viernes, 10 de septiembre de 2010

Reseña de Un único día, de Jesús Hilario Tundidor. Revista Qué Leer

Revista Qué Leer, septiembre de 2010

Aire presocrático

Por Enrique Villagrasa

Un único día (Calambur), de Jesús Hilario Tundidor (Zamora, 1936), con prólogo de la profesora Natalia Carbajosa, son los dos volúmenes que recogen la poesía (casi toda) de este autor admirable, bajo los títulos Borracho en los propileos (1960-1978) y Repaso de un tiempo inmóvil (1980-2008), donde figura su excepcional poemario Construcción de la rosa (1990). La poesía de Tundidor está fundamentada en su lectura de los presocráticos, con lo cual es beber en la fuente de toda la literatura viva y su visión singular del mundo.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Próximas presentaciones de libros de Calambur Editorial

SEPTIEMBRE
Martes 21 de septiembre: Presentación de Tormenta transparente, de Javier Lostalé
Círculo de Bellas Artes (Sala Nueva), 19:30 h. c/ Marqués de Casa Riera, 2, Madrid.
Con la presencia, además del autor, de Manuel Rico, Marta Agudo y Emilio Torné.

Miércoles 22 de septiembre: Presentación de Insurgencias (Poesía 1965-2007), de Antonio Hernández
Instituto Cervantes (Salón de Actos), 20:00 h. c/ Alcalá, 49, Madrid.
Con la presencia, además del autor, de Alfonso Guerra, Carmen Calvo y Emilio Torné.

Sábado 25 de septiembre: Recital de Juan Carlos Mestre, autor de La casa roja
Ciclo "Cruce de caminos", junto a otros poetas. Vigo.


OCTUBRE
Miércoles 6 de octubre: Presentación de Un único día (Poesía 1960-2008), de Jesús Hilario Tundidor
Círculo de Bellas Artes (Sala María Zambrano), 19:30 h. c/ Marqués de Casa Riera, 2, Madrid.
Con la presencia, además del autor, de Juan Barja, José María Balcells y Emilio Torné.

Miércoles 6 de octubre: Presentación de Tormenta transparente, de Javier Lostalé y Hotel para erizos, de Guadalupe Grande
Ciclo "Letras capitales" (Centro Andaluz de las Letras)
Delegación de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, 20:00 h. c/ Capitulares, 2, Córdoba.
Con la presencia, además de los autores, de Roberto Loya y Pablo García Baena.

Viernes 8 de octubre: Recital de Juan Carlos Mestre, autor de La casa roja
Congreso de Poetas Hispanoamericanos. Salamanca.

Viernes 15 de octubre: Recital de Juan Carlos Mestre, autor de La casa roja
Festival "Bilbao Poesía", Biblioteca Central de Bidebarrieta, Bilbao.

Martes 19 de octubre: Presentación de Tormenta transparente, de Javier Lostalé
Delegación del Principado de Asturias en Madrid, 20:00 h. Glorieta Ruiz Giménez, 1 (San Bernardo), Madrid.
Con la presencia, además de los autores, de Ignacio Elguero y Emilio Torné.

Jueves 21 de octubre: Presentación de Tormenta transparente, de Javier Lostalé
Instituto Municipal de Málaga, 20:00 h. P.º Reding, 1, Málaga.
Con la presencia, además del autor, de José Antonio Mesa Toré.

Jueves 21 de octubre: Presentación de Bajo la piel, los días, de Eduardo Moga
Barcelona.

Miércoles 27 de octubre: Presentación de Tormenta transparente, de Javier Lostalé
Ciclo "Intersecciones", Universidad de Salamanca. 19:00 h. Salamanca.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Alfonso Guerra recita poemas de Antonio Hernández en el Bicentenario de las Cortes de Cádiz

Se puede escuchar en los últimos minutos de la edición del día 27 de agosto de 2010 del programa "La Ventana" de la Cadena Ser, que retransmitió en directo el acto desde el Teatro de las Cortes de Cádiz.

Crítica de libros: "Época de inventario", por Ángel L. Prieto de Paula, en El País)

El País, 4 de septiembre de 2010

Época de inventario

Por Ángel L. Prieto de Paula

Junto a los consagrados poetas de los cincuenta, hay otros autores cuya lectura enriquece y ahonda la visión de la poesía española del medio siglo (y de medio siglo). Varios poemarios completos recientes permiten apreciar su obra

A la altura de 2010, la lírica del siglo XX aparece polarizada en torno a dos puntos ubicados antes y después de la Guerra Civil: poéticas del 27, y poéticas de los cincuenta. En el 27 desemboca el modernismo, tras la disolución simbolista por vía de Juan Ramón Jiménez; y a él remite, mucho más tarde, el 68, con su intelectualismo, asepsia sentimental y desintegración vanguardista. Y a las poéticas de los cincuenta recuerdan los autores del posfranquismo, que puentean a los padres para conectar con los abuelos: los poetas urbanos de la experiencia reivindican a Biedma o González; los visionarios a Gamoneda; los metafísicos y minimalistas a Valente. Pero aun asumiendo lo inevitable de las generalizaciones, al historiador de la literatura no puede satisfacerle un diseño con zonas borrosas que debieran aclararse antes de que el canon termine cerrándose, sin probabilidad de reversión. Una de ellas se sitúa entre las estéticas del medio siglo y las del 68, ocupada por quienes, rezagados respecto a aquellos o madrugadores respecto a estos, si no laterales por razones no siempre literarias, no encajan en el lecho de Procusto de las categorías vigentes. Con previsible inutilidad, algunos estudiosos han pretendido habilitar un anaquel con membrete propio para los relegados: "poetas del sesenta". Es obvio que muchos nombres serán barridos por el tiempo airado; pero cuando el cierzo despoje el árbol de la poesía de sus hojas muertas habrá de operar sobre el panorama total, adecuadamente recompuesto, y no solo sobre algunas de sus facciones

A los efectos de esta recomposición es muy útil la reunión de las poesías completas de autores que responden a esas zonas de transición o indeterminación estética. (...) Un único día compendia la poesía casi completa (muy expurgados sus inicios) de Jesús Hilario Tundidor (Zamora, 1935). Su obra recrea una mítica castellanista —esa Castilla que "va de vuelo", no la de los terrones costumbristas— y enciende fanales de contemplación en Libro de amor para Salónica (1980) o Construcción de la rosa (1989). El autor ha querido dejar fuera de esta recopilación, él sabrá por qué, títulos nucleares como Mausoleo (1988) y Fue (2008), cuyo lenguaje, de una riqueza acompasada con un íntimo balanceo musical, alcanza una cima de expresividad lírica.

(…) Para Joaquín Benito de Lucas (Talavera de la Reina, Toledo, 1934), la escritura recogida en La experiencia de la memoria se erige sobre dos símbolos enlazados: el río de la infancia, que ahíla vivencias autoformativas, y la familia, cañamazo que se hace y se deshace en las irisaciones del Tajo en que se reflejan las circunstancias sucesivas de la historia. Alejado de pretenciosos, o simplemente ambiciosos, afanes teóricos o metapoéticos, él es, de entre sus coetáneos, uno de los más ajustados a la emoción primigenia e inmediata. 

Más joven que ellos, Antonio Hernández (Arcos de la Frontera, Cádiz, 1943), que edita Insurgencias (Poesías, 1965- 2007), publicó El mar es una tarde con campanas (1965) cuando ya surgían los primeros libros del 68, luego arrinconados por los que constituyeron el meollo de un canon antirrealista (pues negaba la condición del poema como transcripción de la realidad extrapoética) y antirromántico (pues quebraba la identidad entre el poeta y el sujeto lírico). Muy dotado para el fraseo versal y el poema de largo aliento, Antonio Hernández logra la plenitud en Diezmo de madrugada (1982) o Campo lunario (1988). No es extraño su apartamiento de la médula sesentayochista: lo justifican su congruencia discursiva (frente al collage y la fragmentación imaginística), su confesionalismo experiencial (frente al exorno culturalista) y la emoción vitalista (frente a la refracción o la elusión sentimental). Pero fuera del centro hay otros centros donde también habita, a veces de qué modo, la poesía.

http://www.elpais.com/articulo/portada/Epoca/inventario/elpepuculbab/20100904elpbabpor_21/Tes


Reseña de Un trabajo nocturno, de Xavier B. Fernández, en Revista Leer

Revista Leer, septiembre de 2010

ESPEJOS DEFORMADOS

Los pechitos de una Doris Day de la Barcelona insomne son incompatibles con la respetabilidad de la ciudad financiera a la que pertenece la casta de los Masferré, así que hay que buscar a un náufrago, Ulises Requena, para que navegue por esas islas que solamente un desarraigado como él conoce. En realidad, el ex policía sale en busca de dos Telémacos, Nacho, el hijo pródigo de la mujer de blanco y el hombre de piel renegrida y el suyo, Tello, espejos deformados ambos de esos buenos propósitos de enmienda que los padres intentaron inculcar.

En una noche de viernes padre e hijo se encuentran con vargas, el cholo, de testigo. Los peores antros reservan a los aventureros oscuras noticias en boca del Cíclope, las tiránicas ataduras de una Circe transformada esta vez en cerda, ejecutora de una venganza que al facha Romero, antiguo inspector de policía ahora en la otra orilla de la legalidad, le correspondería, o el encuentro con un Hércules de camiseta marcona y modos metrosexuales. Demasiadas martingalas para un jefe de seguridad entrado en años y carnes.

Pistas rescatadas en las imágenes de una Polaroid, cadáveres de los que es muy fácil deshacerse con la maquinaria de limpieza adecuada y tugurios en los que la élite consume deseperadamente horas de juego, sueño y sexo. A través de los personajes de Xavier B. Fernández conocemos la clasificación de las putas que paran por el Al Rawal y las otras prostituciones socialmente consentidas de los becarios, jóvenes esclavos de lujo, que denuncia esta Penélope cuyos pretendientes son los comensales que repudia esperando el retorno de Ulises. Ulises Requena volverá, pero trayendo de la oreja a un hijo que no tiene ni idea de quién fue van Gogh y ha sobrevivido a su desastre en la piel del niño eterno, asustado de caer rendido ante el sueño donde reina siempre la misma secuencia.

martes, 7 de septiembre de 2010

Reseña de La épica del diccionario, de Francisco M. Carriscondo Esquivel, en El Correo Gallego

El Correo Gallego, 22 de agosto de 2010

Diccionarios: La irresistible pasión de los lexicógrafos

Los diccionarios se construyen con épica y con energía, pero también con método. Eso revela un libro de Carricondo Esquivel

Por JOSÉ MIGUEL A. GIRÁLDEZ

La vida secreta de las palabras desata grandes pasiones. Es cierto que no todo el mundo tiene alma de lexicógrafo, pero todos nos hemos entusiasmado alguna vez con la monumentalidad de los diccionarios y las enciclopedias. No es necesario tener pasiones como las de Borges o las de Cortázar, o las de Unamuno. En realidad, la figura del lexicógrafo tiende a ser oscura, también, en cierto modo, secreta, y pocos son los que trascienden y se hacen populares: más por el impulso de amigos y colegas que porque ellos lo deseen. La historia está llena de compiladores de diccionarios que han guardado y analizado las palabras con pasión entomológica. Estudiosos, académicos o no, que han colaborado en la edición de los más grandes diccionarios sin que su nombre fuera más que una línea de pequeños caracteres en la página de créditos de la obra final. Pero con eso les bastaba. Mi reciente lectura de un libro excelente, escrito por el profesor Francisco Carriscondo Esquivel, de la Universidad de Málaga, ha despertado en mí la vieja pasión por el léxico. Nada raro en los que nos hemos dedicado toda la vida a la lengua y la literatura. Pero esa emoción incontenible que provocan los diccionarios solo regresa cuando se tiene uno verdaderamente bueno entre las manos. O cuando libros como al que acabo de referirme, La épica del diccionario (Calambur), te hacen volver a sentir el irresistible cosquilleo de los grandes monumentos lexicográficos. Carriscondo Esquivel
habla en su libro de algunos nombres que lo fueron en todo en la construcción de las primeras compilaciones de palabras. Es un libro en el que el siglo XVIII aparece como tema central, el siglo de la creación de la Real Academia de la Lengua en España, y desde luego, el siglo en el que se desarrolló el llamado método colegiado académico: son muchísimos los datos y los nombres que el autor proporciona. Un verdadero tesoro para los que amamos estas cosas.

Pero, a pesar de que el método de elaboración de los diccionarios ha evolucionado mucho, por supuesto hacia el trabajo organizado, colegiado, en equipo, son los nombres individuales de algunos héroes (creo que se les puede calificar así) los que verdaderamente llaman la atención. Porque, si bien es cierto que los diccionarios no tienen autor conocido, sino muchos, algunas personalidades brillan con luz propia. A menudo porque fueron capaces de echarse a sus espaldas labores ciclópeas que les ocuparon toda su vida. Quién puede dudar de la importancia de Samuel Johnson, uno de los grandes del siglo XVIII, a la hora de hablar de lexicografía. Financiado por instituciones privadas, en 1755 vio la luz A Dictionary of the English Language. Carriscondo Esquivel afirma que esta obra fue la primera que actuó como autoridad de la lengua. Y ese fue su gran mérito. Y así ha quedado. Pero la más apasionante historia lexicográfica es la que rodea la creación del Oxford English Dictionary (OED), quizás la referencia más rotunda de la lengua inglesa en nuestros días. Se ha escrito mucho sobre este gigantesco diccionario, aunque quizás lo primero que debería leer el neófito es El cirujano de Crowthorne (Penguin; hay traducción española en Debate, con el título El profesor y el loco). Se trata de contar la historia de la creación del OED a través de uno de sus colaboradores voluntarios más singulares, el doctor americano William Chester Minor. Hoy está considerado como la figura que más impulsó la construcción del OED, y su editor principal, James Murray, fue consciente de ello: un día fue a conocerlo a la institución mental en la que se alojaba, y desde la que trabajaba, y se hicieron grandes amigos. Porque Minor tenía tras de sí una turbulenta biografía (asesino y loco, entre otras cosas). Una biografía que, sin embargo, no le impedía ser un elegante y extraordinario colaborador del nuevo diccionario en marcha (así se llamó en principio: New English Dictionary). La obra de Winchester, El cirujano de Crowthorne (el nombre del pueblo cercano a Oxford donde se hallaba el manicomio que albergaba a Minor) es una magnífica manera de iniciarse en la pasión por los diccionarios. Aunque la notable obra de Carriscondo Esquivel analiza sobre todo las compilaciones de Esteban de Terreros y Pando (Diccionario castellano con las voces de las ciencias y las artes), y la elaboración del
Diccionario de autoridades de la recién creada Real Academia de la Lengua, (y en particular la figura del
académico Vincencio Squarzafigo), no es menos cierto que dedica muchas páginas a alabar la secreta pasión de los lexicógrafos, y también algunas a relatar los orígenes ciertamente épicos del Oxford English Dictionary. Repasa el autor el catálogo de históricos compiladores con diversas patologías, empezando por el propio Johnson, y, al hablar del OED, se detiene, sobre todo, en el mencionado Minor. Lo cual, así son las cosas, ensombrece un poco las peculiaridades de Murray, que no eran nada desdeñables. Winchester llega a señalar que la reclusión de Minor, por su locura, contribuyó directísimamente al éxito del OED, y, desde luego, ayudó al desarrollo de la lexicografía (diez mil fichas suyas, dice Carriscondo, fueron aprovechadas). El gran James Murray, perteneciente a la Sociedad Filatélica, y que no estaba loco, convirtió su despacho en Oxford (el Scriptorium) en una especie de búnker de hierro revestido de madera, con 1029 casillas donde clasificar las fichas que iba recibiendo y las suyas propias. Correos le colocó un buzón justo en su puerta, habida cuenta de la importancia de su cometido. Pero esta es ya otra historia.

LOS LEXICÓGRAFOS
Murray, Terreros o Joan Corominas. En ‘La épica del diccionario’, el lingüista Carriscondo Esquivel describe vidas ciertamente heroicas al servicio de la lexicografía, en Inglaterra, en España, y otros lugares. Sorprende conocer al detalle biografías así. Y, quizás por eso, la emoción de abrir los volúmenes de un diccionario se multiplica. Cuenta, por ejemplo, que “la dedicación de Terreros implicaba (...) la renuncia voluntaria a cualquier distracción mundana que le desviara del plan de trabajo previsto. Era muy consciente (...) del ejercicio de soledad absoluta que debía suponer la consecución de su obra”.

http://www.elcorreogallego.es/indexSuplementos.php?idMenu=15&idNoticia=581393&idEdicion=1714

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El Correo Gallego, 19 de agosto de 2010

La vida secreta de las palabras: épica y pasión en la creación de diccionarios

Por JOSÉ MIGUEL A. GIRÁLDEZ

Este magnífico libro habla de los avances que ofreció el siglo XVIII en la construcción de los diccionarios, pero en realidad trata de muchas más cosas. La pasión lexicográfica del profesor de la Universidad de Málaga, Francisco Carriscondo Esquivel, se advierte desde la primera línea. Porque es bien cierto que estamos ante un libro académico, incluso diría que profundamente académico, pero tan bien armado que no dejará indiferente a aquellos entusiastas de las palabras, su origen, su historia y sus significados. La épica del diccionario es un título que define exactamente la magnitud de las buenas obras lexicográficas, y Carriscondo Esquivel se encarga de demostrarlo analizando primero en qué consiste tan precisa y metódica labor, utilizando para ello ejemplos extraordinarios, como la creación del Oxford English Dictionary, especialmente a través de la figura del escocés Murray, su creador principal, y de colaboradores ciertamente complejos, como William C. Minor. Los nombres de Johnson, Joan Corominas y el propio Murray están entre los grandes iconos del universo lexicográfico. Pero, naturalmente, aquí tenemos muchísimas más cosas. Describe Carriscondo en qué consiste el ardor intelectual de los que se dedicaron (y se dedican) a tan minuciosa y ardua labor. Y luego, ya en el cuerpo contral del libro, estudia la importancia de Esteban de Terreros y su Diccionario castellano con las voces de ciencias y artes (1786-88). Terreros es presentado por el autor como la gran personalidad individual del setecientos. Todo ello en un contexto en el que se crea la Real Academia Española y el Diccionario de autoridades (DA). Por ello, la segunda parte ofrece un detallado estudio que va desde la figura fundacional de Vicencio Squarzafigo hasta la creación del método colegiado académico. Una joya para los amantes de la delicada monumentalidad y la belleza arquitectónica de los diccionarios.

http://www.elcorreogallego.es/tendencias/ecg/vida-secreta-laspalabras-epica-pasion-enla-creacion-diccionarios/idEdicion-2010-08-19/idNoticia-581025/

lunes, 6 de septiembre de 2010

Reseña de La orilla de las mujeres fértiles, de Marifé Santiago Bolaños, en Revista Leer

Revista Leer, septiembre de 2010

MUJERES DE ÁFRICA Y EL MUNDO

Marifé Santiago Bolaños (Madrid, 1962) ha publicado los poemarios Tres cuadernos de bitácora, Celebración de la espera, Las constelaciones del Capitán (Fragmento) y El día, los días. Y las novelas El tiempo de las lluvias, Un ángel muerto sobre la hierba, El jardín de las favoritas olvidadas y recientemente La canción de Ruth. Doctora en Filosofía, investiga en torno al encuentro entre el pensamiento y la creación artística.

"Sacrilegio: fotografío el dolor inevitable y la resignación en tu rostro; fotografío la indiferencia en el rostro de tu hijo. Te enseño la fotografía y sonríes. Me pides que vuelva a fotografiarte sonriendo. Pero en la imagen sigues estando triste: la alegría efímera del alma siempre sale borrosa".

Así comienza el fragmento II del itinerario poético que quiere ser la primera parte del libro. En La orilla de las mujeres fértiles, las imágenes se transmutan en palabras para convocar a las mujeres de África y del mundo. Palabras que aspiran a retratar los rostros del silencio a servir de conjuro en favor de los sueños de tantas jardineras del porvenir. La segunda parte adquiere un tono ensayístico, sin abandonar la respiración del verso.

"Memoria de nadie. No eres para nadie. No eres. Quiero, para ti, que este desgarro tópico sea verso, el primero, el que te regalan los dioses, el que fundase gramáticas —quiero decir, palabras, quiero decir, voz— en la orilla de las mujeres fértiles".

El volumen incluye un CD con los poemas recitados por su autora, acompañados por una música original de María José Cordero.

Reseña de Bajo la piel, los días, de Eduardo Moga, en Calle 20

Revista Calle 20, septiembre de 2010

Por José Ángel González

«Quiero oír el embate de la sangre, como si rompiera contra un talud de sombra», dice un verso de este diario poético. Otro: «La oscuridad acosa a la piel, como si la piel fuese una puerta». Un tercero: «Los paseantes desfilan como personajes del Greco: con su mismo estiramiento tenebroso». El lector rebota entre comparativas de una densidad dislocada en Bajo la piel, los días, de Eduardo Moga (Barcelona, 1962), un
poemario con atrezo expresionista sobre la «geometría del tiempo», la «sucesión de soledades», un inesperado encuentro con Cortázar («alto como un tuareg»), el latido de Vallejo («indio hambreado»), la constancia de los hospitales («la cadena del dolor») y, en fin, la curiosidad ante la grieta: «¿Qué hago yo en esta casa, en esta piel?». Pasmoso, dolorido como la esperanza de los imprudentes, es digno de ser colocado entre «los más limpios», Pessoa, Celan, Nabokov..., porque «vivir consiste en que la humillación prosiga».


Juan Carlos Mestre en el programa de Castilla y León TV "Silencio, se lee"

Primera parte


Segunda parte




viernes, 27 de agosto de 2010

Entrevista a Antonio Hernández, Diario de Jerez

"Prefería las francesas antes que ir a ver a Aleixandre"

El poeta y novelista Antonio Hernández habla de la época en que fue silenciado, de su estancia lejos de Andalucía y del célebre café Gijón.

Francisco Correal | Diario de Jerez. 27.08.2010

-Poemas de 1965 a 2007. Poeta desde los 22 años.
-El mar es una tarde de campanas, con el que me dan el Adonais, lo escribo con 19 años. Entre Arcos y Mallorca mientras lavaba platos en un hotel e intentaba ligar extranjeras, aunque el libro está dedicado a la que hoy es mi mujer.
-¿Cambió su vida?
-Me fui a Madrid, donde hice de todo. Trabajé cargando sacos de la fábrica de cerveza La Cruz Blanca, de vendedor de muebles, de extra en Televisión Española, en los Estudio 1.
-Tuvo que dejar de escribir por la represión y mucho más tarde por una depresión. ¿Qué es más duro?
-La represión. Con la depresión no estás capacitado para la creación. Me animó a escribir Javier Reverte.
-¿Qué publicó para que le prohibieran escribir?
-Un artículo en la revista Índice en el que hablaba de la droga, de la homosexualidad. Ganamos el juicio en la Audiencia Provincial. Me defendió el abogado Francisco Pons Cano, que fue defensor de los alemanes cuando perdieron la guerra y como no tenían dinero para pagarle le dieron un producto sobre fertilización en el desierto de Madame Curie. Se lo ofreció al gobierno español y lo rechazó. Se lo quedaron los israelistas.
-¿Un andaluz en Madrid?
-La pérdida del paraíso. Y del infierno si pensamos en los políticos andaluces, con las excepciones de rigor.
-¿Volvió a su tierra?
-Alguna vez a la fuerza. Me detienen y me mandan al batallón de castigo del arsenal de la Carraca. De allí me sacó Luis Belenguer, un anarquista de derechas, santo demoniaco. Era capitán de fragata y ya había escrito El mundo de Juan Lobón. Entró en el cuartel con cara de pocos amigos y dijo para sorpresa de todos: El mar es una tarde de campanas, ¡ar!. Habló con el capitán de la compañía. Me llevó a su casa. Me dio una pastilla de jabón lagarto y me dejó su ropa, que me quedaba muy holgada. Parecía Popeye.
-En uno de sus poemas celebra el Nobel de Aleixandre. ¿Fue a Welintonia?
-Una vez nada más. Con una traductora francesa de mi obra. Yo prefería estar con las francesas antes que con Vicente Aleixandre. Estuvo afectuosísimo y me habló mucho de Miguel Hernández. A otros poetas que sí frecuentaban su casa les preguntó por mí, por ese chico al que trató tan bien y que se había bebido una botella entera de Tío Pepe.
-¿Escribía en el Gijón?
-Allí escribían los furtivos, los no habituales. Los demás escuchábamos a Gerardo Diego, a Ignacio Aldecoa. El café Gijón fue mi Universidad, junto con Luis Rosales, que fue como un segundo padre y soy coeditor de su obra.
-En su centenario, ¿se libró del estigma de Lorca?
-No se enteran de que lo único que hizo fue jugarse la vida por Lorca. Estaba en el frente de Lanjarón, era falangista, y se enteró de lo de Lorca. Su padre tuvo que pagar 25.000 pesetas de la época para que no le hicieran un consejo de guerra.
-¿Cómo va la adaptación teatral de La marcha verde, su epopeya del Betis?
-La versión me pareció bien. Los del teatro del Mentidero viven en Túnez.
-¿Se han hecho béticos en Marruecos?
-Con Antonio Gala, Quiñones y Martínez Montávez fundamos la Universidad de Asilah. Yo era asesor del ministro Solana e iba a dar una conferencia sobre política cultural en cuarteles y presidios. Allí los funcionarios además son espías y creían que nosotros también lo éramos. Benahisa, ministro de Cultura, me sentó a su derecha en la cena y dijo que yo era tan promarroquí que había escrito un libro titulado La marcha verde y que era tan culto que iba a dar una conferencia sobre poesía arábigo-andalusí.
-¿El novelista le envidia la antología al poeta?
-Los poetas dicen que soy un gran novelista, los novelistas que un gran poeta. No hay derecho, que digan que soy un buen escritor.
-¿Vuelve a Arcos en sus versos?
-Al río Guadalete, Ganges donde purificábamos culpas, pecados y aburrimientos. Al cine Ramírez, que evoco en un poema donde está John Wayne, ese mastodonte que nos marcó. El cine, una fonda y tres bares los perdimos cuando se derrumbó un muro de contención. Mató a mi hermano Marcelino, a un tío mío y al jefe de los municipales. Yo caí debajo de un camión que sacaba muebles y me salvé para desgracia de los poetas de la experiencia.

Del jurado a los clásicos
"Lo que no han podido el Betis y García Posada, lo va a poder el calor de Sevilla", dice Antonio Hernández (Arcos, 1943) en el hotel EME. Insurgencias (Calambur) reúne su poesía: de El mar es una tarde de campanas (1965) a A palo seco (2007). Va con Sísifo al Bernabéu y con el Culata a Los Canasteros. Está en tantos jurados literarios (publicó Los Premios. Cosa Nostra) que desconecta y lee a los clásicos: Dostoievski, Stendhal, Mantero. Cada día más joven, será abuelo.

domingo, 15 de agosto de 2010

Reseña en Babelia de "Cuadernos", de José María Millares Sall

Pulso existencial
MANUEL RICO
Babelia (EL País) 14/08/2010

José María Millares Sall (Las Palmas, 1921-2009), hermano del también poeta Agustín Millares y del pintor informalista Manolo Millares, fue, hasta el otoño de 2008, un poeta casi desconocido fuera de Canarias, una condición que se ha atenuado en el año y medio posterior. En ese tiempo, en el que acompañó su lucha contra la enfermedad y la muerte (falleció en el verano de 2009) con la selección y ordenación de sus poemas últimos, el lector ha podido acceder a dos de sus obras de mayor calado.
De un lado, a Liverpool, el poemario con el que se dio a conocer en 1949; de otro, a Cuadernos, la colección en que trabajó hasta poco antes de su muerte. Principio y final de una trayectoria heterodoxa, forjada en la periferia geográfica de España y en la periferia de la poesía más convencional. Millares es un raro que, a lo largo de 60 años, ha forjado una obra extraña de la que son una muestra viva ambos libros. Liverpool es un texto anacrónico con la época en que vio la luz. En él, el poeta desafía al formalismo clasicista dominante entonces y a la poesía social más plana.
Consta de 6 poemas cargados de imágenes en los que el pulso existencial, la visión de un mundo oscuro y atribulado se traduce en un lenguaje próximo al surrealismo pero con fuertes tintes expresionistas, de una dureza controlada: "Por favor, abridme paso, dejadme cruzar ese túnel de plomo, / que quiero ser el primero en llegar con mi sangre a los muelles de Liverpool". Los dos primeros poemas, el que da título al conjunto y 'Hong-Kong' nos internan en el universo de bruma de dos puertos representativos del encuentro de culturas e intereses en los duros años de nuestra posguerra (y de la posguerra europea). Los cuatro restantes sitúan al hombre ("a vosotros me dirijo, pobres aeronautas de la rutina") ante el mundo en cuatro horas distintas de un día y refuerzan el trasfondo existencial del conjunto dotándolo de una perdurabilidad inquietante: hoy, más de medio siglo después de su publicación, Liverpool es un libro fresco, vivo, de una modernidad radical.
Ese trasfondo iniciático se adensará a lo largo de su obra hasta alcanzar su mayor grado de madurez e intensidad en Cuadernos, una selección de poemas procedentes de las numerosas 'Celdas' (así titulaba sus series de apuntes poéticos) en las que en la última década de su vida los fue integrando y escritos al dictado de una conciencia angustiada y de las emociones generadas por el propio texto: "una escritura directa cuyo desarrollo se busca haciéndose y se hace mientras se busca", afirma en el prólogo.
El sueño, la enfermedad, la realidad huidiza y, a la vez, injusta, el amor, la vejez y la ruina, los sueños y las pesadillas alientan en unos textos breves, sin signos de puntuación pero de una musicalidad bien articulada y basados en un irracionalismo lleno de ventanas a la lucidez y de azogues visionarios. Estamos ante dos magníficos libros que ponen de relieve que no siempre la gran poesía se mueve en los circuitos más conocidos y consolidados.

lunes, 9 de agosto de 2010

Juan Carlos Mestre, entrevistado en el programa Siluetas, RNE

Juan Carlos Mestre entrevistado en el programa
Siluetas
de Radio Nacional,
presentado por Manuel Ventero

Miguel Ángel Lama, sobre Juan Carlos Mestre

Juan Carlos Mestre en Siluetas, RNE

Hoy domingo ha entrevistado Manuel Ventero en su programa Siluetas (RNE) al poeta Juan Carlos Mestre. Por cierto, hace tiempo ya que encontré y leí su espléndido libro La casa roja (Madrid, Calambur, 2008), por el que obtuvo el Premio Nacional de Poesía el año pasado. La conversación con Ventero ha girado en torno a la poesía, a los poetas y a la palabra. Supongo que a los que no conocían la voz de Juan Carlos Mestre habrá sorprendido su timbre, su carácter grave y el tono pausado, esa manera cadencial de hilar las frases sin anacolutos en las que las palabras van posándose; no como otros, que vamos torpes a la caza de las mismas con un prolongado titubeo cuando hablamos sin papeles. Lo suyo no es facilidad de palabra, que uno asocia a los charlatanes; se trata de esa especie de parentesco natural de la consanguinidad con la palabra. No sé. A la calidez propia del programa de Manuel Ventero Juan Carlos ha añadido la lumbre del "poeta que cruza en ambulancia los campos de girasoles" ("El poeta", en La casa roja), y ha hablado de Antonio Gamoneda, de John Keats, de Rafael Pérez Estrada, de sus paisanos de Villafranca del Bierzo Antonio Pereira, Enrique Gil y Carrasco y Gilberto Núñez Ursinos. Contaré el de esta tarde como un nuevo encuentro personal con Mestre, sin duda.
Miguel Ángel Lama

lunes, 26 de julio de 2010

Antonio Hernández en La estación azul (Radio Nacional de España)

Se puede escuchar a partir del minuto 26:52 y del minuto 48:10:

Poesía y música en Los Veranos de la Villa: Juan Carlos Mestre + Amancio Prada / Marifé Santiago Bolaños + María José Cordero

El ciclo Poesía en Concierto de los Veranos de la Villa presenta este año a dos queridos autores de Calambur: Juan Carlos Mestre (junto a Amancio Prada) y Marifé Santiago Bolaños (junto a María José Cordero).

Miércoles 28 de julio, 21 h. Teatro Español (sala pequeña). 15 €
Juan Carlos Mestre + Amacio Prada: Elogio de la palabra

Jueves 29 de julio, 21 h. Teatro Español (sala pequeña). 15 €
Marifé Santiago Bolaños + María José Cordero: La orilla de las mujeres fértiles


Juan Carlos Mestre (Villafranca del Bierzo, León, 1957), poeta y artista visual, galardonado con Premio Nacional de Poesía 2009 por su obra La Casa Roja. Autor de los poemarios Siete poemas escritos junto a la lluvia, La visita de Safo, Antífona del Otoño en el Valle del Bierzo, premio Adonais. Las páginas del fuego, La poesía ha caído en desgracia, premio Jaime Gil de Biedma y La tumba de Keats, premio Jaén de Poesía, libro este último escrito durante su estancia como becario de la Academia de España en Roma.

Su obra poética entre 1982 y 2007 ha sido recogida en la antología Las estrellas para quien las trabaja (2007). Asimismo, es autor de El universo está en la noche (2006), libro de versiones sobre mitos y leyendas mesoamericanas.

En el ámbito de las artes plásticas ha expuesto su obra gráfica y pictórica en galerías de España, EE.UU., Europa y Latinoamérica. También ha editado numerosos libros de artista, como el Cuaderno de Roma (2005), versión gráfica de La tumba de Keats, y ha acompañado con sus grabados los poemas de Antonio Gamoneda, Diego Valverde, Miguel Ángel Muñoz Sanjuán, Gonzalo Rojas, Jorge Riechmann.

Su colaboración con otros creadores y músicos como Amancio Prada, Luis Delgado o José Zárate, ha sido recogida en varias grabaciones discográficas.

Amancio Prada (León, 1949) es uno de los cantautores más personales de nuestro país. Desde su primera actuación en París junto a Georges Brassens, sus discos y actuaciones fueron creciendo hasta obtener gran reconocimiento del público y de la crítica, y sus composiciones se acercaron siempre a temas profundos, hasta cristalizar en obras tan singulares como "Cántico Espiritual", recogido en su última versión en "Canciones del alma". Sus últimos trabajos discográficos son "Vida de Artista" y "Canto de Amor Vivo". De reciente aparición, cabe destacar el disco- libro editado por Editorial Casariego, "Coplas a la muerte de su padre, de Jorge Manrique", con música y voz de Amancio, caligrafía de Pablo González, e iluminado por Juan Carlos Mestre, como en un nuevo códice del siglo XXI.

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Marifé Santiago Bolaños (Madrid, 1962), es Escritora y Doctora en Filosofía. Profesora de Secundaria y Especialista en Estética. Desde hace casi veinte años, investiga en torno al diálogo entre la Filosofía y la Creación artística, entendida esta como un camino de conocimiento y una fuente pedagógica de desarrollo personal y social. En tal sentido, ha publicado numerosos trabajos sobre autores que han transitado las mismas preocupaciones, y dirigido, durante diez años, el Aula de Investigación Teatral de la Facultad de Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid.

Fruto de su estudio en torno al encuentro de los planteamientos estéticos orientales y occidentales, es el libro Mirar al dios: el Teatro como camino de conocimiento, donde ha dedicado atención especial al análisis de la influencia de la Filosofía de India, Japón y China en el Teatro Europeo Contemporáneo. Entre sus libros destacan: María Zambrano: el canto del laberinto - La llama sobre el agua: María Zambrano y Pérez Carrió - La mirada atlántica: literatura gallega y peregrinación interior - Lo que guardan las musas: literatura y filosofía - La palabra detenida (una lectura del símbolo en el teatro de Buero Vallejo). En el ámbito literario, ha publicado, entre otros, los poemarios Tres Cuadernos de Bitácora, Celebración de la espera, El día, los días, poemas en lengua gallega enPoesía dos Aléns, relatos recogidos en libros colectivos, periódicos y revistas; y las novelas, El tiempo de las lluvias, Un ángel muerto sobre la hierba, y El jardín de las favoritas olvidadas. Algunos de sus textos han sido traducidos al inglés, francés, italiano, ruso o bengalí. Sus últimos libros publicados en 2010 son la novela, La Canción de Ruth, y el poemario, La orilla de las mujeres fértiles.

María José Cordero. Compositora, pedagoga y cantante. Fundó, junto a Fidel Corral, el grupo de música sefardí SIRMA. Ha compuesto un centenar de obras sinfónicas, y escrito el guión y la música de varios montajes pedagógico-teatrales sobre la vida y obra de Mozart, Gaudí y Salvador Dalí, entre otros. Es directora artística del montaje escénico "Retrato de la Dulce Dulcinea", con texto de María Fernanda Santiago Bolaños. Ha estrenado, la obra "Ondi stá la llave di tu curaçón" con letra del poeta argentino Juan Gelman, que se incluye en el disco "La llave de tu corazón", un recopilatorio de canciones sefardíes; así como: "Liturgia del Verso y la Palabra". En la actualidad, es profesora de Lenguaje Musical y Educación Auditiva, en el Conservatorio "Cristóbal Halffter" de Ponferrada, León.

viernes, 23 de julio de 2010

jueves, 22 de julio de 2010

Reseña de Las moradas del verbo en Diario de León

El Filandón, Diario de León, 18 de julio de 2010

Donde el verbo halló morada digna

Por José Enrique Martínez

Frente a antologías de poetas jóvenes, algunos con obra escasa e insuficiente, con las que nos abruman conocidos cazadores de nuevas piezas que más que aclarar nos sumen en el caos de la medianía, otros como Ángel Luis Prieto de Paula, conscientes de su labor, elaboran una antología de poetas con obra suficiente y de ponderada calidad. Una antología como Las moradas del verbonos da, verdaderamente, el canon de la poesía que siguió a 1975, fecha emblemática, aunque convencional a efectos literarios. Como buen antólogo, justifica los contornos de su selección: poetas nacidos entre 1954 y 1968, con sus primeros títulos aparecidos en el último cuarto del siglo XX y con obra relativamente amplia que conjugue calidad y representatividad. Merece la pena leer el denso prólogo de Prieto de Paula, uno de los grandes conocedores e intérpretes de la poesía española contemporánea, cuya evolución, tras la irrupción novísima, ordena. No podemos entrar en matices: el lector interesado debe acudir directamente a las páginas introductorias de esta excelente antología. Pero en osado y apresurado resumen podemos situarnos en ese momento (años que siguen a la muerte del dictador) en el que se rompe el muro alzado por los «novísimos» y afines contra la expresión de los sentimientos y la poesía vuelve a la figuración argumental, un cierto prosaísmo y un cierto humor (bien representada esta línea por L. A. de Cuenca y otros poetas más jóvenes), más la preeminencia de la poesía elegíaca (Sánchez Rosillo) y la del intelectualismo escueto (Siles, Robayna). A comienzos de los ochenta es ya manifiesto el cansancio de la poesía «novísima» (permítaseme llamarla así, más como caracterización que como nombre) y la poesía nueva asimila la tradición española (la generación del 50 tuvo aquí su mayor reconocimiento) y propende a la representación, dando mayor entidad al sujeto emisor y al motivo o tema del poema. En diversos lugares surgió la necesidad de una poesía relacionada con su tiempo histórico: aquí ha de situarse «La otra sentimentalidad» granadina, cuyos modos acabaron desembocando en la poesía de la experiencia, espléndidamente caracterizada por Prieto de Paula. Vendrán pronto las «líneas de contestación al pacto realista»: el irracionalismo (Andreu) y otros modos visionarios (Mestre, Llamazares...), el realismo mismo con procedimientos y alcances diferentes (Concha García), la poesía de reflexión ontológica, escueta y esencialista (Ada Salas, Casado...). Los propios poetas experienciales, los últimos sobre todo, cambiarán hacia otros modelos (Marzal, Gallego) o se moverán por nuevos compromisos, marxistas, ecológicos, etc. (Riechmann, Méndez Rubio...) o unirán satisfactoriamente pensamiento y contemplación (Valverde, Doce...).

Es la de Prieto de Paula una magnífica introducción a la lectura de los diferentes poetas, lectura que puede equilibrar el afán de conocer y el gozo desin-teresado. Son 32 los poetas seleccionados, todos ellos con calidad contrastada, representativos de las diferentes líneas de poesía actual, con obra que el tiempo ha ido cerniendo y asentando, de M. Casado y María Antonia Ortega (los mayores) a L. Oliván y E. Falcón (los más jóvenes). Por el medio -“no puedo citar a todos- J. Llamazares, Martínez Mesanza, Concha García, T. Sánchez Santiago, J. C. Mestre, A. Luque, M. A. Velasco, Ada Salas... He nombrado aquellos con los que mejor comulgo, por diferentes razones que no son del caso.

http://www.diariodeleon.es/noticias/noticia.asp?pkid=541398

martes, 20 de julio de 2010

Entrega de los Premios Nacionales de Cultura 2009. Juan Carlos Mestre recibe el Premio Nacional de Poesía, por La casa roja (Calambur, 2008)

Los Príncipes presiden la entrega de los Premios Nacionales de Cultura 2009

Elmundo.es

Los Príncipes de Asturias, Don Felipe de Borbón y Doña Letizia, han presidido este mediodía la entrega de los Premios Nacionales 2009 del Ministerio de Cultura en Palacio Euskalduna de Bilbao

La capital vizcaína, que ha tomado el testigo de la ciudad de Teruel, ha acogido por primera vez la entrega de los máximos galardones nacionales de la Cultura. El alcalde de Bilbao, Iñaki Azkuna, ha dado la bienvenida a los Príncipes "por su tercera visita en este año" y ha agradecido que el acto se celebre en su ciudad.

Don Felipe, vestido con un traje gris, y doña Letizia, ataviada con un traje pantalón oscuro y camisa blanca, fueron recibidos en el exterior del Palacio Euskalduna por el lehendakari, Patxi López, el alcalde de Bilbao, Iñaki Azkuna, la presidenta del Parlamento Vasco, Arantza Quiroga, la ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, la consejera de Cultura del Gobierno vasco, Blanca Urgell, y el delegado del Gobierno central en el País Vasco, Mikel Cabieces.

Posteriormente, han accedido al interior del Palacio Euskalduna, donde los Príncipes de Asturias han sido recibidos con el tradicional aurresku de honor.

Don Felipe de Borbón ha destacado que la sociedad española "necesita" a los galardonados porque su labor "nos enriquece como sociedad", a la vez que ha pedido a los ganadores de estos galardones que, "como exponentes de la cultura española que sois, perseveréis en vuestro camino porque nos enriquecéis como sociedad y os necesitamos". "Vuestro ejemplo ayuda a arrinconar las manifestaciones más degradantes que existen en la cultura contemporánea", ha añadido.

El Príncipe ha querido aprovechar que el acto se ha celebrado en la capital vizcaían para elogiar la "espléndida transformación" urbanística, económica y soocial de Bilbao, que ya le ha valido este año el prestigios premio Lee Kuan Yew World City, considerado como los Nobel de las ciudades. "Sin la aportación de la cultura, realmente no podríamos comprender su revitalización", ha recordado.

Los premiados han subido uno a uno al escenario del Euskalduna. Primero lo han hecho los de la Música, después los de Bellas Artes y en tercer lugar los de las Letras.

Entre los más aclamados han estado el cantautor Joan Manuel Serrat, la actriz Vicky Peña y Nacho Criado, premio de Artes Plásticas, que ha recibido el premio a título póstumo, pues falleció en abril.

El escritor Rafael Sánchez Ferlosio ha arrancado las carcajadas de la gala. "No podría elogiar a los que pertenecen a mi grupo porque realmente vivo muy apartado y no conozco a nadie. Aquí sólo conozco a Joan Manuel Serrat y a nadie más", ha dicho. Además, añadía: "Vengo demasiado premiado", y recordaba que ya tiene el Premio Cervantes, ahora éste y se preguntaba qué más le van a dar.

El modisto Manuel Pertegaz ha sido el único que ha recibido el premio de manos de la Princesa Doña Letizia, con la que se ha entretenido hablando y que hay que recordar que fue el que diseñó su vestido de boda.

Otro de los premiados, Gervasio Sánchez, que representaba a las Bellas Artes en cuento a las Artes Plásticas, ha recordado que "la guerra es el gran fracaso que tiene la humanidad" y ha puesto el punto emotivo del acto al recordar a sus compañeros periodistas caídos en misiones de guerra como José Couso, Julio Fuentes, Miguel Gil o Julio Anguita Parrado.

La ministra de Cultura, Ángeles González Sinde, ha hilvanado un discurso recordando los viajes "que se realizaban en Citroën y en Seat" en los veranos de los años 60 y 70, el que ha hecho referencia a todos los premiados y en el que ha destacado el papel de la cultura "como anticuerpo contra el catastrofismo interesado".

Patxi López ha reconocido el trabajo del escritor vizcaíno Kirmen Uribe, Premio Nacional de Narrativa, al que ha citado para decir que "la cultura sirve para establecer puentes entre las personas".

http://www.elmundo.es/elmundo/2010/07/20/paisvasco/1279623610.html