jueves, 16 de diciembre de 2010

Reseña de Tormenta transparente, de Javier Lostalé, en Revista de Letras

Revistadeletras.net, 15 de diciembre de 2010

Por Rafael Benegas Cordero

El inicio de la andadura poética de Javier Lostalé (Madrid, 1942) data de 1971, cuando se publicó Espejo del amor y de la muerte, una antología prologada por Vicente Aleixandre y que reunía a poetas como Luis Antonio de Villena, Eduardo Calvo o Luis Alberto de Cuenca. En 2002, 31 años después, Calambur publicaba La rosa inclinada, su poesía hasta ese momento. Ahora esta misma editorial – con un catálogo magnífico, con gente como Juan Carlos Mestre, Miralles Sall o Jesús Hilario Tundidor - vuelve a respaldar al que fuera periodista de RNE y le publica Tormenta transparente – culminación de su obra para muchos – cuyo tema medular es el amor. Pero maticemos esto y vayamos al grano.

El título puede ser una buena puerta de entrada: la tormenta equivale al amor y va acompañado del adjetivo transparenteporque no acaba de desatarse, porque la pasión amorosa no deviene en consumación. Estamos, pues, ante un libro de deseo y anhelo. Esto es lo importante, dicho de manera muy sucinta, del tema del poemario. Quiero explayarme más – pues es donde más difiero – en cuestiones formales. La poesía de Lostalé gira sobre dos ejes: la emoción y el cuidado exterior del poema, en un intento de conjugar ética y estética. Y lo consigue. Otra cosa es que estemos de acuerdo con el trasfondo de sus poemas —que yo lo estoy— y con su forma de llevarlos a cabo —aquí no tanto—, pues son composiciones de tono indudablemente clasicista, arropadas por palabras poéticas (esto es, luz, tristeza, ausencia, cielo), algunas empleadas sin atisbo de novedad; otras, sin embargo, todo hay que decirlo, actualizadas y dotadas de nuevos significados o de un tratamiento especial. Los poemas, además, traen consigo una importante carga sensitiva —emocional y conceptual— muy potente, que dota al libro de un cierto hermetismo (ayudado también, dicho sea de paso, por el uso ocasional —por poner un ejemplo— del hipérbaton, quizás por cuestiones métricas, como se ve aquí : ” Ciego sin sombras soy de ti/ permanente anunciación sin horizonte” o “Pausa triste en tu olvido soy/ para que eterno cante el atardecer“) pero que se puede salvar con paciencia en la lectura, volviendo varias veces al texto.

Éste se nos muestra como un libro coherente, sin disonancias, sin fisuras de ningún tipo, fiel a su – tácita – poética, de la que, como he dicho antes, se puede estar más o menos de acuerdo, se puede ser más o menos partidario. Un libro que no impresiona por la chispa de un poema sino por el entramado del conjunto. Comentaba Juan Cobos en otra reseña que él lo consideraba libro palimpsesto (por las huellas que atesoraba) y yo, en otra línea y sin tener mucho que ver con la afirmación del escritor onubense, pero que me vale para decir la mía, lo valoro en términos de libro holístico, en tanto que la suma de todos los poemas no da como resultado el libro, sino que hay algo más que los conecta; quizá la ordenación o las relaciones con los epígrafes iniciales: lo desconozco.

En mi opinión, tan discutible como las otras, —y ya voy acabando—, los dos mayores aciertos de Lostalé han sido la configuración de un universo poético, pues ha conseguido ser inconfundible, y el haberse mantenido al margen de grupos y modas: por edad, se podía haber subido al carro de los novísimos, y por comodidad, a la experiencia; pero no lo hizo y ha trabajado sus versos a la sombra de otros escritores y se ha ganado a pulso su espacio y su público. Y además —esto es importantísimo— ha dado a conocer poetas y poemas a través de las ondas: un gesto loable en este mundillo donde abundan los egos y cada uno mira su ombligo.

http://www.revistadeletras.net/tormenta-transparente-de-javier-lostale/

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Reseña de Un único día, de Jesús Hilario Tundidor, en Revista Turia

Revista Turia, n.º 96 (nov. 2010-feb. 2011)

Vigilia germinal de Tundidor

Por Javier Lostalé

"Esta obra es mi vida: Un desafío, pero también una necesidad. Una edificación por el lenguaje. Se construyó cantando lo real como conocimiento y amor, y ordené su consecuencia con la triple arquitectura de la palabra, la inteligencia y el corazón". De este modo resume casi cincuenta años de creación poética Jesús Hilario Tundidor: once libros reunidos este año bajo el título Un único día en dos volúmenes publicados por la editorial Calambur, que el propio poeta ha estructurado, corregido en algunas ocasiones y dotado de una unidad orgánica generada por la propia existencia. No se trata de una Obra Completa en sentido estricto (ninguna lo es hasta la muerte del autor si su pulso no pierde temperatura), porque abarca desde Río oscuro, a parecido en 1960, hasta Las llaves del reino, editado en 2000, más un poema inédito, "Holocausto de los huracanes", que en una visión totalizadora calcifica en el lector todo lo que durante su lectura ha germinado. No se incluyen, en cambio, por su peculiaridad, los libros Mausoleo (1988) ni Fue, publicado en 2007 por Cálamo. Ambos, según afirma Tundidor, formarán una trilogía con otro texto aún no concluso.

Antes de sumergirnos en poemarios en los que la realidad es habitada en sus últimos intersticios, no debemos olvidar que Jesús Hilario Tundidor es uno de los nombres con mayúscula de la generación de los 60, cuya obra, siempre nueva dentro de su unidad, se sustenta en la íntima comunión entre el hombre y la naturaleza y en la incorporación celular, por su encarnación en el ser, del tiempo, la historia y la cultura. El lenguaje es para el poeta zamorano "un hecho antropológico", y la escritura, respiración. Las palabras no sólo son sonidos bellos, sino que generan conciencia, con vehículo de conocimiento a través de un pensamiento fecundante, donde lo instintivo al pasar por el cedazo de la inteligencia s convierte en intuición, como diría Juan Ramón Jiménez. De ahí ese presentimiento que late en su poesía, donde la Naturaleza tiene un carácter constitutivo, pues existe una transfusión sanguínea entre ella y quien la considera como parte de su biología. Y se entabla en sus poemas una lucha dialéctica con el Tiempo en la que intervienen como interlocutores filósofos como Heráclito y Kierkegaard; escritores como Baudelaire, Eliot y Claudio Rodríguez y músicos como su dios Mozart. Un combate en la búsqueda de la inmortalidad desde el estremecimiento producido por la conciencia de la fragilidad de todo que no se queda en aventura solitaria, sino que siempre cuenta con el otro hacia el que observa "un epicúreo sentimiento de piedad", es expresión de Jaime Siles. Y hay, asimismo, en su obra una constante reflexión sobre el hecho poético y su capacidad de alumbramiento y de posesión de las cosas nombrándolas, de la que se deduce su entrega absoluta a la escritura como lugar donde sucede el mundo, se ordena el caos y se produce —afirma Tundidor— "la salvación ontológica". Todo ello se substancia en Un único día en el que la apuesta es total, título común, como dijimos al principio, de los dos tomos en los que se recoge su universo poético, encabezados por un prólogo diáfano de la poeta y narradora Natalia Carbajosa. El primero de los dos volúmenes figura bajo el epígrafe "Borracho en los propileos", denominación de uno de los poemas de Tetraedro, libro incluido en la primer aparte, integrada también por el citado Río oscuro, Junto a mi silencio, Las hoces y los días, En voz baja, Pasiono y Tetraedro.

Síntesis de esta primera parte, y me atrevería a decir que de toda la creación de Tundidor, "Borracho en los propileos" (acceso occidental a la Acrópolis de Atenas), está inspirado en El banquete, de Platón, y narra el ascenso de Sócrates, borracho, en busca del conocimiento, de lo esencial, de la sublimación del amor. Como pensaba Sócrates, el poeta cree que existe una soga que nos ata y nos impide trascender la materia, y que nuestra vida es una bisagra entre la luz y la sombra: "abres las duras, las pesadas puertas de la ciudad, ruge / el cobre o la muerte, la luz sin ya dominio de la sombra, / la bisagra o la vida. (pesado, gordo, austral, / borracho entraba Sócrates). / Abres las duras, las pesadas puertas de la ciudad, nadie / podía comprender: hijo-dolor, callado vientre impuro, falsa / soga del conocer, el bien, ¿el bien allí cantaba? / ¿Era la libertad? ¿O la belleza? Amor, muerte, lujuria ¿nadie / comprendía / la salvación?". Sócrates, a pesar de tanta incomprensión, de tanto dolor y destierro como encierra la vida, de tanta dificultad para reconocerse y ser con los demás, continúa su ascensión o purificación: "Y Sócrates subió, siguió / subiendo, pesado, gordo, austral, siguió /subiendo, subiendo hasta perderse / definitivamente entre las nubes, el espacio y la luz. / No retornó, sabedlo, leyenda es la cicuta".

Con estas claves la escritura de Jesús Hilario Tundidor se llena de horizonte y coloca el pensamiento y el corazón del lector en un alto nivel de tensión, que no cesará a lo largo de un itinerario en compañía del autor hacia el descubrimiento de la verdad de su existencia. Lo hará a través de un lenguaje popular y culto, vanguardista y clásico, sin abandonar nunca un proceso consciente de elaboración artística; a través de lo más íntimo y de lo colectivo; dentro de una plena inserción en lo telúrico; mediante la convivencia de los planos real y onírico; con una música interior desveladora de lo invisible y un cordón umbilical entre la palabra e imagen fundado en la contemplación; con presencias mitológicas y rostros y almas con el humus de la tierra; con una gran carga simbólica provocadora de estados donde reine, pura, la emoción, y una auténtica metafísica del cuerpo femenino. Y desde luego nutrido todo por dos grandes fuerzas: la del amor y la del arte, capaz este último de convertir el instante en eternidad.

El poema en Hilario Tundidor es, además de lo dicho, el lugar de la duda, de la pérdida, de la dicha, de la soledad, de los orígenes, de la resurrección también. En la primera parte, correspondiente al primer volumen "Borracho en los propileos", a la que volvemos tras esta visión global aplicable al conjunto de su poesía reunida, "la materia fundamental unitivia, organizante del libro, es la emoción existencial y sentimental del individuo ante la existencia y lo consuetudinario", en opinión de uno de los principales estudiosos de Tundidor, Pedro Hilario Silva, o como indica el propio Tundidor "la búsqueda del conocimiento y la luz en la emoción de la escritura poética". Algunos versos escogidos esgrafiarán dentro de cada lector lo dormido que despiertan, las sucesivas capas interiores gracias a ellos amanecidas, sin apartarse nunca de esa ascensión hacia la luz en medio de tanta tiniebla que es el conocimiento, a partir siempre de la médula de la realidad. Son meros relámpagos: La carpa de un circo se torna metáfora de la existencia: "Vienen sombras, carátulas, /figuras de oro falso y papel viejo,/barras, trapecios, trampolines, pistas,/la dulce musiquilla del rugido/del hombre… Todo/para un último fin que nadie sabe". Y el corazón engendra el latido entero de la vida: "Dentro / de su volumen cabe / la desesperación y la esperanza, / los ríos en tinieblas y la clara / posesión de la luz (…) Bajo / su sencillez de forma, / en el ámbito /luminoso de su noche serena / reposa, / da principio y concluye / el triste sueño humano". Caben en el corazón las sombras de los amantes: "También en cada esquina/o marco, ¿no lo sientes?, respiran/en nuestro amor enamorado el aire,/ viven, antiguos inmortales, hondos/amantes que desde épocas/remotas llegan hoy zurcidores, continuos,/ continuados, hasta/el homenaje de la luz izada/por no sé qué secreta pulsación de mi sangre (…) Todo/lo grande y lo pequeño, lo victorioso/y lo vencido, siente/en nuestro pecho el claro/deseo de la vida". Flamear de sombras que a través de los años deviene compañía, navegación de alcoba "Dame, María Rosario,/todo el sosiego de tu compañía./Ven, entremos con humildad, tan limpios/como nieve en el aire, en el albor/de la ternura (…) No quieras más. Hermoso/es este instante donde permaneces". Un deseo de inmortalidad alienta, así lo siente el lector, en los versos citados, que en nada contradice las bodas con la realidad de Tundidor, con su pulso más sencillo: "El cenicero, la pequeña llama/ de gas, la corva arquitectura/del tazón, la sombrilla/de otoño. Tan humildes,/tan reciamente cumplidoras, tan/sin patria y de todos: Oíd/su humana/respiración, tocad su viento/ azul, su merecida/amistad y esperanza". Otra patria, España, que en época reciente midió la historia por sus heridas asoma también su rostro en la obra del poeta, y la pregunta es encarnación: "¿Fue necesaria tanta/muerte, tanta cruz, tanto/dolor? Oh, quién te puso/tan pálida, quién clavó en la raíces/más hondas de tu estrella inmortal estremecida/cardos airados, nieblas/ de largo pómulo?". Y en cualquier momento, tan secreta como el alma, los poemas alumbran salvación: la del arte, en concreto la música, y la de la naturaleza: "Entre constelaciones a deriva/se incendiaban los bosques/residenciales de los palcos, la fugaz/permanencia del tiempo./ E igual que agua naciente,/el pensamiento, bajo la cúpula del ánima,/extendía su clámide de amor estremeciéndose/sobre el río y la hondura/del vivir"; o "Y así de pronto me rodean los pinos/bajo el azul intenso de la tarde( que hace amistad, granero e himno". Entusiasmo señala la temperatura lectora en este punto, estado de ánimo que nos conduce al segundo volumen de Un único día, que el autor tituló "Repaso de un tiempo inmóvil", y cuyo contenido como él mismo nos dice, gira sobre "la dialéctica del encuentro del ser y el mundo". Integran este tomo, o segunda parte, Libro de amor para Salónica, Repaso de un tiempo inmóvil, Construcción de la rosa, Tejedora de azar, Las llaves del reino y el ya aludido poema inédito "Holocausto de los huracanes". El lugar donde se produce esa inserción entre el ser y el mundo, son los cinco sentidos del lenguaje, su articulación de la memoria, su gravedad de espacio y tiempo. Lenguaje en su máxima tensión significativa o poesía. palabras que, como en la doctrina platónica, nos permiten llegar a realidades trascendentales o ideas de un universo inteligible. Estamos hablando de creación que se vuelve sobre sí misma en la obra de Tundidor en un proceso de reflexión que desemboca en que lo escrito desaparezca en lo concebido, de tal modo que el poema es la misma vida.

A poner algunos ejemplos sobre lo que decimos, apoyándonos en versos de Construcción de la rosa y Tejedora de azar, dedicaremos las próximas líneas, encabezadas por el intento de definir lo indefinible, convertido sin embargo en alumbramiento: "De que alta mar en ola desprendida,/onda o albor o espuma, el alba/al alma así amanece (…) ¿Quién nos acerca aquella/serenidad con que el despierta el roble, ese/conocimiento/del corazón?". Y tras este intento consumado para habitar lo preexistente: "¿Cómo sin la metáfora/ o el retráctil sentido de la imagen/tocarías el mundo?/Dificultad de ser/en la contemplación, de conocer aquello/que en sí, poema o rosa o vida/contigo, inalcanzable realidad,/preexiste". Ya la construcción de una mirada que venza el tiempo, que le dé profundidad: "Construye donde ya se apresura/el advenimiento solo/en que la breve vida de la rosa yace./No hay tiempo, edifica/el andamio de la contemplación,/el ardor vivo/ en que existe el poema". Mirada, y movimiento de la mano del poeta que siente el peso del mundo en cada palabra: "Toda la cercanía: esta sopresa/ de la semántica, ese tejido de las palabras/con que se dan al mundo, reposa ahí, bajo tu mano./¡Cómo sientes la vibración, el estremecimiento/de la fábula!¿Y qué los nombres sean, y/que los nombres hagan maternidades, limiten/ vida…! (…) poesía esencial, /única, viva, derramada/desde el ser a las cosas, de las cosas/ al ser, convertida en pasión, oh, prometida". Y el papel no es blanca mudez en espera de ser calado por signos, sino que una ciudad en él se levanta dispuesta a ser conquistada por impulsos y avances que en misterio y asombro el creador transforma en materia: "La ciudad/del papel se ofreció al fuego/ y allí empezó la invicta transparencia/de la mañana". Materia única reñida con el espíritu, sino mundo sucesivamente construyéndose, ordenándose, mostrándose y ocultándose, donde el ser racional y emocional se cumple; ámbito de lo real y de lo irreal, de lo visible e invisible formando una misma naturaleza, hasta el punto de que una operación tan abstracta como comprender es "extender una mano, abrir el / fuego, poner los pies en los ojos y andar, andar, andar".

Debo terminar aquí mi invitación hondamente necesaria a la lectura de Un único día, la poesía reunida de Jesús Hilario Tundidor. Lo hago consciente de lo que todavía se podría decir de una obra tan rica semánticamente, tan variada, emocionalmente y solidaria, donde el lector se ve envuelto en una noble energía carnal y espiritual, siempre fundidas. Sólo quisiera como epílogo volver a unos versos del autor zamorano, dirigidos a Mozart, que son recapitulación de una vida: "haber vivido, Wolfgang Amadeus Mozart, es haber navegado / sobre bancos de nieblas y callejas recónditas donde las olas rompen / después de haber cruzado ínsulas y penínsulas, archipiélagos / estremecidos, continentes que arrastran fuerzas fluorescentes / de ensueños / y una nostalgia triste de estrellas en la aurora".

Reseña de Los aerolitos, de Carlos Edmundo de Ory, en revistadeletras.net

Revista de Letras

Por Albert Lladó www.albertllado.com

El pasado 11 de noviembre murió el poeta Carlos Edmundo de Ory. Rápidamente, los que nos hacemos llamar periodistas culturales, buscamos alguna nota de urgencia en las principales agencias de noticias. Resumen bibliográfico, algún rasguño vital para salir del paso y a resaltar que, junto a Eduardo Chicharro Briones y Silvano Sernesi, fundó el Postismo, síntesis de todas las vanguardias literarias anteriores. A otra cosa. Que la actualidad ruge. Como un tren sin puertas ni pasajeros.

Pero de Ory se queda. Con su ingenio, con su rigor lírico, con las armas arrojadizas en las que convierte sus aforismos. Por suerte para nosotros, la editorial Calambur editó, en 2005, Los aerolitos, una selección de autor, con mucho material inédito, después de una primera recopilación en francés que se hizo en 1962. El poeta se sabía, pese a su radical libertad creativa, miembro de una herencia heterogénea, azarosa, que utiliza lo brevísimo para construir puentes y brechas, como Nietzsche con sus “sentencias” y “dardos”, Baudelaire y sus “cohetes”, Cioran y los “pensamientos estrangulados”, entre tantos muchos otros, a los que cita y a los que no cita, como las “greguerías” de Ramón Gómez de la Serna o las notas de Elias Canetti.

Carlos Edmundo de Ory va a tender las palabras como ropa recién salida de la lavadora, estirando la cuerda, forzando las relaciones, con el abismo a sus pies, en un goteo de lirismo, ironía y descubrimientos. Preguntarse por Dios o por la luna, o comenzar una carta con un “Muy ruiseñor mío”, riéndose de los convencionalismos no como una simple burla, inocente, sino como una reivindicación de todas las posibilidades del lenguaje, que nos desnuda frente a los gestos automáticos. Que nos demuestra que, aunque lo hayamos olvidado, no somos máquinas.

El poeta va a utilizar, para lanzar sus aerolitos, diferentes técnicas, seguramente inconscientes. De Ory puede darle la vuelta a la tortilla, para dar fe de que “ve molinos de viento en los gigantes”, utilizar el microscopio para detenerse en cada letra, asegurando que “una estatua rota es una extatua” o cantar a “la gula que estrangula”. Pero también camina hacia el lirismo, del que no puede prescindir, para explicarnos que “a la hora del insomnio” le “visitan soldados muertos” haciéndonos comprender, al mismo tiempo, que “las olas son saliva de la luna”. Cómo no habernos dado cuenta antes. Hacia dónde miraremos cuando no miramos nada.

De Ory, pues, ejerce la poesía como un testimonio directo de que algo habremos hecho mal al interpretar la realidad de forma rígida y, por ello, hay que utilizarla, aprovecharse de ella, como “un vómito de piedras preciosas”, porque “un poema es la autobiografía del sueño”. Por eso mismo, nos avisa: “Informo al mundo de mis aullidos”.

En Los aerolitos vamos a encontrar, a la vez, sus fetiches, colecciones como los “animales que ríen: la gaviota/la oveja/el flamenco/la hiena …” o tríadas que resumen obras y autores: “Emerson: destino, libertad, amor”.

Entre aforismo y aforismo, entre disparo y amago, Carlos Edmundo de Ory se va ir preguntando cómo han acabado los más grandes: “¿Cómo murió Sófocles? – De asfixia comiendo una uva agraz”. De muerte absurda porque todas lo son ya que “el hombre herido de muerte al nacer se hospitaliza en el mundo”. Y, durante ese tiempo, en el que nos ingresan en el paso de los días, tenemos la fortuna de leer estas cápsulas que, en vez de tener sabor a medicina vieja, son un oxígeno indispensable entre tanto discurso a favor de la monotonía y la conformidad. Que si han de llover piedras, que sean éstos los aerolitos.

http://www.revistadeletras.net/si-hay-una-invasion-que-sea-de-aerolitos/

martes, 14 de diciembre de 2010

Novedad Calambur Poesía: Trovadores de silencios. Poetas y cantautores reunidos en un libro-CD

Trovadores de silencios
Edición de Ilia Galán y Esther Peñas
Incluye CD con 12 canciones.
Calambur Poesía, 117. 2010
ISBN: 9788483592113
152 págs. PVP: 18 €

Ha sido emocionante comprobar el regocijo con el que los poetas se alborozaban pensando en si sus poemas eran lo suficientemente «musicales» para ser cantados, cómo se azoraban descartando, proponiendo versos, incluso cuando la selección estaba ya concluida, o cómo se preocupaban por quién los musicaría.
Por su parte, los músicos han mimado al extremo los versos propuestos, incluso musicando varios para descartar dolorosamente después y quedarse con uno, pidiendo opinión al autor, documentándose sobre «su» poeta, allanando el camino con propuestas y sugerencias.

Espero que, con el libro en las manos, el lector disfrute mientras pasa las páginas y compruebe en qué se convierte un poema cuando alguien lo viste —o lo desviste— con música, y deguste la nueva dimensión que adquiere, la música, el texto.
Esther Peñas

Las letras más escogidas sonarán aquí con las lenguas de las voces más amadas. El lector tiene entre sus manos los poemas y el disco con la música que los ensalza proyectándolos al pueblo. Los bardos así vuelven a llegar por medio de melodías y acordes al pueblo, en donde las semillas de las palabras buscan hallar su mayor fecundidad.
Ilia Galán


CANTAUTORES
Luis Eduardo Aute
Luis Felipe Barrio
Javier Bergia
Carlos Chaouen
Fernando Márquez El Zurdo
Alejandro Martínez
Rafa Mora y Moncho Otero
Ángela Muro
Juan d’Ors
Amancio Prada
Guadalupe Urbina

POETAS
Marcos R. Barnatán
J. M. Caballero Bonald
Rosa Díaz
Ilia Galán
Jesús Hilario Tundidor
Miguel Losada
Javier Lostalé
José María Merino
Juan Carlos Mestre
Esther Peñas
Jaime Siles
Luis Antonio de Villena

Novedad Calambur Narrativa: El cuento en las Baleares. Antología

El cuento en las Baleares. Antología
Prólogo y selección de Pere Rosselló Bover
Traducción de Jaume Pomar
Calambur Narrativa, 49. 2010
ISBN: 9788483591703
382 págs. PVP: 23 €

Esta antología de narraciones titulada El cuento en las Baleares ofrece una imagen del conjunto de narradores en catalán que en la actualidad hay en las Islas Baleares. Pero no sólo eso. En las páginas de este libro el lector puede comprender y disfrutar la evolución que el cuento ha seguido en las últimas décadas y su diversidad actual, sobre todo en manos de los autores más jóvenes. Se trata de una muestra significativa —aunque no exhaustiva— de la literatura actual en catalán en las Islas Baleares, una de las más representativas y potentes de la literatura catalana actual.

Autores antologados:

Antoni Mus López
Miquel Pons Bonet
Bonet de ses Pipes (Joan Bonet)
Miquel Àngel Riera Nadal
Antoni Serra Bauçà
Baltasar Porcel Pujol
Rosa Maria Colom Bernat
Jaume Santandreu Sureda
Josep Melià Pericàs
Miquel Ferrà i Martorell
Gabriel Janer Manila
Pere Morey Servera
Antònia Vicens Picornell
Joan Manresa Martorell
Joan Guasp Vidal
Jaume Pomar Llambias
Guillem Cabrer Borràs
Antoni Marí Muñoz
Gabriel Florit Ferrer
Guillem Vidal Oliver
Guillem Frontera Pascual
Maria Antònia Oliver Cabrer
Miquel López Crespí
Biel Mesquida Amengual
Carme Riera Guilera
Pau Faner Coll
Miquel Mestre Genovard
Xesca Ensenyat Seguí
Ponç Pons
Antoni Mas Busquets
Joan Gelabert
Josep Noguerol Mulet
Guillem Rosselló Bujosa
Joan Pons
Manuel Claudi Santos Sánchez
Rafael Crespí Ramis
Gabriel Galmés Truyols
Miquel Àngel Vidal Pons
Sebastià Perelló Arrom
Miquel Àngel Llauger Rosselló
Jaume Capó Frau
Maria de la Pau Janer Mulet
Neus Canyelles Estapé
Miquel Bezares Portell
Albert Herranz Hammer
Pere-Joan Martorell Castelló
Sebastià Bennàssar Llobera

Novedad Calambur Poesía: Ocupación de la ciudad prohibida, de Jorge Urrutia

Jorge Urrutia
Ocupación de la ciudad prohibida
Calambur Poesía, 114. 2010
ISBN: 9788483592052
128 págs. PVP: 13 €

Ocupación de la ciudad prohibida confirma el adentramiento en el misterio del símbolo iniciado en libros anteriores de Jorge Urrutia. La trabazón orgánica del libro, dividido en siete «Tramos», marca los pasos del itinerario poético y deriva de un ritmo conceptual que liga, ordena y dota significado como invisible hilo rojo del viaje hacia el núcleo de un simbolismo interior impreso gracias a la transustanciación de la experiencia. Decantada ya en esencia, este último grado de la escritura del autor reconsidera la tradición literaria, en la que hace cala, para reescribir desde su tiempo la poesía española contemporánea de principios de siglo XXI.

Jorge Urrutia, madrileño y catedrático de la Universidad Carlos III de Madrid, es teórico y crítico literario. Es autor de numerosos libros: entre los más recientes destacan La pasión del desánimo. La renovación narrativa de 1902 (2002), Las luces del crepúsculo. El origen simbolista de la poesía española moderna (2004) o El teatro como sistema (2007); así como ediciones de Juan Ramón Jiménez, Azorín, Valle-Inclán, Miguel Hernández, Bacarisse, Cela, Leopoldo de Luis o José Hierro.
Su obra poética, iniciada en 1966, incluye las obras El grado fiero de la escritura (1977), Del estado, evolución y permanencia del ánimo (1979), Delimitaciones (1985) y el poemario en prosa La travesía (1987). La poesía de Jorge Urrutia se concentra y termina de madurar, fuera de las tendencias al uso, a través de un nuevo simbolismo que inicia en 1991 con Invención del enigma y continúa en Cabeza de lobo para un pasavante (1996), Una pronunciación desconocida (2001) y El mar o la impostura (2004). Fue Premio Nacional de Traducciones con una antología de Paul Éluard. De una vida tal vez nunca vivida (2010) es la segunda entrega de Jorge Urrutia en la prosa de creación.

Reseña de Tormenta transparente, de Javier Lostalé, en la revista Turia

Revista Turia, n.º 96 (nov. 2010-feb. 2011)

Lumbre sostenida

Por Ángel Rodríguez Abad

La figura del corredor de fondo —en su soledad y radicalidad más inseparables, originadoras de un espacio propio— guarda cierta similitud con la trayectoria de algunos poetas. Sobre todo, allí donde la lateralidad de los modos y modas o el silenciamiento público sólo permiten hacer fructificar una obra a la larga. Recordemos (son casos bien diversos) cómo Juan Eduardo Cirlot fue más conocido en vida como crítico de arte (y autor de un excelente Diccionario de símbolos) que como poeta y que, sólo mucho después de su fallecimiento, ha podido el lector común acceder a su obra entera. Antonio Gamoneda, por su parte, no entró en el circuito obvio de los otros miembros de su generación hasta publicarse la edición de sus poemas en Cátedra por parte de un certero Miguel Casado; y aún hoy, en determinados aquelarres del gremio tratan de rebajar su condición. O, un raro excelso, tenemos asimismo la peripecia del poeta canario Luis Feria; quien por seguir un camino no trillado y retirarse en vida a la periferia no ha sido reivindicado en su alto valor hasta ser editado pro Pre-textos. En el caso de Javier Lostalé (Madrid, 1942), su larga y meritoria tarea profesional como periodista cultural en Radio Nacional de España (también el hecho de haber reservado su territorio lírico para una íntima necesidad arrebatadora y pausada, sin estridencias editoras innecesarias) parece haber opacado el reconocimiento de su obra escrita. Aunque, afortunadamente, la justicia poética comienza a abrirse paso.

La reunión de toda su poesía (más de hondo poeta de veras que extensa en títulos) por Calambur en 2002 —La rosa inclinada (Poesía 1976-2001)— nos hizo más asequible un corpus que se caracteriza por forjar un emplazamiento muy personal donde el amor, un afán espiritual de ávido anhelo y la preocupación por el propio acto poético se entrecruzan en su luminosidad. En un poema de su primer libro —Jimmy, Jimmy (1976)— llamado significativamente "Pureza" se dibuja ya el lugar de su escritura: "Que en tu pecho herido por la rosa inclinada de la tarde / la palabra no sea sino una hoja suspendida en el claro de la tormenta, / una forma luminosa de unos labios exhalada". Un título medular en su obra es Hondo es el resplandor (1998). Quizá desapercibido al haber visto la luz en una pequeña colección marbellí (en 2001 será reeditado por los conjurados de Melibea), es justo subrayar cómo allí se establecía el orbe externo de objetos y conceptos que abordaban el núcleo de su reflexión; el de un razonador sensualista que sostiene —en su creer salvífico del propósito lírico— que "al espíritu se llega a través del cuerpo". El poema que cerraba aquel libro, "Juntos en el resplandor", se insertaba en la retórica del diálogo amoroso entre los amantes para calibrar así la posición cenital del amor (en su identidad más inmaterial, férvida, soñada pero también respirada hasta el borde más excesivo de su asunción) como "el resplandor de un sueño mío contigo". Pulsación, música, pensamiento, temblor se adivinan en cada poema de aquel libro que nos indicaba todo lo que rodea —intelectual y sensualmente— a lo que en otros títulos de Lostalé se desnuda como el sitio del amor, del rapto y del ensimismamiento.

Esta Tormenta transparente de 2010 puede leerse como el libro complementario del título exento La rosa inclinada (1995). Ambos forman un díptico en torno al Amor. El pulso del amor siempre ha latido nítido en la poesía de Javier Lostalé. Él ha recordado repetidamente (leal a su querido maestro y amigo de velintonia, Vicente Aleixandre) la afirmación aleixandrina de que "la memoria de un hombre está en sus besos". El propio Lostalé ha aseverado como una suerte de lema amoroso (y de fe de vida) que "Nadie sabe sino lo que amó". Y en esta Tormenta transparente se remite, en el poema que abre su sección central —"Adolescencia"—, a sus propias imágenes de antaño (verano, pájaro, cama, nube translúcida, cuerpo a punto de alumbrar) para plasmar, y casi exigir, ese "Beso que resplandece / en su estación total". Más explícito observamos tal fervor amante unido al centro mismo que da nombre a esta entrega, la tormenta; centro expansivo que aparece declarado en el poema "Espejo": "Quieto en su tormenta trasparente / el pulso del deseo se abre en ondas radiantes". El amor opta, pues, en su límite extremo por volverse destino.

Ahora bien, lo que en La rosa inclinada había de noción imaginadora hacia fuera, incorporando al poema elementos ajenos que se convertían en símbolos, a veces con un toque pop o surreal (máquinas tragaperras, ginebra derramada en una mesa, sábanas tendidas en la noche silenciosa, cervecerías clausuradas cercanas a un cementerio, trenes nocturnos de ojos azules) deviene ahora un paradójico denso adelgazamiento que hace del propio proceso amoroso materia prima que se resuelve en una comunión sensual, abisal, quemante, espiritual… herida gozosa sin término.El signo del amor explora ser abrazo unitivo totalizador; así, en el poema "Dentro": "Como una tormenta respiras dentro de mí". La corporalidad de la rosa se hace esencialidad en esta tormenta. Consideramos que un poema como "No nacido" —que nos traslada a las simas afectivas de que hablamos— ("Antes de que existieras / todo ya me esperaba en ti") podría titularse "Deglutido" o "Resurrecto", en la proximidad de una aniquilación mística del amor, en una secuencia donde cupiesen trabados: ceniza, espuma, tormenta, escritura. El amor ya no es enfermedad sino destino, elevación del deseo hacia el interior de la sangre, epifanía amorosa que parece fagocitar al propio deseo hasta convertirlo en llamarada íntima; otra vez en "No nacido": astro silente que en mi sangre germinas / con la quietud llameante de la revolución".

Tormenta transparente es, en resumen, un libro de amor, un canto al amor por sí mismo. Y desde su más despojada hondura. un libro que hace de la posesión todo un itinerario transfigurador. Nos sumergimos en una cadena de eslabones que nos traspasan: anunciación, ascensión, entrega, desvanecimiento, semilla y sueño de una recepción nutridora. Ahondamos desde el cuerpo del ser amado al poema escrito… hasta sentirnos habitados en una soledad que irradia. La carga eléctrica de la tormenta nunca llega a desatarse… y se torna transparencia; así, claro, en el poema "Transparencia": "Quien conoce la transparencia / se hunde traspasado por la lluvia de todos sus deseos / y se consuma en lumbre que no amanece". lumbre que no amanece, quizá, pero sí que persevera en su brillante fulgor. El poeta se ofrenda a lo que ama _he aquí la clave del libro— hasta desaparecer. Véase el poema "Cierro los ojos" donde el uso del oxímoron no reconoce sino un firme propósito imperecedero de la llama de amor viva: "Cierro los ojos para ver en amor, / desprovisto de otra luz que no sea la tuya"; o bien, esa cima final: "Mirada, ya ciega, / que late contigo en transparencia". Desde el atrio puro de su fecunda soledad el poeta canta. Y sigue habiendo ligazón con aquella rosa inclinada (por ejemplo, en el poema "Cuánto de nada": "El aroma de una rosa / colma mi pecho de eternidad"). Lostalé pudiera atestiguar, desde este jardín cerrado casi secreto y en tormenta, que es el Deseo quien mueve el mundo, que Amor siempre vence aun en las derrotas particulares… porque él es un amante del amor. Éste es un libro de consumación y de purificación. Tormenta transparente: lumbre sostenida de amor tatuada en una palabra que resplandece plena de transparencia vivificadora.

Nota sobre de Los toros furtivos en el Magazine de El Mundo

Magazine (El Mundo), 5 de diciembre de 2010

Va por la fiesta

El nuevo libro taurino de Javier Villán, o la ironía en defensa de las corridas.

Por J. Caballero

El clima abolicionista que se cierne sobre la (antes llamada) fiesta nacional sirve de coartada al crítico teatral y taurino Javier Villán para hilar esta deliciosa fábula de política ficción con albero al fondo. Prologado por Pere Gimferrer, Los toros furtivos (18 euros) son seis relatos en los que fantasea con salidas en hombros que acaban en tragedia terrorista, faenas clandestinas y sociedades que tratan de salvaguardar un moribundo folclore de estoques, muletas y olés.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Reseña de Los bosques de la mirada (Poesía 1984-2009), de Basilio Sánchez

Diario Hoy, 11 de diciembre de 2010


Por Simón Viola


Los bosques de la mirada reúne las composiciones aparecidas en siete de los ocho libros publicados hasta ahora por Basilio Sánchez (queda fuera, por tanto, A este lado del alba, que en 1984 había logrado el accésit del premio Adonais): Los bosques interiores (1993), La mirada apacible (1996), Al final de la tarde (1998), El cielo de las cosas (2000), Para guardar el sueño (2003), Entre una sombra y otra (2006) yLas estaciones lentas (más un grupo de inéditos fechados en 2009). El libro contiene así toda una trayectoria poética avalada por las editoras en que ha publicado (Visor, Pre-Textos, Calambur…) y por prestigiosos reconocimientos (accésit del premio Gil de Biedma en dos ocasiones, XX premio internacional Fundación Unicaja, premio “Extremadura a la creación” de 2007 por Entre una sombra y otra, XXI premio Tiflos de por Las estaciones lentas), que ha reunido al amparo de dos nociones (el bosque, la mirada) que ya titulaban los dos primeros libros recogidos aquí. Junto a una obra de corte narrativo pero emparentada con ellas (El cuenco de la mano, Littera Libros, 2007), estos títulos delimitan los contornos de un territorio reconocible para cualquier lector de poesía contemporánea.


Afirma Ortega y Gasset que la realidad se ofrece en perspectivas individuales, y eso es lo que, antes de cualquier otra consideración, encontramos en este universo poético, un modo de mirar “apacible” que huye del patetismo, tanto del entusiasmo como del lamento, para merodear de modo reiterado en torno a un puñado de temas dilectos: el hombre y la naturaleza, el tiempo y el destino, los entornos cotidianos y las “cosas menudas” que yerguen con frecuencia su perfil de símbolos pues más allá del mundo visible hay otro territorio (memoria, deseos, dolor...) que también nos pertenece, ya que “en todos los paisajes siempre hay algo / que solo es interior”.


Es frecuente que el poema surja de la contemplación de lo más humilde y material, como si respondiera al propósito guilleniano enunciado en un conciso pentasílabo (“Mira. ¿Ves? Basta”), pero las pequeñas realidades contempladas (el agua corriente o estancada, el bosque en penumbra, el jardín, el árbol...) se cargan con su presencia repetida de valores metafóricos que trascienden la pura contemplación. De todas ellas, tal vez sea la casa el motivo más repetido y más rico en matices, como considera Miguel Ángel Lama en el prólogo: “La casa como metáfora de la poesía, de la escritura, por extensión, es un motivo muy principal en los textos de este autor y creo que puede considerarse núcleo que atrae hacia sí otros elementos de las redes simbólicas que ha venido trenzando Basilio Sánchez a lo largo de su trayectoria”.


Nos encontramos, pues, ante una poesía que nace de ese imposible silencio interior, de ese incesante flujo de conciencia, que se traduce por un lado en un comportamiento lingüístico y por otro en una actitud ética. Con un tono mesurado, los poemas entablan con el lector una conversación en “voz baja”, meditan sobre temas universales pasados por el tamiz de una personalidad poética que se sabe en soledad pero es consciente, por otro lado, de que pertenece al mundo y con él comparte sus emociones. La tentación de la “vida retirada” queda así contrapesada por un impulso moral, por “una vocación ética que pone la palabra en el mundo y atenúa el narcisismo poético de lo contemplativo” [prólogo], guiado por un quehacer lírico concebido como vehículo de una razón compartible.


http://blogs.hoy.es/notas-al-margen/2010/12/11/los-bosques-la-mirada

viernes, 10 de diciembre de 2010

Entrevista a Javier Villán en El Ojo Crítico (Radio Nacional). Los toros furtivos

Jueves 9 de diciembre de 2010, Radio Nacional de España

El Ojo Crítico entrevista a Javier Villán a raíz de la publicación de su reciente libro publicado por Calambur: Los toros furtivos. Relatos de la clandestinidad taurina.

Desde el principio del programa y hasta el minuto 14:30



jueves, 9 de diciembre de 2010

Juan Carlos Mestre y Vanesa Pérez-Sauquillo en el Festival Inverso

Viernes 10 de diciembre, desde las 20 h., en la Sala Clamores (c/ Alburquerque, metro Bilbao, Madrid)

Festival Inverso

Estarán presente Juan Carlos Mestre y Vanesa Pérez-Sauquillo junto a María Eloy García, Carlos Salem y otros poetas y músicos.

martes, 7 de diciembre de 2010

Reseña de La colección de libros impresos del IV Duque de Uceda en la Biblioteca Nacional de España

Cuadernos de Historia Moderna
2010, vol. 35, 267-298

Por Felipe VIDALES DEL CASTILLO
Universidad Complutense de Madrid

Que salga a la luz un nuevo trabajo sobre una biblioteca particular del siglo XVII ya es motivo de celebración, pues no son pocos los estudios que aún siguen haciendo falta en esta dirección, ni son menos los inventarios de libros que siguen sin estudiarse y darse a conocer. En este caso, el libro de Margarita Martín Velasco viene acompañado de una función aun más meritoria, una utilidad muy concreta, como lo es servir de instrumento de trabajo para aquellos que quieran acercarse a investigar los fondos de la Biblioteca Nacional. La autora —formada en el campo de la Biblioteconomía— es la actual Directora de la Biblioteca del Centro Universitario Villanueva de la Universidad Complutense, ha colaborado en la creación del Diccionario Biográfico de la Real Academia de la Historia y ha publicado diversos artículos previos al libro que aquí nos ocupa alrededor de la figura del IV Duque de Uceda, motivo de su tesis presentada en 2007 y dirigida por la Dra. Elisa Ruíz.

Actualmente la recuperación de inventarios de bienes y los estudios de las distintas bibliotecas aristocráticas de los Siglos de Oro, constituyen un pilar fuerte dentro de la investigación sobre historia del libro, impreso o manuscrito. Con estudios recientes como los de Inmaculada Pérez Martín, Pedro Cátedra, Trevor J. Dadson, José Manuel Prieto Bernabé o Fernando Bouza entre otros, se avanza en un campo en el que la metodología ha de ser especialmente rigurosa como ha puesto de manifiesto Margarita Martín en esta obra—, mientras que el abrumador esfuerzo en la transcripción e identificación de registros de un inventario sólo es conocido
por quienes lo han llevado a cabo alguna vez. Sin duda este trabajo cumple con esa exigencia metodológica, y además presenta un corpus bibliográfico excelente aparte de varios documentos de dudosa atribución hasta ahora, sino inéditos, que la autora presenta como escritos por el Duque.

Don Juan Francisco Pacheco Téllez Girón de Mendoza era hijo de Alonso Melchor Téllez Girón y Pacheco, y Juana Fernández de Velasco, y pertenecía a una familia nobiliaria cuyos estados abarcaban gran parte de la actual provincia de Toledo. Se casó con doña Isabel María Gómez de Sandoval, lo que le convirtió en Duque de Uceda consorte, título que utilizaría siempre por ser de mayor dignidad y
porque conllevaba el tratamiento de Grande de España. A lo largo de su vida desempeñó cargos en distintos Consejos de la Monarquía Hispánica, así como de Virrey en Sicilia, embajador en Roma y Ministro Plenipotenciario en asuntos italianos, en los años en que la representación diplomática de Felipe V se desplaza de Roma a Génova. Consiguió reunir varias bibliotecas, siendo el objeto de estudio para este trabajo la reunida hasta su vuelta de Palermo en 1696, y que puede reconstruirse gracias al inventario manuscrito que Sylvester —su bibliotecario— redacta con el fin de pasar los controles inquisitoriales. Es por ello que esta fuente presenta una problemática añadida, y es que puede que no se incluyesen en él todos
los libros que el Duque tuviese en Palermo; además el inventario nos habla sólo de una de sus bibliotecas, pues —como la autora se encarga de recordar— los bienes de Uceda fueron confiscados tras su cambio al bando del Archiduque en 1711; entre ellos estaban los libros que dejó en Madrid, por lo que durante sus últimos años de vida volvió a reunir de nuevo —ya en su casa de Viena— una pequeña pero rica biblioteca.

Este inventario no publicado hasta ahora, es la base de la investigación de Margarita Martín junto con otro escrito, La Verdad por sí i en si misma, conservado en la Biblioteca Nacional de París y que gracias al trabajo de la autora hoy podemos saber y decir que fue escrito por Uceda. Este opúsculo recoge a su vez otro panfleto anónimo de filiación austracista que circuló hacia 1708 y que mandó retirar Felipe V, del que Margarita Martín justifica y presenta como posible autor también al Duque; dentro del texto de La verdad por si i en si misma se recoge casi íntegramente este primer panfleto anónimo, gracias a lo cual podemos conocer claramente —según la autora— el pensamiento de Uceda y su relación con los libros que poseía.

En cuanto a la estructura del libro de Margarita Martín, el capítulo I es un buen trabajo de síntesis historiográfica acerca de los estudios que últimamente se están llevando a cabo sobre hábitos de lectura, nacimiento de las grandes bibliotecas-museo y el mundo de la cultura escrita en el Barroco a nivel general; los capítulos II y III corresponden a dos artículos ya publicados en la revista Documentación de las Ciencias de la Información, en los años 2006 y 2008, con la salvedad de que introduce una pequeña semblanza histórica del IV Duque de Uceda, y amplía con ello su visión sobre el papel que tuvo en la Guerra de Sucesión. Sirve esta pequeña ficha bibliográfica, apoyada en diversas fuentes impresas, para salvar la imagen del Duque que hasta hoy nos ha llegado debido a los escritos del Marqués de San Felipe,
matizando los motivos de su cambio de bando y presentándolo la autora como una situación casi lógica: debido a sus últimos errores (intencionados o no) en Roma y en la reconquista de Cerdeña, y ello unido a la suerte que corrieron el Duque de Medinaceli y el Marqués de Mancera al volver a España, el Duque de Uceda determinó presentarse ante el Emperador en noviembre de 1711 y pasar a formar parte de ese bando oficialmente; tras este acto, seguirá desempeñando cargos en Génova y Milán al servicio del Imperio, para terminar su carrera política y su vida en Viena, en 1718. El capítulo IV se ocupa de sintetizar las distintas guías bibliográficas del siglo XVII, prestando especial atención a la catalogación que hace Sylvester para la biblioteca de Uceda. Finalmente unos apéndices que comprenden el escrito encontrado en París y que finalmente puede ser atribuido a Uceda, La Verdad por sí i en si misma, así como unas breves conclusiones. La segunda parte del libro es el catálogo a partir de la transcripción del inventario y la selección de los impresos, sus entradas identificadas y los libros de que se compone localizados en la Biblioteca Nacional.

A pesar de todo este gran trabajo, queda aún por presentar si esos son los únicos libros de Uceda que se encuentran en la Biblioteca Nacional, o si por el contrario a dicha institución llegaron más libros que no se incluyen en el inventario y que aun no hayan sido localizados. Aparte del trabajo de transcripción del inventario y de la identificación de sus entradas —y siempre desde el punto de vista de historiador de
quien ahora escribe esta reseña—, se hace necesaria una reflexión acerca del sentido de la biblioteca, más allá de que pueda verse o intuirse la función y el uso que el Duque hacía de sus libros a partir de la lectura de La Verdad por sí i en si misma (obra que demuestra las lecturas y usos que el Duque hizo de sus libros, algo en lo que insiste la autora en varias ocasiones). Ya que el método de trabajo ha sido el estudio del inventario, sería bueno que a partir de ello conociésemos la significación sociopolítica y cultural del IV Duque de Uceda y, en definitiva, los motivos que movieron a don Juan Francisco Pacheco a acumular esa cantidad de libros a lo largo de su vida, así como su particular gusto por el coleccionismo.

Se echa de menos un mayor acercamiento a sus preferencias lectoras, e igualmente a sus intereses a la hora de adquirir libros sobre un autor, una materia o una edición particular. No quedan bien explicados, por ejemplo, los motivos que le llevaron a hacerse con obras de prácticamente todos los autores de teatro contemporáneos (algo poco común en el resto de bibliotecas estudiadas hasta el momento) y en cambio a no tener presencia de científicos de vanguardia como Kepler, que tiende a aparecer (sin llegar a ser numerosos los casos) en otras bibliotecas. El ejemplo del Marqués del Carpio (muerto en 1687), cuya biblioteca conocemos gracias a distintos inventarios de bienes, es significativo como ejemplo de hombre de su tiempo. Orgulloso y soberbio cortesano, embajador en Roma y Virrey de Nápoles, su biblioteca dista en parte de ser similar a la de Uceda; mientras acumuló un buen número de obras de Derecho en sus primeros momentos, y contó con abundantes obras de Astronomía, Geometría o Ingeniería Militar, apenas tuvo obras literarias contemporáneas, y sí contaba (décadas antes de realizarse el inventario de Uceda) con trabajos de científicos de vanguardia. Sería conveniente que se hiciese visible de manera más clara si don Juan Francisco Pacheco fue un lector actualizado, si buscaba ediciones nuevas o comentarios de autores a obras de otros, localizando ediciones únicas, raras o especialmente ricas.

Claramente el objeto de este trabajo (que es la adecuación para la publicación de su tesis, presentada en 2007) es el inventario de Sylvester, y es por ello que quizá siga haciendo falta otro estudio más reflexivo sobre la biblioteca y no sobre la persona del Duque, que complemente a esta ingente labor de documentación y arduo trabajo que nos presenta Margarita Martín Velasco.

MARTÍN VELASCO, Margarita, La colección de libros impresos del IV Duque de
Uceda en la Biblioteca Nacional de España, Madrid, Calambur-Centro de Estudios
Europa Hispánica, 2009, 583 págs., ISBN: 978-84-8359-180-2.

viernes, 3 de diciembre de 2010

Presentación de El juramento de la pista de frontón, de John Ashbery, en el CBA (Madrid)

El CÍRCULO DE BELLAS ARTES y la EDITORIAL CALAMBUR

tienen el gusto de invitarle a la presentación del libro
El juramento de la pista de frontón
de John Ashbery

Intervendrán:
Julio Mas Alcaraz, traductor y poeta
Jordi Doce, traductor y poeta
Emilio Torné, editor

Leerán poemas del libro:
Alejandro Céspedes • Guadalupe Grande •
Juan Carlos Mestre • Vanesa Pérez-Sauquillo

Jueves, 9 de diciembre de 2010, a las 19,30 h.

CÍRCULO DE BELLAS ARTES DE MADRID
Sala Ramón Gómez de la Serna
c/ Marqués de Casa Riera, 2
28014 MADRID



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John Ashbery (1927) es uno de los poetas vivos más reconocidos de los EE UU y probablemente el más influyente. El autor ha logrado un estatus difícil de igualar y es el primero que, además de ganar el Pulitzer, el premio Nacional y el premio de la Crítica, logra ver publicada su obra completa en vida por la Library of America.
El Juramento de la pista de frontón (JPF) es el libro más vanguardista y arriesgado de John Ashbery. Equivalente poético a Las señoritas de Avignon en pintura o la Fontaine de Duchamp en escultura, el poemario fue recibido por la crítica con la misma incomprensión y perplejidad que estas obras. Hoy en día, JPF es un texto de culto y es imposible entender las vanguardias poéticas de la segunda mitad del siglo XX sin esta pieza angular. En JPF, Ashbery desarrolla un nuevo lenguaje y un estilo fundacional de toda su producción futura e incluso de una nueva corriente poética (LANGUAGE). Jamás el neoyorquino ha vuelto a ir tan lejos en su experimentación y jamás un libro suyo ha sido tan controvertido e influyente a la vez. JPF es una prueba del virtuosismo técnico aplicado a la poesía postmoderna: por muy alejados que sitúe los elementos, por muy fragmentado que a veces sea su tono, por poco convencional que sea la forma en que se ordena el lenguaje, el poema termina mostrando una unicidad inexplicable, misteriosa y maravillosa, plenamente lírica.

Julio Mas Alcaraz es poeta y traductor especializado en literatura norteamericana. Entre sus traducciones recientes, destacan la antología La diferencia entre Pepsi y Coca-Cola y el libro de Anne Sexton Vive o muere. Para la traducción de JPF ha escrito una extensa introducción y ha desarrollado una detallada sección de notas dedicadas a cada uno de los poemas.

jueves, 2 de diciembre de 2010

Novedad Calambur Poesía: Los bosques de la mirada (Poesía reunida 1984-2009)

Basilio Sánchez
Los bosques de la mirada
(Poesía reunida 1984-2009)
Calambur Poesía, 116
ISBN: 9788483592076
480 págs. 2010
PVP: 25 €


Basilio Sánchez (Cáceres, 1958) surgió en el panorama poético con la publicación de A este lado del alba (1984), como accésit del Premio Adonais. Hasta casi diez años después no apareció el segundo, Los bosques interiores (1993), que el poeta reeditó revisado en 2002 y al que seguirían La mirada apacible (1996), Al final de la tarde (1998) —publicado por Calambur— El cielo de las cosas (2000), Para guardar el sueño (2003), Entre una sombra y otra (2006) y Las estaciones lentas (2008). Ha publicado también el libro de relatos El cuenco de la mano (2007). En 2007 recibió el Premio Extremadura a la Creación por su libro Entre una sombra y otra.

Los bosques de la mirada (Poesía reunida 1984-2009) recoge toda la obra poética de Basilio Sánchez, con la excepción de su primer libro, ya que el poeta ha reconocido su voz y su mundo más personales a partir de la segunda de sus obras. Este volumen contiene, pues, veinticinco años de escritura y se cierra con algunas muestras hasta el momento inéditas del presente creativo del autor. La poesía de Basilio Sánchez, avalada por algunos premios importantes, ha sido destacada por la crítica como una de las más sugerentes expresiones de poesía meditativa contemporánea, que no se queda en una contemplación ensimismada como punto de partida y de llegada, sino que muestra —sobre todo en sus últimos libros— su vocación de conquista moral en un mundo en el que los pilares éticos se ven agredidos. El lector de Los bosques de la mirada —título que recoge dos motivos simbólicos muy importantes en la poesía de Basilio Sánchez— podrá apreciar en este volumen esa fidelidad de tono que ha hecho de la escritura de este autor un lugar apacible.

"Basilio Sánchez utiliza la palabra poética para metamorfosear la realidad y, al hacerlo, enriquecerla o desen­trañarla".
Antonio Colinas, sobre La mirada apacible, 1996

"He aquí la expresión de un universo breve, cuya pureza es un aceite con que aliviar las rozaduras de la existencia".
Ángel L. Prieto de Paula, Babelia, El País, 7-08-2004

"Sus poemas construyen la figura de quien vive en ellos, las cosas de su entorno, y la trama de este conjunto funciona como honda manera de pensar".
Miguel Casado, ABC Cultural, 3-09-1998

"Lenguaje poético claro, elemental y natural, pero bajo su misteriosa transparencia, late una honda reflexión sobre la condición humana y sobre la precariedad de la existencia, siempre necesitada de refugio".
Luis García Jambrina, ABC Cultural, 26-06-2004

"Su poética acoge una de las dicciones más intensas de la poesía española contemporánea, configurada en una obra que no responde tanto a una deliberación literaria como a un estrecho acompasamiento entre existencia y poesía".
T. Sánchez Santiago, Árrago, Diario Hoy, 28-03-2001

"Escritura de lo doble o doble escritura, por medio de la cual vida y escritura se anudan, se corresponden".
Túa Blesa. El Cultural, 25-05-2006

"Exacto sin hipérbole, metafórico sin desafuero, habla a media voz, a veces casi susurra, convencido de que el exceso en el decir perjudica la verosimilitud de lo dicho".
Eduardo Moga, Turia, n.º 88, 2009

www.basiliosanchez.info

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Homenaje a José María Millares Sall en Toledo. Jueves 2 de diciembre en el Museo Sefardí


La poesía, lugar de encuentro
Poesía con los Premios Nacionales
30 de noviembre, 1 y 2 de diciembre
Museo Sefardí, Toledo

Jueves 2 de diciembre, 19:30 h.
Homenaje a José María Millares Sall (1921-2009), Premio Nacional de Poesía 2010 por Cuadernos 2000-2009. Mesa redonda con la poeta Elsa López, el crítico Jorge Rodríguez Padrón y Emilio Torné, editor del libro.

Presentado por Olvido García Valdés y Miguel Casado

Museo Sefardí
c/ Samuel Leví, s/n
45002 Toledo