viernes, 15 de octubre de 2010

Millares, Premio Nacional de Poesía, en Público

Fallecido en 2009, el poeta canario recibe el galardón a título póstumo por una decidida propuesta radical y libre

Público, 6 octubre 2010, Peio H. Riaño

La libertad le llegó a nueve años de su muerte. Fue entonces cuando el poeta José María Millares (Las Palmas de Gran Canaria, 1921-2009) empezó a escribir sus cuadernos, con la mano libre de medidas y de embalajes. Y ya no interrumpió su actividad hasta un mes antes de morir, recuerda su hija Susana Millares, que celebra el reconocimiento a título póstumo que recibió ayer su padre: Premio Nacional de Poesía por el libro del que ni pudo ver las pruebas antes de entrar en imprenta. Cuadernos 2000-2009(editado por Calambur) fue considerado ayer por el jurado de una "extraordinaria modernidad", así como el conjunto de su obra, publicada desde los años cuarenta.

No es la primera vez que se concede un galardón de esta importancia a un autor fallecido. Antes, en el año 2006, el Premio Nacional de Narrativa fue para Alberto Méndez por Los girasoles ciegos. "El premio servirá para recuperar a un autor con una obra tan valiosa como desconocida", reconoció aPúblico el escritor y crítico Luis García Jambrina, que formó parte del jurado. Según cuenta el mismo Jambrina, no había favoritos para esta edición, pero poco a poco los miembros se decantaron por el poeta canario hermano del pintor Manolo Millares.

Jambrina destacó de su obra su "espíritu vanguardista y el compromiso", una alianza que sucede también en la obra plástica de su hermano. Su editor, Emilio Torné, compara su poesía con la pintura de Manolo en "la fuerza expresiva y textura". El mismo Torné que recuperó en 2008 la obra emblema de Millares, Liverpool, publicada en 1949 insistió en la libertad con la que trabajó en los citados cuadernos: "Alguien puede escribir así, sin referencias, sólo si lleva toda la vida escribiendo". Y destaca que quien se acerque por primera vez a su obra descubrirá con sorpresa libros muy vitalistas, en la que está todo, desde la gente y la naturaleza, al mar y el compromiso. "Con una libertad metafórica absoluta, poco redicho, y mucho más moderno que algunos autores de 40 años de hoy, que están acartonados a su lado. Es un libro y un autor sin banda, libre".

De hecho, en el prólogo de Cuadernos, el propio poeta escribe sobre sus intenciones creativas a esa edad: "Lo hice como quería, o como me daba la gana, sin pensar si lo que hacía era o no del gusto del lector. Y fue así como comencé a llevar a la práctica lo que ahora escribo [...] escritura anárquica que, a veces sin buscarlo, hace uso de lo esperpéntico, de lo onírico, del surrealismo, si bien mi poesía es básicamente existencial". Innovador, moderno y arriesgado, en ese momento empezó a desarrollar una escritura automática, que camina por zonas poéticas poco transitadas.

"Cuando más escribió fue cuando se jubiló", recuerda su hija, que vio a su padre trabajar duro toda su vida para mantener a una familia numerosa detrás de un escritorio, como administrativo de una gran empresa. Lo que le dio de comer le robó el tiempo de lo que le alimentaba. "Decía de sí mismo que era un chupatintas. Se refugió en la poesía". Se sentaba todos los días ante el ordenador, "sabía que le quedaba poco tiempo", y trabajaba incansablemente. "Cuando publicó Liverpool no se entendió nada. Fue un hombre muy avanzado para su tiempo, como toda su familia", cuenta.

El crítico canario Jorge Rodríguez Padrón apunta que incluso sus propios compañeros de generación le recriminaron haber escrito como escribió aquel Liverpool. Y desde entonces hasta el año 2000 estuvo haciendo poesía "que no quería hacer". Todos esos años retraído y muy poco dado a la publicidad, trabajando en silencio. "Con estos Cuadernos hizo un salto imprevisible y arriesgado: no es un colofón vital que resume la vida de alguien mayor, es un ejercicio de vitalidad juvenil asombrosa". Destaca de Millares su facilidad para los grandes aciertos en la imagen: "En él no aparece la abstracción de la pintura de su hermano, sus imágenes son reales y deformadas, como el expresionismo alemán de los años veinte".

http://www.publico.es/culturas/340052/millares-premio-nacional-de-poesia

Millares, Premio tras la muerte, en La Razón

Gana el Nacional de Poesía por Cuadernos (2000-2009)
Millares premio tras la muerte

5 Octubre 10 - Las Palmas - Antonio Puente

«Escribo para una generación que aún no ha nacido, y para otros, contemporáneos, que todavía tendrán que aprender a leer», declaraba con entrañable sorna ,ya cercano a su lecho de muerte, José Millares Sall (Vegueta, Las Palmas de Gran Canaria, 1921-2009), autor que ayer obtuvo el Premio Nacional de Poesía a título póstumo por «Cuaderno 2000-2009» dotado con 20.000 euros.

Anárquico e insobornable, dotado de una proverbial bonhomía insolente, representa una de las voces más singulares en el panorama de posguerra. Alejado tanto de la poesía social (como sí hiciera su hermano Agustín, junto a otros relevantes poetas canarios, caso de Pedro Lezcano) como de la vanguardista, pero con cierta denuncia cívica y un surrealismo onírico, sus versos se sitúan en una órbita desarraigada y existencial.

Animal sin ojos
El premio a esta obra póstuma debería servir para abrirle paso a sus grandes poemarios anteriores, como «Esa luz que nos quema» y, sobre todo, «Liverpool», uno de sus grandes referentes, como lo demuestran estos versos: «Esa sombra/que huye y el silencio/y más allá de su luz/ese animal sin ojos/que aún nos llama». Se trata de un desgarrador alegato urbano proyectado en el interior del autor aun con ciertas resonancias de «Poeta en Nueva York», de Lorca, y de «Hijos de la ira», de Dámaso Alonso, Millares se sirve con voz muy singular de elementos metafóricos del espacio exterior para enfrentarse al propio laberinto de la intimidad.
Hizo alarde de libertad hasta el último momento: «He escrito como quería y como me daba la gana». En palabras de su familia, la concesión de este galardón no es sino un «acto de justicia poética muy grande». Millares se encargó de seleccionar los poemas que conformarían «Cuaderno...» y llegó a ver antes de morir las pruebas del libro por el que ayer obtuvo el Nacional de Poesía.

Una familia de creadores
La llegada de José María Millares al mundo de la lírica no es casual. La creación corre por las venas de una familia que escribe, pinta y piensa: Agustín será uno de los nombres de la poesía canaria de denuncia más notables, mientras que el arte de Manuel traspasará las fronteras de la isla para instalarse como referente de la vanguardia española de los cincuenta.

José María Millares, Premio Nacional de Poesía, en El País

José María Millares, Nacional de Poesía
El autor canario recibe póstumamente el galardón por Cuadernos (2000-2009)
El País, 6 de octubre de 2010
Javier Rodríguez Marcos

A veces la justicia poética es tan lenta como la otra justicia. Pero, también como la otra, termina llegando. José María Millares Sall murió en septiembre del año pasado a los 88 años y ayer recibió el Premio Nacional de Poesía por el libro Cuadernos (2000-2009), editado por Calambur, el mismo sello que publicó el título ganador del año pasado, La casa roja, del leonés Juan Carlos Mestre.

No es la primera vez que el galardón del Ministerio de Cultura, dotado con 20.000 euros, se concede póstumanente. Sucedió ya con Vicente Gaos, Joan Vinyoli, Basilio Fernández López y José Ángel Valente, que en vida también lo había recibido.

Nacido en Las Palmas de Gran Canaria en 1921, Millares Sall desarrolló en los últimos años de su vida una actividad frenética que volcó en cientos de cuadernos a los que llamaba Celdas. De allí salieron los poemas recogidos en el libro premiado, cuya publicación coincide con la aparición de más inéditos, los recogidos en Esa luz que nos quema (Barataria).

Anarquía, esperpento, onirismo y surrealismo son algunas de las palabras que el propio Millares utilizó para definir su poesía, aunque, según él mismo, la más precisa era existencial.

Millares se estrenó editorialmente en 1949 con Liverpool, un libro publicado en la colección de la revista Planas de poesía, fundada por él mismo en colaboración con sus hermanos Manuel, el célebre pintor informalista, y Agustín, también poeta. En sus 18 números y antes de ser cerrada por "decisión gubernativa", la revista promovió un diálogo con las artes a través de la colaboración de autores como Juan E. Cirlot o Rafael Santos Torroella y llegó a publicar el poema "Crucifixión", de Federico García Lorca, cuando era inédito.

Lorca y Aleixandre eran dos referentes básicos para los Millares, que también se acercaron, si bien de manera muy personal, a la corriente dominante de la época: la poesía social. Agustín fue, de hecho, incluido en la histórica antología preparada por Leopoldo de Luis.

"Un poeta, amigos míos, es un hombre como vosotros / Y como vosotros sueña en un mundo igual, / Tierno como una legumbre en nuestras bocas", decían unos versos de aquel libro inaugural, Liverpool, que trató de levar la crítica política con unas gotas de irracionalismo.

Después de pasar largas temporadas, duraban años, entre Madrid y Las Palmas, Millares volvió definitivamente a su ciudad en los años ochenta. Desde entonces no paró de escribir. ¿Cómo? "Como quería, o como me daba la gana, sin pensar si lo que hacía era o no del gusto del lector", dijo. Y también: "A veces pienso que escribo para una generación que aún no ha nacido, y para otros que todavía tendrán que aprender a leer poesía". Un año después de su muerte, los lectores parecen haber llegado al futuro.

Presentación de La orilla de las mujeres fértiles, de Marifé Santiago Bolaños, en Segovia

jueves, 14 de octubre de 2010

Reseña de Entre dos memorias, de Carlos de Oliveira

Koult. es

Por José Ángel García Caballero

Es grato comprobar como la literatura portuguesa se va adentrando en las estanterías de las librerías españolas con esa naturalidad que puede hallar su lógica en la cercanía, no sólo territorial, sino histórica (dictaduras coetáneas, entrada en la Unión Europea, etc.). Esta naturalidad, en poesía, se confirma con la llegada en los últimos años de traducciones de nombres distintos a los grandes conocidos, fundamentalmente Pessoa y Eugenio de Andrade. De este modo podemos leer en castellano obras tan importantes como las de Sophia de Mello, Antonio Ramos Rosa, Helberto Helder, João Miguel Fernandes Jorge, Jorge de Sena y Carlos de Oliveira, entre otros.

De este último es de quien me ocupo en esta reseña, al hablar de su libro Entre dos memorias (1971) publicado por Calambur (2009), en traducción de Ángel Campos Pámpano.

De Carlos de Oliveira (Belém do Pará, Brasil,1921- Lisboa,1981), ya podíamos leer en castellano su libro Micropaisaje (Pre-textos, 1987), en versión también de Ángel Campos. Ahora nos acercamos a uno de sus libros más importantes, que recibió el Prémio de Imprensa en 1972. Entre dos memorias transitará temas comunes en poesía como la memoria, el paso del tiempo, los juegos de espejos y de máscaras, desde una óptica que irá siempre de la mano de la perspectiva histórica, en este sentido hay cercanías con la llamada “poesía social” española del momento, pues ambos contextos históricos sufrían el constreñimiento de las dictaduras políticas. Aunque su tono encuentra diferencias en la condensación del verso y del poema, en el uso de ciertas imágenes irracionales, si bien los críticos lo incluyen en el “neorrealismo” portugués de la época. Una escritura realista, las etiquetas nunca hacen justicia, muy matizada, pues como decía de él Ángel Campos: el trabajo creativo de Carlos de Oliveira, sin olvidar nunca el carácter social e histórico de la escritura, procura siempre modular con rigor las palabras, depurando al máximo la materia verbal, condensando espléndidamente el verso o el párrafo.

Entre dos memorias es un libro divido en tres partes: Cristal en Soria, donde habla de la Soria de Machado y de los acontecimientos de Guernica. En este apartado se hace muy palpable la preocupación social y la necesidad de convivir con la historia: ¿cómo dormir/ con estas agujas blancas/ en la memoria? En tonalidad parecida se acerca a los acontecimientos de Guernica a través de Picasso: las paredes áridas se derrumban/ pero su dibujo/ sobrevive en el aire; lo sostiene/ la tercera mujer; la última; con los brazos/ erguidos; con el sudor de la estrella/ tatuada en la frente.

Sub specie mortis es el título de la segunda parte del libro. En ella continúa su indagación, meditando sobre las posibilidades de la memoria como forma de equilibrio. Es un apartado contemplativo y con ciertos toques existencialistas, pero de una belleza sobrecogedora: y a cada impulso en el aire,/ el peso reconduce a los cuerpos/ al inicio del vuelo:/ los vuelos son regresos. Aquí encontramos el poema que presta el título al poemario donde constata que ninguna sombra nos prolonga/ por este suelo de vidrio;/ y el aire boreal se nos refleja en los ojos,/ tan limpios, que los extingue.

Acaba el libro con Tiempo variable, donde a través de tres largos poemas sigue buceando en la fragilidad de la existencia (quizá/ puedan llegar a la madrugada;/ pero no pueden/ refugiarse en otra noche,/ al final del túnel diurno), acercándose a esa inconsistencia de la realidad y la máscara, que el llamará fotomontaje, como sugieren los últimos versos del poemario: la luz deja de ser la misma:/ a sí misma se devora,/ amarillea el retrato poco a poco;/ mientras el magnesio/ entra en su crepúsculo;/ y la imagen,/ expuesta a un ácido excesivo,/ comienza a descomponerse.

Un libro, en conclusión, muy meditado, de verso diáfano, que crece en la relectura, ampliando matices, despertando nuevos sentidos. Con una gran traducción de Ángel Campos Pámpano (la última que nos dejó), es un libro que merece su lectura y su consideración como uno de los libros importantes de la segunda mitad del siglo pasado.

miércoles, 13 de octubre de 2010

El prodigioso clan Millares, en El Mundo

El Mundo, 5 de octubre de 2010

Por Luis Alemany

"Como la película de los Panero pero en Gran Canaria". Era una manera de definir, allá por 2006, el documental 'Cuadernos de contabilidad de Manolo Millares', un retrato de la familia del pintor canario dirigida por su sobrino Juan y narrada por su hija, Eva. En la pantalla, los hermanos y la viuda del pintor intercambiaban ternuras y algún arañazo. Y entre ellos, José María Millares Sall, que esta mañana ha ganado, a título póstumo, el Premio Nacional de Poesía por sus 'Cuadernos 2000-2009', los poemas que escribió durante los últimos años de su vida.

Quizá no fuera para tanto como para hablar de 'El desencanto'. "Mis tíos han sido todos personas encantadoras. Se querían y se peleaban, pero era el tipo de peleas que tienen todos los hermanos del mundo", explicaba esta mañana Juan Millares a EL MUNDO.es. "José María, en particular, fue un hombre muy entrañable, con una simpatía arrolladora, muy divertido y muy sensible...". También fue un poeta no del todo conocido por los lectores de la Península.

"Era un excelente poeta, muy apasionado", continúa Juan Millares. "Trabajó en Transmediterránea, vivió una época en la Península, tuvo sus negocios... Pero su pasión era la poesía. Si no es muy conocido es por lo de siempre, porque Canarias está a 2.000 kilómetros de Madrid y cuesta mucho conseguir que alguien repare en ti. José María pagó la distancia".

La película de Juan Millares retrataba la historia de la familia: un clan que, ya a principios del siglo XX, concentraba a su alrededor gran parte de la vida intelectual de Las Palmas de Gran Canaria. Unamuno, por ejemplo, los frecuentó durante su exilio canario.

Sin embargo, en los años 40, los Millares entraron en un bache. El padre de Manuel y José María, un hombre dulce e inteligente pero con un carácter frágil, fue depurado por el franquismo. Apenas era capaz de mantener a la familia. Los niños se consolaban en la playa de Las Canteras, donde jugaban con Martín Chirino y con Eugenio Padorno. Juagaban, escribían, soñaban...

Había líneas de tensión, claro. "El problema fue entre mi tío Agustín y Manolo", recuerda Juan Millares. "Agustín estaba en el PCE y censuraba el arte abstracto. Y por eso chocó con Manolo". Esas cosas que pasan en las familias.

http://www.elmundo.es/elmundo/2010/10/05/cultura/1286278952.html

José María Millares Sall, Premio Nacional de Poesía por la obra Cuadernos (2000-2009), en El Cultural

La obra premiada del poeta y artista canario se publicó después de su fallecimiento, en septiembre de 2009

El poeta canario José María Millares Sall, fallecido en 2009, ha sido galardonado este martes con el Premio Nacional de Literatura en la modalidad de Poesía por la obra Cuadernos (2000-2009). El premio lo concede el Ministerio de Cultura para distinguir una obra de autor español escrita en cualquiera de las lenguas oficiales del Estado y editada en España durante 2009. Está dotado con 20.000 euros.

Premiar a un escritor fallecido no ha suscitado "ningún problema" entre los miembros del jurado, porque lo que se tiene en cuenta es que la obra galardonada haya sido publicada a lo largo de 2009, y Cuadernos... lo fue por Calambur. Además hay un precedente reciente: En 2006, el escritor Alberto Méndez, fallecido en diciembre de 2005, ganó el Premio Nacional de Narrativa por Los girasoles ciegos, un libro de relatos sobre la Guerra Civil, que publicó sólo unos meses antes de su muerte.

El jurado ha tenido en cuenta "la extraordinaria modernidad" de la poesía de Millares, que comenzó a publicar en los años 40, y "que hoy mantiene absolutamente su vigor y su primacía como poesía innovadora". Millares publicó algunos poemas que podrían considerarse "avecindados en el social-realismo, pero no dejó de incorporar fórmulas que provienen del surrealismo y de otras técnicas poéticas muy distintas" a esa corriente social, añadieron fuentes del Jurado.

José María Millares Sall (Vegueta, Las Palmas de Gran Canaria, 1921-2009) publicó en 1946 sus primeros poemarios.
En 1948 fundó con sus hermanos Manolo, pintor, y Agustín, poeta, la colección Planas de poesía cuya primera entrega será Liverpool, un poemario que destaca por su modernidad y que Calambur reeditó a finales de 2008. En años sucesivos se dedicó a la preparación de libros artesanales, que firmaba en ocasiones con el seudónimo Juan Martín el Empecinado y colaboró con su poemario Aire y humo en otro proyecto literario familiar, la revista Millares.

En su menos conocida vertiente musical
Millares Sall compuso letra y música de canciones como Campanas de Vegueta o De belingo y expuso su obra plástica en Las Palmas, Tenerife y Madrid. Refundó Planas de poesía y publicó Ritmos alucinantes. A partir deHago mía la luz (1977) sus publicaciones se desencadenan y es reconocido con el Premio Canarias de Literatura. Cuadernos (2004-2009) y Esa luz que nos quema fueron sus últimas obras, publicadas después de su fallecimiento en septiembre del 2009.

El Jurado Premio Nacional de Literatura en la modalidad de Poesía ha estado formado por Luis María Ansón, por la Real Academia Española; Euloxio Rodríguez Ruibal, por la Real Academia Gallega; Lourdes Otaegi, por la Real Academia de la Lengua Vasca; Alexandre Broch i Huesa, por el Instituto de Estudios Catalanes; Francisco Díaz de Castro, por la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE); Andrés Sorel, por la Asociación Colegial de Escritores (ACE); Luis García Jambrina, por la Asociación Española de Críticos Literarios; Carlos González Reigosa, por la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE); Ana Gorría, por la Ministra de Cultura; y Juan Carlos Mestre y Joan Margarit i Consarnau, autores galardonados en las dos últimas ediciones. Ha actuado como presidente el director general del Libro, Archivos y Bibliotecas, Rogelio Blanco y como vicepresidenta, la subdirectora general de Promoción del Libro, la Lectura y las Letras Españolas, Mónica Fernández.

Es
hora de recoger
y llenar la maleta de pájaros
y palabras y de cosas pequeñas y olvidadas
que si mañana viene la noche
hasta la madrugada
estaremos
igual que ahora
dibujándolas.

Debajo
de la piedra hay un reloj
y agujas que caminan y el rodar del agua bajo tierra
y encima de esa nube el tiempo
y tras del pájaro que vuela
otra piedra lanzada tras el reloj que escapa
y tras de todos esa sombra
que huye y el silencio y más allá de su luz
ese animal sin ojos
que aún
nos llama.

De
Cuadernos (2000-2009) (Calambur, 2009)

http://www.elcultural.es/noticias/LETRAS/923/Jose_Maria_Millares_Sall_Premio_Nacional_de_Poesia_por_la_obra_Cuadernos_(2000-2009)

Jesús Hilario Tundidor recita poemas en RNE (La estación azul)

La estación azul, Radio Nacional de España, 2 de octubre de 2010

A partir del minuto 30:35, Jesús Hilario Tundidor recita sus poemas y el periodista y poeta Javier Lostalé hace un comentario sobre la obra del autor zamorano.

Jesús Hilario Tundidor (La Estación Azul)



Jesús Hilario Tundidor durante la presentación de su libro
Un único día en el Círculo de Bellas Artes, el 6 de octubre

lunes, 11 de octubre de 2010

Reseñas de Tormenta ransparente, de Javier Lostalé, en la revista Mercurio y en El Cultural

Revista Mercurio, n.º 124, octubre de 2010

Amor constante más allá del amor

Por Juan Cobos Wilkins

Hace ocho años compiló Javier Lostalé (Madrid, 1942) su poesía en el volumen La rosa inclinada, sus páginas agrupaban cinco libros: Jimmy, Jimmy, Figura en el Paseo Marítimo, La rosa inclinada –premio Juan de Baños–, Hondo es el resplandor y La estación azul –premio Francisco de Quevedo–. La poesía reunida de este activista cultural (sus palabras y su voz son memoria de El Ojo Crítico y La Estación Azul, espacio codirigido con el poeta Ignacio Elguero) que ha visto reconocida su labor con premios como el Ondas y el de Nacional al Fomento de la Lectura, permitía acercarse a la evolución y metamorfosis de su creación poética y, al tiempo, comprobar la fidelidad a los pilares sostenedores de su mundo literario, tan enraizado de vida como alado de sueños. Una de esas columnas clásicas es la que sostiene el altar en el que oficia el mayor de los misterios: el Amor.

Y amor es el vórtice de esta Tormenta transparente que acaba de editarse. La condensación y evaporación del amor. Para volver a concentrarse y de nuevo desvanecerse. Pero sin desaparecer jamás. Como la energía, el amor, no se crea: es y está. No se destruye (léase a Vicente Aleixandre). Sólo se transforma. Sólido, líquido, gaseoso. Y vuelta a empezar. Javier Lostalé despliega un hermetismo equilibrado por la sensualidad y, con ello, a la par, una luminosa carnalidad que hace brillar el silencio voluntario que el poeta se impone. Escritura reflexiva de íntima desnudez. Es un libro palimpsesto, no solo conserva huellas, sino que, atesoradas con exquisito cuidado, las funde con los signos actuales para crear una evocación viva pero no atormentada, no oscura, sí perspicua. Téngase en cuenta además que, lúcido, ansía totalidad no sólo entre los amantes sino también con ese ámbito exterior, incluso extraño, ajeno, que queda al margen cuando amamos.

Aun sin nombre, sin figura, el amor no es aquí abstracción. Aunque sí soledad. Los poemas, atravesados por imágenes de abandono, de ausencia, se marcan y tatúan con palabras como éstas: “vacío, sin cuerpo, despedida, olvido.” Mas todo se transfigura, Lostalé hilvana dolor y sutileza, y en el verbo se encarna, desde el largo adiós, la biografía. Libro de términos contrarios, antitéticos, y que el poeta pone en relación, los fricciona, tanto para obtener el destello, el relámpago de su propia tormenta, como para buscar un equilibrio compensatorio. Ejemplo es el interrogativo poema Seno, construido con contraposiciones. Desde el mismo título del volumen se insinúa ya lo que la lectura confirma: fructífera frotación de palabras, metáforas, imágenes. Latidos del corazón en el pensamiento. ¿O es al contrario?

El deslumbramiento del amor/desamor es alumbramiento. Y el poeta lo escribe: “ciego sin sombras soy de ti”. Inevitable fugacidad, dolorosa invisibilidad: “Abrázame como si ya no estuvieses”. Distancia: “En el hueco que separa dos miradas / crepitan las ramas mojadas del deseo”. Deseo, y compromiso de la memoria, riesgo de olvido. Asunción, por tanto, del destino: “Sin moverte respiras entonces / el misterio primero / de aquel desnudo innombrable / en el que comprometiste tu vida”. Finalmente, la clave: el amor como destino. Fatum.

En el Diario del escritor francés Jules Renard el 2 de julio de 1890 se lee: “He construido castillos en el aire tan hermosos que me conformo con las ruinas.” Javier Lostalé no esconde la llave de la fortaleza, la deja al descubierto, a la entrada. Eso sí, cuidado, primero hay que cruzar un puente levadizo.

http://www.revistamercurio.es/index.php/revistas/544-37ensayo-y-poesia

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El Cultural (El Mundo), 8 de octubre de 2010

Por Túa Blesa

Con el título de La rosa inclinada Javier Lostalé (Madrid, 1942) reunió sus libros ya publicados, a los que se añadía La estación azul, del que se conocían algunos textos, y como colofóntres poemas inéditos. Tormenta transparente es el desarrollo de éstos, que los incorpora, y que a su vez se integra orgánicamente en un conjunto poético cuyo centro temático es el amor, la celebración del amor, aun cuando el asunto sea su pérdida, como es tópico desde Petrarca. Un amor que es concebido como razón de vida; así, amor o vida y, por tanto, si se canta el amor, se canta la vida. El amor se piensa como una fuerza tan poderosa que precede a su encuentro -“Antes de que existieras / todo ya me esperaba en ti”-, que, encontrado, transforma eternamente -“Quien oye el filo líquido de su verdad / vive para siempre en los labios del temblor”-, un amor que incluso otorga el conocimiento de uno mismo -“En abisal silencio respira / el texto quemado de tu advenimiento / y allí me leo en palimpsesto vacío”-. Sí, amor o vida, y la escritura no sería sino hacer presente, dar cuerpo a lo que no es más que ausencia. Continuando esa lógica, amor y poesía acaban por confundirse.

Javier Lostalé -a quien se deben los programas radiofónicos “El ojo crítico” y “La estación azul”, inolvidables- ha ido creando una obra poética que, desoyendo los preceptos de los modos más difundidos en estas últimas décadas, se lee hoy con todo placer e interés. Se trata de una escritura en la que la emoción está siempre presente, de un modo algo paradójico por cierto, porque esa presencia está en este libro y en muchos otros casos en función de un recuerdo, de un anhelo, por tanto, de lo que falta. Esta emoción reclama ser leída.

http://www.elcultural.es/version_papel/LETRAS/27955/Tormenta_transparente

Comentario en ABC sobre el Premio Nacional a José María Millares Sall

ABC, 11 de octubre de 2010

La vigilia de un poeta

Por Andrés Sánchez Robaina

La concesión del premio Nacional de Poesía a José María Millares Sall es una noticia que debe alegrar ante todo a los lectores de poesía y a quienes siguen con interés el desarrollo de la lírica contemporánea. Es una noticia que, por cierto, debería hacer meditar un poco a quienes creen que escribir en Canarias, o desde Canarias, es sufrir la condena del olvido por parte de la «metrópoli», a la que algunos acusan de practicar una severa e injusta preterición de la realidad literaria insular. Este premio, si algo demuestra, es que un poeta que hace su trabajo con una clara conciencia del alcance de su aventura, y de los riesgos y problemas que esa aventura comporta, acaba por encontrar lectores atentos. José María Millares no practicó nunca, en este sentido, ningún victimismo. Además de su obra —una obra amplia, diversa, puesta al día en un complejo arco de gustos e intereses creadores—, ha sido esta una actitud intelectual y moral que debemos agradecerle, y que es sin duda un ejemplo para las nuevas generaciones surgidas en las Islas.

Desde los tiempos de Liverpool y de Ronda de luces(dos libros casi antitéticos), publicados en los duros días de la posguerra, hasta sus publicaciones más recientes, José María Millares supo ser fiel a sí mismo sin dejar de concebir la escritura poética como un ámbito de indagación y de búsqueda. De ahí los distintos «lenguajes», a veces aparentemente inconciliables o contradictorios, que cabe advertir en su producción poética a partir de los años setenta. Regresaba él entonces a la poesía después de un largo silencio público. Lo hizo con coraje, en medio de la incomprensión y el silencio de muchos, como suele ocurrirles a quienes se entregan a la escritura poética, definida por la dificultad de su empresa y por su público minoritario. Me hace feliz, por ello, ver que la obra de José María Millares obtiene un reconocimiento que no por tardío es menos justo y satisfactorio.

Me tocó trabajar muy cerca de José María Millares en los tiempos en que se reimprimió la serie Planas de Poesía, cuya edición facsimilar estuvo a mi cuidado. Supe entonces de su bondad y de su generosidad. Me solía enviar copia de algunos de sus manuscritos. Recuerdo ahora, entre otros títulos, un cuaderno de haikus remitido en la Navidad de 2002, o el original de Rostros (Escritura gestual), que recibí en fechas cercanas. Él y mi padre habían sido amigos en su juventud, y ambos recordaban con nostalgia aquellos años cuarenta más bien poco memorables.
José María Millares escribió toda su obra en una vigilia creadora que merece el mejor reconocimiento y nuestra honda gratitud como lectores. José María Millares o la vigilia. José María Millares o la fe irrenunciable en la palabra poética.

http://www.abc.es/20101011/cultura/vigilia-poeta-20101011.html

viernes, 8 de octubre de 2010

Comentarios sobre José María Millares y Antonio Hernández en RNE

Ignacio Elguero comenta la noticia del Premio Nacional para José María Millares y la publicación de la poesía completa de Antonio Hernández. Se puede escuchar la grabación del propio José María Millares leyendo un poema.


A partir del minuto 16:40 y del 23:25.


En Días Como Hoy: 06/10/10 VI

Reseñas de Tormenta transparente, de Javier Lostalé

Blog La tormenta en un vaso

Por Ariadna G. García

Javier Lostalé (Madrid, 1942) es un poeta, escribía Roberto Loya en 1998, “secreto” y “exquisito”, cuya obra se encuadra dentro del movimiento novísimo; si bien este rótulo, aunque pedagógico, encorseta demasiado una obra original, honda y delicada como pocas lo han sido en los últimos 35 años. Hagamos un poco de historia.

En 1970 José María Castellet (que veinte años antes había defendido los postulados de la poesía realista en el libro Veinte años de poesía española) publicó la polémica antología Nueve novísimos poetas españoles, que incluyó a Manuel Vázquez Montalbán (1939), Antonio Martínez Sarrión (1939), José María Álvarez (1942), Félix de Azúa (1944), Pere Gimferrer (1945), Vicente Molina Foix (1946), Guillermo Carnero (1947), Ana Moix (1947) y Leopoldo María Panero (1948). La obra nació con los claros propósitos de desafiar las propuestas estéticas vigentes (el realismo y la poesía social) y probar la existencia de un grupo de poetas capaces de liderar una auténtica revolución en el género. Este carácter subversivo se aprecia en dos de los criterios del grupo: uno, temático, intenta liberar a la poesía del compromiso político de la promoción previa; el otro, estético, centra la labor del poeta en el lenguaje. Sus reivindicaciones literarias fueron: decadentismo, esteticismo, malditismo, simbolismo, lujoso léxico modernista, introducción de elementos exóticos (ciudades extranjeras, mitos clásicos), exhibicionismo cultural, reflexiones en torno a la propia actividad creadora, imágenes surrealistas y experimentales deudoras de las vanguardias de los años 20, barroquismo expresivo e influencia de los mass media. Los novísimos hicieron frente común a toda la poesía de posguerra en un intento por lograr que el poema se convirtiese en un objeto de arte caracterizado por su autonomía y belleza, y no en un instrumento de difusión al servicio de una determinada ideología.

La fortuna editorial de la antología de Castellet (que él mismo presentaba como un inventario provisional) redujo la nómina a unos pocos nombres (fue acusada en su momento de parcial y de mero producto de marketing), que se fue ampliando en otras antologías posteriores editadas a lo largo de los 70 con autores coetáneos a los novísimos que, como éstos (aunque no aparecieran en la selección de Castellet), también se emplearon en renovar la estética vigente. Estas otras antologías son: Nueva poesía española (1970, preparada por Martín Pardo), que seleccionó –entre otros– a Antonio Colinas, Jaime Siles y Antonio Carvajal; y Espejo del amor y de la muerte (1971, compilada por Antonio Prieto y precedida de un prólogo de Vicente Aleixandre), que incluyó a Jenaro Talens, Luis Antonio de Villena, Luis Alberto de Cuenca y al intenso y emocionante Javier Lostalé.

La andadura poética de Lostalé —en solitario— comenzó un años más tarde con la publicación del libro Jimmy, Jimmy (1976. Reeditado en el 2000), al que siguieron Figura en el paseo marítimo (1981), La rosa inclinada (1995), Hondo es el resplandor (1998), La estación azul (2004) y Tormenta transparente (2010). El conjunto de su creación, a excepción de este último título, aparece recogido en el volumen La rosa inclinada (Poesía 1976-2001) (2002).

Sin embargo, pese a la inteligente decisión de Prieto de incluir a Javier Lostalé en su antología, y pese a la belleza, sensibilidad y elegancia de sus seis poemarios, su obra no ha recibido el reconocimiento que por méritos propios se merece para estar entre las grandes composiciones españolas de los últimos tiempos. Las claves de esta falta de “justicia poética” pueden ser algunas de las siguientes: Javier Lostalé tenía 29 años en 1971 y era un autor inédito, su “ópera prima” vio la luz en el 76, fecha en que cumplió los 34 años; por aquel entonces, sus compañeros de promoción ya tenían en los escaparates de las librerías algún que otro trabajo sorprendente (Víspera de la destrucción, Ritual para un artificio, J. Talens; Preludios a una noche total, Truenos y flautas en un templo, A. Colinas). Por otro lado, en la década de los 80 se puso de moda la llamada “poesía de la experiencia”, a la que muchos acabaron por rendir tributo, pero no Lostalé. Su obra caminó por senderos al margen, en la periferia, sin hacer ruido. Esta fidelidad a sus principios lo convirtió en un autor rebelde, en una rosa al viento, aunque nada más lejos de su ánimo que defender la plaza de la insurrección, porque Javier Lostalé es un autor discreto y un periodista generoso volcado en cuerpo y alma a un solo fin: la difusión de la buena poesía. Y es este terreno, precisamente, de donde le han venido la admiración y el halago; recibiendo en 1995 el Premio Nacional de Fomento de la Lectura a través de los medios de comunicación, y en 2002 —junto a Ignacio Elguero, por "La estación azul"— los premios Ondas e Internacional Audiovisual Antonio Machado.

Su último libro de poemas, Tormenta transparente, aborda, como el resto de sus poemarios, el tema del amor. No obstante, su tono es más sombrío, y el ritmo es más espeso, como si las palabras caminasen por encima de la nieve. Un poema de la quinta y última sección del libro, titulado “Cicatriz”, recoge todas las pistas que Javier Lostalé va dejando a sus lectores para que lleguen al fondo de la obra. Allí la voz que enuncia nos confiesa un crimen: alguien, por debilidad, por falta de energía para amar en contra de las expectativas ajenas, ahoga la esperanza de un mundo compartido con su amante. «Y así –leemos– tiempo y espacio /apenas sí son ondas/ de un mismo pozo,/ soledad en círculos/ donde lo que respira/ emite fría luz de piedra». Muerta la esperanza, el espacio-tiempo carece de significado, se vuelve monótono y vacío, hasta el punto de que los sentidos de narrador dejan de percibir la realidad, aislándolo. Esta reclusión adquiere distintas formas según avanza el libro (“cielo sellado”, “estancia/que se va quedando sin aire”, “isla transparente”, “pozo”), pero sus efectos son invariables: la ceguera, la sordera, la parálisis. Quien nos habla y se habla vive encerrado en sí, alejado de todo, menos de la resignación y de la pérdida. No existe el tú ni el yo. La pareja no tiene biografía, carece de historia y de perspectiva de futuro. Así, leemos: «El mismo horizonte tendrá mañana sin ti,/ soledad tan distinta para el mismo ayer» (de No llega). Por esta razón, no vemos a las personas que habitan estas páginas, aunque sí tenemos una idea de lo que simbolizan. Lostalé no colorea a sus personajes, tampoco los dibuja; se limita a nombrar el rol que representan. Esta desmaterialización de las figuras viene reforzada por el uso de sustantivos abstractos. El sujeto que enuncia es “voz de espejismo desierto”, “pausa triste en tu olvido” y quien recibe el dolor esposado a las palabras de éste es “pura ausencia”, “fe sin Dios”. La irrealidad de la existencia de ambos llena el libro de alusiones a imágenes, fantasmas, sueños cuya piel se ha podido acariciar, pero no retener, porque no es perdurable. Y pese todo, el amor es perenne en quien nos habla: «Estoy, pasados los años,/ en el mismo día de tu anuncio» (de Destino).

Javier Lostalé confirma en su bella y dolorida Tormenta transparente lo que muchos sabemos: que es un poeta imprescindible. Su horas de escritura se parecen a las de un artesano: modela lentamente, hundiendo sus manos en el corazón del barro. Trabaja hasta mancharse con la vida. Pero son sus poemas sutiles, refinados y profundos lo mismo que vasijas de cerámica.

Su obra, estoy segura, pervivirá en el tiempo. “No hay olvido posible” para tan alta poesía.


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El Día de Córdoba, 6 de octubre de 2010

Por Joaquín Pérez Azaústre

TORMENTA transparente, el vuelo sostenido de una ausencia. Esta tarde Javier Lostalé presenta en Córdoba su más reciente libro de poemas, titulado precisamente así, Tormenta transparente, dentro del ciclo Letras Capitales. Hablamos de un poeta de fina destilación, de un conocimiento no sólo de las artes del poema, sino de su materia esencial, de ese advenimiento emocional que es el origen mismo de la necesidad de escribir. Así, Tormenta transparente es un libro de amor: pero un amor singular, un amor que se genera a sí mismo dentro de los poemas, que es nacimiento y también fin en sí mismo, que golpea el interior, las paredes propias del poema, y también del poeta, con su pecho de pronto convertido en toda una espiral de resonancias que desde el silencio cobran forma, que desde el terrizo crean el cuerpo, la materialidad de la nada.

Tormenta transparente es un libro sobre la ausencia total del amor: no sólo del sentimiento, de su recepción y compañía, sino también del sujeto, porque todo es acción generadora. Así, es el propio lenguaje quien se inyecta a sí mismo, las palabras son cuerpo, piel, tejido primigenio del amor. Muchos versos ahondan en la idea: "Cohabito con el espacio alumbrado de tu despedida", "En la corteza de la luz tu palabra me habla", "Se abre entonces en todas las cosas el tacto de tu voz". La ausencia, al llegar, se relaciona también con el espacio, que es el escenario de un vacío. Sigue la misma estancia, los objetos, y hasta la forma misma en unas sábanas. Sigue toda la vida, sigue el curso corriente de las horas, y sin embargo ahora todo está poblado por la ausencia, conquistado de pronto por un sordo esplendor. Lo explica Lostalé en el poema Tus manos: "Donde anida en silencio el resplandor último del tacto". Porque somos también el eco más sutil de unos dedos tendidos, "concíbeme en tu profundo latido sin aire". Somos ese latido que aún recuerda el instante anterior a ese hueco, la distancia menuda entre dos cuerpos y su conquista minuciosa y blanda. "Abrázame como si ya no estuvieses / para que tu presencia sea umbral del mundo". Así, es la propia ausencia la que inaugura el mundo, porque sólo tenemos esa ausencia, que también es corporeidad.

"Como una tormenta respiras dentro de mí (…). Donde no estás sin memoria aún me concibes". El sujeto amado no sólo se concibe a sí mismo en el lenguaje, en esa plenitud fértil de la imagen, sino que también concibe al propio escritor, que invoca en el silencio una claridad, la presencia invisible de la perduración. Javier Lostalé, tan generoso siempre con la poesía de otros, estará acompañado por el Hotel para erizos de Guadalupe Grande. Será presentado por Pablo García Baena, en la complicidad del magisterio fecundo y sensorial.

Reseña de Bajo la piel, los días, de Eduardo Moga

Por Vicente Luis Mora

Durante la lectura de este inclasificable libro asoma la patética (en el sentido de persecución de pathos y, puntualmente, en el otro sentido) sensación de que el autor se halla en un cul de sac existencial ante el que la escritura no sólo no es salvación, sino parte del problema. La cuestión es saber hasta qué punto esa sensación responde o no a un propósito planificado de Eduardo Moga. Tras haber abandonado la escritura en verso, después de constatar que ni la propia ni la ajena le da ya satisfacción, el autor se refugia en la poesía en prosa con la terrible sensación de no tener nada que decir (que no es lo mismo, como bien apuntaba Octavio Paz en El arco y la lira hablando de Mallarmé que decir la nada). Su angustia se traslada al lector en las primeras páginas, atascadas deliberadamente en la incapacidad de hablar, en las dificultades de encontrar una escritura válida, sobre la que además se incorporan incluso las dudas de las correcciones sucesivas posteriores, incluidas entre paréntesis. El texto se conforma como un patchwork estratigráfico, con capas de imágenes superpuestas, donde el periplo del acto escriturario se retroalimenta, girando sobre sí mismo, creando una extenuación deliberada, un laberinto sin salida que traslada textualmente el mismo laberinto vital en el que parece encontrarse el autor. Hablamos con esta libertad de los propósitos del autor porque no hay distanciamiento alguno, no hay autoficción; es significativa al respecto la crítica a Gil de Biedma en cierto momento del libro. Moga habla sin complejos de sí incluso en momentos que sólo John Updike y algunos realistas sucios habían inoculado en la literatura: así, se incluye un autorretrato del escritor defecando con pelos y señales, por ejemplo. Lo presuntamente antipoético y lo elevado, la meditación escatológica y el fino apunte intelectual se presentan juntos e indistintos, como en la propia existencia (deducimos), donde uno puede estar leyendo a Virgilio en la taza. El resultado de todo este proceso de desacralización poética es sugerente; si bien en ciertos momentos hay caídas, como es lógico, en otros el brutal triturado de lo cotidiano a la vista de la imaginación poética nos deja páginas, detalles, reflexiones y momentos memorables. Moga siempre me ha parecido uno de esos ocultos buenos poetas que abundan en España y que están opacados por otros más conocidos y de muchos menos méritos. Ojalá este libro ayude a darle a su autor el singular y creo que exótico sitio que merece en los gustos de los lectores.

jueves, 7 de octubre de 2010

Los Millares, por Juan Cruz, en El País

Los Millares, por Juan Cruz

Elpais.com, 6 de octubre de 2010

Le han dado a José María Millares Sall, el autor de Liverpool, poeta canario recientemente fallecido, el premio Nacional de Poesía a título póstumo. Ha habido aquí crónica de Javier Rodríguez Marcos, que donde pone la información pone la poesía, y una apreciación muy honda, y ciertamente melancólica, de Diego Talavera sobre la significación que Millares tiene en la poesía hecha desde Canarias. Elsa López también ha escrito un artículo sobre las características de la poesía de Millares Sall, que fue el último premio Canarias de Literatura de hace más de año y medio. Este nuevo premio, que él ya no podrá disfrutar, ha llenado de íntimo regocijo a los que hemos creído que esa poesía de Millares representa el desafío de la modernidad en la literatura canaria de antes y de después de la guerra. Pero no era del premiado exclusivamente de quien quería hablar hoy. Quería referirme a esa familia insólita que dio, entre otros, al propio José María, a Agustín y a Manuel Millares, entre otros hermanos, hijos o nietos de esa saga que representa en las islas la pasión por crear y por juntarse con otros para crear. José María es la poesía de vanguardia, la búsqueda de una metáfora que sea esencia del viaje extraño que es vivir. Agustín es el compromiso, la poesía con todos. Y Manolo Millares queda en la pintura y en el arte contemporáneo como la expresión de la rabia del creador en contra de la insistente pesadilla de vivir, la tachadura constante, el regreso a las fuentes para tacharlas o para ponerlas de manifiesto, la combinación del pasado y el porvenir como partes estéticas de una misma incertidumbre. El premio nacional a José María, que se une ahora, en la memoria de su vida y de su obra, a aquel premio que se le dio en su propia tierra, pone de relieve una poética que resume muy bien las inquietudes de vanguardia de un siglo insular, y no siempre insularizado, al que no se le ha hecho justicia ni aquí ni allí, y es más grave esa injusticia cuanto más de manifiesto se pone la lejanía que a veces viven poéticas extraordinarias a las que los oídos del exterior prestan una atención desdeñosa que ahora se remedia. ¿Tarde? Lorca le dijo a Miguel Hernández: "Los libros de poesía van lentos". La poesía tiene su ritmo. Como dijo Diego Talavera en su escrito de ayer en elpais.com, el mejor premio de José María Millares era el premio de escribir. Y ese lo tuvo cuando quiso.

http://blogs.elpais.com/juan_cruz/2010/10/los-millares.html



Javier Lostalé en los encuentros Esmirna, viernes 8 de octubre a las 19:30 en el Pub Joyce (Madrid)

Encuentros Esmirna
Con Javier Lostalé

Viernes 8 de octubre, 19:30 h.
Pub Joyce
c/ Alcalá, 59, Madrid

Os dejamos la nota bibliográfica y algunos enlaces del autor:

Javier Lostalé nació en Madrid en 1942. Ha sido profesional de Radio Nacional de España durante más de treinta y seis años, dedicando gran parte de su tiempo a la promoción de la lectura, tarea por la que obtuvo el Premio Nacional de Fomento de la Lectura a través de Medios de Comunicación. Presentador durante dos años del programa cultural “El Ojo Crítico”, de cuyo equipo siguió formando luego parte, creó en 2000, junto con Ignacio Elguero, el espacio de poesía “La Estación Azul”, que hoy sigue emitiéndose, como tiempo dedicado a la literatura en general, los sábados, de cuatro a cinco de la tarde por Radio Uno. Entre otros premios, “La Estación Azul” ha conseguido el “Ondas” y el “Internacional Antonio Machado para Medios Audiovisuales”. Javier Lostalé ha comentado también más de dos mil libros en el espacio “Los Libros En Radio Cinco”, desde que esta cadena de Radio Nacional comenzó sus emisiones.
Como poeta se dio a conocer en 1971 a través de la antología Espejo del amor y de la muerte, al lado de Luis Antonio de Villena, Luis Alberto de Cuenca, Ramón Mayrata y Eduardo Calvo. En ese mismo año preparó la edición de la Antología del mar y de la noche, antología temática de Vicente Aleixandre. A partir de 1976, y hasta 2002, publicó cinco libros de poemas: Jimmy, Jimmy, Figura en el paseo marítimo, La rosa inclinada, Hondo es el resplandor y La estación azul (Poemas en prosa, Premio “Francisco de Quevedo”). Libros reunidos por la editorial Calambur en 2002 bajo el título La rosa inclinada. Este verano ha aparecido, igualmente en Calambur, un nueva obra poética, Tormenta transparente. Javier Lostalé ha preparado también una antología sobre jóvenes poetas cordobeses,Edad presente, publicada por la Fundación José Manuel Lara, pertenece a la Academia Castellano- Leonesa de la Poesía, y es crítico literario de las revistas Mercurio y Turia.

Enlaces:

El autor por José Cereijo:

http://esmirna-poesia.blogspot.com/

martes, 5 de octubre de 2010

El poeta José María Millares Sall gana el Premio Nacional de Poesía

La obra premiada, Cuadernos 2000-2009, editada por Calambur, contiene una selección de los poemas que fue escribiendo en sus últimos años de vida.


El poeta canario José María Millares, fallecido en septiembre de 2009, ha sido galardonado este martes 5 de octubre con el premio Nacional de Poesía 2010, otorgado por el Ministerio de Cultura, por su poemario Cuadernos 2000-2009, que recoge sus últimos poemas. Este premio, dotado con 20.000 euros, se concede a la mejor obra de poesía publicada en 2009 en español o en algunas de las otras lenguas cooficiales que se hablan en España.

El jurado, presidido por Rogelio Blanco, Director General del Libro, Archivos y Bibliotecas, estuvo constituido por Luis María Anson (Real Academia de la Lengua), Euloxio Rodríguez Ruibal (Real Academia Gallega), Lourdes Otaegi (Real Academia de la Lengua Vasca), Álex Broch (Institut d’Estudis Baleàrics), Francisco Días de Castro (Conferencia de Rectores de la Universidades Españolas), Andrés Sorel (Asociación Colegial de Escritores), Luis García Jambrina (Asociación Española de Críticos Literarios), Carlos Reigosa (Federación de Asociaciones de Periodistas de España), Ana Gorría (enrepresentación de la Ministra de Cultura) y los dos últimos autores galardonados: Juan Carlos Mestre y Joan Margarit.



José María Millares Sall (1921-2009) nació en Las Palmas (Islas Canarias). De 1946 datan sus primeras entregas poéticas. En 1947 funda la colección Planas de Poesía, a la que llama a colaborar a sus hermanos Manolo, pintor, y Agustín, poeta. La primera entrega será Liverpool (1949), del propio José María. En 1951 la colección será suspendida por orden gubernativa. Matrimonio con la poeta Pino Betancor. Largo tiempo sin escribir, aunque publica algunos de los libros inéditos. Entrega a la poesía, a la música, a la pintura. A partir de 2000, se inicia un nuevo rumbo en su escritura, marcado por un extremado rigor expresivo y por una honda reflexión existencial. A fines de 2008, Calambur reedita Liverpool, que hallará una sorprendente acogida entre las generaciones más jóvenes. En 2009 se le concede el Premio Canarias de Literatura, en reconocimiento a su original trayectoria poética. Ha publicado, además de los citados y entre otros muchos títulos, Ronda de luces (1950), Ritmos alucinantes (1973), Los espacios soñados (1989), Azotea marina (1995), Pájaros sin playa (1999), Cuartos (2007), Celdas (2007), o Esa luz que nos quema (2009).

La obra poética de José María Millares Sall se extiende desde los primeros años cuarenta hasta este mismo 2009 en que aún escribía, con entusiasmo inconcebible. Continuado ejercicio que, al principio, hubo de plegarse, en contra de la voluntad del poeta, a la disciplina ambiente de una poesía testimonial y combativa que él siempre entendió de otra manera: vio con absoluta claridad que la libertad del lenguaje, la real gana de la palabra, son mucho más eficaces en esa lucha contra el poder que trata de secuestrarlo para su provecho. De ahí que Liverpool, en el momento de su primera aparición (1949), desconcertara incluso a sus más cercanos compañeros de generación y de lucha política; y que por lo mismo haya tenido gran aceptación entre los poetas y lectores de las más recientes generaciones, cuando fue reeditado hace escasamente un año. De ahí, igualmente, su confesada decisión de escribir, por fin a partir del año 2000, «como quería, o como me daba la gana, sin pensar si lo que hacía era o no del gusto del lector […] escritura anárquica que, a veces sin buscarlo, hace uso de lo esperpéntico, de lo onírico, del surrealismo, si bien mi poesía es básicamente existencial». Celdas es el título que José María Millares Sall quiso para los cientos de cuadernos que se han venido sucediendo en los últimos diez años, y de los que ahora este libro es una muestra abarcadora, en la que el poeta puso su esperanza e ilusión hasta sus últimos días. Cuadernos, titulamos, porque esta escritura última es suma de diversas y sucesivas series de poemas que forman un único discurso poético. El Premio Canarias de Literatura de 2009 corroboró la integridad del hombre y del escritor que hacen de José María Millares Sall, a pesar de su voluntario apartamiento, una presencia insoslayable en la poesía española del último siglo.

               
José María Millares Sall
Cuadernos (2000-2009)
Colección: Poesía, 99
Madrid, 2009. 232 págs.
ISBN: 978-84-8359-191-8
PVP: 18,00 €

lunes, 4 de octubre de 2010

Presentación de Tormenta transparente, de Javier Lostalé y de Hotel para erizos, de Guadalupe Grande, en Córdoba. Miércoles 6 de octubre

En el marco del ciclo "Letras capitales" organizado por el Centro Andaluz de las Letras, Javier Lostalé presentará su último poemario, Tormenta transparente, y Guadalupe Grande su reciente Hotel para erizos.


Pablo García Baena a Javier Lostalé y Roberto Loya presentará a Guadalupe Grande.

Miércoles 6 de octubre, 20:00 h.
Delegación de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía
c/ Capitulares, 2
Córdoba


Reseña de Tormenta transparente, de Javier Lostalé, en Diario de Córdoba

"Cuadernos del Sur", Diario de Córdoba, 2 de octubre de 2010

Amor en el desamor
Un nuevo poemario de Javier Lostalé

Por Antonio Luis Ginés

Javier Lostalé (Madrid, 1942) publicó en 2002 en Calambur su poesía reunida bajo el título La rosa inclinada, en la que se incluyen varios libros de dicho autor. Tras unos años de silencio ahora nos llega Tormenta transparente, última entrega de este autor madrileño. La primera certeza que nos aborda es la de que no es un poemario al uso, hay una entrega seria y consciente en depositar sobre el papel el amor desde el propio desamor, la pérdida no como vacío, sino como punto de partida, con la pasión contenida a duras penas pero sin desbordarse más de lo preciso.

Juego con la ausencia, con lo que no puede tocarse, materializarse si no es dentro del poema, en sus vastos límites. Es esclarecedora la cita que abre el libro sobre el sentido general del poemario: de la belleza siempre quedan restos, y éstos son los que sostienen dicho libro. Lo inalcanzable queda marcado como un territorio necesario, doloroso pero necesario, ya sea dentro del poema como en lo que le precede, esa serie de títulos más que significativos que nos conducen por una senda muy concreta en la que lo ausente –el deseo–
ocupa un espacio definido: No llega, ¿Dónde estás?, Ausencia, El hueco, Deseo, etc. Desde el reposo, la calma que da cierto distanciamiento temporal, la voz poética, madura, enfila las contingencias del amor–desamor, desde la transparencia, bajo la lluvia continua, persistente, de la memoria.

La contemplación de lo vivido produce cierto placer: logra encender por momentos cada recuerdo hasta que oímos la crepitación, y en ese incendio dolor y placer se suceden sin poder separarse uno del otro. La entrega se da por entero, vence el deseo de lo que hubo, que perdura al reavivarse, y aunque la tristeza sacuda por la conciencia de la pérdida, de lo que se tuvo y se perdió (nunca del todo, queda lo bastante como para construir algo), la voz avanza con su propio brillo, la vitalidad que proporciona la plenitud de los instantes que te hacen sentir vivo, y que se celebran siempre.

El itinerario es circular, comienza con un poema–compendio (que da título al mismo), manteniendo la calma, cierto distanciamiento, luego la segunda parte abre una aparición-evocación de la ausencia: un cuerpo, un amor, y las correspondientes preguntas. Se van nombrando los huecos que no quedaron cubiertos, que se mantienen vivos desde el recuerdo. Esa luz va encendiendo las estancias de la memoria a su paso, aflorando aquello que se mantiene con una luz propia, hasta que "la estrella se apaga" al final de la tercera parte, hay conciencia de ello en la voz que se manifiesta. Aún así, no se somete a ese lento apagón en la cuarta parte, se rebela, febril, dejando que la memoria dibuje espacios y momentos, en una sucesión de imágenes sugerentes y reveladoras, que bajo la transparencia de su quietud nos devuelven ese concepto de belleza que da sentido a un modo de entender la vida. La estructura se cierra con un poema donde el canto es ya desgarrador si cabe: "Y en soledad te resucito / para decirte que te amo". No hay mejor manera que sellar esta declaración sino en el horizonte de este poemario, con el destino único que se vislumbra. Imprescindible título en la trayectoria de un autor que muestra, a cada entrega, lo fundamental de una poesía vigente y necesaria.