Aerolitos
Por Rafael de Cózar
Revista Madreselva, 21/03/2014
Resulta ya innecesario, dado el reconocimiento que ha tenido en las últimas décadas la obra del gaditano Carlos Edmundo de Ory (1923), referirse a la originalidad de la misma, en su conjunto, tanto en prosa como en verso. Ya el movimiento Postismo, impulsado por él en 1945, significó una peculiar inmersión en las vanguardias cumpliendo los requisitos y con todos los ingredientes que no habían aportado los movimientos anteriores a la guerra, llegando a ser además el verdadero precedente de la posterior poesía experimental. La principal originalidad de este movimiento es que frente a los movimientos anteriores, Cubismo, Futurismo, Dadaísmo o el español Ultraísmo, que habían incidido sobre todo en las posibilidades visuales de la palabra, el Postismo habría en cambio el camino hacia la experimentación con la dimensión sonora, musical, es decir, a lo que luego se llamaría poesía fonética.
Por Rafael de Cózar
Revista Madreselva, 21/03/2014
Resulta ya innecesario, dado el reconocimiento que ha tenido en las últimas décadas la obra del gaditano Carlos Edmundo de Ory (1923), referirse a la originalidad de la misma, en su conjunto, tanto en prosa como en verso. Ya el movimiento Postismo, impulsado por él en 1945, significó una peculiar inmersión en las vanguardias cumpliendo los requisitos y con todos los ingredientes que no habían aportado los movimientos anteriores a la guerra, llegando a ser además el verdadero precedente de la posterior poesía experimental. La principal originalidad de este movimiento es que frente a los movimientos anteriores, Cubismo, Futurismo, Dadaísmo o el español Ultraísmo, que habían incidido sobre todo en las posibilidades visuales de la palabra, el Postismo habría en cambio el camino hacia la experimentación con la dimensión sonora, musical, es decir, a lo que luego se llamaría poesía fonética.
La evolución de la obra del poeta gaditano en las décadas
siguientes es un proceso de ahondamiento sobre algunas de las claves primeras,
cada vez más en una línea personal, difícil de equiparar en el contexto
literario español, pasando por el introrrealismo y el Atelier de poésie
ouverte, ya en Francia, a fines de los sesenta. No resulta extraño, en este
sentido, que los primeros poetas experimentales, desde inicios de los sesenta,
vieran en Ory al más cercano antecedente.
La otra dimensión fundamental, objeto de este breve trabajo,
es la del llamado por Ory Aerolito, del que también se han publicado
ya algunas colecciones.
Los aerolitos están entre la máxima, el aforismo, la greguería o la sentencia, en unos límites amplios en cuanto a temática y modo de concepción del texto, pero también en una línea de peculiaridad que nos hace reconocible casi siempre al autor. El género lo definía Novalis como polen, y Nietzsche como sentencias y dardos, lo que Coiran definió como pensamientos estrangulados . En el caso de Ory se entrevera en ellos a veces el humor, la ironía, el dolor, el genio y el ingenio, el juego de palabras, muy a menudo con detalles de una lógica (semántica o sonora) que resulta aplastante: Descarta a Descartes, Platón come plátanos, La gula que estrangula, Somos recuerdos: dos veces cuerdos.
Son bastante frecuentes los que se centran en las
definiciones: Los diamantes: gotas de sudor de Dios, La risa es la
campanada del cuerpo, El tiempo es la respiración del espacio, Las palabras son
el rubor del silencio, La vida son los guantes de la muerte, Venecia:
cementerio mojado de besos. La palabra poeta es una falta de ortografía de
Dios, El arpa es el gato de la música, La almohada es la flauta del sueño.
A veces aparece la visión personal: El silencio es una
rosa seca en mi cabeza, El incendio del crepúsculo me hace sufrir y me miro al
cuerpo lleno de llagas. ¿Son llagas o joyas, Oigo sirenas en la noche, luego
existo, Que me entierren vestido de payaso, Rumias mías, ¡Maldito sea el día
que morí!
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