio y sangre. En los ojos del poeta otros ojos se miran en el lecho de muerte: «Abrió un ojo sonriente, como / quien no quiere tratos con el luto. / Y al volver a cerrarlo presentimos, / unificados por la voz del alma, / que algo acababa de estrenarse / arriba, en las estrellas». Nueva York al fondo, trascendida, encumbra al hombre cabal y al gran poeta que es Antonio Hernández.

miércoles, 12 de febrero de 2014

Noticias: presentación y lectura de El día anterior al momento de quererle, de Concha García, en el ciclo Letras capitales


Concha García presenta su poemario El día anterior al momento de quererle en Sevilla y Huelva, dentro del ciclo Letras capitales que organiza el Centro Andaluz de las Letras.


Letras Capitales. Sevilla
Presentado por Rafael Suárez Plácido
Jueves, 13 de febrero de 2014, 20:00 h
Biblioteca Pública Provincial Infanta Elena
Av. María Luisa, 8. Sevilla

Letras Capitales. Huelva
Presentado por Uberto Stabile
Viernes, 14 de febrero de 2014, 20:00 h
Biblioteca Pública Provincial
Av. Martín Alonso Pinzón, 16

Reseña: Deletreos de armonía, en Revista Iberoamericana

Deletreos de armonía: ensayos de poesía española contemporánea
Por Juana Murillo Rubio
Revista Iberoamericana, nº 52, año XIII (2013)

Título, estructura, disposición y temas se combinan en este volumen, donde nada es baladí, al modo de las piezas de un puzle o al modo de una composición armónica que aúna música y poesía. “Deletreos de armonía”, preciso, evocador y sugerente juego poético, este verso machadiano da título a un volumen que recoge 15 artículos de los que uno, el 11, es inédito: “De la fragilidad y la existencia íntima” y el resto había sido publicado en la sección “Monographica” de la revista Artifara,publicación especializada en literatura hispánica ligada a la Cátedra de Literatura de la Universidad de Turín, que los había recogido en los números 3, 8 y 9, correspondientes a los años 2003, 2008 y 2009 respectivamente.

En la introducción nos aclara este “¡propósito ambicioso!”: “el de valorar los cimientos y algunos(importante especificación ya que son bastante más numerosas las vías de expresión poética de otros poetas relevantes para la historia de la poesía española del siglo xx) de los caminos y de los cantos que nos permiten detectar la armonía que se desprende de la creación poética” (17). 

Deletreos de armonía aporta a los estudios literarios hispánicos una novedosa combinación de teoría poética y creación con relación a los autores elegidos (a los que se ordena cronológicamente en cada capítulo) organizada temáticamente en torno a tres ejes, “cimientos”, “caminos” y “cantos”, términos que no son fruto de elección aleatoria, sino que fragmentan los contenidos del volumen: los hitos de la poesía española de los primeros años del siglo xx, la poesía española después de los años treinta y la trascendentalidad de la función de música y poesía. Poéticamente comparten letras y sonidos en variadas combinaciones.

Primera piedra de este engranaje se fijan los cimientos en Andalucía. La profesora Daniela Capra (hispanista versátil que aborda distintos ámbitos de estudio, de Juan del Encina a Alejandro Sawa) fija su atención en la posición del poeta sevillano Antonio Machado ante el tiempo. Asunto primordial en la estudiada poética de Machado, como así recoge la bibliografía, la autora observa en Soledades, galerías y otros poemas la herencia bergsoniana de la relación dialéctica entre la presencia y la ausencia del yo poético. Aunque este es el segundo libro del sevillano (1907) el poeta expresa ya una percepción del tiempo pasado tomando la medida desde el yo, asunto que ejemplifica la autora con el uso de los tiempos verbales. Daniela Capra compara novedosamente el espacio del poema con un “respiradero abierto” donde hay un momento de conjunción de ambas: presencia y ausencia, para después desintegrarse fuera de los cánones de tiempo y espacio.

El libro “cimienta” por consecutiva y justificadísima la figura de Juan Ramón Jiménez, que no deja de aparecer en el resto del volumen, así deja su huella en Ángel González, a quien se dedica el artículo 9 y en la composición de Jordi Virallonga. En este sentido, Francisco Estévez nos sorprende al relacionar los poemas de Arias Tristes y el tratado de teoría poética Il fanciullino de Giovanni Pascoli (Forlí, 1855-Bolonia, 1912), ambos publicados en 1903. Aunque los dos autores no se conocieron, les une, según Estévez, la concepción de la lengua poética como una lengua “materna” que al representar el mundo lo recrea, lo construye. Primero titulado “Conciencia estética de los Arias Tristes de JRJ” en Artifara8 (2008), el texto aquí recogido y traducido al español añade unas breves notas al comienzo que contextualiza la coincidencia temporal de ambos autores.

Polémico, como poco, el artículo de Francisco Silvera que le sigue. De entrada cuatro páginas para denostar la labor hermenéutica de la filología moderna. Aboga por el “artículo interpretativo como género literario” (61). En este que él denomina “microensayo”, se ofrece una “lectura limpia” (matiz imprescindible por parte de su autor al acercarse a un autor tan prolífico, estudiado y editado) para examinar los conceptos de “Belleza” y “Alma” en Juan Ramón hasta la publicación de Laberinto (1913), primera etapa en su obra. Dos conclusiones relevantes: la concepción de que la poesía metafísica de Juan Ramón atribuida a su última etapa ya se puede encontrar en los primeros libros y la no trascendentalidad de la misma.

Sin abandonar al poeta moguereño Teresa Gómez Trueba, reconocida especialista en Juan Ramón, tras recordar a los lectores la inmensa e inacabable reiterada “Obra en marcha” nos recomienda la posibilidad de una novedosa “edición electrónica” de su obra, que permitiría al lector combinar los textos a criterio propio, posibilidad tecnológica que le habría ahorrado numerosas horas de trabajo al de Moguer, aunque podría provocar asociaciones personales que no seguirían el curso real de los hechos poemáticos.

“Amor mi mosse che mi fa parlare” titula Valeria Scorpioni la síntesis que en la composición “Ven siempre, ven” de La destrucción o el amor de Vicente Aleixandre encuentra sobre los motivos que desarrolla posteriormente el poeta; esto es, la solidaridad afectiva del poeta con el universo. Desde el reconocimiento de la abundante bibliografía sobre el sevillano y la difícil originalidad que se puede esperar al respecto, encuentra dicha unión en la primera parte de su obra, hasta la publicación de Historia del corazón en 1954.

Y para finalizar los cimientos, en Luis Cernuda, el último sevillano del grupo, María Rosso Gallo encuentra una doble motivación en cuanto a la contemplación del paisaje por el poeta en el exilio, quien busca huir de la realidad y adentrarse en la “mirada interior”. La autora elige La realidad y el deseo para indagar en este aspecto de la construcción poemática de Cernuda, y vertebra su posición en cuatro aspectos de la relación del poeta con el paisaje: proyección alegórica del paisaje como metáfora de la creación poética-paisaje sonoro-visionario y locus amoenus-paisaje analógico (identificación poeta-paisaje) y paisaje de la memoria, aunque podríamos encontrarlo en un libro también del exilio como Ocnos. 

Abandonamos el primer andamiaje para escalar hacia los caminos que nos propone este volumen. La ascensión deja a un lado la fructífera Andalucía para pasar primero por Madrid, donde Jesús Barrajón rescata a José Hierro de la concepción de poeta social de los años cincuenta, diferenciándolo de estos un culturalismo singular que da título a este artículo: los “referentes culturales” en la poesía del madrileño no son la base del tema que trata sino acompañamiento del poeta. Atribuye Jesús Barrajón (quien ya anteriormente había dedicado un extenso volumen al poeta) estas referencias al pudor, la huida de lo sentimental y la búsqueda de una mayor sugerencia por lo alucinatorio, al modo de un acto de humildad en que las referencias iluminan la propia obra.

Guillermo Carrascón asciende la piel de toro para llegar a San Sebastián, donde la obra del poeta Joaquín Gurruchaga (San Sebastián, 1910-2000) vuelve a incidir en la relevancia del permanente ejercicio de construcción léxica. Es rescatada la obra, no muy difundida, de este poeta del que se traza una breve biografía (infancia, formación personal y compañía literaria en el escenario vasco junto a Gabriel Celaya y después la llegada a la Residencia de Estudiantes de Madrid) así como un breve resumen de su fortuna editorial. Destaca Guillermo Carrascón en su obra la presencia del silencio y una cierta actitud contemplativa en las composiciones de su última etapa.

Continúa el camino en el norte español. Ángel González (Oviedo, 1925-Madrid, 2008) trae de nuevo a estas páginas la presencia del poeta de Moguer. González lee, absorbe, piensa y reescribe influido por Juan Ramón Jiménez, pero en el ejercicio retórico de búsqueda lingüística en el que coinciden el ovetense “abarca y supera la de Juan Ramón” (185). Selena Simonatti, autora del artículo, apunta la escisión que González marca al sentir la imposibilidad de pronunciar “el nombre exacto de las cosas”. Este, que admira más a Juan Ramón Jiménez en sus primeros libros, venera en Segunda Antología Poética e introduce una reflexión crítica sobre su última etapa, elige la dispersión eterna para resolver el conflicto de la coincidencia en la alteridad (descomposición de la identidad en Juan Ramón).

En esta línea temática Mª Elena Arenas Cruz encuentra en la obra de Víctor Botas (Oviedo, 1945-1994) una reflexión sobre el papel del lenguaje poético como instrumento insuficiente para nombrar el mundo. Autor perteneciente a los Novísimos, elige una poesía prosaica y cercana al lenguaje coloquial. Destaca la autora cómo, a pesar de los temas elegidos en sus composiciones (la cultura grecolatina, la historia política, la mitología, la historia de la literatura), el poeta combina emoción personal y sátira e utiliza la cultura como un mecanismo imaginario que produce una confusión temporal que convierte en contemporáneos los mitos y personajes del pasado.

Finaliza este apartado con una breve incursión de Jordi Virallonga, quien titula “De la fragilidad y la inexistencia más íntima” esta aportación a solicitud de Aldo Ruffinatto en la que rememora el recuerdo de una estancia italiana con Cesare Acutis como protagonista en el poema “pretérito perfecto”.

Encaminada la poesía española del siglo xx y a salvo en manos de creadores como Jordi Virallonga, el libro se dirige hacia el momento final de la mano de cuatro apartados que realmente suponen la base teórica que alumbra la percibida asociación entre poesía y música. Juan Carlos Mestre aporta una interesante disquisición teórica. Músico y poeta el autor, le acompañan las musas y la reflexión poética en este vaivén conceptual que no deja indiferente. Aparece como una fresca sacudida que presenta la esencia de música y poesía como “palabras contra todas las formas de lo ominoso” (251). Compositores y cantantes españoles desfilan en estas apenas nueve páginas que seguidamente vuelve a retomar Rafael Morales Barba, quien repasa la canción española de los años sesenta a ochenta de este siglo en su relación con la reivindicación social y política del momento, para terminar con una alabanza a la trayectoria del cantante Amancio Prada.

Música y poesía, ¿cómo deslindarlos de Federico García Lorca? Al final de este libro volvemos al espacio geográfico de sus primeras páginas, Andalucía. Dejaban para el final los compiladores un último momento gustoso que incluye el ejercicio combinatorio entre música y textos lorquianos que componen la “Missa Lorca”. Corrado Margutti compone esta pieza influido por la religiosidad “primitiva” de Lorca y su acercamiento al canto polifónico de Monteverdi, que se presenta en formato audio junto al volumen. Y Lorca vuelve en palabras de Iole Scamuzzi. La autora encuentra relación entre la filosofía de Theodor W. Adorno (Fráncfort, 1903-Viège, 1969) y el cante jondo de la obra lorquiana. Sustrae de la obra poética la concepción de Adorno de considerar la lírica la única vía de acercamiento a la pena, hermana de la soledad y la muerte (a diferencia de la prosa, quien no sobrevive al duro destino de la narración a partir de la segunda mitad del siglo xx, según Adorno), a lo que añade el “duende” español. En la obra del granadino encuentra una adecuación a los siglos xx y xxi que no se da en otros contemporáneos relevantes de la poesía española.

martes, 11 de febrero de 2014

Reseña: Poesía y edición en el Siglo de Oro, de Ignacio García Aguilar, en Studia Aurea


Poesía y edición en el Siglo de Oro 
Por Anne Cayuela 
Studia Aurea, vol. 7, 2013 

Algunas tesis doctorales se convierten —una vez publicadas— en obras clásicas de obligada consulta. Elementos paratextuales y edición poética en el Siglo de Oro, que recibió el Premio extraordinario de Doctorado en la macroáera de Arte y Humanidades de la Universidad de Córdoba y de la que el volumen 18 de la Biblioteca Litterae es una versión en formato de libro, constituye una aportación definitiva al conocimiento de la poesía áurea, ya que explica algunas de las claves de la historia interna de los impresos poéticos del Siglo de Oro. Ignacio García Aguilar, a pesar de sus pocos años, tiene ya una amplia y rica trayectoria de investigador en este campo, como ponen de manifiesto las brillantes publicaciones de Imprenta y literatura en el Siglo de Oro. La poesía de Lope de Vega (Madrid: Orto-Universidad de Minnesota, 2006) y del volumen colectivo Tras el Parnaso. La Poesía del Barroco tardío. (Vigo: Academia del Hispanismo, 2009), así como los diversos artículos sobre la producción poética española de los siglos xvi y xvii gestados en el seno del grupo PASO. En Poesía y edición en el Siglo de Oro,García Aguilar explora la participación de los diferentes actores del libro en la producción de la poesía áurea, y se vale para ello de herramientas conceptuales y metodológicas propias de la historia del libro, la bibliografía material, la sociología de la edición, o la semiología literaria, que le permiten medir la «incidencia que tiene el universo editorial en la paulatina formalización e institucionalización del discurso lírico áureo». El autor se vale del concepto de «función paratextual» (p. 19-21), forjado con la intención de «analizar las implicaciones históricas de los elementos paratextuales de cara a la objetivación de mecanismos que puedan servir para historiar el proceso de canonización de la poesía lirica áurea» (p.20), y se acerca al «funcionamiento comunicativo » de los paratextos (p. 79), que permiten rastrear e interrogar la interacción entre el mundo del libro y el mundo del lector. También se vale del concepto de «enunciación editorial», que permite englobar todas las huellas que dejan, dentro y a veces fuera del libro, cuantos intervienen en su elaboración, producción y circulación. Así, este estudio permite entender el modo en que se leía la poesía desde los parámetros editoriales y la manera en que las lecturas de los operarios del taller de impresión se expandían al lector masivo.

El corpus analizado en este libro viene plasmado en un catálogo de fuentes que incluye un total de 193 obras.5 El establecimiento de este catálogo es el resultado de una minuciosa tarea de consulta de los ejemplares (la mayoría de ellos conservados en la Biblioteca Nacional de Madrid y los restantes en otros archivos y bibliotecas: cfr. p. 12), y de una completa descripción bibliográfica de los elementos materiales y paratextuales, que, aunque no se reproducen íntegramente por motivos de espacio, Ignacio García Aguilar ha sabido explotar citando fragmentos pertinentes e incluyendo elementos iconográficos de interés (son noventa y nueve las imágenes que somete a un riguroso análisis semiótico). La presentación de este catálogo sigue un orden cronológico y abarca desde 1543, año de publicación de Las Obras de Boscán y algunas de Garcilasso de la Vega repartidas en quatro libros, hasta 1648, fecha del Parnaso de Quevedo. De este modo se nos permite seguir la evolución de la lírica culta profana a lo largo de poco más de un siglo, en un período de profundas transformaciones y en el que se produjo un giro absoluto en la apreciación socio-literaria de la poesía lírica y del oficio poético.

El libro consta de seis partes cuidadosamente elaboradas. En la primera, Textos en contexto: producción y transmisión de la lírica áurea», claramente introductoria, se aclaran cuestiones metodológicas que atañen al planteamiento general: gracias al corpus constituido por los poemarios de lírica culta no religiosa publicados bajo una organicidad y cohesión basada en la figura autorial, y mediante el análisis de los paratextos —portadas, dedicatorias, prólogos, aprobaciones, tasas, licencias, láminas, poesías laudatorias— debidamente contemplados desde su histórica complejidad, se plantean «cuestiones fundamentales que atañen al modo en que se expone la sanción del texto, a las formas de expresión de la identidad autorial, a los reajustes del código literario, a la diversa canalización de la lectura, a la selección de consumidores ideales o, incluso, a elementos más generales que inciden en la global modelización del gusto y del discurso poético» (p. 24).

En el segundo capítulo, «Entre normativa legal y prácticas editoriales: determinaciones externas de la autorización textual (p. 25-121), se interrogan los condicionamientos materiales y normativos que determinan la producción y el consumo del producto editorial poético. El estudio y análisis de la portada que se lleva a cabo en «El pórtico del libro en la era del frontispicio» (p. 47-67), gracias a las reproducciones de diferentes portadas, ofrece brillantes comentarios sobre las ilustraciones xilográficas distintivas del librero-editor o del maestro impresor y sobre las ilustraciones relativas al contenido del libro. Ignacio García Aguilar destaca la carga semántica contenida en las portadas de seis ediciones de Garcilaso de la Vega, y explica su paulatina conversión en reclamo editorial, fijándose para ello en los elementos ortotipográficos, ornamentales y simbólicos que le permiten profundizar en importantes cuestiones socio-literarias frecuentemente desatendidas por la crítica tradicional (p. 53). Desarrolla también aspectos poco estudiados, como la incidencia de los libros de emblemas en las portadas de libros, calificadas de «aparatos de significar»; la evolución del formato y de sus posibilidades expresivas, de la letrería y de la puesta en página; la inclusión de índices y tablas que influyen en los paradigmas y modelos interpretativos; el papel de las imágenes en la comunicación escrita con el lector y en la dialéctica visual y material entre los textos poéticos y el autor que los escribe.

El estudio de las aprobaciones, censuras y pareceres revela cómo estos preliminares sancionan y autorizan las propuestas poéticas respecto de las innovaciones y variaciones. En la magistral tipología de la función y valor de las aprobaciones distingue García Aguilar la aprobación «monotextual», mera crítica burocrática, de la «politextual», que es ya crítica literaria y herramienta de institucionalización literaria; indica previamente quién autoriza, qué se autoriza y cómo se autoriza; señala acertadamente que la poesía impresa, en tanto que producto de mercado, es fruto no del ocio sino del negocio, y que la inventio, la elocutio, el decoro, la autoridad del escritor y el beneficio patrio, tanto como el gusto del público, son algunas de las justificaciones y criterios de validación que concurren para autorizar un poemario.

El tercer capítulo abarca cuestiones fundamentales de la producción y la recepción del libro poético. Las «Negociaciones del autor» (p. 123-186) atienden a las relaciones conflictivas que existen entre los agentes implicados en la producción (intelectual y material) de la poesía áurea tal como se reflejan en el para texto. Los prólogos de los impresores utilizan la misma argumentación retórica así como los mismos avales de utilidad, dulzura, novedad o calidad artística que los autores. Las competencias autoriales —como por ejemplo la elección del dedicatario, la redacción de la dedicatoria o incluso la redacción de los versos que se incluyen en el libro— se trasladan a los otros «autores» del libro: los responsables de su elaboración material. Entre estas «negociaciones del autor», Ignacio García Aguilar destaca la forma en que éste se autorretrata en los paratextos, mediante grabados, prolongando los trabajos de Pierre Civil. A través del ejemplo de Montemayor muestra que la inclusión de su retrato en el Cancionero de 1562 sirve para exaltar su condición de literato «profesional». También indaga en las consecuencias poéticas de la profesionalización de la escritura: el modelo canónico del Canzionere ya no cuadra con la fragmentación, la multiplicidad, la exigencia de novedad y originalidad que supone la difusión impresa. Expone asímismo las estrategias que desarrollan los autores para conquistar en vida estimación y fama, hasta entonces reservadas a los autores clásicos: tal es el caso del uso (y abuso) lopesco de retratos y de la figuración icónica del autor dentro de su propia obra, o de la auto-canonización de Quevedo en el Parnaso poético. 

El estudio del «peso» del lector en la formalización del texto lírico y de los paratextos revela cómo los prólogos designan a su lector idóneo, a la vez que seleccionan un público muy determinado, y cómo van construyendo una retórica y una argumentación capaces de seducir a un público amplio y de apelar al consumidor siguiendo la evolución de la producción impresa de poemarios líricos.

El cuarto capítulo «El modelo editorial : entre la poética y el mercado» (p. 187-250), expone los valores poético-editoriales que adquieren durante esos años los formatos de impresión y la estructura dispositiva de los poemarios. Describe, mediante siete gráficos, la evolución de los formatos editoriales de la lírica impresa y el paso del «poemario de escritorio» al «poemario de bolsillo»: señala además que en la última década del xvi y en la primera del xvii se produce un notable incremento del primero y matiza y explicita el valor y la significación de cada formato. Ignacio García Aguilar recalca además, en las obras de Boscán y Garcilaso (1543), la manifestación de la autoría individual a través de la «dispositio» editorial en cuatro libros, y se refiere a este propósito a los nuevos criterios de ordenación (bipartita o tripartita), y a la selección de las composiciones que se irán introduciendo posteriormente, demostrando, con una argumentación irrefutable, que el producto editorial es el resultado de un meditado proyecto organizativo que apunta de manera cada vez más clara hacia la variedad del material impreso y a la posibilidad de continuaciones o nuevos productos. (p. 223). Analiza en fin, a través de los ejemplos de Aldana o de Lope, los medios utilizados para suscitar la curiosidad del consumidor, como el «descubrimiento» de nuevos textos, o la revelación de nuevos conflictos vitales.

En «Elementos para una historia interna de la lírica áurea impresa» (p. 251- 274) Ignacio García Aguilar propone recorrer de manera más particular «la(s) historia(s), los valores, los sentidos y los contextos de los poemarios líricos estampados durante la edad moderna en núcleos y en entornos muy concretos y con particularidades bien delimitadas» (p. 253). Tras un estudio sistemático del título de los poemarios, destaca que entre 1539 y 1565, el término Obras aparece en más del ochenta por ciento de los títulos y que sólo a partir de la década de los noventa se impone la etiqueta de Rimas o los adjetivos que apelan a la mixtura y a la variedad.

El capítulo sexto, «Una propuesta de análisis diacrónico y tipológico de los impresos poéticos áureos (1543-1648)», contiene agudos análisis sobre el rastro de la batalla por la nueva poesía tanto en Sevilla como en la Corte, «dos motores de cultura literaria con importantísima fuerza institucionalizadora» (p. 299), batalla que utilizó tanto la vía manuscrita como la impresa y en la que participaron Lope y Quevedo, aunque con planteamientos muy dispares. También toma en cuenta las tendencias y tensiones operativas en lo que atañe a la poesía lírica española o luso-castellana impresa en Portugal, enfatizando los condicionantes político-militares y literarios que imperan en la tensión entre centro y periferia.

En este brillante estudio, escrito con claridad e ingenio, Ignacio García Aguilar propone, en conclusión, un planteamiento y una metodología renovados que enriquecen de forma sobresaliente el conocimiento de la poesía áurea. Cabe aplaudir la precisión de las fuentes y el manejo de una rica y amplia bibliografía (p. 397-423). Quiero también aprovechar el espacio de esta reseña para celebrar el trabajo de edición que acoge este brillante estudio: gracias a la calidad de la mise en page, de las reproducciones y del diseño gráfico de la editorial Calambur, la belleza del libro corre pareja con la belleza del texto. 

Lee la reseña en Studia Aurea. Revista de literatura española y teoría literaria del Rinacimiento y Siglo de Oro

Reseña: Las moradas del verbo. Poetas españoles de la democracia, en Revista de Literatura


Las moradas del verbo. Poetas españoles de la democracia. Antología 
Por Juan Carlos Abril 
Revista de Literatura, volumen LXXV, n. 150, julio-diciembre 2013 

Para conmemorar el número 100 de Calambur, en su colección de poesía, la editorial pidió al prestigioso crítico Ángel L. Prieto de Paula (catedrático de literatura en la Universidad de Alicante) la elaboración de una antología poética que viniera a poner un poco de luz en el siempre desordenado —amén de escurridizo— y anárquico asunto de las letras españolas contemporáneas. El trabajo realizado es mucho más que una mera efeméride, ya que Las moradas del verbo. Poetas españoles de la democracia. Antología va a convertirse en una de las colectáneas más importantes y canónicas en el repertorio —por qué no decirlo— inflacionario de volúmenes compilatorios de esta índole en estas últimas décadas.

Sin embargo, entre el marasmo de estas publicaciones en España, algunas de ellas de lo más disparatado y absurdo, como si pertenecieran a las clasificaciones de aquella célebre enciclopedia china que comentara Borges; y en general en el mercado editorial del ámbito hispánico, hay propuestas que merecen la pena y que sobresalen del resto. Propuestas que, para críticos, estudiantes y lectores avisados, por lo acertado del prólogo y la selección de autores, acaban teniendo la última palabra a la hora de ser elegidas como referentes. En efecto, hay muchos libros donde elegir entre las novedades, los volúmenes no duran apenas dos meses en los estantes de las librerías, y si tuviéramos que elegir un puñado de poetas o poemas deberíamos acudir a todas esas antologías que ya se han ocupado de ir filtrando información, nombres, textos, etc. La utilidad por tanto no puede ser mayor, junto a la oportunidad, ya que siempre que una parcelación en torno a cualquier temática permita una racionalización medianamente inteligible, una antología es sin duda el mejor instrumento de cualquier biblioteca.

En este punto, y respecto a la nomina poetarum, podríamos añadir algunas palabras no solo sobre los presentes sino también por los ausentes. Echamos en falta algunos nombres que sin duda son a nuestro juicio indispensables, y de la misma manera hay otros que nos parecen prescindibles, pero no podemos decir que Ángel L. Prieto de Paula no tenga su gusto educado y que la antología, por ende, no presenta coherencia. Los autores recogidos son representativos de las tendencias que se exponen, y Las moradas del verbo consiste en eso, en realizar un panorama lo más coherente de la pluralidad, lo cual ya de partida es un reto, y un hallazgo de llegada.

Sea como fuere, precede a Las moradas del verbo. Poetas españoles de la democracia. Antología un estudio introductorio de casi cuarenta páginas titulado «Poesía en la era de la perplejidad» (pp. 11-48), en el que Prieto de Paula pone los puntos sobre las íes respecto a su selección y lo que se ha venido cociendo en las corrientes poéticas del posfranquismo hasta más o menos finales del siglo XX, más o menos el momento en el que los autores aquí recogidos cuajaron una obra lo suficientemente sólida como para ser tenida en cuenta. Nacidos entre 1954 y 1968, el lapsus temporal responde a los quince años erigidos y establecidos por Julius Petersen, luego secundados por José Ortega y Gasset, y Julián Marías. Así, siguiendo a este y a su particular parcelación de las letras españolas del siglo XX, tras los periodos 1909-1923, 1924-1938 y 1939-1953, evidentemente el siguiente arco a seguir es el ahora usado. No obstante Prieto de Paula se hace eco con suficiente rigor del problema transgeneracional, y de los fenómenos que crea: uno es el de aquellos autores de una generación que comienzan a publicar tarde, mientras otros de la generación posterior lo hacen muy pronto, llegándose a solapar; otro es aquel por el que las generaciones más jóvenes acaban inspirando a otras mayores, en las fluctuaciones estéticas que lejos de ser rechazadas son deglutidas; y otro caso aún más reciente y curioso es el del alargamiento de la vida biológica, por el que coexisten ahora más generaciones que nunca. 

Este estudio taxonómico es muy completo y la prosa crítica de Prieto de Paula no deja de sorprender por su erudición y transparencia. Aparte de conocer de primera mano todos aquellos recovecos de la poesía española, maneja también un bagaje teórico magistral. Partiendo de la base del desmoronamiento del 68, del que por cierto estudió sus entresijos en Musa del 68. Claves de una generación poética (1996), va haciendo un repaso de los rasgos y actitudes, de los autores y libros más destacados de los años setenta, y de cómo el esteticismo fue abriéndose hasta diluirse. 1975 es la fecha —«recurso artificial» (p. 17)— con la que se quiere ordenar el mapa lírico «como si la muerte del dictador tuviera una transcripción precisa en la sucesión de los movimientos estéticos» (ibidem). Pero en esa clarificación nuestro autor se remonta incluso a la disolución de la poesía social de la siguiente manera: Diez años antes, se había producido la declinación de la poesía social, debido a una serie de concausas de difícil aislamiento conceptual; entre ellas, la pérdida de fe en la capacidad reformadora de la poesía y la insatisfacción que a los poetas les provocaba la renuncia a exigencias estéticas que tendían a alejarlos de la «inmensa mayoría» a que se dirigían. Únase a ello la paradoja de una escritura que simultáneamente debía perseguir la llaneza retórica, en aras de llegar al mayor número de receptores, y recurrir a la elusión a que la obligaba la necesidad de sortear la censura. Brevedad y concisión, como vemos, para describir desarrollos complejos históricamente, pero que con pinceladas pedagógicas se nos vuelven cercanos y comprensibles. Y así podríamos ir extrayendo parágrafos y frases contundentemente explicativas que explican los diferentes y alambicados procesos por los que fue moviéndose y decantándose la poesía española desde entonces hasta hace más o menos diez o doce años, cuando concluye el arco temporal de la selección recogida. Lógicamente no podemos extendernos más en lo que sería una mera paráfrasis aunque sí recomendar este estudio introductorio, que tanta satisfacción nos ha dado, y la lectura de un surtido de poetas y poemas escogidos de lo más importante de la segunda mitad del siglo XX española.

lunes, 10 de febrero de 2014

Reseña: Ecuador y la guerra civil española. La voz de los intelectuales, de Niall Binns, en Radio Sucesos, Quito


Ecuador y la guerra civil española. La voz de los intelectuales 
Por David Becerra Mayor 
Con cierto sentido, Radio Sucesos (Quito), 3/02/2014 


Hoy voy a hablar de un libro que en Ecuador os va a resultar sin duda interesantísimo. Se trata de un estudio publicado en España por la editorial Calambur y escrito Niall Binns, hispanista inglés, pero afincado en España y profesor de Literatura Hispanoamericana en la Universidad Complutense de Madrid. Su libro responde al título de Ecuador y la guerra civil española. La voz de los intelectuales, y forma parte de un ambicioso proyecto sobre Hispanoamérica y la guerra civil española, del que este libro sobre Ecuador es su primer volumen. 

Ecuador y la guerra civil española. La voz de los intelectuales es un estudio sobre el impacto que tuvo la guerra de España entre la intelectualidad ecuatoriana, y analiza las producciones literarias, tanto poéticas como narrativas o teatrales, pero también los ensayos y los artículos publicados en prensa, para demostrar el interés que suscitó la guerra civil española entre los intelectuales ecuatorianos. Un interés que, como nos recuerda Binns en su estudio, no era gratuito ni casual, sino que respondía a la coyuntura histórica de Ecuador, marcada por una fuerte crisis política y social, que se puso de manifiesto en la masacre de obreros huelguistas en Guayaquil, el 15 de noviembre de 1922, pero también en la Revolución Juliana de 1925 y en la guerra de las Cuatro Horas del 28 de noviembre de 1936. El contexto de crisis que vivía Ecuador en la década de los veinte y los treinta provoca que sus intelectuales se miren en el espejo de la guerra civil española. Porque saben que la España republicana –la España nueva y leal– constituye una referencia y una esperanza para la izquierda de América Latina; pero saben también que si el fascismo se ha levantado en España asimismo puede hacer acto de presencia y anunciar su peligro en la sociedad ecuatoriana. Los intelectuales ecuatorianos miran a España entre la admiración y el miedo. Saben que el destino de España marcará el suyo propio, pues como dice Jaime Barrera Barrera, “Max Lux”, en El comercio el 29 de septiembre de 1937, “No es la sola suerte de España la que se juega ahora. Es la suerte de la humanidad: un mundo viejo pelea contra un mundo nuevo. A América le interesa sobremanera el final de la contienda, porque de él depende su porvenir”.

Y así se refleja en los textos que selecciona y presenta Niall Binns en su Ecuador y la guerra civil española. Además de un estudio sin duda riguroso y exhaustivo, el libro de Binns ofrece al lector una selección de textos procedentes de las plumas más destacadas del campo intelectual ecuatoriano. Y aparecen en sus páginas Demetrio Aguilera Malta, Pablo Palacio, Pareja Díaz Canseco, Nela Martínez, Aurora Estrada, Raúl Andrade, Benjamín y Alejandro Carrión, Joaquín Gallegos Lara, entre muchos otros. El catálogo de Binns contiene una relación de más de ochenta autores. 

Pero lo que creo que es importante destacar es que el libro de Binns cumple el requisito que debe cumplir un buen ensayo literario: te abre el apetito de la lectura. Después de leer los textos y fragmentos que presenta Binns, el lector siente el deseo de seguir leyendo, de acudir a las obras citadas. Claro que –y esto desde luego no es culpa de su autor– la lectura del libro de Niall Binns termina siendo un ejercicio cruel y frustrante, de deseo insatisfecho, por la dificultad que supone hacerse, hoy en día, con muchos de los textos que su autor reproduce y reseña.  

Pero más allá de frustraciones lectoras, si vamos al contenido de los textos que presenta Ecuador y la guerra civil española, el lector encontrará una imagen recurrente en ellos: la de la reconciliación de las antiguas colonias con España. En efecto, a la vista de los textos de los intelectuales ecuatorianos, España ya no se ve como el pueblo que colonizó América y que, en nombre de la civilización, inició un auténtico holocausto indigenista; la España republicana, la España nueva y leal, representa, para estos intelectuales ecuatorianos, la España de la luz frente a los inquisidores y oscurantistas que han propiciado el golpe de Estado fascista contra un gobierno legítimo y democrático. América –y concretamente Ecuador– se reconcilia con España, se solidariza con la Madre Patria, porque como dice el poeta Alejandro Carrión “estamos más cerca de ella, porque su sangre está corriendo, mezclada con la fuerte sangre indígena, por nuestras anchas venas”. Más transparentes sin duda son los versos de Gil Gilbert, de su poema titulado “Buenos días, Madrid”. Dicen sus versos:



Buenos días, España!

Te saludo con voz mitad de negro, mitad de indio,

Vestida en castellano la palabra mestiza.

Alzo mi saludo para verte

Por vez primera con alegría de hombre.

Por vez primera en mis tobillos i muñecas

No arden las pulseras que España me aherrojara.



Y más adelante dice:



Este hombre que te odiara cinco siglos en mi sangre,

Hoy te dice por vez primera con voz de compañero:

Buenos días, Madrid.



Parecidos son los versos del poema “Juzga, España miliciana” de Humberto Malta, donde lamenta el poeta que la España que les conquistó no haya sido esta España nueva; si así hubiera sido, dicen los versos, no hubiera sido necesaria la Independencia que dejó a los jóvenes pueblos de América caer en las garras de los gringos imperialistas:



España... la de mantos, la de la Inquisición...

Os odiaba fuertemente, con la sangre de indio y puma,

A Vos, Señora España de corona y cetros...

(...) España, Señora y Madre España,

Si en lugar de alarde prepotente, erizado,

Hubieseis conquistado por amor Sierra y Yungal

Ahora hubieseis sido patrona de la América,

No dejando que salte la Independencia brusca

Para que pueblos jóvenes, más bien digamos: niños,

Se emancipen creyendo poseer su madurez...

España, Señora y Madre,

No estuviéramos ahora ahorcados por el gringo

Que luego de exprimirnos los suelos y subsuelos

Asfixia las conciencias, corrompe los estados,

Daña ciudadanías, y ve en nosotros solo

Al mísero comprado, al esclavo deleznable.



La Nueva España, la que sufre la guerra impuesta por el fascismo, ya no es la de antaño. Por primera vez no existe un odio hacia España, porque la España leal, la que combate el fascismo, no es la España de los inquisidores. Por eso, la poeta y narradora, y dirigente comunista, Nela Martínez clama por la “Unión de la América bronceada de la América india con la España humana gloriosa y libre”. España y América, si el fascismo cae derrotado, se podrán reconciliar en torno a un proyecto común, como así lo teoriza Antonio Montalvo en su artículo “El nuevo hispanoamericanismo”, donde nos habla de una nueva relación entre España y sus antiguas colonias, una relación que se ha de levantar sobre la necesidad de cohesión desde el idioma y la historia compartida, y ya no desde la antigua añoranza colonial. La derrota de la República durante la guerra civil y la vuelta de oscuros inquisidores al poder, el triunfo del fascismo en España, frustran sin embargo el sueño de Montalvo. 

Ecuador y la guerra civil española. La voz de los intelectuales de Niall Binns reconcilia a españoles y ecuatorianos en lo mejor de nuestra memoria compartida. Hombres y mujeres de un lado y otro del océano unidos en la voz de la lucha antifascista y, por qué no decirlo, unidos en la voz de la lucha revolucionaria. Así pues enrolamos a Niall Binns y al conjunto de autores ecuatorianos que podemos leer gracias a su labor investigadora, a nuestro pequeño pueblo en armas contra la soledad.