Ángel Campos Pámpano, 1957-2008 (5 años cercanos a lo que importa)
Acto homenaje en memoria del escritor y poeta Ángel Campos Pámpano en el quinto aniversario de su fallecimiento.
Presentación del número de la revista de poesía El Alambique, dedicado a Ángel Campos Pámpano.
Presentación de El río Guadiana, obra gráfica de la Biblioteca Errante, con pinturas de Javier Fernández Molina y textos manuscritos de Ángel Campos y Carlos Lencera.
Presentación de los poemas de Sarteneja de Ángel Campos Pámpano. Tirada conmemorativa
Intervendrán en el acto: Agustín Porras, Ángel Guinda, Emilio Torné, Javier Fernández de Molina, Elías Moro, Antonio Gómez, Luis Arroyo Miguel Ángel Lama.
Presenta el acto: Eva María Romero Rivero.
Parte musical: Álvaro Rodríguez Álvarez.
Organiza: Asociación Cultural Vicente Rollano
Colabora: Izquierda Unida San Vicente y Exmo. Ayuntamiento de San Vicente de Alcántara
Viernes, 22 de noviembre, 20:00 horas
Ermita de Santa Ana
San Vicente de Alcántara (Badajoz)
lunes, 18 de noviembre de 2013
Reseña: El libro en circulación en el mundo moderno en España y Latinoamércia, en Diario de Jerez
Un viaje por la historia del libro
Por Gonzalo García Prieto
Diario de Jerez, 12/11/2013
Los autores son Pedro Rueda Los libreros López Román y Antonio Toro en la Carrera de Indias, Natalia Maillard El santo oficio: entre la evasión y la colaboración, Kenneth C. Ward Three hundred and eighty six folio volumes and forty bookmarks: The bookstore and print shop inventories of Paula Benavides and Juan de Rivera, 1687 y Cristina Siriano Buscar libros en una ciudad sin imprenta: La Circulación de los libros en la Caracas de finales del siglo XVIII. El libro es una recopilación de cuatro ensayos, tres de ellos en castellano y uno en inglés, sobre la comercialización del libro en el siglo XVI y XVII en España y América donde Sevilla se convierte en el centro de distribución logístico para el comercio de libros.
La Inquisición durante ese periodo de la historia de España, marca de manera importante la circulación y venta de ejemplares, no ya dentro de la península ibérica sino en el comercio con el otro continente. Muchos de los libreros fueron denunciados ante el Santo Oficio por vender libros prohibidos y heréticos. Se trataba más de una labor empresarial o mercantil que de difusión de las doctrinas perseguidas. Como dice el libro, “Parte del trabajo de los libreros consistía en conocer bien los mecanismos para burlar los estrictos controles impuestos por las autoridades”. En 1640 destacan libreros como Antonio Toro o Juan López Román.
Entre los envíos masivos de ejemplares entre 1621 y 1649, aquellos de más de 100, sobresalen: El Quijote de Miguel de Cervantes, Perfecto cristiano de González de Criptana, Libro de la oración de Luis de Granada y las Comedias de López de Vega.
Para la constitución de una imprenta eranecesario autorización, lo que llevaba a las ciudades que carecían de ella como Caracas, a cerrar la posibilidad de producir materialesimpresos de realidades propias. Esto generó “incompatibilidades entre lo leído y lo vivido”. La carencia de imprenta en muchas ciudades no afecto al acceso a los libros, ya que se formaron redes heterogenias y originales de circulación. Los caraqueños accedían a ellos mediante la compra o el préstamo de ejemplares así como con la transcripción de textos.
De manera entretenida y de fácil lectura estos ensayos aportan su granito de arena para conocer que el comercio y la globalización se inicio muchos años antes de lo que muchos pensamos.
El libro en cirdulación en el mundo moderno en España y Latinoamércia
Por Gonzalo García Prieto
Diario de Jerez, 12/11/2013
Los autores son Pedro Rueda Los libreros López Román y Antonio Toro en la Carrera de Indias, Natalia Maillard El santo oficio: entre la evasión y la colaboración, Kenneth C. Ward Three hundred and eighty six folio volumes and forty bookmarks: The bookstore and print shop inventories of Paula Benavides and Juan de Rivera, 1687 y Cristina Siriano Buscar libros en una ciudad sin imprenta: La Circulación de los libros en la Caracas de finales del siglo XVIII. El libro es una recopilación de cuatro ensayos, tres de ellos en castellano y uno en inglés, sobre la comercialización del libro en el siglo XVI y XVII en España y América donde Sevilla se convierte en el centro de distribución logístico para el comercio de libros.
La Inquisición durante ese periodo de la historia de España, marca de manera importante la circulación y venta de ejemplares, no ya dentro de la península ibérica sino en el comercio con el otro continente. Muchos de los libreros fueron denunciados ante el Santo Oficio por vender libros prohibidos y heréticos. Se trataba más de una labor empresarial o mercantil que de difusión de las doctrinas perseguidas. Como dice el libro, “Parte del trabajo de los libreros consistía en conocer bien los mecanismos para burlar los estrictos controles impuestos por las autoridades”. En 1640 destacan libreros como Antonio Toro o Juan López Román.
Entre los envíos masivos de ejemplares entre 1621 y 1649, aquellos de más de 100, sobresalen: El Quijote de Miguel de Cervantes, Perfecto cristiano de González de Criptana, Libro de la oración de Luis de Granada y las Comedias de López de Vega.
Para la constitución de una imprenta eranecesario autorización, lo que llevaba a las ciudades que carecían de ella como Caracas, a cerrar la posibilidad de producir materialesimpresos de realidades propias. Esto generó “incompatibilidades entre lo leído y lo vivido”. La carencia de imprenta en muchas ciudades no afecto al acceso a los libros, ya que se formaron redes heterogenias y originales de circulación. Los caraqueños accedían a ellos mediante la compra o el préstamo de ejemplares así como con la transcripción de textos.
De manera entretenida y de fácil lectura estos ensayos aportan su granito de arena para conocer que el comercio y la globalización se inicio muchos años antes de lo que muchos pensamos.
El libro en cirdulación en el mundo moderno en España y Latinoamércia
Reseña: Trazar la salvaguarda, de José Luis Puerto, en Andalucía Información
Trazar la salvaguarda
Por Jorge de Arco
Andalucía Información, 29/10/2013
Tras sus dos últimos títulos, De la intemperie (2004) y Proteger las moradas (2008), José Luis Puerto (La Alberca, Salamanca, 1953), da a la luz Trazar la salvaguarda, un poemario que, en palabras del propio autor «cierra una suerte de trilogía donde yo quiero que la palabra poética sea esencial, leve, sugeridora, frente a los excesos que hay en la sociedad y todos los elementos de consumo, de desgaste».
Hombre de letras y para las letras —profesor, editor, crítico, traductor, ensayista…—, su obra lírica alcanza con ésta su novena entrega, y continúa la línea marcada —apuntado queda— por una sonora precisión verbal, por un universo donde el Hombre y la Naturaleza conviven fieramenteunidos y por una materia que además de acariciar los temas universales —amor, paso del tiempo, mortalidad…—, se complementa con una forma de mirar la realidad plena de humanismo y espiritualidad: «Días hay en que el ángel/ acude hasta nosotros. Cómo nos apacigua su presencia./ La herida se hace bálsamo./ Las pérdidas, encuentros./ El abandono se hace compañía/ y todo vuelve a ser/ como siempre quisimos». Y esos ángeles, el rústico, el del asombro, el relojero, el inocente, pueblan también la soledad y la expresión del poeta, y convierten su voz en mensaje sincero y calador: «Sobre la rama verde/ el pájaro/ canta./ En su estancia, abstraído,/ el hombre calla./ Pájaro y hombre,/ canto y silencio,/ todo proclama/ la hermosa melodía/ que a todos nos abraza».
Dividido en tres apartados, el volumen camina en su primera parte, «Hilos de melodía», por los territorios más íntimos, más próximos a un yo poético que traza la salvaguarda a sabiendas de que ésta es protección y de que no hay mejor lugar para hallar tal amparo que refugiándoseen la poesía «un fulgor que nos ilumina y nos pone en contacto con una belleza desusada». En su segunda sección, «Nueve huellas de marzo», el lector podrá recorrer de la mano del vate salmantino, los secretos de Fez, esa imperial ciudad marroquí, centro religioso y cultural del país, donde «… se mezclan/ el dolor con el júbilo,/ la lentitud con la celeridad,/ la permanencia con el sacrificio»; y donde «conviven el mercado y la mezquita,/ el regateo y la plegaria,/ la prisa y la quietud». Por último, «Cinco motivos clásicos», tienen a Ulises, Sísifo, Antígona, Prometeo e Ícaro, como protagonistas del ayer y del hoy, como ejemplos vigentes —¿eternos?— por su sabiduría, su grandeza y su condena.
Al cabo, un poemario donde José Luis Puerto vuelve a dar muestras de que su decir es una síntesis consciente de infinitud y finitud, y de cuyo dualismo nace una esencia lírica plena de libertad, de tradición, de pasión. Su verbo, siempre acompañado por una certera ensoñación rítmica, se torna himno vívido, conciencia común, y protege y guarda de lo que más nos importa: «Enciende la memoria. Lo que buscas/ es un latido de oro/ que está en los arrabales de la noche./ Lleva tu rama allí,/ no te importe empuñarla con tu mano/ más delicada y luminosa./ Te espera la ventura que mereces».
Lee la reseña en Andalucía Información
Por Jorge de Arco
Andalucía Información, 29/10/2013
Tras sus dos últimos títulos, De la intemperie (2004) y Proteger las moradas (2008), José Luis Puerto (La Alberca, Salamanca, 1953), da a la luz Trazar la salvaguarda, un poemario que, en palabras del propio autor «cierra una suerte de trilogía donde yo quiero que la palabra poética sea esencial, leve, sugeridora, frente a los excesos que hay en la sociedad y todos los elementos de consumo, de desgaste».
Hombre de letras y para las letras —profesor, editor, crítico, traductor, ensayista…—, su obra lírica alcanza con ésta su novena entrega, y continúa la línea marcada —apuntado queda— por una sonora precisión verbal, por un universo donde el Hombre y la Naturaleza conviven fieramenteunidos y por una materia que además de acariciar los temas universales —amor, paso del tiempo, mortalidad…—, se complementa con una forma de mirar la realidad plena de humanismo y espiritualidad: «Días hay en que el ángel/ acude hasta nosotros. Cómo nos apacigua su presencia./ La herida se hace bálsamo./ Las pérdidas, encuentros./ El abandono se hace compañía/ y todo vuelve a ser/ como siempre quisimos». Y esos ángeles, el rústico, el del asombro, el relojero, el inocente, pueblan también la soledad y la expresión del poeta, y convierten su voz en mensaje sincero y calador: «Sobre la rama verde/ el pájaro/ canta./ En su estancia, abstraído,/ el hombre calla./ Pájaro y hombre,/ canto y silencio,/ todo proclama/ la hermosa melodía/ que a todos nos abraza».
Dividido en tres apartados, el volumen camina en su primera parte, «Hilos de melodía», por los territorios más íntimos, más próximos a un yo poético que traza la salvaguarda a sabiendas de que ésta es protección y de que no hay mejor lugar para hallar tal amparo que refugiándoseen la poesía «un fulgor que nos ilumina y nos pone en contacto con una belleza desusada». En su segunda sección, «Nueve huellas de marzo», el lector podrá recorrer de la mano del vate salmantino, los secretos de Fez, esa imperial ciudad marroquí, centro religioso y cultural del país, donde «… se mezclan/ el dolor con el júbilo,/ la lentitud con la celeridad,/ la permanencia con el sacrificio»; y donde «conviven el mercado y la mezquita,/ el regateo y la plegaria,/ la prisa y la quietud». Por último, «Cinco motivos clásicos», tienen a Ulises, Sísifo, Antígona, Prometeo e Ícaro, como protagonistas del ayer y del hoy, como ejemplos vigentes —¿eternos?— por su sabiduría, su grandeza y su condena.
Al cabo, un poemario donde José Luis Puerto vuelve a dar muestras de que su decir es una síntesis consciente de infinitud y finitud, y de cuyo dualismo nace una esencia lírica plena de libertad, de tradición, de pasión. Su verbo, siempre acompañado por una certera ensoñación rítmica, se torna himno vívido, conciencia común, y protege y guarda de lo que más nos importa: «Enciende la memoria. Lo que buscas/ es un latido de oro/ que está en los arrabales de la noche./ Lleva tu rama allí,/ no te importe empuñarla con tu mano/ más delicada y luminosa./ Te espera la ventura que mereces».
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lunes, 11 de noviembre de 2013
Presentación: Los abecedarios, de Mercedes Chozas
Mercedes Chozas presenta su última novela: Los abecedarios, publicada por Calambur.
Acompañarán a la autora Manuel Longares y Luis Mateo Díaz.
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Miércoles, 13 de noviembre de 2013, 19:30 horas
CASA DEL LIBRO
Gran Vía, 29. Madrid
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Sinopsis:
Águeda tiene en común con los pícaros la orfandad, el
servicio a distintos amos, la deshonra y el aprendizaje de muchas tretas para
sobrevivir. En su camino de madurez desde las costas gallegas hasta el centro
de Madrid, se guía por diversos abecedarios: el de las palabras, el de los
cuentos y el de la experiencia. El Tesoro, de Sebastián de Covarrubias, el
érase una vez y la vida forman una red que enlaza historia y fantasía con la
fluidez de las narraciones bien contadas. Pero, tras el orden de las letras, se
esconde el desorden de la realidad y de los disfraces que la enmascaran. Así,
Piel de asno se convierte en símbolo de la verdad oculta y los tejados de
Malasaña en símbolo de las quimeras de los últimos años del franquismo. Una
fábula de fábulas en la que la protagonista vive la realidad desde una
experiencia insólita que contrasta con las certezas de quienes la acompañan.
Una vida que nos muestra las vidas de los otros.
La autora:
miércoles, 6 de noviembre de 2013
Reseña: Porción del enemigo, de Enrique Falcón, en Quimera
Nombrar la caída
Por Raúl Quinto
Quimera. Revista de literatura, nº 360, noviembre 2013
Si hablamos de la poesía española contemporánea que se declara abiertamente política no podemos eludir a Enrique Falcón (Valencia, 1968). Poesía política o de la Conciencia Crítica. Mejor lo segundo porque toda poesía es política, por acción u omisión, pero no toda es conscientemente crítica con el sistema. La obra poética y teórica de Falcón no hace prisioneros en ese sentido. Suyo es el vasto proyecto de La marcha de 150.000.000 (reunido por Eclipsados en 2009), donde demuestra que la poesía de alto compromiso político puede comprometerse también en la renovación de las fórmulas poéticas sin perder efectividad en su mensaje. Porción del enemigo (que cierra su Trilogía de las sombras, tras Amonal y Taberna Roja) no es tan radical en el tratamiento de la hipertextualidad, por ejemplo, pero responde a un espíritu similar. Hay muchas de sus obsesiones y bastantes de nuestras urgencias.
Ya desde las citas: el capitalismo nos obliga a competir ciegamente haciendo del otro un enemigo, y más si el otro es lejano y parece querer lo poco que nosotros creemos tener. La sombra de esos ciento cincuenta millones de los que hablaba Maiakovski, y nuestro miedo a que nos contaminen, o a ser ellos. Pero esta crisis sistémica nos ha colocado un espejo enfrente que nos dice que ya somos ellos, que probablemente lo fuimos siempre. Todo eso, según Falcón, anuncia la caída del sistema y este libro también es una pregunta sobre qué hacer al día siguiente. Por tanto: el poder y su inevitable caída. Un poder que diseña nuestros miedos y cuya arma principal es el lenguaje. Esos mecanismos lingüísticos que usa el sistema para imponer su realidad son los que están puestos continuamente en cuestión a lo largo del libro, de manera más obvia en los cinco poemas denominados «Máquinas», donde se enfrentan el lenguaje poético o la descripción de la cruda realidad con artefactos retóricos que van desde párrafos de Borges a discursos de la Merkel, pasando por manuales anticomunistas de la CIA. El idioma que el poder nos quiere imponer no puede ser el nuestro, las calificaciones de las agencias de rating no pueden calibrar tu vida (pág. 67). Frente a la usurpación de las palabras la poesía responde nombrando aquello que no quiere ser nombrado, por ejemplo: los nombres de aquellos que se esconden tras la abstracción llamadamercados y en nombre de la cual nos exigen sacrificios, como los dos poemas «Annuit coeptis» (págs. 24 y 99).
Y eso a pesar de que se llega a decir que no hay poder en la palabra (pág. 45). Pero es ahí donde también hay una barricada para acelerar la caída del sistema, porque para Falcón se trata de contribuir más que de describir. Otro tema sería si la poesía puede contribuir a algo así, particularmente siempre he dicho que la poesía transforma el mundo que llevamos dentro y que eso siempre es un paso hacia otro mundo posible. Otro tema sería si es posible mantener el equilibrio entre el activismo y la literatura, y no caer en el panfleto o el material propagandístico más parecido que otra cosa al que se pretende denunciar. Falcón sale airoso de ese conflicto la gran mayoría de las veces, cosa que no sucede con otros cultivadores del poema político. Aquí encontraremos, también, poemas que parecieran proclamas para leer en las plazas, transidos de oralidad, sencillez y puntería. Falcón apela a la tribu y muchas veces se refiere a un sujeto lector colectivo, otras más al centro de una intimidad.
En La marcha de 150.000.000 la mayoría de las anotaciones se referían a situaciones invisibles pero también lejanas, aparentemente exóticas. Ahora, aunque el poder intente invisibilizarlo, mucho de lo que se cuenta ocurre al pie de tu calle. Falcón usa continuamente la metáfora del campo de concentración, de la cárcel vigilada y degradante, pero más que una metáfora parece el recuerdo de que vivimos dentro, y de que sus muros acabarán cayendo igualmente. Pero después de la caída qué. Para eso no hay respuestas, la poesía no puede darlas. Pero la poesía será imprescindible para encontrarlas.
Blog de Porción del enemigo, de Enrique Falcón
Por Raúl Quinto
Quimera. Revista de literatura, nº 360, noviembre 2013
Si hablamos de la poesía española contemporánea que se declara abiertamente política no podemos eludir a Enrique Falcón (Valencia, 1968). Poesía política o de la Conciencia Crítica. Mejor lo segundo porque toda poesía es política, por acción u omisión, pero no toda es conscientemente crítica con el sistema. La obra poética y teórica de Falcón no hace prisioneros en ese sentido. Suyo es el vasto proyecto de La marcha de 150.000.000 (reunido por Eclipsados en 2009), donde demuestra que la poesía de alto compromiso político puede comprometerse también en la renovación de las fórmulas poéticas sin perder efectividad en su mensaje. Porción del enemigo (que cierra su Trilogía de las sombras, tras Amonal y Taberna Roja) no es tan radical en el tratamiento de la hipertextualidad, por ejemplo, pero responde a un espíritu similar. Hay muchas de sus obsesiones y bastantes de nuestras urgencias.
Ya desde las citas: el capitalismo nos obliga a competir ciegamente haciendo del otro un enemigo, y más si el otro es lejano y parece querer lo poco que nosotros creemos tener. La sombra de esos ciento cincuenta millones de los que hablaba Maiakovski, y nuestro miedo a que nos contaminen, o a ser ellos. Pero esta crisis sistémica nos ha colocado un espejo enfrente que nos dice que ya somos ellos, que probablemente lo fuimos siempre. Todo eso, según Falcón, anuncia la caída del sistema y este libro también es una pregunta sobre qué hacer al día siguiente. Por tanto: el poder y su inevitable caída. Un poder que diseña nuestros miedos y cuya arma principal es el lenguaje. Esos mecanismos lingüísticos que usa el sistema para imponer su realidad son los que están puestos continuamente en cuestión a lo largo del libro, de manera más obvia en los cinco poemas denominados «Máquinas», donde se enfrentan el lenguaje poético o la descripción de la cruda realidad con artefactos retóricos que van desde párrafos de Borges a discursos de la Merkel, pasando por manuales anticomunistas de la CIA. El idioma que el poder nos quiere imponer no puede ser el nuestro, las calificaciones de las agencias de rating no pueden calibrar tu vida (pág. 67). Frente a la usurpación de las palabras la poesía responde nombrando aquello que no quiere ser nombrado, por ejemplo: los nombres de aquellos que se esconden tras la abstracción llamadamercados y en nombre de la cual nos exigen sacrificios, como los dos poemas «Annuit coeptis» (págs. 24 y 99).
Y eso a pesar de que se llega a decir que no hay poder en la palabra (pág. 45). Pero es ahí donde también hay una barricada para acelerar la caída del sistema, porque para Falcón se trata de contribuir más que de describir. Otro tema sería si la poesía puede contribuir a algo así, particularmente siempre he dicho que la poesía transforma el mundo que llevamos dentro y que eso siempre es un paso hacia otro mundo posible. Otro tema sería si es posible mantener el equilibrio entre el activismo y la literatura, y no caer en el panfleto o el material propagandístico más parecido que otra cosa al que se pretende denunciar. Falcón sale airoso de ese conflicto la gran mayoría de las veces, cosa que no sucede con otros cultivadores del poema político. Aquí encontraremos, también, poemas que parecieran proclamas para leer en las plazas, transidos de oralidad, sencillez y puntería. Falcón apela a la tribu y muchas veces se refiere a un sujeto lector colectivo, otras más al centro de una intimidad.
En La marcha de 150.000.000 la mayoría de las anotaciones se referían a situaciones invisibles pero también lejanas, aparentemente exóticas. Ahora, aunque el poder intente invisibilizarlo, mucho de lo que se cuenta ocurre al pie de tu calle. Falcón usa continuamente la metáfora del campo de concentración, de la cárcel vigilada y degradante, pero más que una metáfora parece el recuerdo de que vivimos dentro, y de que sus muros acabarán cayendo igualmente. Pero después de la caída qué. Para eso no hay respuestas, la poesía no puede darlas. Pero la poesía será imprescindible para encontrarlas.
Blog de Porción del enemigo, de Enrique Falcón
Reseña: Carta blanca, de Rafael Saravia, en Literaturas.com
Carta blanca
Por Miguel A. Gara
Revista Literaturas.com, octubre 2013
Carta blanca, el último poemario del poeta leonés Rafael Saravia, se divide en 3 zonas muy distintas. La primera: Solo (con esa ambigüedad que le dio a la palabra la RAE desde que recomendó quitar la tilde al adverbio) son poemas de variada factura, algunos de ellos dirigidos a diferentes interlocutores, entre los cuales parece estar el propio autor, diversos en el tono (incluso hay un caligrama) y con aroma a breve dietario. La segunda parte, Hasta que llegue diciembre reúne 12 piezas que interpelan con pulso amoroso, o directamente erótico, a una mujer. Por último, la parte final nominada igual que el libro, Carta blanca, son tres poemas con cierto aire de coda y un corte más social o más crítico donde el poeta no parece tanto epitomar el resto del poemario como ofrecer una perspectiva diferenciada, más enfocada quizás a las razones que a los sentimientos.
El polisémico título, Carta blanca, sugiere de entrada dos significados: por un lado el obvio de salvoconducto, o sea, el permiso de cruzar libremente un espacio o de transgredir impunemente una norma o una regla y por otro el de página todavía no escrita, de posibilidad no materializada. Sin embargo, habría un tercer significado a mi entender más sugerente, y es una carta blanca en el sentido de carta pura. Una misiva (aunque resulte también estimulante la posibilidad de un naipe) que representaría un núcleo impoluto (por no escrito, por no utilizado) de un sentimiento o recuerdo, enviado o recibido o atesorado.
La pureza, siempre tan breve, es la intensidad que se vislumbra o se busca en la sucesión de días (esa espuma de los días que decía Boris Vian), en el tráfago de labores cotidianas, en la geometría del amor o en las razones para una indignación que como sugiere la cita de Curiel que abre la última parte, genera un hito (en cuanto a piedra, a obstáculo) sobre esa necesidad de blanco, de oxígeno. Un obstáculo hecho de realidad o de actualidad que por un lado impide la materialización del paraíso pero por otro fija de algún modo al mundo la luz y la (también necesaria) oscuridad.
En ese sentido, y a pesar de que el poemario tiende a una mirada íntima, que no intimista (Dylan Thomas decía que la poesía debe ser personal pero no privada) corre también por él una veta auténticamente surrealista, en el aspecto de rebeldía social y personal que esa vanguardia representó en sus inicios. Por ello, también paralelamente surge en Saravia una mirada no sólo crítica sino autocrítica, sea hacia una primera persona narrativa de ficción o sea hacia la misma mano que escribe (es decir, el poeta), como si fuera una cierta recriminación a uno mismo. Una especie de auto reproche fundamentado posiblemente en la contradicción característica de estos tiempos y que padecemos casi todos: es decir, por un lado la necesidad de conservar o amar ese núcleo puro del que hablábamos y por otro el de conseguir ser más críticos con un mundo y con una realidad cotidiana que se degrada poco a poco y que manifiestamente nos va dejando de representar.
Algunos de los títulos de los poemas también dan cuenta de esa preocupación: “Ricos de abajo”, “Antes y después de los panes”, “Tiempo de contar”.
Carta blanca es el libro de un poeta que va descubriendo paso a paso la madurez y originalidad de su voz, influida también obviamente por sus poetas mayores como Gamoneda o Mestre, de importante ascendencia en León, la ciudad del autor, y situada en el marco general de unas circunstancias histórico-sociales, como mínimo, turbias pero también estimulantes. Al fin y al cabo, como dicen los certeros versos que cierran el antepenúltimo poema: “Tan sólo hay una razón para esta oscuridad: / No has abierto los ojos.”
Lee la reseña en Literaturas.com
Por Miguel A. Gara
Revista Literaturas.com, octubre 2013
Carta blanca, el último poemario del poeta leonés Rafael Saravia, se divide en 3 zonas muy distintas. La primera: Solo (con esa ambigüedad que le dio a la palabra la RAE desde que recomendó quitar la tilde al adverbio) son poemas de variada factura, algunos de ellos dirigidos a diferentes interlocutores, entre los cuales parece estar el propio autor, diversos en el tono (incluso hay un caligrama) y con aroma a breve dietario. La segunda parte, Hasta que llegue diciembre reúne 12 piezas que interpelan con pulso amoroso, o directamente erótico, a una mujer. Por último, la parte final nominada igual que el libro, Carta blanca, son tres poemas con cierto aire de coda y un corte más social o más crítico donde el poeta no parece tanto epitomar el resto del poemario como ofrecer una perspectiva diferenciada, más enfocada quizás a las razones que a los sentimientos.
El polisémico título, Carta blanca, sugiere de entrada dos significados: por un lado el obvio de salvoconducto, o sea, el permiso de cruzar libremente un espacio o de transgredir impunemente una norma o una regla y por otro el de página todavía no escrita, de posibilidad no materializada. Sin embargo, habría un tercer significado a mi entender más sugerente, y es una carta blanca en el sentido de carta pura. Una misiva (aunque resulte también estimulante la posibilidad de un naipe) que representaría un núcleo impoluto (por no escrito, por no utilizado) de un sentimiento o recuerdo, enviado o recibido o atesorado.
La pureza, siempre tan breve, es la intensidad que se vislumbra o se busca en la sucesión de días (esa espuma de los días que decía Boris Vian), en el tráfago de labores cotidianas, en la geometría del amor o en las razones para una indignación que como sugiere la cita de Curiel que abre la última parte, genera un hito (en cuanto a piedra, a obstáculo) sobre esa necesidad de blanco, de oxígeno. Un obstáculo hecho de realidad o de actualidad que por un lado impide la materialización del paraíso pero por otro fija de algún modo al mundo la luz y la (también necesaria) oscuridad.
En ese sentido, y a pesar de que el poemario tiende a una mirada íntima, que no intimista (Dylan Thomas decía que la poesía debe ser personal pero no privada) corre también por él una veta auténticamente surrealista, en el aspecto de rebeldía social y personal que esa vanguardia representó en sus inicios. Por ello, también paralelamente surge en Saravia una mirada no sólo crítica sino autocrítica, sea hacia una primera persona narrativa de ficción o sea hacia la misma mano que escribe (es decir, el poeta), como si fuera una cierta recriminación a uno mismo. Una especie de auto reproche fundamentado posiblemente en la contradicción característica de estos tiempos y que padecemos casi todos: es decir, por un lado la necesidad de conservar o amar ese núcleo puro del que hablábamos y por otro el de conseguir ser más críticos con un mundo y con una realidad cotidiana que se degrada poco a poco y que manifiestamente nos va dejando de representar.
Algunos de los títulos de los poemas también dan cuenta de esa preocupación: “Ricos de abajo”, “Antes y después de los panes”, “Tiempo de contar”.
Carta blanca es el libro de un poeta que va descubriendo paso a paso la madurez y originalidad de su voz, influida también obviamente por sus poetas mayores como Gamoneda o Mestre, de importante ascendencia en León, la ciudad del autor, y situada en el marco general de unas circunstancias histórico-sociales, como mínimo, turbias pero también estimulantes. Al fin y al cabo, como dicen los certeros versos que cierran el antepenúltimo poema: “Tan sólo hay una razón para esta oscuridad: / No has abierto los ojos.”
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miércoles, 30 de octubre de 2013
Novedad: Memoria manuscrita del Siglo de Oro en la Biblioteca Nacional de España
Memoria manuscrita del Siglo de Oro en la Biblioteca Nacional de España
Dirigido por David López del Castillo
Realizado por el equipo de Edad de Oro - BNE (dir. Pablo Jauralde)
Biblioteca Litterae, 28. 254 p. 15,5 x 24 cm.
ISBN: 978-84-8359-253-3
PVP: 20 €
Memoria manuscrita del Siglo de Oro en la Biblioteca Nacional de España ofrece una recopilación de textos en prosa de los siglos XVI y XVII (principalmente cartas y relaciones), que han conservado todo su interés histórico y cultural a través de los siglos. La riqueza epistolar del Siglo de Oro español resulta fundamental a la hora de comprender el desarrollo político y cultural que marcó un antes y un después en nuestra historia moderna. Así, nuestro grupo Edad de Oro-BNE, dirigido por Pablo Jauralde y con el investigador David del Castillo como capitán de esta nueva aventura, decidió centrar sus esfuerzos en la búsqueda y recopilación de las cartas más copiadas y trascendentales. Para llevar a cabo esta selección, nos hemos guiado por un doble criterio. Por una parte, el original debía haberse compuesto en los siglos XVI y XVII y del mismo debían constar al menos media decena de copias en la colección de la sala Cervantes. Por otra parte, los textos debían conservar hoy día el mismo interés que entonces y no podían ocupar más de dos pliegos manuscritos. La primera condición la reunían una centena de textos; la segunda, solo los veinticinco que incluimos. Aunque algunos fueron ya impresos durante los siglos XIX y XX en la Biblioteca de autores españoles o en la Colección de documentos inéditos de la Historia de España, merecían ser reeditados con más cariño y esmero. En este volumen, van precedidos de una breve introducción sobre su autoría y contexto, y salpicados de unas pocas notas que facilitarán al lector de hoy el acercamiento a la prosa áurea española. De esta manera, gran parte de las polémicas con más proyección durante el Siglo de Oro centrarán el contenido de estas veinticinco cartas, siempre con la traición, la corrupción y la estrategia política y religiosa como telón de fondo. Célebres personajes como Fernando el Católico, Francisco de Quevedo, Felipe II o Benito Arias Montano se nos muestran aquí más cercanos que nunca, y dejan conocer al curioso lector que se acerque a esta Memoria manuscrita del Siglo de Oro las tramas personales y de poder en las que se vieron envueltos.
ÍNDICE:
Introducción: Memoria manuscrita del Siglo de Oro en la Biblioteca Nacional de España. David López del Castillo
PAPELES DE ESTADO, CONSEJOS Y DIPLOMACIA
1) Carta del rey Fernando el Católico al primer virrey de Nápoles
2) Instrucciones secretas del emperador Carlos V a Felipe II en 1543 33
3) Carta del gran duque de Alba al papa Paulo IV sobre las alteraciones de Italia
4) Carta de Felipe II a Juan de Austria cuando salió a ser General de la Mar
5) Varias cartas de Felipe II relativas a la prisión del príncipe don Carlos
6) Carta de don Diego de Mendoza al cardenal Espinosa
7) Carta del secretario Antonio Pérez al duque de Lerma sobre cómo se debe gobernar un privado
8) Carta que dejó escrita en Consuegra don Juan José de Austria
ASUNTOS DE IGLESIA E INQUISICIÓN
9) Relación del auto de fe del 21 de mayor de 1559 en Valladolid y de la conversión del doctor Agustín de Cazalla
10) Carta atribuida a Arias Montano sobre los jesuitas
11) Carta de Busto de Villegas a Felipe II
12) Relación de lo sucedido en el convento de San Plácido
13) Acusación y sentencia a la priora de San Plácido
MISCELÁNEA HISTÓRICO-LITERARIA
14) Carta del bachiller de Arcadia al capitán Salazar y respuesta del capitán
15) Memorial de Francisco de Quevedo pidiendo plaza en una academia
16) Acción notable del Conde-Duque (Año de 1623)
17) Carta de un cornudo a otro intitulada «El siglo del cuerno»
18) Carta que el arzobispo de Granada escribió al Conde-Duque y respuesta del Conde
19) Memorial que Francisco de Quevedo escribió al Conde-Duque
20) Delitos de hechicerías que imputan al Conde-Duque y otras cosas
ARS MORIENDI: CONSOLATORIAS Y RELACIONES FUNERALES
21) Relación de la muerte de Juan de Austria
22) Consolatoria que fray Luis de Granada escribió a la duquesa de Alba en la muerte de su marido
23) Relación de la enfermedad y muerte de Felipe II
24) Sentencias que se promulgaron contra Rodrigo Calderón
25) Carta que envió Rodrigo Calderón a su padre en la víspera de su muerte
Dirigido por David López del Castillo
Realizado por el equipo de Edad de Oro - BNE (dir. Pablo Jauralde)
Biblioteca Litterae, 28. 254 p. 15,5 x 24 cm.
ISBN: 978-84-8359-253-3
PVP: 20 €
Memoria manuscrita del Siglo de Oro en la Biblioteca Nacional de España ofrece una recopilación de textos en prosa de los siglos XVI y XVII (principalmente cartas y relaciones), que han conservado todo su interés histórico y cultural a través de los siglos. La riqueza epistolar del Siglo de Oro español resulta fundamental a la hora de comprender el desarrollo político y cultural que marcó un antes y un después en nuestra historia moderna. Así, nuestro grupo Edad de Oro-BNE, dirigido por Pablo Jauralde y con el investigador David del Castillo como capitán de esta nueva aventura, decidió centrar sus esfuerzos en la búsqueda y recopilación de las cartas más copiadas y trascendentales. Para llevar a cabo esta selección, nos hemos guiado por un doble criterio. Por una parte, el original debía haberse compuesto en los siglos XVI y XVII y del mismo debían constar al menos media decena de copias en la colección de la sala Cervantes. Por otra parte, los textos debían conservar hoy día el mismo interés que entonces y no podían ocupar más de dos pliegos manuscritos. La primera condición la reunían una centena de textos; la segunda, solo los veinticinco que incluimos. Aunque algunos fueron ya impresos durante los siglos XIX y XX en la Biblioteca de autores españoles o en la Colección de documentos inéditos de la Historia de España, merecían ser reeditados con más cariño y esmero. En este volumen, van precedidos de una breve introducción sobre su autoría y contexto, y salpicados de unas pocas notas que facilitarán al lector de hoy el acercamiento a la prosa áurea española. De esta manera, gran parte de las polémicas con más proyección durante el Siglo de Oro centrarán el contenido de estas veinticinco cartas, siempre con la traición, la corrupción y la estrategia política y religiosa como telón de fondo. Célebres personajes como Fernando el Católico, Francisco de Quevedo, Felipe II o Benito Arias Montano se nos muestran aquí más cercanos que nunca, y dejan conocer al curioso lector que se acerque a esta Memoria manuscrita del Siglo de Oro las tramas personales y de poder en las que se vieron envueltos.
ÍNDICE:
Introducción: Memoria manuscrita del Siglo de Oro en la Biblioteca Nacional de España. David López del Castillo
PAPELES DE ESTADO, CONSEJOS Y DIPLOMACIA
1) Carta del rey Fernando el Católico al primer virrey de Nápoles
2) Instrucciones secretas del emperador Carlos V a Felipe II en 1543 33
3) Carta del gran duque de Alba al papa Paulo IV sobre las alteraciones de Italia
4) Carta de Felipe II a Juan de Austria cuando salió a ser General de la Mar
5) Varias cartas de Felipe II relativas a la prisión del príncipe don Carlos
6) Carta de don Diego de Mendoza al cardenal Espinosa
7) Carta del secretario Antonio Pérez al duque de Lerma sobre cómo se debe gobernar un privado
8) Carta que dejó escrita en Consuegra don Juan José de Austria
ASUNTOS DE IGLESIA E INQUISICIÓN
9) Relación del auto de fe del 21 de mayor de 1559 en Valladolid y de la conversión del doctor Agustín de Cazalla
10) Carta atribuida a Arias Montano sobre los jesuitas
11) Carta de Busto de Villegas a Felipe II
12) Relación de lo sucedido en el convento de San Plácido
13) Acusación y sentencia a la priora de San Plácido
MISCELÁNEA HISTÓRICO-LITERARIA
14) Carta del bachiller de Arcadia al capitán Salazar y respuesta del capitán
15) Memorial de Francisco de Quevedo pidiendo plaza en una academia
16) Acción notable del Conde-Duque (Año de 1623)
17) Carta de un cornudo a otro intitulada «El siglo del cuerno»
18) Carta que el arzobispo de Granada escribió al Conde-Duque y respuesta del Conde
19) Memorial que Francisco de Quevedo escribió al Conde-Duque
20) Delitos de hechicerías que imputan al Conde-Duque y otras cosas
ARS MORIENDI: CONSOLATORIAS Y RELACIONES FUNERALES
21) Relación de la muerte de Juan de Austria
22) Consolatoria que fray Luis de Granada escribió a la duquesa de Alba en la muerte de su marido
23) Relación de la enfermedad y muerte de Felipe II
24) Sentencias que se promulgaron contra Rodrigo Calderón
25) Carta que envió Rodrigo Calderón a su padre en la víspera de su muerte
Novedad: CANTOS : & : UCRONÍAS, de Miguel Ángel Muñoz Sanjuán
CANTOS : & : UCRONÍAS
Miguel Ángel Muñoz Sanjuán
Calambur Poesía, 138. 90 p. 14 x 22,5 cm.
ISBN: 978-84-8359-258-8
PVP: 10 €
CANTOS : & : UCRONÍAS es un sorprendente ejercicio de escritura que desafía a la costumbre y a la corrección discursiva. Textos que asumen la perturbación del lenguaje ante lo irreal y las posibilidades significativas de la palabra. Poesía intuida como destino y razón de su propio saber, una radical activación de las utopías del conocimiento con la que el autor prosigue su apasionante deconstrucción crítica del enigma y los límites del lenguaje. Un libro donde la memoria de lo lingüístico habla de lo ausente, permutaciones entre la semántica y lo ortográfico como prefiguración de los textos de cultura, poemas en diálogo con lo premonitorio de las ensoñaciones y la gramática generativa de nuevos imaginarios. Signos de una descentralización que en su voluntad abstracta otorgan naturaleza a la duda, abren grietas en el muro de la pesadumbre realista y ofrecen una consciente resistencia ante los utilitarismos de lo banal. Una poética imprescindible en tiempos de desamparo, el testimonio de la conciencia contemporánea ante la transformación de sus ruinas y los significados del porvenir.
Miguel Ángel Muñoz Sanjuán (Madrid, 1961) es autor de los poemarios Una extraña tormenta (1992), Las fronteras (2001), Cartas consulares (2007) y Los dialectos del éxodo (2007). Ha sido incluido en Poesía Experimental Española (Antología incompleta) (2012). Fundó y dirigió la colección de poesía Abraxas (1989). Ha participado en diferentes ediciones de poesía, prosa y ensayo: e.e. cummings, Buffalo Bill ha muerto (Antología poética 1910-1962) (1996); R. Pérez Estrada, La palabra destino (2001); El universo está en la noche (2006), poesía, mitos y leyendas mesoamericanos; E. Gil y Carrasco, El señor de Bembibre (2004); y O. Mandelstam, Sobre la naturaleza de la palabra y otros ensayos (2005).
Miguel Ángel Muñoz Sanjuán
Calambur Poesía, 138. 90 p. 14 x 22,5 cm.
ISBN: 978-84-8359-258-8
PVP: 10 €
CANTOS : & : UCRONÍAS es un sorprendente ejercicio de escritura que desafía a la costumbre y a la corrección discursiva. Textos que asumen la perturbación del lenguaje ante lo irreal y las posibilidades significativas de la palabra. Poesía intuida como destino y razón de su propio saber, una radical activación de las utopías del conocimiento con la que el autor prosigue su apasionante deconstrucción crítica del enigma y los límites del lenguaje. Un libro donde la memoria de lo lingüístico habla de lo ausente, permutaciones entre la semántica y lo ortográfico como prefiguración de los textos de cultura, poemas en diálogo con lo premonitorio de las ensoñaciones y la gramática generativa de nuevos imaginarios. Signos de una descentralización que en su voluntad abstracta otorgan naturaleza a la duda, abren grietas en el muro de la pesadumbre realista y ofrecen una consciente resistencia ante los utilitarismos de lo banal. Una poética imprescindible en tiempos de desamparo, el testimonio de la conciencia contemporánea ante la transformación de sus ruinas y los significados del porvenir.
Juan Carlos Mestre
Miguel Ángel Muñoz Sanjuán (Madrid, 1961) es autor de los poemarios Una extraña tormenta (1992), Las fronteras (2001), Cartas consulares (2007) y Los dialectos del éxodo (2007). Ha sido incluido en Poesía Experimental Española (Antología incompleta) (2012). Fundó y dirigió la colección de poesía Abraxas (1989). Ha participado en diferentes ediciones de poesía, prosa y ensayo: e.e. cummings, Buffalo Bill ha muerto (Antología poética 1910-1962) (1996); R. Pérez Estrada, La palabra destino (2001); El universo está en la noche (2006), poesía, mitos y leyendas mesoamericanos; E. Gil y Carrasco, El señor de Bembibre (2004); y O. Mandelstam, Sobre la naturaleza de la palabra y otros ensayos (2005).
jueves, 24 de octubre de 2013
LITTERAE XVI. El diseño de la cultura. La cultura del diseño
LITTERAE XVI. El diseño de la cultura. La cultura del diseño
Seminario sobre Cultura Escrita
7 y 8 de noviembre de 2013
Universidad Carlos III de Madrid. Campus Puerta de Toledo
Ponentes: César Ávila, Isidro Ferrer, Joaquín Gallego, Emilio Gil, Valentín Iglesias, Enric Jardí, Paco Lacasta, Óscar Mariné, Víctor Palau, José María Ribagorda y Sonia Sánchez.
PROGRAMACIÓN:
JUEVES, 7 de noviembre
10,00 Inauguración
10,30 José María Ribagorda (Escuela Superior de Diseño). Logos de diseño
11,30 César Ávila (gráfica futura). Topografías tipográficas
12,30 Descanso
13,00 Joaquín Gallego. Cultura, estilo y diseño
16,00 Valentín Iglesias (oficinatresminutos). Cómo cuantificar la influencia del diseño
17,00 Sonia Sánchez y Paco Lacasta (Sánchez/Lacasta). Un corazón de tiza (en la pared)
18,00 Descanso
18,30 Mesa redonda con los ponentes del día
VIERNES, 8 de noviembre
10,30 Emilio Gil (TAU Diseño). Pioneros: construyendo una profesión
11,30 Óscar Mariné. Comunicación nutritiva (y algunos carteles de cine)
12,30 Descanso
13,00 Víctor Palau (Gràffica). Gràffica, algo más que imágenes
16,00 Isidro Ferrer. No es esto
17,00 Enric Jardí. Podemos vivir sin diseño (no es una pregunta)
18,00 Descanso
18,30 Mesa redonda con los ponentes del día
Directores:
Emilio Torné (UAH) y Enrique Villalba (UC3M)
Organiza:
Litterae. Seminario sobre Cultura Escrita.
Instituto de Cultura y Tecnología. Universidad Carlos III de Madrid
Colaboran:
Universidad Carlos III de Madrid. Vicer. de Grado: Cursos de Humanidades. Máster en Gestión Cultural. Grupo de investigación Historia Cultural / Litterae del Instituto de Cultura y Tecnología
Asociación Litterae. Humanidades, Cultura y Sociedad .
Inscripción:
La asistencia a todos los actos es libre. Para obtener un certificado de asistencia a LITTERAE XVI es necesario inscribirse el primer día a las 10,00 h y asistir a todas las sesiones.
Más información e inscripciones: litterae.litterae@gmail.com
Seminario sobre Cultura Escrita
7 y 8 de noviembre de 2013
Universidad Carlos III de Madrid. Campus Puerta de Toledo
Ponentes: César Ávila, Isidro Ferrer, Joaquín Gallego, Emilio Gil, Valentín Iglesias, Enric Jardí, Paco Lacasta, Óscar Mariné, Víctor Palau, José María Ribagorda y Sonia Sánchez.
PROGRAMACIÓN:
JUEVES, 7 de noviembre
10,00 Inauguración
10,30 José María Ribagorda (Escuela Superior de Diseño). Logos de diseño
11,30 César Ávila (gráfica futura). Topografías tipográficas
12,30 Descanso
13,00 Joaquín Gallego. Cultura, estilo y diseño
16,00 Valentín Iglesias (oficinatresminutos). Cómo cuantificar la influencia del diseño
17,00 Sonia Sánchez y Paco Lacasta (Sánchez/Lacasta). Un corazón de tiza (en la pared)
18,00 Descanso
18,30 Mesa redonda con los ponentes del día
VIERNES, 8 de noviembre
10,30 Emilio Gil (TAU Diseño). Pioneros: construyendo una profesión
11,30 Óscar Mariné. Comunicación nutritiva (y algunos carteles de cine)
12,30 Descanso
13,00 Víctor Palau (Gràffica). Gràffica, algo más que imágenes
16,00 Isidro Ferrer. No es esto
17,00 Enric Jardí. Podemos vivir sin diseño (no es una pregunta)
18,00 Descanso
18,30 Mesa redonda con los ponentes del día
Directores:
Emilio Torné (UAH) y Enrique Villalba (UC3M)
Organiza:
Litterae. Seminario sobre Cultura Escrita.
Instituto de Cultura y Tecnología. Universidad Carlos III de Madrid
Colaboran:
Universidad Carlos III de Madrid. Vicer. de Grado: Cursos de Humanidades. Máster en Gestión Cultural. Grupo de investigación Historia Cultural / Litterae del Instituto de Cultura y Tecnología
Asociación Litterae. Humanidades, Cultura y Sociedad .
Inscripción:
La asistencia a todos los actos es libre. Para obtener un certificado de asistencia a LITTERAE XVI es necesario inscribirse el primer día a las 10,00 h y asistir a todas las sesiones.
Más información e inscripciones: litterae.litterae@gmail.com
miércoles, 23 de octubre de 2013
Novedad: El día anterior al momento de quererle, de Concha García
El día anterior al momento de quererle
Concha García
Calambur Poesía, 140. 90 p. 14 x 22,5 cm.
ISBN: 978-84-8359-257-1
PVP: 10 €
A partir de elementos ya presentes en la larga e intensa trayectoria poética de Concha García —la voz instalada como entidad de conciencia tanto poética como ideológica; una mirada sobre la realidad no lineal en la que los tiempos y los personajes se entrecruzan, solapan y dialogan; la indagación en lo cotidiano—, El día anterior al momento de quererle es, paradójicamente, un libro iniciático, un libro que se sostiene en la inminencia y, a la vez, en la memoria. Concha García recorre en él las épocas de la vida que incluyen también la de los antepasados y la de los muertos, cuyas voces resuenan en los vivos. A través de la metamorfosis de un yo en otros y otras, se des pliega el mapa de los poemas
que aluden a instantes en permanente movimiento. Secuencias de situaciones posibles que transforman la realidad en una superficie de fulgores e intensidades en las que una conciencia súbita e instantánea cuestiona y desarticula la sólida y supuesta permanencia de los sistemas de pensamiento establecidos.
Concha García nació en La Rambla (Córdoba) en 1956. Ha vivido la mayor parte de su vida en Barcelona. Es autora de diez libros de poesía, entre ellos: Otra ley (1987), Pormenor (1983), Ayer y calles (Premio Jaime Gil de Biedma, 1994), Cuántas llaves (1998), Árboles que ya florecerán (2001), Lo de ella (2003) y Acontecimiento (2008). También es autora de la novela Miamor.doc (2001 y reedición en 2010); del cuaderno de viaje La lejanía. Cuadernos de Montevideo (2013); y del libro de
ensayos sobre poesía Asomos de Luz (2012). Su poesía ha sido traducida al italiano, inglés, francés, árabe, portugués y sueco. Parte de su obra está incluida en varias antologías. Gran viajera, ha publicado dos antologías de poesía de la Patagonia.
Concha García
Calambur Poesía, 140. 90 p. 14 x 22,5 cm.
ISBN: 978-84-8359-257-1
PVP: 10 €
A partir de elementos ya presentes en la larga e intensa trayectoria poética de Concha García —la voz instalada como entidad de conciencia tanto poética como ideológica; una mirada sobre la realidad no lineal en la que los tiempos y los personajes se entrecruzan, solapan y dialogan; la indagación en lo cotidiano—, El día anterior al momento de quererle es, paradójicamente, un libro iniciático, un libro que se sostiene en la inminencia y, a la vez, en la memoria. Concha García recorre en él las épocas de la vida que incluyen también la de los antepasados y la de los muertos, cuyas voces resuenan en los vivos. A través de la metamorfosis de un yo en otros y otras, se des pliega el mapa de los poemas
que aluden a instantes en permanente movimiento. Secuencias de situaciones posibles que transforman la realidad en una superficie de fulgores e intensidades en las que una conciencia súbita e instantánea cuestiona y desarticula la sólida y supuesta permanencia de los sistemas de pensamiento establecidos.
Concha García nació en La Rambla (Córdoba) en 1956. Ha vivido la mayor parte de su vida en Barcelona. Es autora de diez libros de poesía, entre ellos: Otra ley (1987), Pormenor (1983), Ayer y calles (Premio Jaime Gil de Biedma, 1994), Cuántas llaves (1998), Árboles que ya florecerán (2001), Lo de ella (2003) y Acontecimiento (2008). También es autora de la novela Miamor.doc (2001 y reedición en 2010); del cuaderno de viaje La lejanía. Cuadernos de Montevideo (2013); y del libro de
ensayos sobre poesía Asomos de Luz (2012). Su poesía ha sido traducida al italiano, inglés, francés, árabe, portugués y sueco. Parte de su obra está incluida en varias antologías. Gran viajera, ha publicado dos antologías de poesía de la Patagonia.
Novedad: Pobreza, de Víktor Gómez
Pobreza
Víktor Gómez
Calambur Poesía, 139. 134 p. 14 x 22,5 cm.
ISBN: 978-84-8359-255-7
PVP: 14,00 €
Pobreza ahonda en una aventura poética que lleva el lenguaje a los límites de la sintaxis, de la delgadez expresiva y de la combinatoria de géneros, registros y dialectos, para dar cuenta de los vértigos de la conciencia y del compromiso ético contemporáneos. Poesía de la crítica, para la crítica, desde la crítica, que comienza, como no podía ser de otra manera, en la crítica y la sospecha del lenguaje. Y continúa con la autocrítica del yo como entidad definida y cerrada; la crítica de la complacencia o indiferencia o inconsciencia de la ficción de ese yo ante las catástrofes coetáneas. Poemario indisciplinado, en explícito combate con lo acomodaticio, lo estable y lo establecido; y en diálogo con los espacios que, arrasados por la voracidad del capitalismo, dejan sus ruinas, su extrañamiento, su pobreza a la intemperie. «¿Qué pobreza es esta que ni sabeafuera de la página qué nombre tiene lo posible?». Un libro en el que nada se ahorra, pues donde hay pobreza solo puede haber derroche, caudal: «y en la tesitura teselas del calígrafo zurdo hablandar la escucha y deshuchar sus monedillas cruzar en rojo los semáforos dejar que fermente lo inverosímil no pronunciar la jaula».
Víktor Gómez (Madrid, 1967) es poeta comprometido e incasable activista cultural: cofundador y coordinador de la Asociación Poética Caudal, coordina ciclos de lecturas poéticas y de pensamiento crítico en Librería Primado. Desde 2011, codirige, junto a Javier Gil, la colección once de poesía y ensayo (Amargord). Publicó como editor, junto a Miguel Morata, el libro coral Por donde pasa la
poesía (2011), que recogía la intensa actividad desarrollada en Valencia en torno a Librería Primado. Ha publicado los libros de poesía: Detrás de la casa en ruinas (2010), Huérfanos aún (2010), Incompleto (2010) y Trazas del calígrafo zurdo (2013).
http://viktorgomez.blogspot.com.es/
Víktor Gómez
Calambur Poesía, 139. 134 p. 14 x 22,5 cm.
ISBN: 978-84-8359-255-7
PVP: 14,00 €
Pobreza ahonda en una aventura poética que lleva el lenguaje a los límites de la sintaxis, de la delgadez expresiva y de la combinatoria de géneros, registros y dialectos, para dar cuenta de los vértigos de la conciencia y del compromiso ético contemporáneos. Poesía de la crítica, para la crítica, desde la crítica, que comienza, como no podía ser de otra manera, en la crítica y la sospecha del lenguaje. Y continúa con la autocrítica del yo como entidad definida y cerrada; la crítica de la complacencia o indiferencia o inconsciencia de la ficción de ese yo ante las catástrofes coetáneas. Poemario indisciplinado, en explícito combate con lo acomodaticio, lo estable y lo establecido; y en diálogo con los espacios que, arrasados por la voracidad del capitalismo, dejan sus ruinas, su extrañamiento, su pobreza a la intemperie. «¿Qué pobreza es esta que ni sabe
Víktor Gómez (Madrid, 1967) es poeta comprometido e incasable activista cultural: cofundador y coordinador de la Asociación Poética Caudal, coordina ciclos de lecturas poéticas y de pensamiento crítico en Librería Primado. Desde 2011, codirige, junto a Javier Gil, la colección once de poesía y ensayo (Amargord). Publicó como editor, junto a Miguel Morata, el libro coral Por donde pasa la
poesía (2011), que recogía la intensa actividad desarrollada en Valencia en torno a Librería Primado. Ha publicado los libros de poesía: Detrás de la casa en ruinas (2010), Huérfanos aún (2010), Incompleto (2010) y Trazas del calígrafo zurdo (2013).
http://viktorgomez.blogspot.com.es/
Noticia: Antonio Hernández recibe el Premio de las Letras Andaluzas
Antonio Hernández recibe el IV Premio de las Letras Andaluzas “Elio Antonio de Nebrija”
Las principales autoridades civiles y literarias se dan cita en el salón de Los Espejos del Ayuntamiento de Málaga, con la ausencia de representantes de la Junta de Andalucía, para homenajear la trayectoria literaria del gaditano de Arcos de la Frontera.
(Javier de Molina) Anoche se llevó a cabo en el Salón de los Espejos del Excmo. Ayuntamiento de Málaga, el acto de entrega del IV Premio de las Letras Andaluzas “Elio Antonio de Nebrija”, que bajo el patrocinio de la Fundación UNICAJA, viene a reconocer la trayectoria, el desempeño, de casi toda una vida de dedicación al bello arte de las letras.
La presente edición del Premio de las Letras Andaluzas “Elio Antonio de Nebrija”, ha recaído en el escritor gaditano Antonio Hernández, poniendo de relieve la obra general del autor nacido en Arcos de la Frontera, que por su trayectoria profesional como escritor, de carácter excepcional, se ha hecho merecedor del reconocimiento de los escritores andaluces, resaltando su destacada y polifacética labor en el ámbito de las letras.
La entrega del premio, estuvo presidida por Francisco de la Torre (Alcalde de Málaga), Francisco Cañada (Director Cultural de la Obra Social UNICAJA), Juan José Téllez (Director del Centro Andaluz de la Letras), Juan Jesús Bernal (Diputado de Cultura en Diputación de Málaga) José García Pérez (Presidente de ACE Andalucía), así como del propio homenajeado, D. Antonio Hernández, en la que no pasó desapercibida por los presentes, la ausencia de Luciano Alonso (Consejero de Cultura de la Junta de Andalucía) y Patricia Alba (Delegada de Cultura de la Junta de Andalucía en Málaga)
La ACE (Asociación Colegial de Escritores) cosechó elogios por la iniciativa, que cumple su cuarta conmemoración y que en anteriores ediciones fueron entregadas (por orden de concesión) a Manuel Alcántara (presente en el acto de anoche), Rafael Guillen y más recientemente a Antonio Gala.
La figura de Antonio Hernández fue glosada por los miembros de la presidencia y por el catedrático Antonio Garrido Moraga. Del premiado, calificado como “andaluz de esencia” se dijo que “su arte es atemporal” por sus novelas de éxito y sobre todo por su poesía “que no recibe un reconocimiento, que es un estímulo para seguir engrandeciendo su obra”.
Tras la lectura del acta por parte del secretario de ACE, José Sarria, se procedió a la entrega de la medalla que le reconoce los méritos literarios.
Por su parte, un emocionado Hernández, agradeció el galardón y repasó brevemente algunas de sus vivencias literarias, que adornó recitando algunos de sus poemas en un alarde de comunicación y memoria, que fue fuertemente aplaudida por los numerosos presentes, entre los que se encontraban representantes de la vida cultural y política malagueña, así como de algunos de sus vecinos de Arcos de la Frontera y de los representantes provinciales de ACE Andalucía.
ANTONIO HERNÁNDEZ (Arcos de la Frontera, 1943), es poeta, novelista y ensayista. Tras realizar estudios de pedagogía y antropología orienta su actividad hacia la creación literaria, la labor periodística y su tarea como conferenciante, tanto en España como en el extranjero. Como escritor ha publicado cuarenta libros, habiendo sido traducido a veintiún idiomas.
En su ejercicio de periodista ha publicado más de mil artículos en todos los periódicos de Madrid y en algunas de sus revistas, habiendo obtenido los premios José María Pemán y Manuel Alcántara, por sus artículos en prensa. Ha sido galardonado con premios tan significados, en el género de la poesía, como el Premio Nacional de la Crítica, Adonais, Miguel Hernández, Vicente Aleixandre o Tiflos, habiendo recibido en 1980 el gran Premio de Bellas Artes. Como novelista ha recibido los premios Andalucía, Valencia y Fernando Lara, y como ensayista los premios Hércules y Popular del diario Pueblo.
Como poeta su obra se corresponde con una de las voces más sólidas y templadas, más matizadas y versátiles de la poesía española del último medio siglo; en cuanto a su faceta de novelista Antonio Hernández es capaz de dotar al relato de expresividad y fuerza convincentes como no se hacía en la narrativa española desde Valle Inclán y su “Ruedo Ibérico” o desde “La familia de Pascual Duarte”, de Camilo José Cela, en palabras de Francisco Morales Lomas, Presidente de la Asociación de Críticos Andaluces (Revista "República de las Letras” nº 129). Hernández es un poeta excepcional y un novelista de primera línea, que en ciertos aspectos, como en el fraseo, llega a superar a Cela y Miguel Delibes, en palabras de Francisco Javier Peñas-Bermejo, Presidente de la Asociación de Profesores de Literatura Española en USA (Revista de la Universidad de Nuevo-México).
Javier de Molina, Diario de la Torre, 19/10/2013
Leer la noticia en Diario la Torre
Antonio Hernández ha publicado en Calambur Nueva York después de muerto e Insurgencias (Poesía 1956-2007).
Nueva York después de muerto, Antonio Hernández. 144 p. 2013. ISBN 978-84-8359-249-6. 16,00 €.
Insurgencias (Poesía 1965-2007), Antonio Hernández. 914 p. 2 vols. 2010. ISBN 978-84-8359-187-1. 50,00 €.
Las principales autoridades civiles y literarias se dan cita en el salón de Los Espejos del Ayuntamiento de Málaga, con la ausencia de representantes de la Junta de Andalucía, para homenajear la trayectoria literaria del gaditano de Arcos de la Frontera.
(Javier de Molina) Anoche se llevó a cabo en el Salón de los Espejos del Excmo. Ayuntamiento de Málaga, el acto de entrega del IV Premio de las Letras Andaluzas “Elio Antonio de Nebrija”, que bajo el patrocinio de la Fundación UNICAJA, viene a reconocer la trayectoria, el desempeño, de casi toda una vida de dedicación al bello arte de las letras.
La presente edición del Premio de las Letras Andaluzas “Elio Antonio de Nebrija”, ha recaído en el escritor gaditano Antonio Hernández, poniendo de relieve la obra general del autor nacido en Arcos de la Frontera, que por su trayectoria profesional como escritor, de carácter excepcional, se ha hecho merecedor del reconocimiento de los escritores andaluces, resaltando su destacada y polifacética labor en el ámbito de las letras.
La entrega del premio, estuvo presidida por Francisco de la Torre (Alcalde de Málaga), Francisco Cañada (Director Cultural de la Obra Social UNICAJA), Juan José Téllez (Director del Centro Andaluz de la Letras), Juan Jesús Bernal (Diputado de Cultura en Diputación de Málaga) José García Pérez (Presidente de ACE Andalucía), así como del propio homenajeado, D. Antonio Hernández, en la que no pasó desapercibida por los presentes, la ausencia de Luciano Alonso (Consejero de Cultura de la Junta de Andalucía) y Patricia Alba (Delegada de Cultura de la Junta de Andalucía en Málaga)
La ACE (Asociación Colegial de Escritores) cosechó elogios por la iniciativa, que cumple su cuarta conmemoración y que en anteriores ediciones fueron entregadas (por orden de concesión) a Manuel Alcántara (presente en el acto de anoche), Rafael Guillen y más recientemente a Antonio Gala.
La figura de Antonio Hernández fue glosada por los miembros de la presidencia y por el catedrático Antonio Garrido Moraga. Del premiado, calificado como “andaluz de esencia” se dijo que “su arte es atemporal” por sus novelas de éxito y sobre todo por su poesía “que no recibe un reconocimiento, que es un estímulo para seguir engrandeciendo su obra”.
Tras la lectura del acta por parte del secretario de ACE, José Sarria, se procedió a la entrega de la medalla que le reconoce los méritos literarios.
Por su parte, un emocionado Hernández, agradeció el galardón y repasó brevemente algunas de sus vivencias literarias, que adornó recitando algunos de sus poemas en un alarde de comunicación y memoria, que fue fuertemente aplaudida por los numerosos presentes, entre los que se encontraban representantes de la vida cultural y política malagueña, así como de algunos de sus vecinos de Arcos de la Frontera y de los representantes provinciales de ACE Andalucía.
ANTONIO HERNÁNDEZ (Arcos de la Frontera, 1943), es poeta, novelista y ensayista. Tras realizar estudios de pedagogía y antropología orienta su actividad hacia la creación literaria, la labor periodística y su tarea como conferenciante, tanto en España como en el extranjero. Como escritor ha publicado cuarenta libros, habiendo sido traducido a veintiún idiomas.
En su ejercicio de periodista ha publicado más de mil artículos en todos los periódicos de Madrid y en algunas de sus revistas, habiendo obtenido los premios José María Pemán y Manuel Alcántara, por sus artículos en prensa. Ha sido galardonado con premios tan significados, en el género de la poesía, como el Premio Nacional de la Crítica, Adonais, Miguel Hernández, Vicente Aleixandre o Tiflos, habiendo recibido en 1980 el gran Premio de Bellas Artes. Como novelista ha recibido los premios Andalucía, Valencia y Fernando Lara, y como ensayista los premios Hércules y Popular del diario Pueblo.
Como poeta su obra se corresponde con una de las voces más sólidas y templadas, más matizadas y versátiles de la poesía española del último medio siglo; en cuanto a su faceta de novelista Antonio Hernández es capaz de dotar al relato de expresividad y fuerza convincentes como no se hacía en la narrativa española desde Valle Inclán y su “Ruedo Ibérico” o desde “La familia de Pascual Duarte”, de Camilo José Cela, en palabras de Francisco Morales Lomas, Presidente de la Asociación de Críticos Andaluces (Revista "República de las Letras” nº 129). Hernández es un poeta excepcional y un novelista de primera línea, que en ciertos aspectos, como en el fraseo, llega a superar a Cela y Miguel Delibes, en palabras de Francisco Javier Peñas-Bermejo, Presidente de la Asociación de Profesores de Literatura Española en USA (Revista de la Universidad de Nuevo-México).
Javier de Molina, Diario de la Torre, 19/10/2013
Leer la noticia en Diario la Torre
Antonio Hernández ha publicado en Calambur Nueva York después de muerto e Insurgencias (Poesía 1956-2007).
Insurgencias (Poesía 1965-2007), Antonio Hernández. 914 p. 2 vols. 2010. ISBN 978-84-8359-187-1. 50,00 €.
Reseña: Autorretrato de otro, de Cees Nooteboom, en el blog de Carlos Alcorta
Cees Nootebooml Autorretrato de otro. Sueños de la isla y la ciudad de antaño
Por Carlos Alcorta
Carlos Alcorta. Literatura y arte, 4/10/2013
La casa que posee Cees Nooteboom en Menorca desde hace más de cuarenta años, glosada recientemente por Antonio Muñoz Molina en las páginas de Babelia, es una especie de refugio al cual se retira el escritor durante los meses del estío. Allí escribe, pasea, cuida del huerto y recibe a los amigos, y a esta casa llegaron en su momento los dibujos de Max Neumann que complementan Autorretrato de otro (Sueños de la isla y la ciudad de antaño), dibujos que alimentaron y sirvieron de coartada a la escritura. No es la primera vez que pintor y escritor establecen correspondencias entre sus respectivas obras. Nooteboom recoge en el libro El enigma de la luz un texto para el catálogo de la obra de Max Neumann—autor de quien tuvimos el privilegio de contemplar la serie de inquietantes collages «El mundo pasado-en la cabeza» en la galería cántabra Robayera hace unos años— titulado «Conversación en un futuro cualquiera», y es que la colaboración resulta inevitable porque, como escribe Nootebomm a propósito de Hopper, «Un poeta que ama a un pintor no puede remediar ver los cuadros de éste como seres vivos, como personas incluso, o, cuando menos, como objetos con un universo propio que el cuadro permite visualizar», por esta razón el escritor, más que glosar lo que los dibujos representan con mayor o menor fortuna, se ha dejado llevar «por el clima mental o psíquico de los cuadros, unido a mis recuerdos e invenciones de la isla y la ciudad de antaño», este dejarse llevar ha provocado que entre ambos artistas se produzca una simbiosis. Obsesiones, angustias existenciales o el apasionamiento creativo de cada uno de ellos ha trasmigrado de una mente a otra hasta el punto de que en algún momento sus obras parecen escaparse del control de la razón, dando paso a un arrebato irracional difícil de contener y más complicado aún de explicar, porque lo que sugiere una obra de arte, lo que emociona a cada espectador tiene mucho que ver con los prejuicios mentales y sensoriales que condicionan la mirada. Los acontecimientos descritos en los poemas en prosa no se circunscriben a la realidad, sino a cómo ésta va construyendo la identidad del poeta, una realidad multiforme en la que adquieren similar importancia los derrelictos que la ficción abandona al arbitrio de la intuición que los voluntariosos intentos —fallidos— de representar un hecho o un objeto concreto, algo que deja una especie de malestar subsanado en la mayoría de los poemas por el júbilo que el mero hecho de escribir provoca en Nooteboom. «Alimentar ciertos sentimientos de angustia puede resultar placentero» escribe en el ensayo titulado «El filósofo sin ojos» —un filósofo que parece remitir al Schopenhauer que afirma que « la carencia, es la condición previa de todo placer»—, y es que el autor, lejos de regodearse en el pesimismo o en la melancolía, algo que algunos sueños descritos, pesadillas más bien, parecen abocados a inspirarnos, rehúye esa veleidad tan común de buscar una explicación lógica, de interpretar las emociones o los pensamientos como si fueran algo material, medible, cuantificable.
A pesar de todo, ¿hasta qué punto las imágenes, los dibujos de Neumann que preceden el texto han condicionado la escritura o, más aún, la propia identidad del poeta? ¿El autorretrato que esbozan los poemas es producto de una interpretación de los dibujos o los textos trazan un retrato emancipado del interprete? ¿Se puede «seguir siendo uno mismo», como defendía Montaigne, después de contemplar una obra de arte? Como no podía ser de otra forma, los poemas no aclaran ninguna de estas cuestiones. La tercera persona que protagoniza los poemas es un «él» que indaga sobre sí mismo, sobre su propia identidad —«Cuando está solo la multitud se convierte en un enigma para él, entre los otros ya no sabe quién es»—, porque se desconoce, se siente extraño, el futuro transforma el concepto que tiene de sí mismo, el tiempo erosiona pero también purifica: «A medida que avanza el día ve cambiar los rostros, volverse irreconocibles. Se pregunta si le estará pasando lo mismo a él, pero no se atreve a tocarse la cara y esconde la mirada de los escaparates». Los sentidos, pues, quedan marginados de ese conocimiento, de esa transformación que parece operarse sólo en regiones mentales inaccesibles al raciocinio. La apariencia física puede no haber variado sustancialmente —«Él es otro, pero sigue teniendo los mismos ojos»—, sin embargo, en su interior las cosas han variado, aunque los espejos no puedan reflejarlo y los otros no sean capaces de precisar en qué consiste la transformación. «… su cuerpo parecía no existir. Cuando lo buscaba siempre estaba en otro sitio», otro sitio que no tiene por qué ser, que no es, un lugar concreto, sino una dimensión metafísica que se encarna en la memoria, la memoria de una casa en la cual «termina el camino y el mundo».
Fernando García de la Banda, el magnífico traductor de Autorretrato de otro, escribe un clarificador epílogo en el que revela los orígenes de un libro tan inclasificable y hermoso —casi un libro de artista— como el que tenemos en las manos. A medio camino entre la prosa ensayística y el poema en prosa, estos fragmentos de realidad, esta miscelánea de sueños y evocaciones inducidas no sabemos muy bien cómo por los dibujos de Max Neumann, nos seducen no sólo por la intensidad de lo narrado, sino por la honestidad y la sencillez que trasmite su forma de contarlo, la sencillez de las cosas contándose a sí mismas, dando cuenta, como en un registro visual, de lo que sucede en el pensamiento, más allá de posibles mitificaciones cósmicas. La claridad expositiva y la elegancia retórica son los engranajes de su mecanismo creativo, con ellos elabora un estilo conciso y penetrante, exento de palabrería, con un perfecto manejo de las pausas y los silencios. Como Nooteboom ha escrito en otro lugar, «lo que importa no es lo que se pone por escrito en particular, lo que importa es el escribir en sí, la acción. Buscar o crear una forma de orden, que es siempre una forma de meditación.»
Lee la reseña en el blog de Carlos Alcorta
Por Carlos Alcorta
Carlos Alcorta. Literatura y arte, 4/10/2013
La casa que posee Cees Nooteboom en Menorca desde hace más de cuarenta años, glosada recientemente por Antonio Muñoz Molina en las páginas de Babelia, es una especie de refugio al cual se retira el escritor durante los meses del estío. Allí escribe, pasea, cuida del huerto y recibe a los amigos, y a esta casa llegaron en su momento los dibujos de Max Neumann que complementan Autorretrato de otro (Sueños de la isla y la ciudad de antaño), dibujos que alimentaron y sirvieron de coartada a la escritura. No es la primera vez que pintor y escritor establecen correspondencias entre sus respectivas obras. Nooteboom recoge en el libro El enigma de la luz un texto para el catálogo de la obra de Max Neumann—autor de quien tuvimos el privilegio de contemplar la serie de inquietantes collages «El mundo pasado-en la cabeza» en la galería cántabra Robayera hace unos años— titulado «Conversación en un futuro cualquiera», y es que la colaboración resulta inevitable porque, como escribe Nootebomm a propósito de Hopper, «Un poeta que ama a un pintor no puede remediar ver los cuadros de éste como seres vivos, como personas incluso, o, cuando menos, como objetos con un universo propio que el cuadro permite visualizar», por esta razón el escritor, más que glosar lo que los dibujos representan con mayor o menor fortuna, se ha dejado llevar «por el clima mental o psíquico de los cuadros, unido a mis recuerdos e invenciones de la isla y la ciudad de antaño», este dejarse llevar ha provocado que entre ambos artistas se produzca una simbiosis. Obsesiones, angustias existenciales o el apasionamiento creativo de cada uno de ellos ha trasmigrado de una mente a otra hasta el punto de que en algún momento sus obras parecen escaparse del control de la razón, dando paso a un arrebato irracional difícil de contener y más complicado aún de explicar, porque lo que sugiere una obra de arte, lo que emociona a cada espectador tiene mucho que ver con los prejuicios mentales y sensoriales que condicionan la mirada. Los acontecimientos descritos en los poemas en prosa no se circunscriben a la realidad, sino a cómo ésta va construyendo la identidad del poeta, una realidad multiforme en la que adquieren similar importancia los derrelictos que la ficción abandona al arbitrio de la intuición que los voluntariosos intentos —fallidos— de representar un hecho o un objeto concreto, algo que deja una especie de malestar subsanado en la mayoría de los poemas por el júbilo que el mero hecho de escribir provoca en Nooteboom. «Alimentar ciertos sentimientos de angustia puede resultar placentero» escribe en el ensayo titulado «El filósofo sin ojos» —un filósofo que parece remitir al Schopenhauer que afirma que « la carencia, es la condición previa de todo placer»—, y es que el autor, lejos de regodearse en el pesimismo o en la melancolía, algo que algunos sueños descritos, pesadillas más bien, parecen abocados a inspirarnos, rehúye esa veleidad tan común de buscar una explicación lógica, de interpretar las emociones o los pensamientos como si fueran algo material, medible, cuantificable.
A pesar de todo, ¿hasta qué punto las imágenes, los dibujos de Neumann que preceden el texto han condicionado la escritura o, más aún, la propia identidad del poeta? ¿El autorretrato que esbozan los poemas es producto de una interpretación de los dibujos o los textos trazan un retrato emancipado del interprete? ¿Se puede «seguir siendo uno mismo», como defendía Montaigne, después de contemplar una obra de arte? Como no podía ser de otra forma, los poemas no aclaran ninguna de estas cuestiones. La tercera persona que protagoniza los poemas es un «él» que indaga sobre sí mismo, sobre su propia identidad —«Cuando está solo la multitud se convierte en un enigma para él, entre los otros ya no sabe quién es»—, porque se desconoce, se siente extraño, el futuro transforma el concepto que tiene de sí mismo, el tiempo erosiona pero también purifica: «A medida que avanza el día ve cambiar los rostros, volverse irreconocibles. Se pregunta si le estará pasando lo mismo a él, pero no se atreve a tocarse la cara y esconde la mirada de los escaparates». Los sentidos, pues, quedan marginados de ese conocimiento, de esa transformación que parece operarse sólo en regiones mentales inaccesibles al raciocinio. La apariencia física puede no haber variado sustancialmente —«Él es otro, pero sigue teniendo los mismos ojos»—, sin embargo, en su interior las cosas han variado, aunque los espejos no puedan reflejarlo y los otros no sean capaces de precisar en qué consiste la transformación. «… su cuerpo parecía no existir. Cuando lo buscaba siempre estaba en otro sitio», otro sitio que no tiene por qué ser, que no es, un lugar concreto, sino una dimensión metafísica que se encarna en la memoria, la memoria de una casa en la cual «termina el camino y el mundo».
Fernando García de la Banda, el magnífico traductor de Autorretrato de otro, escribe un clarificador epílogo en el que revela los orígenes de un libro tan inclasificable y hermoso —casi un libro de artista— como el que tenemos en las manos. A medio camino entre la prosa ensayística y el poema en prosa, estos fragmentos de realidad, esta miscelánea de sueños y evocaciones inducidas no sabemos muy bien cómo por los dibujos de Max Neumann, nos seducen no sólo por la intensidad de lo narrado, sino por la honestidad y la sencillez que trasmite su forma de contarlo, la sencillez de las cosas contándose a sí mismas, dando cuenta, como en un registro visual, de lo que sucede en el pensamiento, más allá de posibles mitificaciones cósmicas. La claridad expositiva y la elegancia retórica son los engranajes de su mecanismo creativo, con ellos elabora un estilo conciso y penetrante, exento de palabrería, con un perfecto manejo de las pausas y los silencios. Como Nooteboom ha escrito en otro lugar, «lo que importa no es lo que se pone por escrito en particular, lo que importa es el escribir en sí, la acción. Buscar o crear una forma de orden, que es siempre una forma de meditación.»
Lee la reseña en el blog de Carlos Alcorta
lunes, 7 de octubre de 2013
Noticia: Trazar la salvaguarda, de José Luis Puerto, en El Norte de Castilla
José Luis Puerto ensalza la poesía como protección en su último libro
Virginia T. Fernández
El Norte de Castilla, 5/10/2013
En compañía de poetas amigos, el salmantino presentó ayer en la Fundación Santiago y Segundo Montes Trazar la salvaguarda
Urdimbre sagrada de palabras, realidad del poeta. José Luis Puerto (La Alberca, Salamanca, 1953) se ha identificado a sí mismo como "tejedor de palabras". Y no hay definición más coherente para definir su personalidad poética. Ayer presentaba su último poemario Trazar la salvaguarda (Calambur), en compañía de poetas de la tierra y amigos, en la Fundación Segundo y Santiago Montes.
Carlos Aganzo, poeta y director de El Norte de Castilla, fue quien trazó minuciosamente los elementos que sugiere una obra en la que "se dice mucho sin decir", que el salmantino divide en tres bloques. La parte vertebradora es "Hilos del tiempo". Hilos que, como tejedor pertinaz, tendió Puerto ya en su primer poemario, El tiempo que nos teje (1982), y mantiene hoy, ligados a lo que significa para él la peosía: "La palabra retirada que configura territorios íntimos que nos protegen".
José Luis Puerto habla recurrentemente de territorios. Por múltiples territorios transita profesionalmente (es crítico, traductor, ensayista, profesor, editor, etnógrafo), y muchos territorios visita como creador. El que delimita el título de su último poemario conforma la esencia de Trazar la salvaguarda. En ella se ensalza "la poesía como protección, como palabra que de alguna manera nos da sentido y nos libra del caos, del sinsentido, de las intemperies que vivimos", cuenta el escritor, "En ese sentido aludo a dos símbolos, uno es el 'dextro', el territorio en torno a los templos, donde uno quedaba protegido, no lo podía perseguir la justicia, quedaba salvado", añade.
La dualidad simbólica se completa con la idea del círculo que trazaban los niños en el suelo que les libraba de todos los males durante sus juegos. La vuelta a la pureza propia de la infancia es uno de los temas subyacentes en el peomario.
Aunque uno de los libros más aclamados de Puerto es Señales (Premio Gil de Biedma 1997), el poeta, colaborador de la edición de Salamanca de El Norte y de La Sombra del Ciprés, vincula Trazar la salvaguarda con De la intemperie (2004) y Proteger las moradas (2008): "Estas obras formarían una suerte de trilogía donde yo quiero que la palabra poética sea esencial, leve, sugeridora, frente a los excesos que hay en la sociedad y todos los elementos de consumo, de desgaste". A la sociedad en cierto modo caótica en la que estamos sumidos se refirió ayer el escritor al insistir en el poder salvador de la poesía. Reivindicó el "territorio de fraternidad que se nos niega", en una época plagada de insolaridades.
Una experiencia personal ha marcado el nuevo poemario: la muerte de su padre el pasado verano. "Más allá de la pérdida, el hecho tuvo consecuencias significativas", afirmó Puerto, porque derivó en inspiración de uan serie de poemas titulada 'Melodías del padre', de la que ayer leyó un par de composiciones. Tuvo palabras de cariño y emoción para él un campesino castellano humilde, y para todos aquellos que "fueron parte del peublo soberano que nunca han pedido nada pero que han levantado el país", y recibido poco a cambio.
Virginia T. Fernández
El Norte de Castilla, 5/10/2013
En compañía de poetas amigos, el salmantino presentó ayer en la Fundación Santiago y Segundo Montes Trazar la salvaguarda
Urdimbre sagrada de palabras, realidad del poeta. José Luis Puerto (La Alberca, Salamanca, 1953) se ha identificado a sí mismo como "tejedor de palabras". Y no hay definición más coherente para definir su personalidad poética. Ayer presentaba su último poemario Trazar la salvaguarda (Calambur), en compañía de poetas de la tierra y amigos, en la Fundación Segundo y Santiago Montes.
Carlos Aganzo, poeta y director de El Norte de Castilla, fue quien trazó minuciosamente los elementos que sugiere una obra en la que "se dice mucho sin decir", que el salmantino divide en tres bloques. La parte vertebradora es "Hilos del tiempo". Hilos que, como tejedor pertinaz, tendió Puerto ya en su primer poemario, El tiempo que nos teje (1982), y mantiene hoy, ligados a lo que significa para él la peosía: "La palabra retirada que configura territorios íntimos que nos protegen".
José Luis Puerto habla recurrentemente de territorios. Por múltiples territorios transita profesionalmente (es crítico, traductor, ensayista, profesor, editor, etnógrafo), y muchos territorios visita como creador. El que delimita el título de su último poemario conforma la esencia de Trazar la salvaguarda. En ella se ensalza "la poesía como protección, como palabra que de alguna manera nos da sentido y nos libra del caos, del sinsentido, de las intemperies que vivimos", cuenta el escritor, "En ese sentido aludo a dos símbolos, uno es el 'dextro', el territorio en torno a los templos, donde uno quedaba protegido, no lo podía perseguir la justicia, quedaba salvado", añade.
La dualidad simbólica se completa con la idea del círculo que trazaban los niños en el suelo que les libraba de todos los males durante sus juegos. La vuelta a la pureza propia de la infancia es uno de los temas subyacentes en el peomario.
Aunque uno de los libros más aclamados de Puerto es Señales (Premio Gil de Biedma 1997), el poeta, colaborador de la edición de Salamanca de El Norte y de La Sombra del Ciprés, vincula Trazar la salvaguarda con De la intemperie (2004) y Proteger las moradas (2008): "Estas obras formarían una suerte de trilogía donde yo quiero que la palabra poética sea esencial, leve, sugeridora, frente a los excesos que hay en la sociedad y todos los elementos de consumo, de desgaste". A la sociedad en cierto modo caótica en la que estamos sumidos se refirió ayer el escritor al insistir en el poder salvador de la poesía. Reivindicó el "territorio de fraternidad que se nos niega", en una época plagada de insolaridades.
Una experiencia personal ha marcado el nuevo poemario: la muerte de su padre el pasado verano. "Más allá de la pérdida, el hecho tuvo consecuencias significativas", afirmó Puerto, porque derivó en inspiración de uan serie de poemas titulada 'Melodías del padre', de la que ayer leyó un par de composiciones. Tuvo palabras de cariño y emoción para él un campesino castellano humilde, y para todos aquellos que "fueron parte del peublo soberano que nunca han pedido nada pero que han levantado el país", y recibido poco a cambio.
Reseña: Carta blanca, de Rafael Saravia, en Tendencias 21
Aquí comienza la travesía: Carta blanca, de Rafael Saravia
Ben Clark
Tendencias21, 2/10/2013
El autor leonés hace de exegeta de su tiempo en un poemario publicado por Calambur
Carta blanca (Calambur, 2013), cuarto poemario de Rafael Saravia, proporciona una lectura íntima, ligeramente siniestra, sobre temas universales, como el amor, la muerte o la infancia. El autor lo escribe asentado en su papel de poeta y exegeta de su tiempo; comprometido con la intención de su obra. Consigue así desarrollar una poesía desnuda, que deja ganas de más. Por Ben Clark.
Carta blanca (Calambur, 2013) es el cuarto poemario del autor andaluleonés Rafael Saravia y, también, el primero en el que el autor parece realmente asentado en su papel de poeta y exegeta de su tiempo.
Si bien títulos previos como Desprovisto de esencias (Renacimiento, 2008) o Llorar lo alegre (Bartleby, 2011) ofrecían muchos poemas de un poeta, maduro ya, que tiene oficio, es Carta blanca donde encontramos un pensador capaz de escribir el poema desde dentro del poema, desde un ángulo que exige no sólo un grado de concentración inusual, sino también un compromiso con las ideas y sentimientos que el poema, sin importarle su autor, quiere transmitir. Poesía desnuda, en definitiva, que no expuesta.
Si Rafael Saravia fuera americano tendría un físico muy parecido al que tiene pero su libro se llamaría, o podría haberse llamado, Hall Pass.
Un Hall Pass es un papelito firmado por el profesor, una suerte de documento diplomático que le permite a uno caminar sin perjuicio ni aranceles por el pasillo para poder, por ejemplo, ir al servicio o a cualquier otra parte del instituto.
El Hall Pass nos franquea el paso y nos permite ir a lugares en principio prohibidos. Leyendo Carta blanca y pensando en estos chavales americanos, con sus iPods, animadoras y taquillas llenas de trampas, he pensado que esto es, precisamente, lo que Rafael Saravia hace a lo largo del camino: nos invita a entrar y nos asegura que, si bien es cierto que no habrá resistencia, no será desde luego un viaje fácil; la primera parte del libro, tiene un título que lo deja claro: “Solo”.
Así será nuestra entrada en el largo pasillo de Carta blanca. Es una lectura íntima, ligeramente siniestra. Los temas universales que preocupan al poeta durante todo el libro se encuentran ya en esta primera parte: la sugerencia del amor (Sólo cabe resguardarse y hacer del vocablo caricia); la muerte (Se va como el calor, hacia el lado contrario del invierno); y el paso del tiempo en el intenso poema 'Tiempo de contar' (Con el tiempo, los moradores del estraperlo acusaron el norte).
En la engañosamente ligera 'Canción del porvenir' encontramos la infancia, retratada con la inquietante y poderosa imagen (el niño siervo del agua en fuga). En esta primera parte también encontramos el texto que, para mi gusto, menos congenia con el resto del libro, 'Coimbra en re menor', donde el poeta parece haber optado por una traducción sentimental del paisaje y de la ciudad que, creo, no casa bien con la distancia poética que ofrecen los otros poemas.
También merecería un comentario el poema 'Sisifo descuidado', un buen poema que ofrece, además, una lectura visual -yo no sé si esto es un poema visual, me tendrán que perdonar- que funciona, sí, pero tampoco sé si casa con el resto. Dos poemas, en cualquier caso, que no está de más leer y que no desmerecen, desde luego, un conjunto por lo demás fuerte, cohesionado y bien estructurado.
Hasta que llegue diciembre
La segunda parte del libro, titulada 'Hasta que llegue diciembre' nos conduce por doce momentos, que podemos interpretar o no como doce meses aunque, parece, todo sucede en un verano, en la vida de una pareja.
Somos testigos de cómo surge el deseo (Una isla y una montaña apareándose,/ contemplando la onda que les une a la provocación mutua) y de la evolución algo tensa de la relación entre la voz poética y su amante (con tu condición de esposa hago mi cadena de lujuria).
Veo ciertas reminiscencias de Anne Sexton en esta segunda parte, una voz fuerte pero algo turbada por la pasión, por un ir y venir entre las olas, por un verano que se nos antoja especialmente caluroso.
La tercera parte del libro, titulada precisamente 'Carta blanca' es breve pero también la más madura. Tres poemas de corte social donde el poeta, como dijo el maestro, baja del Olimpo sin renunciar a la palabra.
Porque conozco la trayectoria de Rafael Saravia y su intensa vida como editor y gestor cultural, imposible no pensar aquí en poetas que tiene y ha tenido cerca, como amigos y maestros: Mestre, Gamoneda y, por qué no, un poco Gelman: (Confundir el pan con la necesidad/ es como asumir el pecado con la boca abierta).
Es, a mi juicio, lo mejor del libro y estoy particularmente agradecido, como lector, que el poeta dejara estos poemas para el final. Qué mejor que acabar arriba, con ganas de más -porque uno se queda con ganas de más- y volver contento y refrescado a la clase, consumido tu Hall Pass, como una suerte de Ulises adolescente, es decir como un lector, que andaba perdido incluso sin saberlo y que ha recibido, gracias a la generosidad creadora de Rafael Saravia, carta blanca para vivir un poco más.
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Ben Clark
Tendencias21, 2/10/2013
El autor leonés hace de exegeta de su tiempo en un poemario publicado por Calambur
Carta blanca (Calambur, 2013), cuarto poemario de Rafael Saravia, proporciona una lectura íntima, ligeramente siniestra, sobre temas universales, como el amor, la muerte o la infancia. El autor lo escribe asentado en su papel de poeta y exegeta de su tiempo; comprometido con la intención de su obra. Consigue así desarrollar una poesía desnuda, que deja ganas de más. Por Ben Clark.
Carta blanca (Calambur, 2013) es el cuarto poemario del autor andaluleonés Rafael Saravia y, también, el primero en el que el autor parece realmente asentado en su papel de poeta y exegeta de su tiempo.
Si bien títulos previos como Desprovisto de esencias (Renacimiento, 2008) o Llorar lo alegre (Bartleby, 2011) ofrecían muchos poemas de un poeta, maduro ya, que tiene oficio, es Carta blanca donde encontramos un pensador capaz de escribir el poema desde dentro del poema, desde un ángulo que exige no sólo un grado de concentración inusual, sino también un compromiso con las ideas y sentimientos que el poema, sin importarle su autor, quiere transmitir. Poesía desnuda, en definitiva, que no expuesta.
Si Rafael Saravia fuera americano tendría un físico muy parecido al que tiene pero su libro se llamaría, o podría haberse llamado, Hall Pass.
Un Hall Pass es un papelito firmado por el profesor, una suerte de documento diplomático que le permite a uno caminar sin perjuicio ni aranceles por el pasillo para poder, por ejemplo, ir al servicio o a cualquier otra parte del instituto.
El Hall Pass nos franquea el paso y nos permite ir a lugares en principio prohibidos. Leyendo Carta blanca y pensando en estos chavales americanos, con sus iPods, animadoras y taquillas llenas de trampas, he pensado que esto es, precisamente, lo que Rafael Saravia hace a lo largo del camino: nos invita a entrar y nos asegura que, si bien es cierto que no habrá resistencia, no será desde luego un viaje fácil; la primera parte del libro, tiene un título que lo deja claro: “Solo”.
Así será nuestra entrada en el largo pasillo de Carta blanca. Es una lectura íntima, ligeramente siniestra. Los temas universales que preocupan al poeta durante todo el libro se encuentran ya en esta primera parte: la sugerencia del amor (Sólo cabe resguardarse y hacer del vocablo caricia); la muerte (Se va como el calor, hacia el lado contrario del invierno); y el paso del tiempo en el intenso poema 'Tiempo de contar' (Con el tiempo, los moradores del estraperlo acusaron el norte).
En la engañosamente ligera 'Canción del porvenir' encontramos la infancia, retratada con la inquietante y poderosa imagen (el niño siervo del agua en fuga). En esta primera parte también encontramos el texto que, para mi gusto, menos congenia con el resto del libro, 'Coimbra en re menor', donde el poeta parece haber optado por una traducción sentimental del paisaje y de la ciudad que, creo, no casa bien con la distancia poética que ofrecen los otros poemas.
También merecería un comentario el poema 'Sisifo descuidado', un buen poema que ofrece, además, una lectura visual -yo no sé si esto es un poema visual, me tendrán que perdonar- que funciona, sí, pero tampoco sé si casa con el resto. Dos poemas, en cualquier caso, que no está de más leer y que no desmerecen, desde luego, un conjunto por lo demás fuerte, cohesionado y bien estructurado.
Hasta que llegue diciembre
La segunda parte del libro, titulada 'Hasta que llegue diciembre' nos conduce por doce momentos, que podemos interpretar o no como doce meses aunque, parece, todo sucede en un verano, en la vida de una pareja.
Somos testigos de cómo surge el deseo (Una isla y una montaña apareándose,/ contemplando la onda que les une a la provocación mutua) y de la evolución algo tensa de la relación entre la voz poética y su amante (con tu condición de esposa hago mi cadena de lujuria).
Veo ciertas reminiscencias de Anne Sexton en esta segunda parte, una voz fuerte pero algo turbada por la pasión, por un ir y venir entre las olas, por un verano que se nos antoja especialmente caluroso.
La tercera parte del libro, titulada precisamente 'Carta blanca' es breve pero también la más madura. Tres poemas de corte social donde el poeta, como dijo el maestro, baja del Olimpo sin renunciar a la palabra.
Porque conozco la trayectoria de Rafael Saravia y su intensa vida como editor y gestor cultural, imposible no pensar aquí en poetas que tiene y ha tenido cerca, como amigos y maestros: Mestre, Gamoneda y, por qué no, un poco Gelman: (Confundir el pan con la necesidad/ es como asumir el pecado con la boca abierta).
Es, a mi juicio, lo mejor del libro y estoy particularmente agradecido, como lector, que el poeta dejara estos poemas para el final. Qué mejor que acabar arriba, con ganas de más -porque uno se queda con ganas de más- y volver contento y refrescado a la clase, consumido tu Hall Pass, como una suerte de Ulises adolescente, es decir como un lector, que andaba perdido incluso sin saberlo y que ha recibido, gracias a la generosidad creadora de Rafael Saravia, carta blanca para vivir un poco más.
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Reseña: Nueva York después de muerto, de Antonio Hernández, en el Diario de Javier Villán
Poética y misterio de Nueva York canalla
Por Javier Villán
Diario de Javier Villán. Reflexiones y comentarios sobre la actualidad política y cultural, 27/09/2013
No puede decirse, como la canción, que septiembre se muere se muere dulcemente con su luz amarilla, con sus racimos verdes. Seguro que es así, como dice la canción, pero yo lo percibo de otra manera: como una amenaza apacible y neutra si se quiere; pero no dorada, ni verde. Gris. Bajo un olivo cuya sombra abandono pronto, por fría y por inhóspita, releo el último libro de Antonio Hernández. Revivió la higuera muerta este verano, pero ni siquiera esa floración milagrosa, pujante y primaveral, me cambia un ánimo incierto. Pasará, como todo: todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar...
Antonio Hernández acomete en Nueva York después de muerto, una situación poética compleja e insólita. El poeta de Arcos de la Frontera, cuya voz lírica es incuestionable desde El mar es una tarde con campanas, adopta ahora un reflejo dramático. Es decir, las voces y los ecos de Nueva York después de muerto son personajes con encarnadura teatral. Lo explica el propio Hernández al descubrir la génesis de este libro en el que Luis Rosales es el personaje principal. Un protagonismo de primer actor compartido con la sombría herida de su vida: el asesinato de su amigo Federico García Lorca. En cierto sentido, Luis Rosales es un personaje pirandeliano en busca de un autor que le dé configuración: una poética teatral para escribir el libro al que la muerte ya no le daría tiempo. Luego viene, naturalmente, Antonio Hernández como organizador del caos que es, en definitiva, lo que es un autor dramático. Después están los negros, las zonas fronterizas de los bajos fondos, Harlem, los maricas y Walt Witman de Poeta en Nueva York, la ciudad como espacio escénico. Y el Imperio.
Relata Antonio Hernández en el prólogo cómo un día Luis Rosales le dijo que pensaba coronar su obra con una trilogía en la que pensaba tratar el exilio, ficción que Rosales no vivió, a no ser con la retórica de exilio interior, y solo como experiencia intramuros del alma; luego vendría la lucha de clases y de razas, la deshumanización de la gran ciudad. En la obra de Luis Rosales, en su vida, y puede que también en este libro, planea siempre el sentido expiatorio de un verso enigmático y dolorido: "la certeza de no haberme equivocado en nada, sino en aquello que más quería". (Cito de memoria). En torno a este verso, el recuerdo de una muerte y una calumnia; la responsabilidad en el fusilamiento de Lorca y la calumnia que en un libro del mismo título se encargó de refutar Félix grande apasionadamente.
Hernández, pues, como un Pirandello subsidiario escuchó a su personaje principal y se puso a escribir esta trilogía, lo cual le obliga a una justificación no del todo necesaria: "se trata de una traición relativa y, por lo tanto, como negar por tres veces al maestro (....) En algún momento muy concreto, y sin renunciar al contrapunto expresivo más seco de la mía , me atrevo a impostar su voz y la siempre vigorosa de Federico con unos apócrifos ni osados ni voluntariosos, como homenaje a cada uno de sus libros."
Esa es, precisamente, la actitud, digamoslo ampliamente, de un dramaturgo: hablar por la voz de sus personajes, darles vida por encima del propio autor, aunque se nutran obviamente del oficio y de la poética de quien los maneja. En este sentido me he atrevido a llamar a este libro, no sin ciertas cautelas, como expresión dramática. Nueva York después de muerto no es la voz unívoca, autoritaria de un autor, es muchas voces en la que predomina, naturalmente, la voz de Antonio Hernández. Es un libro teatral, en el sentido más puro y genuino del término.
Libro vigoroso, misterioso en ocasiones, social, político, intenso. Libro raro en tiempos de pensamiento y poética únicos En él sobresale, por encima de intermedios narrativos de alto riesgo y sobre la estructura escénica, la voz siempre descifrable de Antonio Hernández a lo largo de su copiosa obra: poética y narrativa.
Leer en el Diario de Javiér Villán
Por Javier Villán
Diario de Javier Villán. Reflexiones y comentarios sobre la actualidad política y cultural, 27/09/2013
No puede decirse, como la canción, que septiembre se muere se muere dulcemente con su luz amarilla, con sus racimos verdes. Seguro que es así, como dice la canción, pero yo lo percibo de otra manera: como una amenaza apacible y neutra si se quiere; pero no dorada, ni verde. Gris. Bajo un olivo cuya sombra abandono pronto, por fría y por inhóspita, releo el último libro de Antonio Hernández. Revivió la higuera muerta este verano, pero ni siquiera esa floración milagrosa, pujante y primaveral, me cambia un ánimo incierto. Pasará, como todo: todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar...
Antonio Hernández acomete en Nueva York después de muerto, una situación poética compleja e insólita. El poeta de Arcos de la Frontera, cuya voz lírica es incuestionable desde El mar es una tarde con campanas, adopta ahora un reflejo dramático. Es decir, las voces y los ecos de Nueva York después de muerto son personajes con encarnadura teatral. Lo explica el propio Hernández al descubrir la génesis de este libro en el que Luis Rosales es el personaje principal. Un protagonismo de primer actor compartido con la sombría herida de su vida: el asesinato de su amigo Federico García Lorca. En cierto sentido, Luis Rosales es un personaje pirandeliano en busca de un autor que le dé configuración: una poética teatral para escribir el libro al que la muerte ya no le daría tiempo. Luego viene, naturalmente, Antonio Hernández como organizador del caos que es, en definitiva, lo que es un autor dramático. Después están los negros, las zonas fronterizas de los bajos fondos, Harlem, los maricas y Walt Witman de Poeta en Nueva York, la ciudad como espacio escénico. Y el Imperio.
Relata Antonio Hernández en el prólogo cómo un día Luis Rosales le dijo que pensaba coronar su obra con una trilogía en la que pensaba tratar el exilio, ficción que Rosales no vivió, a no ser con la retórica de exilio interior, y solo como experiencia intramuros del alma; luego vendría la lucha de clases y de razas, la deshumanización de la gran ciudad. En la obra de Luis Rosales, en su vida, y puede que también en este libro, planea siempre el sentido expiatorio de un verso enigmático y dolorido: "la certeza de no haberme equivocado en nada, sino en aquello que más quería". (Cito de memoria). En torno a este verso, el recuerdo de una muerte y una calumnia; la responsabilidad en el fusilamiento de Lorca y la calumnia que en un libro del mismo título se encargó de refutar Félix grande apasionadamente.
Hernández, pues, como un Pirandello subsidiario escuchó a su personaje principal y se puso a escribir esta trilogía, lo cual le obliga a una justificación no del todo necesaria: "se trata de una traición relativa y, por lo tanto, como negar por tres veces al maestro (....) En algún momento muy concreto, y sin renunciar al contrapunto expresivo más seco de la mía , me atrevo a impostar su voz y la siempre vigorosa de Federico con unos apócrifos ni osados ni voluntariosos, como homenaje a cada uno de sus libros."
Esa es, precisamente, la actitud, digamoslo ampliamente, de un dramaturgo: hablar por la voz de sus personajes, darles vida por encima del propio autor, aunque se nutran obviamente del oficio y de la poética de quien los maneja. En este sentido me he atrevido a llamar a este libro, no sin ciertas cautelas, como expresión dramática. Nueva York después de muerto no es la voz unívoca, autoritaria de un autor, es muchas voces en la que predomina, naturalmente, la voz de Antonio Hernández. Es un libro teatral, en el sentido más puro y genuino del término.
Libro vigoroso, misterioso en ocasiones, social, político, intenso. Libro raro en tiempos de pensamiento y poética únicos En él sobresale, por encima de intermedios narrativos de alto riesgo y sobre la estructura escénica, la voz siempre descifrable de Antonio Hernández a lo largo de su copiosa obra: poética y narrativa.
Leer en el Diario de Javiér Villán
martes, 1 de octubre de 2013
Noticia: poema En el camino, incluido en Carta blanca, de Rafael Saravia
'En el camino', Carta blanca, de Rafael Saravia
Felipe José pone voz al poema 'En el camino', de Rafael Saravia, incluido en su libro Carta blanca.
EN EL CAMINO
Ahí, en la espalda, donde el sol se queja.
Hacia la luz frágil del otoño maduro.
Ahí, donde la flor del vino se hace harina
y el presagio oropel sin labio.
Aquí, sin la humedad de la tierra norteña.
Sin la visión del estañador de caléndulas.
Ahí, en la sierra que rompe cielos,
en el baño de atardecer calizo,
en la esponja del manantial ausente.
Allí, en la cintura sin nombre,
en la costura terrestre,
en el camino sin hierba, en mi demora hacia mí.
(Carta blanca, Rafael Saravia, Calambur Editorial, 2013)
Felipe José pone voz al poema 'En el camino', de Rafael Saravia, incluido en su libro Carta blanca.
EN EL CAMINO
Ahí, en la espalda, donde el sol se queja.
Hacia la luz frágil del otoño maduro.
Ahí, donde la flor del vino se hace harina
y el presagio oropel sin labio.
Aquí, sin la humedad de la tierra norteña.
Sin la visión del estañador de caléndulas.
Ahí, en la sierra que rompe cielos,
en el baño de atardecer calizo,
en la esponja del manantial ausente.
Allí, en la cintura sin nombre,
en la costura terrestre,
en el camino sin hierba, en mi demora hacia mí.
(Carta blanca, Rafael Saravia, Calambur Editorial, 2013)
jueves, 26 de septiembre de 2013
Noticias: Enrique Falcón y Niño de Elche en el Festival Voces del Extremo 2013
Enrique Falcón en el Festival Voces del Extremo 2013
El poeta Enrique Falcón recita "Notificaciones" y el cantaor Niño de Elche canta "La canción del levantado", ambos poemas de Porción del enemigo, en el festival Voces del Extremo, celebrado en Moguer (Huelva) el pasado mes de julio.
Notificaciones
Me dijeron
que.
con botines impermeables
con camisas sin hilo en el final de los tiempos
con botonaduras de catástrofe.
Me advirtieron
con.
que un hombre esperando en las salas de abajo
que por fin la casa tomada
que Raquel.
Me avisaron
de.
si forzar con sopletes el portón de los niños
si poner en desorden las cosas y el tiempo
si dejar la ciudad en menos de tres horas.
Me dijeron
que.
Me advirtieron
con.
Me avisaron
de.
Canción del levantado
No adoptes nunca el nombre que te dé la policía
No acerques tu caricia a la piel del invasor
No comas de su trigo, no bebas más su leche
No dejes que tu alberca la vuelvan lodazal
No esperes casi nada de su magistratura
No reces en su lengua, no bailes con sus ropas
No pierdas nunca el agua que duerme a los guardianes
Ni alojes en su boca la sal de tu estupor
No guardes en el sótano más bombas incendiarias
No firmes con tu letra los presagios del poder
No tiendas más cadáveres en la comisaría
No esperes nunca nada de la voz del ataúd
No entregues tu camisa a ninguno de sus bancos
Ni viertas en tu vientre el pozal de una bandera
No lleves a tu amigo a los pies del impostor
No dejes que su lengua fructifique tras tu casa
No permitas a tus hijos,
nunca dejes a tus hijos
esconderse en su jardín.
Porción del enemigo, Enrique Falcón. Calambur Poesía, 136. Calambur Editorial, Madrid, 2013
El poeta Enrique Falcón recita "Notificaciones" y el cantaor Niño de Elche canta "La canción del levantado", ambos poemas de Porción del enemigo, en el festival Voces del Extremo, celebrado en Moguer (Huelva) el pasado mes de julio.
Notificaciones
Me dijeron
que.
con botines impermeables
con camisas sin hilo en el final de los tiempos
con botonaduras de catástrofe.
Me advirtieron
con.
que un hombre esperando en las salas de abajo
que por fin la casa tomada
que Raquel.
Me avisaron
de.
si forzar con sopletes el portón de los niños
si poner en desorden las cosas y el tiempo
si dejar la ciudad en menos de tres horas.
Me dijeron
que.
Me advirtieron
con.
Me avisaron
de.
Canción del levantado
No adoptes nunca el nombre que te dé la policía
No acerques tu caricia a la piel del invasor
No comas de su trigo, no bebas más su leche
No dejes que tu alberca la vuelvan lodazal
No esperes casi nada de su magistratura
No reces en su lengua, no bailes con sus ropas
No pierdas nunca el agua que duerme a los guardianes
Ni alojes en su boca la sal de tu estupor
No guardes en el sótano más bombas incendiarias
No firmes con tu letra los presagios del poder
No tiendas más cadáveres en la comisaría
No esperes nunca nada de la voz del ataúd
No entregues tu camisa a ninguno de sus bancos
Ni viertas en tu vientre el pozal de una bandera
No lleves a tu amigo a los pies del impostor
No dejes que su lengua fructifique tras tu casa
No permitas a tus hijos,
nunca dejes a tus hijos
esconderse en su jardín.
Porción del enemigo, Enrique Falcón. Calambur Poesía, 136. Calambur Editorial, Madrid, 2013
miércoles, 18 de septiembre de 2013
Reseña: La bicicleta del panadero, de Juan Carlos Mestre, en la revista Quimera
Libertad y desbordamiento
Por Agustín Calvo Galán
Quimera, nº 358, septiembre de 2013
Como "La minuta de la funeraria" (pág. 151), como las monedas que los antiguos depositaban sobre los ojos o bajo la lengua del difunto —para que pudiera pagar al barquero Caronte su paso por la laguna Estigia hacia las puertas del Hades—, la transición por la vida nunca es un ejercicio gratuito. Como la bicicleta del padre de Juan Carlos Mestre, el panadero de Villafranca del Bierzo, la vida necesita de un medio para desarrollarse, de un medio para recorrer el trayecto, pagar la tarifa establecida y unir, en un único significado, los extremos que van del nacimiento a la defunción; y, por tanto, como en la religión genuina, un medio de re-ligare, de unir todos los aspectos de la existencia.
Y, no de forma gratuita, Mestre ha escrito un libro intenso y excesivo, un libro de poemas que en otro autor podría haber sido la obra de toda una vida; con sus casi quinientas páginas, sólo puede ser el resultado de una tensión estilística y creativa de gran calado. Un libro, además, que corre el riesgo de dejar al lector exhausto; un libro compendio poético, torrencial; un libro que, para evitar cualquier sensación de indigestión, requiere una lectura calmada y, por supuesto, sin prejuicios, que permita degustarlo sin temor al cúmulo y saboreando el detalle.
Y es que el poeta del Bierzo asume los riesgos del exceso con La bicicleta del panadero —riesgos que, tal vez, sólo podrían plantearse una poeta consagrado como él—, según vamos descubriendo en el libro, por un lado como su propia respuesta hacia una poesía actual que se construye, en numerosas ocasiones, desde el vaciamiento, desde un minimalismo culto —contrario y, en el fondo, igual a la cultura de masas—, que hace del hueco, del espacio en blanco, el andamiaje de una estética efímera e insignificante; y, por otro lado, como propia resistencia vital al relativismo entendido como conformismo acomodaticio. Frente al vacío, Mestre nos ofrece un llenado literario nada complaciente, con una argumentación creativa hecha de significado crítico. Y frente al relativismo historicista alza su palabra moral y reivindica a las víctimas: el poeta se posiciona siempre junto a los perdedores, junto a los que alguna vez sufrieron represión, intolerancia, racismo; uniendo en una sola voz el gemido del inocente, del débil, del represaliado, del judío, del fusilado. Y así consigue tejer una conciencia única del dolor y la dignidad humana: "Quizá solo hayan venido a recordarte que la dignidad / es el prójimo" (pág. 222); una conciencia que convoca a la humanidad entera sin excepción: "El mundo, piensa, es un lugar donde la gente pasa por turnos" (pág. 364).
Y, por tanto, la acumulación implica una visión de la realidad que en ningún caso es ordenada, pero que tampoco es caprichosa; el libro crea su propio orden poético total, en el que el pasado y el presente se confunden, construyendo una inmensa tela fraternal, reforzada en el diálogo con los clásicos, con el individuo y con la colectividad.
La bicicleta del panadero se convierte así en un gran retablo pagano contra los monólogos del individualismo, contra el propagandístico autismo social de las élites, sosteniendo como diálogo polifónico y natural, como tapiz en el que se vienen a verter o a entrecruzar infinidad de hilos y poéticas de diferentes orígenes, de diferentes texturas colores y grosores. El resultado es de un barroquismo bastardo y mestizo, donde la amalgama desbordante, libre y criolla, a la manera de Walt Whitman, crea no sólo una gran riqueza y densidad expresiva, a veces desigual, que permite el contraste y, a la vez, la unión de voces diversas, sino también una argumentación contra varios de los convencionalismos literarios imperantes. Así, Mestre emplea desde la prosa poética hasta el caligrama, un abanico casi infinito de moldes, siempre en la búsqueda de ese trasfondo significante de la forma poética, y que a cada instante, unas veces con la anulación de todo signo de puntuación y otras veces rompiendo las frases, interpela al esfuerzo que esté dispuesto a hacer el lector. Por otro lado, no escatima ironía al referirse al oficio que él mismo ejerce, el de poeta, y en especial a la postura de los poetas, pose tal vez más que postura, que los convierte, al fin, en los verdaderos enemigos de la poesía actual: "Los poetas cazurros desconfían de las entretelas del sueño" (pág. 329).
Como era la bicicleta de su padre, la poesía es para Mestre el medio; no un medio para ganarse la vida, sino el medio para recorrer la existencia. La bicicleta del panadero es la moneda que el poeta deposita sobre los ojos cerrados de su padre: un salvoconducto deslumbrante, honesto y vital.
Por Agustín Calvo Galán
Quimera, nº 358, septiembre de 2013
Como "La minuta de la funeraria" (pág. 151), como las monedas que los antiguos depositaban sobre los ojos o bajo la lengua del difunto —para que pudiera pagar al barquero Caronte su paso por la laguna Estigia hacia las puertas del Hades—, la transición por la vida nunca es un ejercicio gratuito. Como la bicicleta del padre de Juan Carlos Mestre, el panadero de Villafranca del Bierzo, la vida necesita de un medio para desarrollarse, de un medio para recorrer el trayecto, pagar la tarifa establecida y unir, en un único significado, los extremos que van del nacimiento a la defunción; y, por tanto, como en la religión genuina, un medio de re-ligare, de unir todos los aspectos de la existencia.
Y, no de forma gratuita, Mestre ha escrito un libro intenso y excesivo, un libro de poemas que en otro autor podría haber sido la obra de toda una vida; con sus casi quinientas páginas, sólo puede ser el resultado de una tensión estilística y creativa de gran calado. Un libro, además, que corre el riesgo de dejar al lector exhausto; un libro compendio poético, torrencial; un libro que, para evitar cualquier sensación de indigestión, requiere una lectura calmada y, por supuesto, sin prejuicios, que permita degustarlo sin temor al cúmulo y saboreando el detalle.
Y es que el poeta del Bierzo asume los riesgos del exceso con La bicicleta del panadero —riesgos que, tal vez, sólo podrían plantearse una poeta consagrado como él—, según vamos descubriendo en el libro, por un lado como su propia respuesta hacia una poesía actual que se construye, en numerosas ocasiones, desde el vaciamiento, desde un minimalismo culto —contrario y, en el fondo, igual a la cultura de masas—, que hace del hueco, del espacio en blanco, el andamiaje de una estética efímera e insignificante; y, por otro lado, como propia resistencia vital al relativismo entendido como conformismo acomodaticio. Frente al vacío, Mestre nos ofrece un llenado literario nada complaciente, con una argumentación creativa hecha de significado crítico. Y frente al relativismo historicista alza su palabra moral y reivindica a las víctimas: el poeta se posiciona siempre junto a los perdedores, junto a los que alguna vez sufrieron represión, intolerancia, racismo; uniendo en una sola voz el gemido del inocente, del débil, del represaliado, del judío, del fusilado. Y así consigue tejer una conciencia única del dolor y la dignidad humana: "Quizá solo hayan venido a recordarte que la dignidad / es el prójimo" (pág. 222); una conciencia que convoca a la humanidad entera sin excepción: "El mundo, piensa, es un lugar donde la gente pasa por turnos" (pág. 364).
Y, por tanto, la acumulación implica una visión de la realidad que en ningún caso es ordenada, pero que tampoco es caprichosa; el libro crea su propio orden poético total, en el que el pasado y el presente se confunden, construyendo una inmensa tela fraternal, reforzada en el diálogo con los clásicos, con el individuo y con la colectividad.
La bicicleta del panadero se convierte así en un gran retablo pagano contra los monólogos del individualismo, contra el propagandístico autismo social de las élites, sosteniendo como diálogo polifónico y natural, como tapiz en el que se vienen a verter o a entrecruzar infinidad de hilos y poéticas de diferentes orígenes, de diferentes texturas colores y grosores. El resultado es de un barroquismo bastardo y mestizo, donde la amalgama desbordante, libre y criolla, a la manera de Walt Whitman, crea no sólo una gran riqueza y densidad expresiva, a veces desigual, que permite el contraste y, a la vez, la unión de voces diversas, sino también una argumentación contra varios de los convencionalismos literarios imperantes. Así, Mestre emplea desde la prosa poética hasta el caligrama, un abanico casi infinito de moldes, siempre en la búsqueda de ese trasfondo significante de la forma poética, y que a cada instante, unas veces con la anulación de todo signo de puntuación y otras veces rompiendo las frases, interpela al esfuerzo que esté dispuesto a hacer el lector. Por otro lado, no escatima ironía al referirse al oficio que él mismo ejerce, el de poeta, y en especial a la postura de los poetas, pose tal vez más que postura, que los convierte, al fin, en los verdaderos enemigos de la poesía actual: "Los poetas cazurros desconfían de las entretelas del sueño" (pág. 329).
Como era la bicicleta de su padre, la poesía es para Mestre el medio; no un medio para ganarse la vida, sino el medio para recorrer la existencia. La bicicleta del panadero es la moneda que el poeta deposita sobre los ojos cerrados de su padre: un salvoconducto deslumbrante, honesto y vital.
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