martes, 28 de diciembre de 2010

Reseña de Bajo la piel, los días, de Eduardo Moga, en Diario de León

El Filandón (Diario de León), 19 de diciembre de 2010

No estoy solo, la palabra me piensa

Por José Enrique Martínez

Pasión y tensión definen la poesía de Eduardo Moga, de Ángel mortal (1994) a Seis sextinas soeces (2008). No menos intensa es su prosa, como puede comprobarse en Bajo la piel, los días , un «diario poético», es decir, poesía: «La prosa de una sensibilidad orientada a la aprehensión verbal del mundo y a la intensificación de las emociones mediante la palabra». Tal ha escrito el poeta, que ha aludido al impulso que ha movido su libro: «Impregnar la realidad de palabra, y la palabra de realidad; arrancar poesía de lo anodino, de lo incomprensible, de lo abyecto; y hacerlo siempre en la espinosa intemperie del enunciado». La palabra, el enunciado, el decir es uno de los ámbitos de reflexión del poeta. La palabra como materia y la palabra como emoción interior, como conciencia. La palabra propia y la palabra otra de la que se apropia. De los 31 capítulos, alguno pertenece por entero a otro poeta, en concreto el XXVII, de Sergio Gaspar, como aclara Moga. Y hay breves fragmentos o versos de otros incorporados a la propia palabra; el poeta trata así, entre otras cosas, «de honrar la amistad y la solidaridad estética». Es el gran libro abierto de la tradición clásica y moderna, y la minoración de la autoría a favor de la enciclopedia colectiva.

«Las palabras son tenían sonido, sino que sangraban». Y esas palabras son muchas veces las de la poesía. En la primera prosa poética está muy presente Blas de Otero, al que hay que retornar, pues vivió y expresó con pasión la poesía, como la vive Moga: «El poema es un delirio: otra forma de inteligencia»; el oxímoron, la contradicción, la paradoja forman parte de la palabra tensionada del poeta, definido, con Tomás Sánchez Santiago, como el que desordena, «pero ese desorden alisa el caos». En muchas ocasiones alude Moga a sus lecturas. Una de ellas es la poesía de Basilio Fernández, de la que afirma: «Sus versos ocurren como una lapidaria sucesión de ambigüedades. Las imágenes se engarzan hasta primar al poema de toda certeza, excepto la del poema mismo: la de su irrespirable existencia». No son menos interesantes las reflexiones de Moga sobre la escritura, como esta: «toda descripción esconde un juicio».

La realidad y sus grietas, las fisuras del yo y del yo-otro, el cuerpo observado en sus pliegues y en sus hendiduras, el sexo y la maquinaria del cuerpo, el tiempo pautado por las repeticiones, los objetos familiares, el entorno del yo, «los accidentes de la vida y las vicisitudes de la conciencia»: he aquí algunos de los temas de la escritura de Moga en este diario poético, en el que se mancomunan observación, indagación y reflexión, ésta no pocas veces sobre la poesía: «Sólo si la palabra se resiste es poesía»; «la paradoja es el principal fulminante poético»... La tensión, una vez más, define esta poética y esta poesía.

http://www.diariodeleon.es/noticias/noticia.asp?pkid=572532