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lunes, 11 de mayo de 2015

Reseña: Comentario sobre Astillas de Miguel Ángel Curiel, escrita por Amador Palacios, en ABC (16 Marzo 2015)

Los elementos conjugados
ASTILLAS
MIGUEL ÁNGEL CURIEL
Calambur. Poesía. Madrid, 2015. 78 pags.


Llama la atención en la conformación de Astillas la sucesión estructural de sus composiciones combinando poemas en verso y poemas en prosa. Abundan más los primeros, pero una especial densidad, resaltando sobremanera en el conjunto, poseen los segundos. Curiel tiene libros enteros de poemas en prosa, que lo aproximan al decir del aforismo escandido en una seca proposición amplificada en un silencio reverberante, y lo acercan al hueso verdadero y esencial de la palabra poética ausente de retórica, aunque Curiel, en la primera cláusula de su poética, publicada en la revista La sombra del membrillo, establece que “de todas formas la retórica es un arte sugestivo”, aclarando que “hay épocas en que se la estima más que en otras”.

Otra apreciación muy poderosa que destila la lectura de Astillas, es la sujeción de este libro al potente tema de los elementos, pues los cuatro se revelan aquí con fuerza transformados objetivamente en concretas referencias de profusa presencia: nieve, hielo, sol, hierba, fruta, piedras, escombros, insectos, pájaros, agua, fuego, tierra, aire...

Si ponemos en relación su poética con sus versos hallamos sugerentes correspondencias. Cuando Curiel se pregunta: “¿hay poesía sin palabras?”, apostillando: “La vieja pregunta está vigente”, y se responde: “Creo que sí”, podemos asociar esta reflexión a la sentencia: “No quisiera repetir las palabras esenciales con las que se teje este pasaje. Una vez dichas debes alejarte.” Proclive es el poeta en perseguir la nada con su poesía: “Yo busco la nada, mis palabras querrían atravesar la nada.” El proceso en la busca y prosecución de un despojamiento creciente, se refleja en este nítido proferir: “Había mucha luz, claridad invernal, un reposo de todo, un dormir de la tierra en el cielo y de la nieve sobre la tierra.” Muchas veces un haz de versos antirrétóricos desarrollan esa rotunda pincelada inscrita al modo zen: “Llanura / verdaderamente / llana. / Lo negro / en lo blanco / como el almendruco”.

El poeta vacila afirmando que “la poesía es un acto de comunicación” y “también un acto de incomunicación involuntaria”, lo que tenderían a desvelar estas ecuaciones poéticas: “Me agacho, pongo el oído / en la tierra y oigo / levántate...”, “Astillo palabras / antes de que / se humedezcan.” Abunda en Astillas referirse a los pájaros, nominación muy numerosa en este libro. Su opinión la plantea irrefutable: “De un pájaro sólo puede hablar la ciencia y la poesía”, expandida deductivamente en el poema: “¿Qué pájaro / no imita a otro? / Es escribano / en las orlas del dolor”... Y de pronto, la precisa metaformosis poética irrumpe como final sorpresa: “Escamas de

peces / en mis manos.” Y, con vigor, y filosofía, la inclusión del ave en el espacio del poema es metáfora del sentir humano: “Pero ahí está el hombre / que injerta dolor a la alegría. / Dentro de sus pulmones / chillan vencejos blancos / y son negros los pensamientos.”

Quizá suprema, precisa máxima en la poética de Miguel Ángel Curiel sea: “Mis poemas son oscuramente diáfanos”, que viene a revelar que en el poema se da la claridad expresiva encabalgada a un cautivador hermetismo; oscuridad y claridad conjugadas en el tapiz hilado por el recurso afectivo de la palabra a través de la rítmica respiración del habla poética exhalada al máximo: “Un exvoto de cera / que cure el nombre, / cicatrice el nombre. / Un nombre en vez / de un exvoto. / Una cicatriz / en vez de un hombre. / Un muñeco de pan / en la boca del hombre. / La cicatriz del mundo / cada vez que firmes, / o la mariposa borracha, / siempre borracha.” Haz de similitudes y diferencias en inefable alineamiento: el sagrado poder de la poesía, su muy litúrgica disposición.

AMADOR PALACIOS
(Palabras de presentación del libro Astillas el 20 de febrero pasado en la Fundación Isidro Parra de Alcázar de San Juan)

Podéis ver la noticia en ABC.

jueves, 30 de abril de 2015

Novedad: Astillas, de Miguel Ángel Curiel

Astillas
Miguel Ángel Curiel
Calambur Poesía, 149. 82 p. 14 x 22,5 cm.
ISBN: 978-84-8359-352-3
PVP: 10 €


Miguel Ángel Curiel es un poeta humanista y naturalista con una originalidad profunda y desestabilizadora, un poeta singular que mantiene una relación única e irrepetible entre los hombres y su vínculo con la realidad. Curiel reconquista la cualidad chamánica mediante una creatividad entendida como actividad espiritual. Cree que el ser —con su oscuridad, su instinto y su voluntad, su conocimiento— está en posesión del sentimiento universal capaz de sacar a la luz el conocimiento, los torbellinos inconscientes que germinan en el alma del hombre, pero también en el alma de la naturaleza. Esta poesía es tanto piel como sangre, nieve o ceniza, transparencia y luz, fuerza poética capaz de engendrar incesantemente nuevas energías. Un espacio de pensamiento vertical. ¿Cómo tener un pez vivo entre las manos? Frederich Schiller afirmaba que la belleza es esa forma que no exige ninguna explicación.

Miguel Ángel Curiel nació en Korbach (Alemania) en 1966. Durante 2009 y 2010 vivió en Roma, en la Academia de España, al serle otorgada la Beca Valle-Inclán. En 2013, reunió sus últimos diez años de escritura poética en El agua, volumen donde se recogen los libros Por efecto de las aguas (2007), Los Sumergidos (2011), y Hacer Hielo (2012). Es autor también de El Verano (2000, accésit del premio Adonáis), y de Luminarias (2012), libro de fragmentos y aforismos poéticos a modo de un diario abierto, donde la poesía sirve de nexo al encuentro de los diferentes géneros. Su último libro fue la reedición de Trabajos de purificación (2014).