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martes, 1 de abril de 2014

Noticia: Carlos Edmundo de Ory en Revista Madreselva

Aerolitos 
Por Rafael de Cózar
Revista Madreselva, 21/03/2014


Resulta ya innecesario, dado el reconocimiento que ha tenido en las últimas décadas la obra del gaditano Carlos Edmundo de Ory (1923), referirse a la originalidad de la misma, en su conjunto, tanto en prosa como en verso. Ya el movimiento Postismo, impulsado por él en 1945, significó una peculiar inmersión en las vanguardias cumpliendo los requisitos y con todos los ingredientes que no habían aportado los movimientos anteriores a la guerra, llegando a ser además el verdadero precedente de la posterior poesía experimental. La principal originalidad de este movimiento es que frente a los movimientos anteriores, Cubismo, Futurismo, Dadaísmo o el español Ultraísmo, que habían incidido sobre todo en las posibilidades visuales de la palabra, el Postismo habría en cambio el camino hacia la experimentación con la dimensión sonora, musical, es decir, a lo que luego se llamaría poesía fonética.

La evolución de la obra del poeta gaditano en las décadas siguientes es un proceso de ahondamiento sobre algunas de las claves primeras, cada vez más en una línea personal, difícil de equiparar en el contexto literario español, pasando por el introrrealismo y el Atelier de poésie ouverte, ya en Francia, a fines de los sesenta. No resulta extraño, en este sentido, que los primeros poetas experimentales, desde inicios de los sesenta, vieran en Ory al más cercano antecedente.

Aparte también del género del relato, dimensión fundamental para entender la obra de Ory, cabe destacar además dos facetas en las que, de nuevo, encontramos pocos ejemplos en la literatura española del siglo XX. Una de ellas es la del diario personal, en este caso una auténtica enciclopedia en varios tomos de notas, citas, datos, reflexiones, versos y sentencias, algunas muy breves, que nos ofrecen una auténtica dimensión histórica, del autor y de su tiempo. Esta fórmula del diario, hoy de moda, la desarrolló Ory desde el principio de su obra mediante una estructura nada usual, pues aunque podamos reconocer a veces impresiones personales, la óptica permanente no es la del yo real, sino la del yo poeta que defendía Baudelaire.

La otra dimensión fundamental, objeto de este breve trabajo, es la del llamado por Ory Aerolito, del que también se han publicado ya algunas colecciones.

Los aerolitos están entre la máxima, el aforismo, la greguería o la sentencia, en unos límites amplios en cuanto a temática y modo de concepción del texto, pero también en una línea de peculiaridad que nos hace reconocible casi siempre al autor. El género lo definía Novalis como polen, y Nietzsche como sentencias y dardos, lo que Coiran definió como pensamientos estrangulados . En el caso de Ory se entrevera en ellos a veces el humor, la ironía, el dolor, el genio y el ingenio, el juego de palabras, muy a menudo con detalles de una lógica (semántica o sonora) que resulta aplastante: Descarta a Descartes, Platón come plátanos, La gula que estrangula, Somos recuerdos: dos veces cuerdos.

El aerolito es generalmente breve, a veces una metáfora, a veces una cita de algún personaje histórico, poeta, filósofo, etc: Ojalá que el radium tenga un color bonito (Marie Curie), Yo es química (Jean Rostand) , El verano es para los oportunistas (H. D. Thoreau).

Son bastante frecuentes los que se centran en las definiciones: Los diamantes: gotas de sudor de Dios, La risa es la campanada del cuerpo, El tiempo es la respiración del espacio, Las palabras son el rubor del silencio, La vida son los guantes de la muerte, Venecia: cementerio mojado de besos. La palabra poeta es una falta de ortografía de Dios, El arpa es el gato de la música, La almohada es la flauta del sueño.

A veces aparece la visión personal: El silencio es una rosa seca en mi cabeza, El incendio del crepúsculo me hace sufrir y me miro al cuerpo lleno de llagas. ¿Son llagas o joyas, Oigo sirenas en la noche, luego existo, Que me entierren vestido de payaso, Rumias mías, ¡Maldito sea el día que morí!

En muchos aerolitos, la lógica llevada al extremo es de donde surge lo sorprendente: Oh! Está tan débil que no podrá morir, Cuando estés dormido acuérdate de despertar, En boca abierta entran moscas. En todo caso, la acumulación de estas breves sentencias con sentido en sí, independientes unas de otras, van construyendo un tejido, una especie de mosaico abierto, diverso, en línea paralela con los diarios del poeta, donde también abundan los aerolitos.

No cabe duda de que esta estética de la condensación, que ya tuvo su tratamiento el en Modernismo, con su influencia oriental, así como en la vanguardia (recuérdese el interés por oriente de pintores? KandinskiPaul Klee- y poetas? Los haikus de Juan José Tablada), parece observar de nuevo ahora un auge especial, por ejemplo con la creciente moda del microrrelato. La tradición de la máxima en todo caso es muy extensa, pero no cabe duda de que su ejercicio en la obra de Ory resulta bastante peculiar.


miércoles, 28 de septiembre de 2011

Reseña: Los aerolitos, de Carlos Edmundo de Ory, en Encuentros de Lecturas

Encuentros de Lecturas. Por Santos Domínguez.

Carlos Edmundo de Ory. Los aerolitos.
Prólogo de Félix Grande.
Calambur 20 años. Madrid, 2011.

Nietzsche los llama: sentencias y dardos.
Novalis los llama: polen.
Baudelaire los llama: cohetes.

Joubert: pensamientos, Cioran: pensamientos estrangulados, y Andrei Siniaski: pensamientos repentinos.

Rozanov: hojas caídas, y René Char: hojas de Hypnos.

Malcolm de Chazal: sentido-plástico, y Louis Scutenaire: inscripciones.

Antonio Porchia los llama voces, y yo aerolitos.


En la espléndida colección conmemorativa
de sus veinte años, Calambur, publica Los aerolitos, de Carlos Edmundo de Ory, una amplia antología de sus textos más característicos. Seleccionados por su autor y prologados por Félix Grande, son chispazos verbales, relámpagos escritos desde el asombro y la inocencia de una mirada inaugural (soy un sabelonada) o desde el desengaño que no se permite el patetismo. Beligerantes o celebratorios, en los aerolitos conviven la risa y el llanto (Mis muletas: el espanto y el humor), el fulgor y la noche, el juego y el fuego, lo admirable y lo preocupante, como señala Félix Grande en su prólogo Aerolitos delfines.

Mi oficio es encender llamas, escribe en uno de ellos Ory. Entre la revelación verbal y el aullido del lobo en la noche, entre el calambur y la metáfora, los aerolitos son fuegos de palabras de quien, mano a mano con la nada, es
testigo de la dolorosa felicidad del hombre, de quien hizo del desierto su patria, hablaba de usted a los árboles y pobló con la duda su única certeza.

Porque Ory se veía a sí mismo como un limpiabotas del verbo y veía el mundo como una fábrica de lágrimas, pero sabía también que un poema es la autobiografía del sueño y que la poesía es un vómito de piedras preciosas.

http://encuentrosconlasletras.blogspot.com/2011/09/ory-los-aerolitos.html

sábado, 25 de junio de 2011

La Estación azul celebra los 20 años de Calambur: entrevista con Emilio Torné

La Estación azul de RNE celebra los 20 años de Calambur con una entrevista de Ignacio Elguero a Emilio Torné y un comentario, a cargo de Jasvier Lostalé, de la colección Calambur 20 años. A partir del minuto 10:55.

lunes, 23 de mayo de 2011

Celebramos los 20 años de Calambur con una colección conmemorativa



Los primeros libros editados por Calambur, cuidados ya con esmero editorial y tipográfico, vieron la luz en mayo de 1991. Veinte años después Calambur ofrece cinco títulos en edición conmemorativa, cinco autores medulares de la casa que hemos ido edificando, como muestra de un proyecto editorial que aún juega y cree en el albur de la poesía.

1. Blas de Otero, Mediobiografía
Edición de Sabina de la Cruz y Mario Hernández, prólogo de Mario Hernández, Calambur, Madrid, mayo de 2011, 128 pp., 10 €.

2. Carlos Edmundo de Ory, Los aerolitos
Prólogo de Félix Grande, Calambur, Madrid, mayo de 2011, 104 pp., 10 €.

3. Antonio Pereira, Sesenta y cuatro caballos
Selección de Úrsula Rodríguez, prólogo de Juan Carlos Mestre, Calambur, Madrid, septiembre de 2011.

4. Francisca Aguirre, Los maestros cantores
Calambur, Madrid, octubre de 2011.

5. Rafael Pérez Estrada, Jardín del unicornio
Calambur, Madrid, noviembre de 2011.

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Blas de Otero
Mediobiografía
Edición de Sabina de la Cruz y Mario Hernández, prólogo de Mario Hernández
ISBN: 978-84-8359-222-9
Calambur, Madrid, 2011
128 pp., 10 €

«El niño está en la ventana contemplando un gato azul». Así comienza «Mediobiografía», uno de los poemas evocativos de Blas de Otero (1916-1979), que da título a esta antología, original por la desusada perspectiva que ofrece: el poeta, a lo largo de 81 composiciones, recrea y recorre su propia vida, desde su infancia bilbaína y su adolescencia madrileña hasta la guerra civil, la angustia existencial, amores, política y estética, visiones, esperanzas y mundo: Francia, Rusia, China, Birmania, Cuba, los pueblos de España. Biografía e historia, en este tramo del siglo xx que le tocó vivir, se confunden en un solo haz, traspasado por la voz emocionada de uno de los grandes poetas de nuestra época.

Se ha desechado el orden cronológico de composición de los poemas en defensa de una ordenación interna: la de la memoria, con sus mezclas, fundidos, superposiciones. El poeta habla las más de las veces desde el recuerdo, y el tiempo tiñe lo evocado con sus luces cambiantes, alegres o melancólicas.

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Carlos Edmundo de Ory
Los aerolitos
Prólogo de Félix Grande
ISBN: 978-84-8359-223-6
Calambur, Madrid, 2011
104 pp., 10 €.

La imaginación, esa esponja del infinito.
  Carlos Edmundo de Ory

¿Queréis saber qué es la poesía? Uno de los caminos más rápidos es leer a Carlos Edmundo de Ory.
  Pere Gimferrer

Carlos Edmundo de Ory (Cádiz, 1923, Thézy-Glimont, Francia, 2010) es un ente, una conciencia, un animal poético inclasificable. Voz de radical y esencial independencia, su poesía atraviesa toda su extensa producción literaria (cuentos, ensayos, diarios, traducciones…). Insumiso a los formalismos academicistas, Ory destacó por ser tan lúcido como lúdico, tan existencial como vanguardista, tan virtuoso como iconoclasta. Dueño de un extraordinario dominio técnico del lenguaje, puesto permanentemente al servicio de la imaginación más libertaria y desacralizadora, fueron sus aerolitos las botellas de náufrago incesante en las que el poeta nos entregó las sucesivas condensaciones de su pensamiento y temperamento poético: relámpagos, preguntas, fogonazos, ocurrencias, piedras, disparates, divertimentos, dudas y hallazgos constantes. Esta antología recoge una amplia muestra de los aerolitos que Carlos Edmundo de Ory escribió a lo largo de toda su vida, en selección del propio autor.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Reseña de Los aerolitos, de Carlos Edmundo de Ory, en revistadeletras.net

Revista de Letras

Por Albert Lladó www.albertllado.com

El pasado 11 de noviembre murió el poeta Carlos Edmundo de Ory. Rápidamente, los que nos hacemos llamar periodistas culturales, buscamos alguna nota de urgencia en las principales agencias de noticias. Resumen bibliográfico, algún rasguño vital para salir del paso y a resaltar que, junto a Eduardo Chicharro Briones y Silvano Sernesi, fundó el Postismo, síntesis de todas las vanguardias literarias anteriores. A otra cosa. Que la actualidad ruge. Como un tren sin puertas ni pasajeros.

Pero de Ory se queda. Con su ingenio, con su rigor lírico, con las armas arrojadizas en las que convierte sus aforismos. Por suerte para nosotros, la editorial Calambur editó, en 2005, Los aerolitos, una selección de autor, con mucho material inédito, después de una primera recopilación en francés que se hizo en 1962. El poeta se sabía, pese a su radical libertad creativa, miembro de una herencia heterogénea, azarosa, que utiliza lo brevísimo para construir puentes y brechas, como Nietzsche con sus “sentencias” y “dardos”, Baudelaire y sus “cohetes”, Cioran y los “pensamientos estrangulados”, entre tantos muchos otros, a los que cita y a los que no cita, como las “greguerías” de Ramón Gómez de la Serna o las notas de Elias Canetti.

Carlos Edmundo de Ory va a tender las palabras como ropa recién salida de la lavadora, estirando la cuerda, forzando las relaciones, con el abismo a sus pies, en un goteo de lirismo, ironía y descubrimientos. Preguntarse por Dios o por la luna, o comenzar una carta con un “Muy ruiseñor mío”, riéndose de los convencionalismos no como una simple burla, inocente, sino como una reivindicación de todas las posibilidades del lenguaje, que nos desnuda frente a los gestos automáticos. Que nos demuestra que, aunque lo hayamos olvidado, no somos máquinas.

El poeta va a utilizar, para lanzar sus aerolitos, diferentes técnicas, seguramente inconscientes. De Ory puede darle la vuelta a la tortilla, para dar fe de que “ve molinos de viento en los gigantes”, utilizar el microscopio para detenerse en cada letra, asegurando que “una estatua rota es una extatua” o cantar a “la gula que estrangula”. Pero también camina hacia el lirismo, del que no puede prescindir, para explicarnos que “a la hora del insomnio” le “visitan soldados muertos” haciéndonos comprender, al mismo tiempo, que “las olas son saliva de la luna”. Cómo no habernos dado cuenta antes. Hacia dónde miraremos cuando no miramos nada.

De Ory, pues, ejerce la poesía como un testimonio directo de que algo habremos hecho mal al interpretar la realidad de forma rígida y, por ello, hay que utilizarla, aprovecharse de ella, como “un vómito de piedras preciosas”, porque “un poema es la autobiografía del sueño”. Por eso mismo, nos avisa: “Informo al mundo de mis aullidos”.

En Los aerolitos vamos a encontrar, a la vez, sus fetiches, colecciones como los “animales que ríen: la gaviota/la oveja/el flamenco/la hiena …” o tríadas que resumen obras y autores: “Emerson: destino, libertad, amor”.

Entre aforismo y aforismo, entre disparo y amago, Carlos Edmundo de Ory se va ir preguntando cómo han acabado los más grandes: “¿Cómo murió Sófocles? – De asfixia comiendo una uva agraz”. De muerte absurda porque todas lo son ya que “el hombre herido de muerte al nacer se hospitaliza en el mundo”. Y, durante ese tiempo, en el que nos ingresan en el paso de los días, tenemos la fortuna de leer estas cápsulas que, en vez de tener sabor a medicina vieja, son un oxígeno indispensable entre tanto discurso a favor de la monotonía y la conformidad. Que si han de llover piedras, que sean éstos los aerolitos.

http://www.revistadeletras.net/si-hay-una-invasion-que-sea-de-aerolitos/