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miércoles, 8 de febrero de 2017

Noticias: Entrevista a Concha García en El Diario de Córdoba, por Carmen Lozano




                                                                                     
                                                 El Diario de Córdoba, 3/2/2017
                                                   





La poeta cordobesa Concha García (La Rambla,1956), presentó ayer en la Biblioteca Viva Al Andalus su obra Las proximidades, con la que opta al Premio de la Crítica Andaluza. Acompañada por Rafaela Hames, comentó este poemario, que algunos consideran el definitivo de esta escritora que, pese a vivir en Barcelona, sigue enraizada en Córdoba y siempre se emociona al volver.






¿Qué ha querido transmitir con ‘Las proximidades’?

He querido transmitir que se puede percibir el mundo, no desde las distancias lejanas como los deseos o los proyectos, sino desde lo que está más próximo, desde los afectos, la naturaleza, desde un estado que no es solo físico, sino emocional, perceptible.

Lo cotidiano es parte importante de su poesía. ¿Cree que infravaloramos nuestra rutina?


Creo que sí. Hay una forma de construir el mundo basada en lo que mentalmente nosotros mismos proyectamos, y es un orden que quizá no es el que elijamos, sino impuesto por la cantidad de estímulos que la sociedad de consumo nos proporciona. Por ejemplo, deseas un viaje o un mueble, cuando lo más importante es sentir que se siente la vida en todo su sentido, desde el punto de vista de la inmanencia, no la trascendencia.

Tiene una perspectiva peculiar de la existencia. ¿Cómo calificaría su poesía?

Es una poesía que, como la propia existencia, está construyéndose y cambiando. Si bien en sus orígenes reivindicaba la existencia de un sujeto poético de mujer, ahora mi poesía ha derivado a un sujeto múltiple, descentrado, que no está solo en él, sino que sale y posibilita una mirada menos patriarcal.

Ha viajado mucho a países latinoamericanos. ¿Le ha influido esta literatura?

Sí. Viajar siempre influye, y yo no viajo como una turista, sino que me quedo a vivir algunas temporadas. El lenguaje allí es mucho más abierto, está menos constreñido a la tradición y entran otro tipo de sintaxis y referentes. Naturalmente, el lenguaje se genera donde culturalmente estás, por eso no se pueden imponer modelos, y todo eso atraviesa mi poesía también.

Tres escritores cordobeses optan al Premio de la Crítica Andaluza. Parece que la literatura cordobesa goza de buena salud. ¿Qué opina desde la Barcelona donde reside?


Vivo en Barcelona, pero no me he desenraizado nunca de Córdoba, aunque el hecho de estar en Barcelona te permite una mirada diferente. La poesía en Córdoba siempre ha gozado de mucha salud, tenemos grandes referentes. Es una ciudad muy poética. Y en otros géneros también. Las políticas ayudan, y deberían ayudar más a que se posibilite la creatividad. No quiero imaginar un lugar donde no hubiera escritores y poetas, sería un sitio mucho más seco, más árido. Curiosamente, a pesar de todos los frentes que tenemos con el mundo de las pantallas, la literatura se está fortaleciendo.

Durante la presentación ta
mbién se habló de Calambur. ¿Qué tiene de especial esta editorial?


Tiene 25 años, y eso ya es muy especial. Pocas editoriales en este país han logrado llegar a este punto sin las subvenciones que tienen otras. Hay que agradecer que continúe.

Véase también http://www.diariocordoba.com/noticias/cultura/concha-garcia-lo-importante-es-sentir-siente-vida_1119936.html

miércoles, 25 de enero de 2017

Reseña: "Las proximidades" en Cuadernos del Sur. Por Antonio Luis Ginés


                   
                                           Cercanía y roce 

                                                Por Antonio Luis Ginés
                                       
                                 Cuadernos del Sur, año XXXI, n.º 1263, p.7

No contra el tiempo, sino dentro de él. Ese yo que sale al rescate
de un momento, una secuencia en la que la luz oscila, se balancea, provocando que percibamos las situaciones desde
la incertidumbre. Muy pocos autores manejan ese tempus de
descolocar al lector cómodo y placentero como Concha García
en sus últimas entregas. Esa perplejidad omnipresente del
yo que se separa con su pensamiento del propio cuerpo y que
adquiere cierta distancia frente al entorno pero sin excluirse
del grupo, porque justo en la medida de esa distancia se halla
una de las claves de su escritura «la vida no regresa. / Tú estás
dentro». ¿Dentro? Mientras, sucede que esa mirada busca un cierto reposo, un instante dentro del día que nos devuelve la tranquilidad que estamos perdiendo con este sistema de vida, no muy conciliador con la auténtica raíz de una existencia más equilibrada y humanizada. Y, a veces, se retrotrae pero sin falsas ñoñerías ni postales lacrimógenas innecesarias, sino con una conciencia lúcida y profunda de lo que sucede y ha
sucedido: «La prueba es / que nos atravesamos / y la velocidad no resiste / un detenerse / tan cercano». En esa transformación del yo, permanente, se sigue construyendo ese sujeto, esa personalidad con las partes del antes,con el total del ahora. Y el pensamiento cobra vida y latido en el momento que aflora como algo sólido, constituyéndose en una línea de acción vital, la velocidad que se nos trata de imponer desde fuera choca con ese yo, con otra concepción de la existencia, siempre con la sabiduría de una naturaleza a la que no dejamos respirar. Ese continuo quebramiento rítmico -sobre todo en los versos cortos- produce una exhalación que nos conduce, sin embargo, hacia la calma de ciertos aconteceres. Los títulos dan ese paralelismo,
ese juego, de la búsqueda de ese otro sentido que anda semioculto y al que, como lectores, hemos de intentar aproximarnos desde ese comienzo ya en la sugerencia: «Si lo minúsculo es perceptible ¿Qué es el tiempo?» El goce de la pulsión del instante permanece como un sustrato omnipresente, que, sin embargo, se acomoda a convivir con ese regusto algo ácido de una hebra de descontento que recorre la línea de estos poemas, y ambos polos tratan de establecer un equilibrio -y diálogo- en la mirada. Esa suerte de proximidad con el mundo, con lo que se roza, también implica al yo, a lo íntimo como infranqueable que ahora se asoma a esa ventana del afuera, acaba por conformar ese momento en el que el ojo se clava en un punto y devuelve el reflejo cambiado: «...un bosque desencantado, / sentir bajo los pies / que los dedos
también / forman parte de todo / esto». El pulso, ese combate silencioso entre lo que debiera ser -proyección del adentro-
y lo que es -inaceptable en tanto anula la belleza en algún punto-. Lo que es y lo que todavía no ha sido. En ese margen el sujeto se maneja con una soltura y prestancia, cambiando de posición
pero sin hacernos perder el matiz que enriquece, que plantea
esa duda, esa pregunta sin interrogante en la que tampoco necesitamos descubrir la respuesta.