lunes, 15 de diciembre de 2014

Reseña: La bruja del mar y otros cuentos de los hojalateros escoceses, de Duncan Williamson, en La República Cultural

La bruja del mar y otros cuentos de los hojalateros escoceses, Duncan Williamson
Por José Ramón Martín Largo
La República Cultural, 9/12/2014

El pasado mes de mayo se dirigió al Parlamento escocés un llamamiento, incluido en las medidas que se vienen tomando en esa nación a fin de preservar su memoria histórica. La iniciativa, obra de la escritora Jess Smith, ha sido aprobada, y a finales de septiembre un comité parlamentario la remitió al gobierno. Smith, y muchos escoceses que han suscrito la petición, reclaman que se garantice la protección y la restauración del llamado “Heart of Quartz”, un corazón de piedras de cuarzo que se encuentra en un paraje agreste, cerca de Loch Fyne, en el condado de Argyll, en la costa occidental de Escocia. Este sencillo monumento, que ya en una ocasión no fue admitido por el organismo público Historic Scotland, “por no cumplir con los criterios requeridos para catalogarlo como de importancia nacional”, es conocido popularmente como “The Tinker’s Heart”, y durante siglos fue el lugar preferido de aquella comarca para la celebración de bodas gitanas.

No se sabe con seguridad cuándo arribó este pueblo a las tierras de Escocia. En un documento de 1505, durante el reinado de Jaime IV, consta que unos “egipcios” llegados a Stirling recibieron un pago como compensación a algún entretenimiento que ofrecieron al rey, del que se sabe que era muy aficionado a la música, a los disfraces y a escuchar narraciones. Mucho antes de esta evidencia escrita, sin embargo, existían ya clanes de una población nómada que recorría Irlanda y Escocia. Ello explica que el término con el que se los designa, travellers (viajeros), englobe también a una comunidad celta o pre-céltica que ya era reconocida en la época de la invasión romana. Según algunos estudios recientes, una población autóctona de herreros nómadas que gozó de una alta posición social y que después fue decayendo, convirtiéndose sus miembros en vendedores ambulantes y charlatanes, se mezcló con una etnia procedente del norte de la India, la cual atravesó Egipto y el Este de Europa, y que es la antecesora de los gitanos europeos. Fruto de dicho mestizaje son los tinkers (hojalateros).

El músico escocés Martyn Bennet, prematuramente fallecido en 2005, escribió acerca de su encuentro, siendo niño, con los travellers, los cantantes gaélicos, los cuentacuentos y los bardos que frecuentaban las fiestas populares. Y escribió: “Los orígenes de los gitanos escoceses son tan esquivos como fascinantes. Su vibrante cultura, modo de vida nómada y fuertes lazos familiares son parte de una tradición en la que muchos de nosotros podemos encontrar nuestras raíces”. Unas raíces que en las Islas, como en el Continente, fueron marcadas por el acoso y la persecución. El rey Enrique VIII prohibió la entrada de los gitanos en Inglaterra y mandó deportar a los que ya vivían allí. La medida no tuvo mucho efecto, y más tarde se aprobó la Ley de los Egipcios, en virtud de la cual los gitanos fueron condenados a muerte. La última ejecución registrada en las crónicas es la de una gitana en la década de 1650, un período en el que los gitanos isleños estaban siendo deportados masivamente a América. Hoy en día los gitanos están reconocidos por el gobierno escocés como una minoría étnica bajo la Ley de Relaciones Raciales de 1976.

Son pocas las familias gitanas que hoy conservan el nomadismo. Algunas viajan sólo durante una parte del año, y otras viven en casas de ladrillo y mortero. Mantienen vivos oficios como la cestería o la fabricación y reparación de utensilios de cocina, actividades que alternan con el cambalache. Los más prósperos son tratantes de ganado. La mayoría, sin embargo, ha sido asimilada por la sociedad dominante, lo que no impide que mantenga un acusado sentido de su identidad cultural. Muchos de los conflictos que todavía existen entre los blancos y los gitanos se derivan del escaso valor que estos conceden a la educación formal, y que compensan con otros procedimientos pedagógicos que pueden rastrearse a través de la artesanía y las ferias tradicionales, y en especial a través de los cuentos y la música. Pues la tradición oral de los gitanos hojalateros posee una riqueza que sólo ha empezado a ser reconocida en los últimos años. Gran parte de esta justa valorización de su cultura se debe a Duncan Williamson.

Nació en Furnace, Argyllshire, en 1928. Su padre confeccionaba canastas y utensilios de hojalata. Había nacido nómada y así vivió su juventud, hasta que formó una familia y se instaló en Argyll. Gracias a haber sido soldado en la Gran Guerra, y gracias también a que al regreso de ésta se casó oficialmente con su mujer, fue aceptado por las gentes blancas de Argyll y pudo enviar a sus hijos a la escuela. “Aquellos tiempos fueron difíciles”, escribió Williamson. “Fue difícil nacer en una comunidad itinerante de gaiteros, cantantes de baladas y narradores de historias. En aquellos tiempos era muy duro criarse bajo un robledal, junto a algún pueblecito… Si desaparecía algo, los culpables eran siempre los hojalateros del bosque. Por supuesto, los problemas venían por el prejuicio de la gente, no por el tipo de vida que lleváramos nosotros”. En la escuela, los padres blancos aconsejaban a sus hijos que no se acercaran a los hijos de los tinkers, ya que iban mal vestidos y se temía que tuvieron piojos. Williamson se crió entre los cuentos y las leyendas que relataban sus mayores. Y muy pronto empezó también a relatar esas historias a otros. La fuente principal de las mismas era su abuela, y la prodigiosa memoria del nieto es la causa de que hayan sobrevivido hasta nosotros. Esa memoria con la que Williamson llegó a retener cientos de narraciones se debía, según él, a una insolación que sufrió siendo niño, la cual le puso a las puertas de la muerte, permaneciendo “completamente ausente durante dos meses y medio”. De ese estado se restableció de pronto, convertido ya en cuentacuentos. “Sufrir aquella insolación tuvo un efecto maravilloso en mi memoria. Porque recuerdo todo lo que ha sucedido en mi vida desde el principio. No hay nada en el mundo que no recuerde”.

A finales de los años cincuenta, y en la década siguiente, diversos intelectuales escoceses empezaron a interesarse por ese archivo inagotable de historias que era Williamson, y la poeta Hellen Fullerton registró su voz en una cinta de magnetófono. También grabaría a su madre y a dos de sus hermanas. Ese material, que más tarde enriquecerían otros folcloristas, incluye narraciones, baladas y cantering, una modalidad de canto onomatopéyico en el que el intérprete imita el sonido de una gaita. Un papel destacado en la producción, el estudio y la divulgación de estas grabaciones lo tuvo la School of Scottish Studies, que fue fundada por Hamish Henderson, poeta e intelectual comunista que creó también el efímero People’s Festival de Edimburgo en 1951. A invitación suya, Williamson asistió al Festival de Blairgowrie, lo que le empezó a dar renombre en toda Escocia. No menos importante, a este respecto, fue el trabajo de Linda Williamson, folclorista norteamericana que llegó a la Universidad de Edimburgo para estudiar la tradición oral de la narrativa y la música escocesas y que se casó con Duncan en 1977.

Los abundantes materiales grabados no tardaron en ser publicados en forma de libro a este y al otro lado del Atlántico. Y aún siguen publicándose, de lo que es buena prueba el volumen Scottish Traveller Tales (University Press of Mississippi), recopilación de Donald Braid aparecida recientemente. De igual modo, una selección de dieciséis narraciones grabadas en su día a Williamson ha sido traducida al castellano por la editorial Calambur, en una edición a cargo de Javier Cardeña Contreras, bajo el título de La bruja del mar.

El libro, única fuente de la que dispone el lector hispanohablante para acceder al legado de la tradición oral de los tinkers de Escocia, está dividido en seis partes, cada una de las cuales reúne un grupo de narraciones en función de su temática: cuentos de animales, cuentos maravillosos y cuentos del diablo; y tres secciones dedicadas a las leyendas de broonies, de silkies y de sirenas. El volumen concluye con un ilustrativo estudio de quien es su editor y traductor, y sus páginas contienen diversas fotografías históricas que evocan el estilo de vida de los tinkers.

El modo en que están narradas estas historias responde al que es común en la tradición oral de todo el mundo. Quiere decir ello que son narraciones que se nos aparecen con una extremada sencillez, aptas por tanto para un público infantil, pero cuyos argumentos esconden no pocas sugerencias que perturbarán al lector adulto. El estilo con el que han sido reproducidas respeta escrupulosamente su origen oral, con los consiguientes giros expresivos, repeticiones y llamadas de atención formuladas en segunda persona. A menudo los relatos vienen precedidos por una breve introducción en la que el narrador nos informa de dónde, y de quién, los aprendió. En algunos de esos textos introductorios se anuncia ya anticipadamente al oyente-lector el contenido moral o aleccionador de la fábula, como sucede en el primero de ellos, El muchacho y la serpiente, que nos advierte de “cómo los padres creen saber qué es lo mejor para sus hijos, y sin embargo a veces los niños saben más”. Otros textos introductorios sirven para situarnos en el momento y el lugar en el que el cuentacuentos inicia su actuación, tal como ha venido haciendo el hombre durante miles de años: “Y después de caminar durante todo un día nos sentimos algo cansados y montamos las tiendas en forma de arco en las lindes de un bosque. La mujer se fue a dormir, los niños también, y él y yo encendimos un gran fuego delante de las tiendas. Yo no era muy mayor, debía de rondar los diecisiete o dieciocho años. Y, de este modo, nos quedamos sentados contando anécdotas y las últimas noticias que había habido… Y esta es la historia que me contó”.

Muchos de estos relatos lo son de iniciación, es decir, de iniciación a la vida, al amor, a la muerte o a los misterios de la naturaleza. Por lo demás, ese rasgo iniciático es parte inseparable del acto mismo de narrar, con lo que, como sucede en la descripción que hace Williamson de la escucha de los relatos de su abuela, el narrador adopta temporalmente el papel de maestro; y el oyente, el de pupilo. Abundan en estas historias las alusiones a la vida y la cultura de los hojalateros: a sus oficios, a sus lazos familiares, a los viajes y a su respeto a los animales. Quizá entre estos últimos puedan figurar los protagonistas de las leyendas aquí recogidas: los broonies, hombrecitos vestidos de manera andrajosa, de cara morena y cabeza peluda, que salen por la noche y terminan las faenas que algún humano a dejado a medias; o los silkies, una especie de híbrido entre hombre y foca que es muy popular en la costa oeste de Escocia. A este género pertenece el relato que da título al libro, el cual nos cuenta la historia de un muchacho que se enamoró de una sirena y fue en busca de una red para capturarla. Como otros, el de La bruja del mar nos habla de un grupo humano estrechamente vinculado a la naturaleza, de los mundos y seres desconocidos que habitan en ella y de lo costoso que resulta todo aprendizaje.

Del libro pueden extraerse múltiples reflexiones, en especial en lo que concierne al valor indeclinable de la memoria y a la fascinación y el asombro ante la vida. Y es verdaderamente, sobre todo, una de esas obras cuyo autor anónimo y colectivo, al susurrarnos al oído su historia a través de los siglos, nos devuelve al inicio del placer de la lectura.


Lee la reseña en La República Cultural.


Reseña: Otrora, de Javier Pérez Walias, en Proyecto desvelos

Otrora (Antología poética 1988-2014), Javier Pérez Walias
Por Agustín Calvo Galán
Proyecto desvelos, 13/12/2014

Una antología es un momento para el punto y seguido, para detenerse y prestar atención no al instante sino a la trayectoria de una flecha que fue disparada ya hace tiempo, y una oportunidad para dar un pequeño salto hacia delante e imaginar también el futuro. Una antología que llega a finales de otoño es una oportunidad también para podar y que el árbol, en la primavera, rebrote sin redundancias y siga dando buenos frutos.

En una antología podemos reseguir alguna palabra o un motivo; en el caso de Javier Pérez Walias, con su Otrora, antología poética 1988-2014 (Calambur, 2014) me place estirar del hilo del paisaje, pienso en el paisaje interior tanto como en el extremeño, en el propio del poeta, en sus cauces, en sus arterias, en sus bosques, en su piel, y se va formando ante el lector una pintura preñada de interpretaciones de la realidad, de fragilidades:

El lienzo estucado es la tarde
y se cubre lentamente de pigmentos.
(Pág. 60)

Y de la voz del poeta:

Mira,
mira callado el silencio frío
de esta sierra.
(Pág. 75)


O de la presencia del poeta:

bajo la sombra inmensa del desconsuelo
por ti mismo
en la ciudad dormida.
(Pág. 121)

Para llegar, en esta posibilidad de recorrer las páginas, en estos ejemplos apresurados, hasta el último libro del poeta, ese Al Qarafa, ese barrio de El Cairo en el que conviven los vivos y los muertos en perfecta y mísera armonía; llegar sin finalidad posible, llegar ahí para darse cuenta de que todo continúa:

Atravieso el umbral sellado por la muerte.
Salgo extramuros.
(Pág. 201)

Porque todo continúa, felizmente, en la esperanzadora nostalgia de Pérez Walias.



Lee la reseña en Proyecto desvelos

jueves, 11 de diciembre de 2014

Reseña: Otrora (Antología poética 1988-2014), de Javier Pérez Walias, en el blog de Carlos Alcorta

Otrora (Antología poética 1988-2014), Javier Pérez Walias
Por Carlos Alcorta
Carlos Alcorta. Literatura y arte, 10/12/2014


Mucho ha llovido desde que Javier Pérez Walias (Plasencia, 1960) publicara su primer libro, Ceremonias del barro (1988), en la colección «Ángel», una de las, nunca suficientemente ponderadas, ediciones malagueñas dirigidas por Ángel Caffarena. Mucho ha llovido, y para bien, porque durante todos estos años la dedicación poética de nuestro autor, dedicación que se ha visto consumada en nueve poemarios, además de sendos libros de artista, uno en colaboración con Juan Carlos Mestre y otro con Javier Alcaíns y una antología de su obra escrita entre los años 1988 y 2003, publicada en la Editora Regional de Extremadura en 2004 ha sido fecunda tanto cualitativa como cuantitativamente.

Otrora, esta antología publicada exquisitamente (como es costumbre de la casa) por Calambur, comienza con Impresiones y vértigos del invierno (1989) – escrito antes de Ceremonias del barro, aunque publicado un año después- y llega hasta el ahora mismo, hasta Al Qarafa, publicado el año en curso. Acaso esa inmediatez sea la causa de que Pérez Walias no haya incluido ningún poema inédito, una norma no escrita que, sin embargo, practican gran parte de los poetas que se enfrentan a la estructura de una antología, y digo se enfrentan deliberadamente, porque no resulta fácil ajustar la voz actual a las distintas voces del pasado. Se necesita establecer un diálogo íntimo entre los diversos yos que conforman la identidad actual para entresacar de lo escrito aquello que mejor ha contribuido a la construcción de esa identidad, identidad, por otra parte, nunca conformada del todo, a pesar de lo que proclaman los diagnosis de la medicina general, relacionándola de manera simplista con el paso del tiempo, madre de la experiencia. Y es que, como dice el poeta Eduardo Moga en «Poesía para no olvidar», el imprescindible texto que prologa esta selección, «Una obsesión persigue a Javier Pérez Walias y a su poesía: la recuperación del pasado. Otrora es un conjuro incesante para la reviviscencia de lo perdido», pero acaso sean las palabras del propio poeta las que aclaren mejor la idea que hemos apuntado más arriba: «Así, y por mor del enfoque casi encelado de esta lente, que es la poesía, podemos rescatar, desde la oscuridad recóndita de nuestro ser, lo esencial de nosotros mismos y trasmitirlo, para hacerlo palpable y visible, a nuestro semejantes».


Durante esta ya larga travesía poética se han producido algunos cambios en la poesía de Pérez Walias, como no puede ser de otra forma en un poeta que se interroga sobre su lugar en el mundo de forma permanente y que está sujeto a los vaivenes emocionales y las trasformaciones tanto de índole personal como social. La escritura, mejor será decir, los motivos de la escritura pueden ser, y de hecho, son similares, pero es distinta la manera de reflexionar sobre ellos. Lo contrario denotaría una especie de peterpanismo, nada extraño, por otra parte, en aquellos poetas que se empeñan en escribir siempre el mismo libro, tal vez porque desde sus libros juveniles impostaban una voz reflexiva que sólo el paso del tiempo ha conseguido hacer creíble. No es este el caso, por supuesto, de Pérez Walias, como delata la versatilidad poética de la que somos testigos desde sus primeros libros hasta los últimos. No sobra aquí recordar lo que Auden escribía sobre este propósito: «En todos los poetas distinguimos entre su obra juvenil y la de madurez, pero en el caso de los poetas mayores el proceso de maduración continúa hasta la muerte y, por tanto, si comparamos dos poemas suyos de igual valor pero escritos en diferentes momentos el lector puede decir inmediatamente cuál de ellos es anterior». Esta diversidad muestra, entre otras cosas, el proceso evolutivo de la escritura, pero también, la transformación del artista que mueve los hilos desde las bambalinas, de la persona que sirve de molde al personaje que vive en el poema. Toda antología es una especie de, utilizando un símil artístico, retrospectiva, en ella se dan cita todos los periodos por los que atraviesa la escritura, periodos engarzados por un hilo común, la conciencia de que el lenguaje es una herramienta —no del todo eficaz, si se quiere, en muchos casos— que hay que tratar con delicadeza y respeto para sacarla el mejor partido, para trasladar la emoción al poema con la mayor fidelidad posible. «La escritura, a veces, como la lentitud del paso de las estaciones o la visita inoportuna del sufrimiento, se me antoja/ cuesta arriba,/ y otras veces soportable,/ a duras penas», escribe Pérez Walias en un poema de carácter confesional. Soy de los que creen que cada asunto busca su propia retórica y, tal vez, esta sea la razón por la que Javier Pérez Walias ha experimentado con formas diversas, que van desde el poema breve, proclive a la esencialidad, con un lenguaje concreto, con pocas concesiones a lo discursivo, hasta el poema en prosa y el versolibrismo de los últimos libros, versos de largo aliento llenos de reminiscencias sonambulescas, misteriosas, irracionales, con abundancia de imágenes y de metáforas. Como escribe Eduardo Moga en el citado prólogo, «De la barahúnda expresiva de la juventud se pasa, con mayor o menor templanza, a un lenguaje más austero, más pudoroso. Pérez Walias es uno de los pocos casos de autores actuales que ha evolucionado en sentido contrario: de cierta parquedad inicial a una eclosión de imágenes y acentos en el tramo más reciente de su producción». Otrora, la antología que comentamos, permitirá al lector realizar una vista panorámica sobre la fecunda trayectoria de Pérez Walias y descubrir por sí mismo las virtudes de tal pluralidad compositiva.



Lee la reseña en el blog de Carlos Alcorta.


jueves, 4 de diciembre de 2014

Noticias: presentación de 'Otrora (Antología poética 1988-2014)', de Javier Pérez Walias


Presentación de Otrora (Antología poética 1988-2014), de Javier Pérez Walias

Acompañará al poeta: Eduardo Moga, antólogo y prologuista del libro

Jueves, 11 de diciembre de 2014, 19:30 h
Librería Café La Fugitiva
C. Santa Isabel, 7. Madrid
Más información

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La poesía de Pérez Walias aúna el impulso narrativo y la representación simbólica, la construcción de un yo lírico coherente y la fulguración de lo incontrolado, el vislumbre de lo anómalo, o incluso de lo imposible. El cincelado metafórico atraviesa los poemas sin privarlos de su enjundia figurativa, pero repujándolos con una intensidad infrecuente. Si algo caracteriza su propuesta es la busca de una dicción sosegadamente desgarradora, que renueve la vida pronunciándola otra vez, con más vigor, con más inocencia, que impacte en la sensibilidad y en el ánimo del lector. Otrora es un diorama del mundo, el óleo panorámico de un orbe que no deja de ramificarse. 
(Eduardo Moga)

Javier Pérez Walias (Plasencia, 1960) es licenciado en Filología Hispánica —especialidad de Literatura— por la Universidad de Extremadura. Desde la aparición de su primer libro, Ceremonias del barro (Málaga, 1988), Pérez Walias ha publicado —entre otros— Versos para Olimpia (Málaga, 2003), Los días imposibles (Tres figuraciones) (Madrid, 2005) —editado por Calambur—, Cazador de lunas (Seis aguafuertes de Juan Carlos Mestre con ocasión de Cazador de lunas de Javier Pérez Walias) (Málaga, 2007), Largueza del instante (León, 2009, Premio Bienal de Poesía «Provincia de León»), Arrojar piedras (Sevilla, 2011) y Al Qarafa (Mérida, 2014). Ha colaborado en revistas especializadas, como El Maquinista de la Generación, Turia y Cuadernos del Matemático, y en ediciones y catálogos con los artistas plásticos Rafael Carralero, Juan Carlos Mestre, Javier Roz y Javier Alcaíns. Su obra poética está representada en diversas muestras colectivas.




Noticias: presentación de 'La isla que prefieren los pájaros', de Vanesa Pérez-Sauquillo


Presentación y concierto de La isla que prefieren los pájaros, de Vanesa Pérez-Sauquillo

Leerán junto a la autora: Richard García y Antonio Luque

Intervendrán: Paul Gladis (guitarra) y Nicole Pearson (cantante) con temas de la lírica tradicional celta y algunos propios.

XXI Ciclo Los viernes de la cacharrería
Viernes, 12 de diciembre de 2014, 20:00 h
Salón Ciudad de Úbeda, Ateneo de Madrid
C. Prado, 21, Madrid 
Más información

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La isla que prefieren los pájaros es el primer poemario de Vanesa Pérez-Sauquillo desde Bajo la lluvia equivocada. Responde a un silencio creativo de cinco años, una búsqueda desde el vacío y la alienación, desde la tierra arrasada del sentimiento, hacia el encuentro de la naturaleza y el amor.

Vanesa Pérez-Sauquillo (Madrid, 1978) ha publicado hasta ahora los poemarios Climax Road (Premio Ojo Crítico de Radio Nacional 2012 y accésit del Premio Adonáis), Bajo la lluvia equivocada (Premio Arte Joven de la Comunidad de Madrid, Hiperión, 2006), Invención de gato (Calambur, 2006), Vocación de rabia (accésit del Premio Federico García Lorca de la Universidad de Granada, 2002) y Estrellas por la alfombra (Premio Antonio Carvajal, Hiperión, 2001). Como autora de libros infantiles, ha publicado en 2013 Cuentos con beso para las buenas noches, editado por Alfaguara en España y México, y el álbum ilustrado ¡Pobre mamá!, que ha visto la luz en Inglaterra, Francia y Alemania con la editorial Minedition y recientemente en España con Bruño. Una de sus últimas traducciones, Las ventajas de ser un marginado, de Stephen Chbosky, fue el título seleccionado en castellano para la Lista de Honor de ibby 2014 en la modalidad de Traducción.


 

Novedad: El héroe que fue al infierno y escuchó que cantaban allí su epopeya. Cantos épicos del pueblo djerma de Níger

El héroe que fue al infierno y escuchó que cantaban allí su epopeya
Cantos épicos del pueblo djerma de Níger

Traducción, edición y estudio de Safiatou Amadou y José Manuel Pedrosa
Calambur Narrativa, 56. 2014. 268 p. 14 x 22,5 cm.

ISBN 978-84-8359-349-3
PVP: 20 €

Este libro no canta (porque las letras son mudas y los lectores sordos), pero sí cuenta, algunas de las hazañas de cuatro de los notables más recordados por la memoria oral del pueblo djerma del sur de Níger: el tirano Da Monzón, que poseía un amuleto hecho con una cabeza de perro que sembraba la muerte por donde pasaba; los colosales y desdichados guerreros Bákari Dia (quien persiguió a un ejército de genios hasta las profundidades de un río y nunca regresó) y Gorba Dikko (muerto durante días, erguido sobre un caballo también muerto, en la inmensidad de la sabana, puesto que el infierno no fue capaz de derrotarlo); y Samba Soga, el músico que hechizaba a los muy pocos que tenían la fortuna de escucharlo, y que robó su joven esposa a un viejo rey de piel de cocodrilo. Quiere trasvasar este volumen, a la letra impresa y a una lengua muy distinta de la suya, el arte inmemorial de los jasarey, la casta de siervos músicos que, mientras tañían sus mooley de tres cuerdas, cantaban las hazañas, las alabanzas y las genealogías de sus señores. Legando al mundo el tesoro de una literatura oral y de un mundo tradicional que se apagan, puesto que solo sigue cantando hoy el último anciano jasare que guarda la memoria de estas asombrosas epopeyas, grandiosas Ilíadas injertadas dentro de coloreadas Odiseas.

Safiatou Amadou es doctora en Filología Hispánica, profesora y traductora de español en París.
José Manuel Pedrosa es profesor de Literatura Comparada en la Universidad de Alcalá.




Novedad: No-Haiku, de José María Millares Sall

No-Haiku
José María Millares Sall
Selección y prólogo de Juan Carlos Mestre y Miguel Ángel Muñoz Sanjuán
Calambur Poesía, 147. 2014. 206 p. 14 x 22,5 cm.

ISBN 978-84-8359-243-4
PVP: 18 €

José María Millares Sall (1921-2009) es quizá el último de los poetas redescubiertos con los que se cierra el panorama de la poesía española del siglo XX. La reedición en 2008 de su primer libro, Liverpool —que vio la luz por primera vez en 1949—, le traería de nuevo, después de cincuenta años, a ocupar un lugar de preeminencia en la atención crítica y en la consideración por parte de las más jóvenes generaciones de poetas. Este renovado interés por su obra propició que un año después apareciese Cuadernos 2000-2009, que, nuevamente, amén de arrojar más luz sobre la poesía de Millares Sall, acrecentaría el interés por el conjunto de su creación. Dicho interés no quedaría solo en intenciones; así, en 2009 le fueron concedidos el Premio Nacional de Poesía, por su libro Cuadernos 2000-2009, y el Premio Canarias de Literatura, máxima distinción de las letras canarias. Con la publicación póstuma de Krak, en 2011, se confirmó el aprecio y consideración crítica de la que ya gozaba su obra en la perspectiva de la poesía española contemporánea. Entre la abundante producción que quedó inédita, se encuentran los textos que conforman este No-Haiku, esa otra cara de la moneda, esta vez referida a la tradición japonesa, de la que José María Millares Sall hace su personalísima exploración creativa. No-Haiku son las marcas y el testimonio de un camino místico y «apenas susurrante» en el que el poeta persiguió, con el entramado de su lenguaje espiritual, «escuchar» la luz, pero no «traducirla». 



Novedad: El piano del pirómano, de Ángel Antonio Herrera

El piano del pirómano
Ángel Antonio Herrera
Calambur Poesía, 146. 2014. 70 p. 14 x 22,5 cm.

ISBN 978-84-8359-322-6
PVP: 10 €

El piano del pirómano quiere beber de todos los riesgos, los de la existencia extrema y los del idioma desbocado. Tiene principio en el placer de la rebeldía y aspira a un éxtasis del lenguaje. Aquí se nos presenta el hombre que busca la última partitura del instinto, el hombre que conoce la oscuridad por dentro, el hombre, en fin, que sabe que «un palacio dice en pie una catástrofe». Aquí se indaga la belleza, o la noche, con todos sus hechizos, pero también con todos sus daños, porque quien sabe del dolor lo sabe todo, porque la vida, si es tal, «busca un lobo en cada víspera, apura otra eternidad en cada perfume». A bordo del largo vértigo de un único poema en prosa, barroco hacia adentro, El piano del pirómano cumple el viaje a las virtudes del exceso, el asalto a la verdad de un escritura que tiene «imaginación de imanes».

Ángel Antonio Herrera (1965) es autor de los poemarios El demonio de la analogía (1984-86), En palacios de la culpa (1986-88), Te debo el olvido (1997-1998), Donde las diablas bailan boleros (2000-2002) y Los motivos del salvaje (2007-2010). Dos antologías reúnen parte de su obra poética: El sur del solitario (1984-2000) y Arte de lejanías (1984-2006). Paralelamente, ha publicado la novela Cuando fui Claudia, la biografía Francisco Umbral, el ensayo El Falo, o el diccionario de fa­mosos Esto no es Hollywood, entre otros libros de diverso género. Ha cumplido treinta años de oficio en el cronismo o columnismo literario. También ejerce en radio y televisión.



Novedad: Otrora (Antología poética 1988-2014), de Javier Pérez Walias

Otrora (Antología poética 1988-2014)
Javier Pérez Walias
Selección y prólogo de Eduardo Moga
Epílogo de Javier La Beira
Calambur Poesía, 145. 2014. 226 p. 14 x 22,5 cm.

ISBN: 978-84-8359-350-9
PVP: 20 €

La poesía de Pérez Walias aúna el impulso narrativo y la representación simbólica, la construcción de un yo lírico coherente y la fulguración de lo incontrolado, el vislumbre de lo anómalo, o incluso de lo imposible. El cincelado metafórico atraviesa los poemas sin privarlos de su enjundia figurativa, pero repujándolos con una intensidad infrecuente. Si algo caracteriza su propuesta es la busca de una dicción sosegadamente desgarradora, que renueve la vida pronunciándola otra vez, con más vigor, con más inocencia, que impacte en la sensibilidad y en el ánimo del lector. Otrora es un diorama del mundo, el óleo panorámico de un orbe que no deja de ramificarse.
 
Eduardo Moga

Javier Pérez Walias (Plasencia, 1960) es licenciado en Filología Hispánica —especialidad de Literatura— por la Universidad de Extremadura. Desde la aparición de su primer libro, Ceremonias del barro (Málaga, 1988), Pérez Walias ha publicado —entre otros— Versos para Olimpia (Málaga, 2003), Los días imposibles (Tres figuraciones) (Madrid, 2005) —editado por Calambur—, Cazador de lunas (Seis aguafuertes de Juan Carlos Mestre con ocasión de Cazador de lunas de Javier Pérez Walias) (Málaga, 2007), Largueza del instante (León, 2009, Premio Bienal de Poesía «Provincia de León»), Arrojar piedras (Sevilla, 2011) y Al Qarafa (Mérida, 2014). Ha colaborado en revistas especializadas, como El Maquinista de la Generación, Turia y Cuadernos del Matemático, y en ediciones y catálogos con los artistas plásticos Rafael Carralero, Juan Carlos Mestre, Javier Roz y Javier Alcaíns. Su obra poética está representada en diversas muestras colectivas.



miércoles, 3 de diciembre de 2014

Reseña: Porción del enemigo, de Enrique Falcón, y Pobreza, de Víktor Gómez, en Babelia

Geografía insoportable
Cinco pistas sobre... La poesía y la crisis
Por Manuel Rico
Babelia, El País, 25/10/2014

La poesía reciente indaga en el dolor y la identidad de un mundo que se hunde en la desigualdad.
 
1. Indagar en los secretos de la resistencia frente a quienes controlan los procesos económicos, políticos y sociales en el sistema global. Enrique Falcón se adentra, con una mirada compleja y un lenguaje de una enorme riqueza, que niega, con inteligencia e intuición, lo convencional, en las contradicciones del “enemigo”. Porción del enemigo (Calambur, 2013) combina la visión estratégica de los males y desigualdades globales con la visión desoladora de lo inmediato, de cuanto observamos a nuestro alrededor en la España de la crisis: “En el mercado de divisas el euro mejora: / ya supera el nivel de 1 con 21. // Y en esta sucursal: / ataduras, cacerolas y holocaustos”.

2. Para Ana Pérez Cañamares, la crisis tiene una proyección especialmente dura en la cotidianidad de la mujer. Versos afilados, cargados de ironía, que nos hablan de la propia identidad en un mundo que se hunde en la desigualdad, en el que no hay certezas, ni seguridades o solo en la memoria de la infancia. Así nos lo advierte en Las sumas y los restos (Devenir, 2013). La felicidad es relegada o condenada a ser una quimera. La conciencia se divide (“No parecemos reparar en / cómo se mancha la conciencia / mientras nos quedamos quietos”) y se siente culpable por la impotencia y las renuncias.

3. En Comida para perros (Baile del Sol, 2014) no hay concesiones a la facilidad. El protagonista colectivo del libro son los guardianes, quienes cierran las manifestaciones o violentan las leyes desde la coerción y la posesión del poder en forma de uniforme o de placa. Su autor, Gsús Bonilla, disecciona la crisis situándose en la conciencia de una generación que, entre la rebeldía y el miedo, ha vivido el 15-M y sus consecuencias y, sobre todo, sufre los efectos de la ideología artificialmente manipulada de quienes procediendo de las clases desfavorecidas se identifican, en la calle, con las dominantes. Son los “perros”. “Tu perro confunde a sus vecinos, ladra a la tercera edad; a la vecina de enfrente, a su hijo parapléjico”.

4. Somos hormigas. Seres condenados a la soledad entre la multitud. Silvia Nieva disecciona una época que olvida, a marchas forzadas, un tiempo de derechos, protección y cierta seguridad. Es la época de lo precario, en la que la mujer está más sola y desasistida, en la que la amenaza, que viene de fuera, sólo puede ser conjurada con palabras. En La fábrica de hielo (Canalla Ediciones, 2014) hace frío de intemperie colectiva y, a la vez, calidez de intimidad. La crisis es el telón de fondo que disturba la conciencia: “El miedo a ser mujer en esta época. / El miedo a soltar la cuerda, / que caigan ángeles para aplastar tu penitencia”.

5. Pobreza (Calambur, 2013), del madrileño Víktor Gómez, pone en primer plano la secuela más pavorosa de la crisis en el mundo de la autosatisfacción: los pobres han dejado de ser los mendigos de siempre. La pobreza es el habitante no invisible de nuestras ciudades. El poeta dibuja, entre lo racional y lo imaginario, una geografía insoportable. Una lírica experimental, que indaga en los límites del idioma, acoge una reflexión sin concesiones sobre la impiedad de los artífices últimos de la crisis y sobre el dolor de las víctimas: “como tanto atroz atropello al bachiller le tortura un presente bastardo”. 


Lee la reseña en El País

Noticias: presentación de 'Otrora', de Javier Pérez Walias, en Plasencia


Presentación de Otrora (Antología poética 1988-2014), de Javier Pérez Walias
Jueves, 4 de diciembre de 2014, 20:00 horas
Centro Cultural "Las Claras"
Plasencia (Cáceres)
Acompañará al poeta: Eduardo Moga, antólogo y prologuista del libro


Noticias: presentación de 'Otrora', de Javier Pérez Walias, en Cáceres


Presentación de Otrora (Antología poética 1988-2014), de Javier Pérez Walias
Miércoles, 3 de diciembre de 2014, 19:30 horas
Biblioteca Pública Rodríguez-Moñino
Cáceres
Presentación a cargo de  Eduardo Moga 




jueves, 16 de octubre de 2014

Noticias: Antonio Hernández, Premio Nacional de Poesía 2014 por 'Nueva York después de muerto'


El escritor gaditano, Antonio Hernández ha sido galardonado con el Premio Nacional de Poesía 2014 con su obra Nueva York después de muerto, publicada por Calambur.

El autor también se alzó con este poemario con el Premio de la Crítica de Poesía Castellana este mismo año. 

El equipo de Calambur se siente muy orgulloso de haber publicado esta obra y queremos darle la enhorabuena a nuestro querido Antonio. ¡Enhorabuena!

A continuación recopilamos algunas de las noticias publicadas en la prensa:

El Cultural, 9/10/2014
Por Fernando Díaz de Quijano


El poeta Antonio Hernández (Arcos de la Frontera, Cádiz, 1943) ha sido galardonado hoy con el Premio Nacional de Literatura en la modalidad de Poesía por la obra Nueva York después de muerto. El premio, dotado con 20.000 euros, lo concede el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte para distinguir la obra de autor español escrita en cualquiera de las lenguas oficiales del Estado y editada en 2013.

El jurado ha considerado Nueva York después de muertocomo una obra “totalizadora, arriesgada y comprometida que recoge la herencia literaria y ecos históricos; un libro que rehumaniza y salva del olvido”. El libro se compone de un único poema que parte de un proyecto incumplido de su maestro, Luis Rosales, que quería escribir sobre la gran ciudad, la masificación, el racismo y la política, explica el autor. “Cuando Rosales estaba enfermo, me dijo que no iba a poder escribir el libro que tenía en mente. Yo le dije: 'Maestro, no te preocupes, si no puedes lo haré yo, y lo haré mejor que tú'. Él se sonrió, porque sabía que se lo decía en broma”, recuerda Hernández.


El País, 9/10/2014
Por Manuel Francisco Reina

Justo en estos días se cumplen cuarenta años de la concesión del premio Adonáis al entonces joven poeta de Arcos Antonio Hernández. El libro tenía por nombre “El Mar era una tarde con Campanas”, y el jurado, compuesto por Luis Rosales, Vicente Aleixandre, José Luis Cano y Gerardo Diego, de los que pronto fue cómplice y amigo, quedó impresionado con este golpe de mar y de sur que les llegaba contestatario y verdadero en forma de poemas. Pertenecía el escritor andaluz a esa hornada de la denominada“Generación del 60 o del Lenguaje”, como Diego Jesús Jiménez, Félix Grande, o Manolo Ríos Ruiz, entre otros deudos y fieles de muchos autores y postulados de la Generación del 50, y cuya renovación estética fue el germen, fundamental en realidad, de los poetas posteriores o “Novísimos”.

Ahora Premio Nacional de Poesía por Nueva York después de muerto, tras haber recibido este mismo año el Nacional de la Crítica de Poesía, avala la importancia y trascendencia de su obra y figura en todas estas décadas, y la relevancia de este libro. Un auténtico hito de la poesía española contemporánea. El poemario nació del difícil compromiso del poeta con su amigo Luis Rosales, como explica en la justificación de la obra: [...]


ABC, 9/10/2014

El jurado ha valorado la obra por ser «totalizadora, arriesgada y comprometida que recoge la herencia literaria y ecos históricos; un libro que rehumaniza y salva del olvido»

El jurado ha considerado «Nueva York después de muerto» como una obra «totalizadora, arriesgada y comprometida que recoge la herencia literaria y ecos históricos; un libro que rehumaniza y salva del olvid».

Nacido en Arcos de la Frontera (Cádiz), en 1943, Antonio Hernández cultiva narrativa, ensayo, periodismo, y, sobre todo, poesía, con títulos como: «El mar es una tarde con campanas», «Con tres heridas yo», «Sagrada forma», «Habitación en Arcos», «El mundo entero», «Insurgencias» (Poesía 1965-2007) o «Nueva York después de muerto».


El Imparcial, 9/10/2014

Por Adrián Sanmartín

A Antonio Hernández se le ha concedido hace poco el Premio Nacional de Poesía 2014 por Nueva York después de muerto, que se une al Premio de la Crítica, obtenido también este año. No es la primera vez que el escritor andaluz obtiene este último galardón, con el que ya se alzó en 1994 por Sagrada forma. Ni estos son los únicos reconocimientos que ha logrado a lo largo de su trayectoria, en la que ha conseguido numerosos premios como el Adonais, el Gil de Biedma o el Rafael Alberti, entre otros, que le distinguen como uno de autores más sólidos de la poesía española del último medio siglo. Un autor que bebe de nuestra mejor tradición poética para insuflarle un estilo propio.

Precisamente esa simbiosis alcanza, sin duda, una de sus cimas en Nueva York después de muerto, un poemario, como bien señaló el jurado del Premio de la Crítica, “sorprendente y arriesgado”. Y, añadiríamos, enormemente valiente al haber abordado un reto de gran envergadura.


En un bosque extraño, 10/10/2014

Por Santos Domínguez 

Nueva York después de muerto es un libro sorprendente y arriesgado en el que el autor recoge un cruce de vidas y destinos que acaban en la ciudad de la muerte y de la aurora, con columnas de cieno y aguas podridas.

Heredero de aquel proyecto, Antonio Hernández organiza su libro también como una trilogía en la que se suceden y se confunden ordenadamente en la muerte esos tres vértices, porque Luis Rosales es aquí ya emoción de otra sangre, ya / parte confederada, parte de Federico y está ya en Nueva York, después de muerto. / ¿Después de muerto quién, él, Federico, / Nueva York muerta?


La voz de Pinto, 15/10/2014

Por José Luis Esparcia

Antonio Hernández está en el otero de la poesía española; no mira por encima porque sus pies y su corazón son muy telúricos; pero ve, con los ojos que le nacieran en Arcos de la Frontera y con el corazón que le creciera en las pautas vitales del mundo real, también el de la realidad ensoñada, al resto de poetas actuales con una perspectiva de madurez ganada por trabajada. Su poesía resulta del don machadiano, pero también del halo lorquiano, del arrojo y la sensibilidad hernandianas y, sobre todo, de su honestidad como persona y poeta al que encendió el Sur gaditano y al que ha inflamado el mundo cerca de las personas reales, que sienten realmente cuanto Hernández sabe captar, apreciar y poetizar en versos leales a su sentido de la poesía para la inmensa mayoría.

El libro ganador de ambos premios: “Nueva York después de muerto”, no es realmente un libro, sino varios, aunque la temática y el tono confluyan y se distribuyan para crear la simetría que lo hace tan asequible a la persona lectora, y tan irrepetible a otra sensibilidad escritora. Los merecimientos de dos grande poetas: Luis Rosales y García Lorca, las inquietudes sociales y la consolidación de un sentimiento paganamente patriótico en los contrarios representados por la defección yanqui, son líneas de conducción principal de este libro que quedará entre los más grandes.



miércoles, 15 de octubre de 2014

Noticias: Antonio Hernández: La luz de la poesía

Antonio Hernández: La luz de la poesía
José Luis Esparcia
La voz de Pinto, 15/10/2014

Un jurado presidido por Luis María Ansón, ha otorgado, por diez votos contra uno, el premio nacional de poesía al poeta gaditano afincado en Madrid Antonio Hernández, que ya recibiera, antes del verano, el premio nacional de la crítica.

Antonio Hernández está en el otero de la poesía española; no mira por encima porque sus pies y su corazón son muy telúricos; pero ve, con los ojos que le nacieran en Arcos de la Frontera y con el corazón que le creciera en las pautas vitales del mundo real, también el de la realidad ensoñada, al resto de poetas actuales con una perspectiva de madurez ganada por trabajada. Su poesía resulta del don machadiano, pero también del halo lorquiano, del arrojo y la sensibilidad hernandianas y, sobre todo, de su honestidad como persona y poeta al que encendió el Sur gaditano y al que ha inflamado el mundo cerca de las personas reales, que sienten realmente cuanto Hernández sabe captar, apreciar y poetizar en versos leales a su sentido de la poesía para la inmensa mayoría.

El libro ganador de ambos premios: “Nueva York después de muerto”, no es realmente un libro, sino varios, aunque la temática y el tono confluyan y se distribuyan para crear la simetría que lo hace tan asequible a la persona lectora, y tan irrepetible a otra sensibilidad escritora. Los merecimientos de dos grande poetas: Luis Rosales y García Lorca, las inquietudes sociales y la consolidación de un sentimiento paganamente patriótico en los contrarios representados por la defección yanqui, son líneas de conducción principal de este libro que quedará entre los más grandes.



En todo caso, la lectura de la obra de Antonio Hernández, no requiere una pasión predeterminada, aunque sí una condición aconsejada: saber reconocer las inflexiones con que la “poesía del corazón” transita por la mayor o menor avidez del sujeto lector.

Es un poeta de lo que permanece, de la realidad que no se evapora en distintivos lingüísticos o en aburridas derivaciones argumentales; es un poeta “miliario” desde que, en 1964, publicara el libro “El mar es una tarde con campanas”, premiado en el certamen Adonais de 1963; un poeta que ha marcado camino y que hoy aún no reposa de su largo trayecto como referente de la “poesía del corazón” en concreto y de la poesía necesaria en general. Por eso, leer a este poeta es una de las experiencias más gratificantes no sólo para quien esté ávido de poesía, sino, también, para quien quiera adentrarse en una primera experiencia lectora de este género.


Lee la noticia en La Voz de Pinto.


viernes, 10 de octubre de 2014

Noticias: Nueva York después de muerto, Premio Nacional de Poesía


Nueva York después de muerto, Premio Nacional de Poesía
Por Santos Domínguez
En un bosque extraño, 10/10/2014

Nueva York después de muerto (Calambur), de Antonio Hernández, que ya obtuvo el Premio de la Crítica en la modalidad de poesía, acaba de merecer también el Nacional de Poesía.

Es el merecido y doble reconocimiento a "uno de los autores más sólidos de la poesía española del último medio siglo por un libro que recoge en su título el proyecto frustrado con el que Luis Rosales pretendía cerrar su obra, pero una enfermedad se lo impidió, y, así, realiza un doble homenaje: al "maestro" y también a Federico García Lorca, "maestro del maestro".

Nueva York después de muerto es un libro sorprendente y arriesgado en el que el autor recoge un cruce de vidas y destinos que acaban en la ciudad de la muerte y de la aurora, con columnas de cieno y aguas podridas.
Heredero de aquel proyecto, Antonio Hernández organiza su libro también como una trilogía en la que se suceden y se confunden ordenadamente en la muerte esos tres vértices, porque Luis Rosales es aquí ya emoción de otra sangre, ya / parte confederada, parte de Federico y está ya en Nueva York, después de muerto. / ¿Después de muerto quién, él, Federico, / Nueva York muerta?

Y este lector, que tuvo el privilegio de formar parte del jurado que le dio el Premio de la Crítica en una votación más reñida que esta, no sabría decir si Antonio Hernández, que no renuncia en algunos momentos a sumar ironía y emoción en una mezcla explosiva, ha cedido discipularmente la palabra a los dos maestros para que resuman su conciencia moral y su dicción poética, o si han sido ellos los que han invadido estas páginas con sus voces poderosas e inconfundibles para habitar uno de los libros más intensos y potentes de Antonio Hernández, probablemente también el más arriesgado de toda la trayectoria de un poeta que une como pocos conciencia del lenguaje y conciencia ética.


Lee la noticia en el blog En un bosque extraño.

Noticias: Antonio Hernández, Premio Nacional de Poesía por Nueva York después de muerto

La obra ganadora parte de un proyecto incumplido de Luis Rosales, maestro del autor
"La poesía es la princesa de todos los géneros", celebra el poeta

Fernando Díaz de Quijano
El Cultural, 9/10/2014

El poeta Antonio Hernández (Arcos de la Frontera, Cádiz, 1943) ha sido galardonado hoy con el Premio Nacional de Literatura en la modalidad de Poesía por la obra Nueva York después de muerto. El premio, dotado con 20.000 euros, lo concede el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte para distinguir la obra de autor español escrita en cualquiera de las lenguas oficiales del Estado y editada en 2013.

El jurado ha considerado Nueva York despuésde muerto como una obra “totalizadora, arriesgada y comprometida que recoge la herencia literaria y ecos históricos; un libro que rehumaniza y salva del olvido”. El libro se compone de un único poema que parte de un proyecto incumplido de su maestro, Luis Rosales, que quería escribir sobre la gran ciudad, la masificación, el racismo y la política, explica el autor. “Cuando Rosales estaba enfermo, me dijo que no iba a poder escribir el libro que tenía en mente. Yo le dije: 'Maestro, no te preocupes, si no puedes lo haré yo, y lo haré mejor que tú'. Él se sonrió, porque sabía que se lo decía en broma”, recuerda Hernández.

Rosales murió en 1992 y pasaron casi dos décadas hasta que su discípulo comenzó a escribir el poema. Se trata de un coloquio imaginario entre Rosales, Federico García Lorca y el propio Antonio Hernández. El propósito del autor es “continuar la corriente de la que Rosales era el jefe de filas: la poesía total, que se construye sobre un lecho de lírica predominante en el que se alternan el diálogo, el ensayo, el teatro y la narrativa”.

Así comienza Nueva York después de muerto:
Luis Rosales Camacho
nació en una calle, Libreros,
tan pequeña que iba a dar clases por la noche.
Federico García Lorca sigue naciendo,
sigue naciendo para siempre como un río.
En Federico quisieron asesinar
lo que es coraza contra la muerte. A Rosales
pretendieron hacerlo cómplice
del crimen.

Pincha aquí para leer y descargar las primeras páginas de la obra, cedidas por la editorial Calambur.

Se da la coincidencia de que Hernández repite podio junto a Rafael Chirbes, Premio Nacional de Literatura en la categoría de Narrativa, ya que el Premio Nacional de la Crítica de este año fue concedido a los mismos autores. “Me ha sorprendido mucho, además tanto Chirbes como yo hemos ganado el de la Crítica en dos ocasiones, así que seguimos empatados”, bromea el poeta gaditano, que también es novelista. Vestida de novia es una de las ocho novelas que ha publicado. “Pero en este país, como decía Cela, no te dejan ser dos cosas a la vez. Yo soy considerado sobre todo poeta, pero no me quejo, porque dicen que la poesía es la princesa de los géneros”.

Hernández había ganado numerosos premios, “pero hasta ahora ninguno oficial”, dice. “Esto quiere decir que me voy haciendo viejo”. En su haber también figuran, además de los dos de la Crítica (en 1994 y 2014), el Premio Andalucía de Novela, Gran Premio del Centenario del Círculo de Bellas Artes, Premios Rafael Alberti, Gil de Biedma, Miguel Hernández o Tiflos de poesía, entre otros. La totalidad de su trayectoria ha sido reconocida con el Premio Andalucía de la Diputación Provincial de Almería, el Premio Valencia de Literatura de la Diputación Provincial de Valencia o el Premio de las Letras Andaluzas Elio Antonio de Nebrija.

Entre sus obras figuran El mar es una tarde con campanas, Con tres heridas yo, Sagrada forma, Habitación en Arcos, El mundo entero o Insurgencias, una recopilación de toda su poesía desde 1965 hasta 2010.

Su obra ha sido traducida a más de veinte idiomas, entre ellos francés, italiano, inglés, ruso, serbio, árabe, chino o coreano, además de gallego, portugués, catalán y valenciano. Es Presidente de Honor de la Asociación Andaluza de Escritores y Críticos Literarios y miembro de las directivas de CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) y de la ACE (Asociación Colegial de Escritores). Es Hijo Predilecto de su pueblo natal, Arcos de la Frontera.

El jurado del Premio Nacional de Literatura en la modalidad de Poesía ha estado compuesto por Antonio Carvajal, galardonado en la edición 2012; Manuel Carlos Álvarez, galardonado en la edición 2014; Luis María Anson, designado por la Real Academia Española; Jon Kortazar, por la Real Academia de la Lengua Vasca; Marta Pessarrodona, por el Instituto de Estudios Catalanes; Julia Barella, por la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE); Rogelio Blanco, por la Asociación Colegial de Escritores de España (ACE); Noni Benegas, por la Asociación Española de Críticos Literarios; Carmen Guaita, por la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE); Brigitte Leguen, por el Centro de Estudios de Género de la UNED; y Luis Miguel García Jambrina, por el ministro de Educación, Cultura y Deporte. Ha actuado como presidenta la directora general de Política e Industrias Culturales y del Libro, Teresa Lizaranzu, y como vicepresidenta la subdirectora general de Promoción del Libro, la Lectura y las Letras Españolas, Mónica Fernández.


Lee la noticia en El Cultural


jueves, 9 de octubre de 2014

Noticias: Antonio Hernández, Nacional de Poesía

"Nueva York después de muerto" es el poemario ganador.
Estandarte.com, 9/10/2014


Aunque el Premio Nobel eclipsará hoy cualquier otra noticia relacionada con premios literarios, no queremos dejar pasar contaros que el gaditano Antonio Hernández ha sido galardonado hoy con el Premio Nacional de Poesía 2014 por su obra Nueva York después de muerto.

Antonio Hernández suma así otro gran premio a su trayectoria, si tenemos en cuenta que ya ha recibido anteriormente el Premio de la Crítica de Poesía, Premio Andalucía de Novela, Gran Premio del Centenario del Círculo de Bellas Artes, Premios Rafael Alberti, Gil de Biedma, Miguel Hernández o Tiflos de poesía, entre otros.

El premio lo concede el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte para distinguir la obra de autor español escrita en cualquiera de las lenguas oficiales del Estado y editada en 2013. Está dotado con 20.000 euros.

El jurado ha considerado Nueva York después de muerto como una obra “totalizadora, arriesgada y comprometida que recoge la herencia literaria y ecos históricos; un libro que rehumaniza y salva del olvido”

Antonio Hernández nació en Arcos de la Frontera (Cádiz), en 1943. Cultiva narrativa, ensayo, periodismo, y, sobre todo, poesía, con títulos como: El mar es una tarde con campanas, Con tres heridas yo, Sagrada forma, Habitación en Arcos, El mundo entero, Insurgencias (Poesía 1965-2007) o Nueva York después de muerto.

Su obra ha sido traducida a más de veinte idiomas, entre ellos francés, italiano, inglés, ruso, serbio, árabe, chino o coreano, además de gallego, portugués, catalán y valenciano. Es Presidente de Honor de la Asociación Andaluza de Escritores y Críticos Literarios y miembro de las directivas de CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) y de la ACE (Asociación Colegial de Escritores).

El jurado del Premio Nacional de Poesía 2014 ha estado compuesto por Antonio Carvajal, galardonado en la edición 2012; Manuel Carlos Álvarez, galardonado en la edición 2014; Luis María Ansón, designado por la Real Academia Española; Jon Kortazar, por la Real Academia de la Lengua Vasca; Marta Pessarrodona, por el Instituto de Estudios Catalanes; Julia Barella, por la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE); Rogelio Blanco, por la Asociación Colegial de Escritores de España (ACE); Noni Benegas, por la Asociación Española de Críticos Literarios; Carmen Guaita, por la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE); Brigitte Leguen, por el Centro de Estudios de Género de la UNED; y Luis Miguel García Jambrina, por el ministro de Educación, Cultura y Deporte. Ha actuado como presidenta la directora general de Política e Industrias Culturales y del Libro, Teresa Lizaranzu, y como vicepresidenta la subdirectora general de Promoción del Libro, la Lectura y las Letras Españolas, Mónica Fernández.


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Noticias: El poeta gaditano Antonio Hernández, Premio Nacional de Poesía

El Ministerio de Cultura ha destacado la obra Nueva York después de muerto, de Antonio Hernández.

Se trata de un libro singular "en el que se anudan tres mitologías", según explica la editorial, Calambur.

20 minutos, 9/10/2014

El Ministerio de Cultura ha concedido el Premio Nacional de Poesía a la obra Nueva York después de muerto, del poeta gaditano Antonio Hernández. El premio, que está dotado con 20.000 euros, reconoce la obra de un autor español escrita en cualquiera de las lenguas oficiales del Estado y editada en 2013. 

El jurado que ha fallado este jueves el premio ha estado presidido por la directora general de Política e Industrias Culturales del Libro, la Lectura y las Letras, Teresa Lizaranzu y formado, entre otros, por Luis María Anson, Julia Barella, Rogelio Blanco, Luis Miguel García Jambrina y los ganadores de 2013, Antonio Carvajal Milena y de 2012, Manuel Carlos Álvarez Torneiro. 

Se trata de un libro singular "en el que se anudan tres mitologías", según explica la editorial, Calambur. Nueva York (mito y realidad), Federico García Lorca y Luis Rosales toman la palabra para hacer hablar a la conciencia poética, a la conciencia histórica, a la conciencia a secas que tal vez juntas sean la misma. 

Hernández parte (y toma el título) del último libro imaginado, acaso apenas iniciado, de Luis Rosales, Nueva York después de muerto, e inicia una fascinante aventura en búsqueda de lo que el propio Rosales denominaba la poesía total; es decir, una dicción poética en la que la reflexión, el diálogo, las acotaciones, la información reveladora, el montaje cinematográfico, el lirismo y todo aquello de lo que el pensamiento poético pueda echar mano para enriquecerse, dialogan y componen el poema contemporáneo. 

La Guerra Civil —que acabó atrozmente con la vida de Federico y con su posible voz futura, hecho que marcó de forma tan apesadumbrada como políticamente escéptica la vida de Rosales—, atraviesa este libro que, a un tiempo, se enrosca a la totémica ciudad de Nueva York para dar cuenta, conversar y discutir con los mitos y voces de la cultura contemporánea: igualdad y diferencia, la libertad real y su espejismo, los hijos pródigos y los pródigos despreciados, las alturas que hemos pretendido alcanzar y los infiernos a los que nos hemos precipitado. 

Libro trinitario de afán totalizador, la voz de Antonio Hernández, sin dejar de ser su voz, se metamorfosea sin recato ni prejuicio en otras voces: toma la voz de Rosales, reescribe poemas de Federico, piensa, reflexiona, escribe, sugiere, trae a escena a Hirosima, los belenes de Granada, el Holocausto, el Plan Marshall, Chopin, Buddy Bolden o Proudhon… Definitivamente, el libro más arriesgado, reflexivo, poético y totalizador de Antonio Hernández. 

Un autor muy reconocido y premiado 

La obra de Antonio Hernández ha sido reconocida con un importante número de prestigiosos premios: Premio de la Crítica de Poesía, Premio Andalucía de Novela, Gran Premio del Centenario del Círculo de Bellas Artes, Premios Rafael Alberti, Gil de Biedma, Miguel Hernández o Tiflos de poesía, entre otros. 

De la misma manera, su temperamento de intelectual comprometido con la cultura de su época le ha llevado a ser jurado permanente de diversos premios tanto de poesía como de narrativa, así como Presidente de Honor de la Asociación Andaluza de Críticos y Escritores y miembro de las directivas de cedro y de la ace. 

La totalidad de su trayectoria ha sido reconocida con el Premio Andalucía de la Diputación Provincial de Almería, el Premio Ciudadano que otorga la Asociación de Entidades de Radio y Televisión Digital o el Premio Valencia de Literatura de la Diputación Provincial de Valencia. 

Está traducido, como poeta y como narrador, a veintidós idiomas, entre ellos los cuatro latinos peninsulares —gallego, portugués, catalán y valenciano—, francés, italiano, inglés, ruso, serbio, árabe, chino y coreano.

 Es Hijo Predilecto de su pueblo natal, Arcos de la Frontera.


Lee la noticia en el diario 20 minutos.

Noticias: Antonio Hernández: Nueva York después de muerto

Antonio Hernández: Nueva York después de muerto
Por Adrián Sanmartín
El Imparcial, 9/10/2014


A Antonio Hernández se le ha concedido hace poco el Premio Nacional de Poesía 2014 por Nueva York después de muerto, que se une al Premio de la Crítica, obtenido también este año. No es la primera vez que el escritor andaluz obtiene este último galardón, con el que ya se alzó en 1994 por Sagrada forma. Ni estos son los únicos reconocimientos que ha logrado a lo largo de su trayectoria, en la que ha conseguido numerosos premios como el Adonais, el Gil de Biedma o el Rafael Alberti, entre otros, que le distinguen como uno de autores más sólidos de la poesía española del último medio siglo. Un autor que bebe de nuestra mejor tradición poética para insuflarle un estilo propio.

Precisamente esa simbiosis alcanza, sin duda, una de sus cimas en Nueva York después de muerto, un poemario, como bien señaló el jurado del Premio de la Crítica, “sorprendente y arriesgado”. Y, añadiríamos, enormemente valiente al haber abordado un reto de gran envergadura. El propio Hernández cuenta al comienzo del libro su génesis que se relaciona con una deuda contraída con Luis Rosales, a quien considera su maestro. Rosales le dijo que le gustaría terminar su obra con una trilogía que llevase por título Nueva York después de muerto. La enfermedad y la muerte, siempre inclementes, se le cruzaron y le impidieron realizar su deseo. Pero en uno de los momentos en que Rosales se lo había comunicado a Antonio Hernández, este le dijo “con mucho más amor que petulancia, y desde luego como una broma que quería aliviarle su rictus de infortunio” que estuviese tranquilo que si no podía, él lo escribiría en su lugar.

Lamentablemente, Rosales no llegó a escribir el libro, pero Hernández sí cumplió su promesa. Así, este ambicioso poemario es, ante todo, un homenaje al autor de La casa encendida. Y también un tributo a Federico García Lorca, uniéndose los dos nombres al comienzo del Libro Primero de la obra: “Luis Rosales Camacho / nació en una calle, Libreros, / tan pequeña que iba a dar clases por la noche. / Federico García Lorca sigue naciendo, / sigue naciendo como un río. / En Federico quisieron asesinar / lo que es coraza contra la muerte. A Rosales / pretendieron hacerle cómplice / del crimen”. Ese doble homenaje, lleno de amor hacia dos grandes de la lírica española del siglo XX, le permite a Hernández entrelazar su voz con la de ellos, llevando a cabo un impecable ejercicio metaliterario.

Así, las tres voces nos sumergen en un Nueva York tan fascinante como en ocasiones atroz, que puede ser “la manzana podrida”, una gran ciudad cantada, y sufrida, por Federico en su celebérrimo Poeta en Nueva York y que también ha atraído a otros poetas como José Hierro y su Cuaderno de Nueva York. Una gran ciudad donde estallan y se intensifican los agobios del hombre contemporáneo, su soledad, su angustia ante una vida cada vez más mecanizada. Poesía total la de esta obra, donde todos los elementos en juego -reflexión, diálogo, recursos de otros géneros…- se engarzan mágica y lúcidamente en un festín lírico. Poesía necesaria.

Lee la noticia en El Imparcial.

Noticias: Antonio Hernández, Premio Nacional de Poesía

El poeta recibe el galardón por su poemario 'Nueva York después de muerto'
Manuel Francisco Reina
El País, 9/10/2014


Justo en estos días se cumplen cuarenta años de la concesión del premio Adonáis al entonces joven poeta de Arcos Antonio Hernández. El libro tenía por nombre “El Mar era una tarde con Campanas”, y el jurado, compuesto por Luis Rosales, Vicente Aleixandre, José Luis Cano y Gerardo Diego, de los que pronto fue cómplice y amigo, quedó impresionado con este golpe de mar y de sur que les llegaba contestatario y verdadero en forma de poemas. Pertenecía el escritor andaluz a esa hornada de la denominada“Generación del 60 o del Lenguaje”, como Diego Jesús Jiménez, Félix Grande, o Manolo Ríos Ruiz, entre otros deudos y fieles de muchos autores y postulados de la Generación del 50, y cuya renovación estética fue el germen, fundamental en realidad, de los poetas posteriores o “Novísimos”. Antonio Hernández era ya un sólido conocedor de la forma poética, comprometido y contestatario, lo que le llevó, en su vertiente tanto de poeta como de periodista a sufrir procesos de persecución por parte del Franquismo. El más sonado el abierto por un artículo aparecido en la revista Índice. En él, parafraseando a Capote, de título “Yo alcohólico, Yo Drogadicto, Yo Homosexual”, se alineaba en la defensa de los marginados por la dictadura, lo que no sentó nada bien en los ámbitos del totalitarismo imperante en aquella España. La poesía siempre fue su oficio, pero la palabra era, y sigue siendo en él un compromiso con su tiempo.

Ahora Premio Nacional de Poesía por Nueva York después de muerto, tras haber recibido este mismo año el Nacional de la Crítica de Poesía, avala la importancia y trascendencia de su obra y figura en todas estas décadas, y la relevancia de este libro. Un auténtico hito de la poesía española contemporánea. El poemario nació del difícil compromiso del poeta con su amigo Luis Rosales, como explica en la justificación de la obra: “mi maestro, me dijo un día, antes de dejarlo escrito, que quería terminar su obra con un trilogía titulada Nueva York después de muerto; que en ese texto quería hablar del exilio, del problema de la gran ciudad, de la lucha de clases y de razas así como de otros conflictos que agobian al hombre. Y que lo que representaba para él Nueva York era, grosso modo, la mecanización, el automatismo de la vida, la desigualdad entre distintas razas, el imparable avance del mestizaje…y, obviamente, Federico.” La muerte impidió a Rosales el cumplimiento de esta obra pero comprometió a su discípulo entonces, Antonio Hernández, la realización de la misma, con confidencias e información que se ven reflejados ahora en este libro. Obra insertada en eso que Octavio Paz o Ernesto Cardenal llamaron “la poesía total”, que suponía la asunción en lo poético de los recursos y técnicas de otros géneros como la narrativa, el teatro o el cine. Poesía que sin perder la cadencia musical de la rima, aportase nuevas fuerzas y técnicas de géneros ajenos. Hernández va incluso un poco más lejos, incorporando recursos propios del periodismo, con la aportación de datos, fechas, noticias… Dividido en tres partes, de forma aristotélica, pero sobretodo como homenaje a esta trilogía comprometida por Rosales, el poemario como la santísima Trinidad es trígono y uno; a saber: en él están entre otras las voces de Luis Rosales, de Lorca y de Nueva York, con su silbo de sirena simbólica, pero quien las unifica en su misterio, es la voz reconocible y única en nuestra poesía de hoy, de Antonio Hernández. Un incontestable maestro incardinado en esa larga y secular escuela lírica andaluza, no siempre bien entendida y estudiada, pero donde se han escrito algunas de las obras más importantes de la Historia de la Literatura Universal a la que ahora, estremecedora y emocionante, hay que añadirle este bien premiado libro: Nueva York después de muerto.



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