miércoles, 27 de julio de 2016

Reseña: "El reverso de la historia", de Jordi Ibáñez, en "Babelia", por José Luis Pardo



¿Qué pasa en la Facultad de Letras?

Jordi Ibáñez fundamenta la necesidad de la literatura, la filosofía, la filología o la estética frente a una administración que tiende a minimizarlas cuando no a amenazarlas


                                                                                                                          José Luis Pardo






Este no es un libro para profesores universitarios. Escrito con generosidad y benevolencia, sin pedantería y sin rencor, puede disfrutarlo cualquier lector “culto” o al menos interesado en “las letras”, pues su tema es el significado y el lugar de esas “letras” en el mundo contemporáneo. Su forma es la de un diario en el que se registran anotaciones con orígenes variados, pero incluso los “tres estudios” con los que acaba el texto mantienen el mismo ritmo estilístico —ensayístico, tentativo, narrativo y exigente— del resto del libro.

En este registro autorreflexivo, Ibáñez despliega los principales argumentos que suelen utilizarse para definir la literatura, la filosofía, la filología o la estética, y para fundamentar su necesidad frente a una administración educativa que, tras haberlas minimizado en el bachillerato, las amenaza en la enseñanza superior; y no es nada complaciente: muestra la grotesca grandilocuencia con la que a menudo sus apologetas —ya sea en calidad de profetas o de resentidos— enaltecen las virtudes de la cultura literaria y crítica al precio de dar de ella una visión ahistórica y falsificada, y matiza con mucha elegancia los argumentos de quienes se presentan como detractores o enemigos de las “humanidades”. Dedica, por ello, una buena porción de páginas a despachar sobre este asunto con los otros dos Jordis, Llovet y Gracia, que han intervenido recientemente en él, desmontando pieza a pieza la melancolía y el entusiasmo, aunque su dictamen no es salomónico ni imparcial. Y, al final (lo cual es cada vez menos corriente), se compromete con una explicación de lo que significan y valen las “letras” en nuestras sociedades, y de su alcance moral y político. Aunque se trate de una conclusión de las que no podrían ocupar los últimos minutos de un telediario, ni siquiera caber en la respuesta a las preguntas de un entrevistador en un programa cultural, ni tampoco tener un lugar relevante en un informe para la mejora de las universidades públicas, todavía puede escribirse en un periódico: «para que el mundo de la política y sus mentiras a medias no lo contagien y lo ensucien todo (…), para que la lucha por el poder no nos someta a una extendida y sostenida pantomima basada en la práctica de la intoxicación (…), para que la política, en fin, no se apodere de nuestros mejores y más nobles deseos (…), hay que pensar en unas zonas sagradas, en unos diques de contención, en unos puntos de referencia en los que la posibilidad de decir lo que son las cosas sea todavía una experiencia consistente, dotada de realidad y de sentido». Esos diques son los estudios de filosofía y letras (o, mejor dicho, son lo que constituye el objeto de esos estudios). Y lo malo es que en su interior también los acosadores cuentan con unos poderosísimos aliados dedicados exhaustivamente a convertir las “letras” en una inversión rentable a medio plazo.



Pero, sin ser un libro para profesores de universidad, en sus páginas encontramos quienes lo somos la referencia constante al tormento que, mucho más que la supuesta “pérdida de rango” social que sufrimos, mina diariamente nuestra resistencia y tiende a ocupar todas nuestras conversaciones, antaño dedicadas a temáticas mucho más floridas, amargando la existencia a los más mayores y secuestrando la actividad intelectual y vital de los más jóvenes: me refiero a los sistemas de evaluación y promoción que determinan de antemano a qué congresos hay que asistir, qué artículos hay que escribir y en qué revistas han de publicarse, cuántos puestos de gestión hay que ocupar y, en definitiva, «todo, menos el criterio del interés o la originalidad, o la consistencia real de lo que se presenta para ser evaluado» (y esto no es patrimonio exclusivo de las humanidades, claro está). En los países civilizados, dice Ibáñez, se mira a la cara de los candidatos y se leen sus libros y artículos. En el nuestro, «se evita mirar a nadie a los ojos, conversar con él, leer sus cosas, discutirlas. Toda referencia al talento y la inteligencia se considera un signo de mala educación y una ofensiva impertinencia». Y aquí no estamos sencillamente ante unas medidas impuestas por un poder exterior, sino ante un sistema del que somos tanto víctimas como cómplices. Si todos sabemos que es ignominioso, ¿por qué no hacemos algo al respecto? Pues claro está: porque nos beneficiamos en mayor o menor medida de esa mediocracia, no solamente como evaluados (es mucho más fácil seguir un manual de instrucciones que escribir algo interesante) sino también como evaluadores (es mucho menos comprometido aplicar un baremo numérico que juzgar la calidad de un artículo). Tengan todo esto en cuenta cuando escuchen a rectores y ministros hablar de “calidad de la enseñanza” y de excelencia en la investigación.


Véase también en http://cultura.elpais.com/cultura/2016/07/19/babelia/1468926221_421135.html

jueves, 7 de julio de 2016

Reseña: "Cráter, danza", de Olga Muñoz Carrasco, en "Nayagua", por Azahara Alonso

Reconquista del cuerpo, bálsamo de la identidad 


Nayagua, 24, pp. 231-235


                                                                                                                           Azahara Alonso


                                                                                                   

Defendía Proust una literatura en la que “Se puede decir todo pero sin decir ‘yo’”, y qué duda cabe plantearse acerca de la calidad de las letras que a esa regla obedecen, norma tácita que vale no solo para la narrativa sino muy especialmente para el género poético que aquí nos interesa. Cráter, danza, el nuevo poemario de Olga Muñoz Carrasco (Madrid, 1973), es clara muestra de ello. Un libro elegante, sencillo en una forma que exige la lectura activa y complejo en un contenido que se armoniza en danza conceptual y anímica. Este cuarto poemario de la autora madrileña llega de la mano de la editorial Calambur tras los anteriores La caja de música (Fundación Inquietudes / Asociación 230 Poética Caudal, 2011), El plazo (Amargord, 2012) y Cada palabra una ceniza blanca (Ejemplar Único, 2013). Con él, Muñoz Carrasco ha quebrado la continuidad temporal de publicación y también ha ahondado en materias nuevas dentro de su poética. Organizado en dos partes, Cráter, danza responde en ellas a estas palabras fundacionales de su escenario. Los poemas, todos sin título y de una brevedad perseverante —ninguno va más allá de una página—, se presentan sin pautas ortotipográficas: no hay mayúsculas, no hay comas, puntos ni otros signos, por lo que todo el peso cae del lado de la gramá- tica, de la sintaxis que conforma la coreografía lingüística y reflexiva. De esta manera, el libro parece, en verdad, un solo y extenso poema, una exhalación (“con el aire / puede escapar todo”) con diferentes momentos engarzados por el tono. Podríamos decir que Cráter, danza es un libro de convalecencia, siendo este uno de los estados más fecundos de la literatura: uno no escribe —no tanto, no tan bien— en la cima de una dolencia, pero sí en sus laderas, en esa condición de restablecimiento que supone una reordenación de todos los componentes de la propia vida que ha quedado ahuecada. Es también, entonces, un libro de reconquista, la de una tierra arrasada que se ha convertido en planeta nuevo y que la autora descubre plagado de una fauna y una flora que quiere escudriñar, porque reconoce en ellas más significados de los previamente aprendidos en terrenos ya extinguidos. Ese planeta es el cuerpo, un territorio asolado por la explosión —o la caída del meteorito— que deja como centro gravitacional el cráter desde y sobre el que Muñoz Carrasco escribe: “una llanura que se desmorona / forma crestas nítidas / el cráter”. En la primera parte del libro, "Cráter", la poeta se mueve ya al principio “sin sonido sin aire”, como en el espacio interestelar, en el vacío silencioso y agravitacional que queda tras lo traumático. No se le escapa al lector, llegado a ese punto, la equivalencia formal —pero también de impacto— entre la palabra central y cáncer. Comprende entonces la correspondencia que se da entre ese cráter que ha desolado el territorio y el cáncer que ha hecho lo propio con el cuerpo y la identidad que lo asume: “Los órganos se agigantan / (…) / solo permanecen en su rincón / regenerando sus células acertada / o erróneamente”. Y es frecuente que el lector, especialmente el que ha rebasado el umbral del texto y lo aborda desde el otro lado, se cuestione la naturaleza radical de la escritura. Cabe preguntarse entonces si esta es más terapia o literatura. Y ni la cuestión es tan inocente ni su respuesta tan clara ya en un momento en que las propuestas dicotómicas resultan torpes, caducas. Este Cráter con su danza es también, por tanto, la confirmación de que la escritura puede ser salvífica —no solo para su autora— y, al mismo tiempo, una manifestación literaria de gran presencia estética. Encontramos en las páginas de este poemario una coreografía por parejas en la que sus miembros se complementan, lejos de la oposición excluyente a la que nos referíamos. Es claro, en este sentido, el caso de la levedad y el peso, que reordenan y anclan el poemario; así lo entendemos, por ejemplo, cuando dice “Al otro lado de 231 esta raya nada pesa / ni siquiera un cuerpo apuntalado al suelo”. Y añade en otro momento: “Canta la desaparición de la ligereza”. Porque es en la enfermedad cuando el cuerpo abandona su levedad de herramienta útil y deja de ser medio para ser fin, centro, objeto de cuidados. También danzan la oscuridad húmeda de las palabras semejantes a la tierra —esos tonos ocres— con una luz y blanca e intermitente que es tanto la del quirófano como la del tópico final del túnel. En correspondencia, encontramos entonces los términos antagónicos de una familia semántica arraigada a la tierra, casi bucólica, llena de calor natural, y los de otra ligada por completo a lo clínico y frío (sutura, sábanas, nieve, células blancas, hilos, linfa, algodón, gasas). Claro ejemplo de su confluencia serían estos magníficos versos: “los órganos en flor / sobre la mesa / del quirófano / pétalos / caen”. Esas flores son, a su vez, la encarnación de lo liviano que comentábamos. La reflexión sobre la propia escritura no aparece hasta la segunda parte del libro: “la letra ilegible canta / quién sabe / en otra vida / otro día cualquiera / incluso en estas líneas / que hacia nadie / se inclinan”. Los poemas, más breves aún en esta Danza, habitan ya lo onírico y ese cielo imaginado que deja caer el velo del pudor a los términos; es por eso que habla de tumor, de radiación: las palabras se organizan ahora en una conjura de las realidades por medio del lenguaje. Encontramos en este espacio un lugar más amable —aunque sin olvidar presencias anteriores, ya definitivas— en el que los elementos naturales pueblan por fin el cráter, sobrevolado por unas aves protagonistas de esa semántica del cielo. Quizá es a través de ellas que se significa una búsqueda esencial para Muñoz Carrasco, “en alguna parte / hay un lugar / para nosotros”, que aparece en tres poemas y muestra la importancia de ese rastreo del espacio necesario para situarse y continuar configurando realidades. Y es entonces cuando aparece, como vemos, el plural en la primera persona, porque el solipsismo no elegido de la enfermedad da paso, por fin, a un reencuentro con el otro. El organismo es ahora como los árboles —un olivo, un roble—, que “hacen crecer / el cuerpo / al cielo”, hacia el entorno, no ya hacia la tierra igualadora. Y será un animal —precisamente uno cargado de mitología, como la serpiente— el que le tome el pulso a la tierra estrenada y se mueva sobre el cráter con su baile sinuoso, ya sin miedo, superviviente, “esperando a que los años pasen / nos conviertan en héroes”. “Con un pañuelo a modo de bandera”, la autora asiste a “esa belleza sin espectadores” con la que la figura del convaleciente, tan lúcido, está familiarizado. Observa, asiste y tiende un cuerpo-puente en el laberinto entre la naturaleza y la dolencia, consciente de la facilidad de los pasos en falso: “la baba del caracol abre una grieta / tiende sobre ella un cable / se desliza el funambulista a oscuras / adelante sin perder de vista / el horizonte tembloroso”. Horizonte que es un cielo como alivio en el que está depositada quizá no toda esperanza pero sí una idea de futuro probable en el que las fuerzas vitales empujan, enérgicas y 232 cotidianas: el paraíso está más en la memoria que en la imaginación, en la recuperación de los ritos felices por diarios: “menta para la sangre / menta para la sangre / repito como si fuera una oración / porque algo se espera siempre / aunque no recemos”. Olga Muñoz Carrasco ha escrito un poemario cargado de matices y de puntos de fuga, de una facción del espíritu de nuestra época. Toda una teoría del conocimiento a través del cuerpo como clave de la identidad. Es este “grasa huesos sal / todo lo necesario para dormir al raso”, pero es mucho más, como ella muestra. Y con la vuelta a la salud no es el tiempo proustiano lo recobrado, sino el cuerpo con el que se puede cumplir ya todo cometido: “Hay que sostener / fieramente / la mirada”.

miércoles, 6 de julio de 2016

Reseña: Artes maleficorum: brujas, magos y demonios en el Siglo de Oro, por Roberto Morales Estévez




Librosdelacorte.es, 12, año 8, primavera-verano


                                                                                                                  Roberto Morales Estévez


Siempre es una buena noticia cuando un sello editorial se decide por abrir una colección histórica, máxime en los tiempos que corren para las Humanidades. Este es el caso que nos ocupa con el libro de la profesora María Jesús Zamora Calvo que, con su Artes Maleficorum. Brujas, magos y demonios en el Siglo de Oro, abre la colección Historia en el sello editorial Calambur. Comenzaremos destacando del mismo la gran originalidad de enfoque en un tema, como el de la brujería, que ya goza de una gran trayectoria y estudios muy solventes que cada vez hace más complicado aportar nuevas visiones. Este lo ha conseguido mediante la compilación sistemática de más de 800 tratados sobre magia, brujería y demonología que la autora recoge en el cuarto capítulo de su trabajo. Ello se ha de considerar una enorme aportación, además del resto del volumen, a los estudios de brujería, ya que ofrece al resto de la comunidad científica fuentes documentales sistematizadas y aún por explotar en profundidad. El libro se apoya en esa extensa base documental para revisitar desde esta nueva perspectiva el tema de la brujería en los siglos xvi y xvii a nivel europeo, que es la materia que ocupa el primer capítulo. El mismo se cierra, como el resto de capítulos, con un estado de la cuestión que permite al lector conocer no solo la aportación de la investigadora, sino que nos permite ponerlo en relación con los distintos enfoques que sobre el tema se han venido dando. El segundo capítulo, dedicado a la magia, es el que probablemente más sorprenda al lector no iniciado. En el mismo se analizan, con el mayor rigor posible y afán de coherencia y orden, distintos fenómenos directa o indirectamente relacionados con la magia, con la dificultad añadida de realizar una formulación lógica de un mundo irracional como es este del que se ocupa. El compendio de tipos de magia analizados abarca astrología, alquimia, filosofía oculta, magia amatoria o magia adivinatoria en muchas de sus modalidades, como lo son la metoposcopia o la quiromancia. El capítulo vuelve a cerrarse con un epígrafe dedicado a los estudios actuales sobre la magia. El tercer apartado es el dedicado a demonología, reiteramos que apoyándose principalmente en los tratados demonológicos del XVI y XVII, fuentes primarias que hacen muy sólido el discurso de la investigadora. A través de los mismos se analiza al diablo y secuaces, los poderes diabólicos, pactos demoniacos y exorcismos o la caracterización de judíos y gitanos como etnias endemoniadas. De este capítulo es preciso destacar el epígrafe dedicado a la iconografía demoniaca dado que, aunque de manera breve, aborda un tema que aún espera un estudio en profundidad, si exceptuamos el trabajo de Luther Link El diablo: la máscara sin rostro, como lo es la imagen del diablo y su evolución iconográfica. La riqueza de fuentes primarias que hemos destacado en esta reseña viene acompañado por otra gran cantidad de fuentes secundarias que la autora ha ido desgranando y analizando a lo largo de los capítulos, con lo que pone a disposición del especialista un gran material de consulta para futuros trabajos. Se intuye que el trabajo que nos presenta María Jesús Zamora en el sólido cimiento de un trabajo de investigación mucho más ambicioso fruto de la sistematización de los tratados de brujería, magia o demonología que la autora está llevando a nivel europeo, del que por ahora nos ha legado parte, pero que se presume seguirá realizando en años venideros. Mención aparte merece la ingente y acertada selección de imágenes que acompañan el texto en la que destacan muchas que, por su rareza, constituyen otra aportación destacable para el resto de los investigadores. La editorial nos ofrece las imágenes en color, lo que no es tan habitual como debiera, y con alta resolución. No podía ser de otra manera para un libro que por la calidad del papel y encuadernación demuestra el interés y fuerte apuesta que la editorial Calambur está realizando por la edición de libros históricos.

lunes, 4 de julio de 2016

Reseña: La tumba de Keats, de Juan Carlos Mestre, por José Enrique Martínez en El Diario de León




ÁNFORAS DE LOS QUE SON CENIZA



                                                                                                   José Enrique Martínez

                                                                                                                     DIARIO DE LEÓN
                                                                                                                      3/7/2016




En 1999 apareció La tumba de Keats, de Juan Carlos Mestre, soberbio ejemplo de poema-libro, pues como tal fue escrito, sin desmayo a pesar de su magnitud. En 2004 disfrutó de una lujosa y artística edición en un mano a mano entre Mestre (texto) y Robés (imágenes). La nueva edición aporta las ilustraciones del libro de artista Ghetto que el propio Mestre realizó durante su estancia en Roma entre 1997-1998. El poemario nació en aquella ciudad cuando el poeta dispuso de una beca en la Academia Española de Roma y visitó la tumba de Keats, el joven poeta romántico que contaba apenas 26 años cuando murió en la Ciudad Eterna en 1821, siendo enterrado en el cementerio protestante. Otro formidable poeta inglés, Shelley, que también murió joven en Italia, ahogado en el Mediterráneo, compuso en memoria del amigo otro memorable poema, Adonais, que acaba de ser editado en bilingüe por Visor. Mestre lo evoca así: «Debajo de esta losa hinchado por el agua está el cuerpo amoratado de Percy Bisshe Shelley... / no es hermoso morir si uno es joven y el amor terrible».

La tumba de Keats es un poema complejo. Lo que he leído sobre él no pasa de vaguedades y rodeos. No aspira esta reseña a dar con la clave, por supuesto, sino a suscitar el interés por su lectura. Sin embargo, hay un verso hacia el final del libro que puede aproximarnos a una interpretación apropiada: «He pasado la tarde junto a la tumba de Keats... / no he descendido a ningún otro infierno que no fuese mi vida». En ese infierno cabe la crítica a los que ejercen «asuntos de fuerza» civil o eclesiástica y la piedad por los oprimidos. Roma se convierte en símbolo o síntesis del esplendor y la miseria, de las lacras históricas veladas por el brillo de las cúpulas, en la gran cloaca que mancha incluso las palabras, que llaman «conducta a la obligación y fidelidad al silencio». Pero en el poema hay, además, un pasmoso alarde imaginativo del que se hace gala: «La imaginación hizo resucitar a Jesús, / la imaginación es un túnel de tierra ante los ojos del topo...». La imaginación, unida a la memoria, crea mundos desconocidos: «Cada visión del hombre es una idea nueva que visita el mundo». Es esta facultad creadora la que hace del ámbito poético de Mestre un mundo singular.

«Adiós Roma, adiós dolorosa luz indescifrable». Es la despedida ante la tumba sobre la que reza un célebre epitafio que Juan Carlos Mestre incorpora como verso final a su poema: «Aquí yace alguien cuyo nombre fue escrito en el agua».

lunes, 27 de junio de 2016

Reseña: La tumba de Keats, de Juan Carlos Mestre, en Encuentros de Lecturas, por Santos Domínguez



                                                                                                           Santos Domínguez




En un volumen ilustrado por el propio poeta, Calambur recupera La tumba de Keats, el libro con el que Juan Carlos Mestre ganó el Premio Jaén de poesía en 1999. Llevaba algún tiempo descatalogado y esta reedición es una inmejorable oportunidad para acercarse a él por primera vez o para releer sus versos desborados y poderosos.
Desde su arranque (Esto sucede ante la hora izquierda en que mi vida, / violenta juventud contra el poder de un príncipe, / llama jauría a la verdad y belleza a los puentes derrumbados) hasta el último verso, que reproduce el epitafio de la tumba de Keats en el cementerio protestante de Roma (Aquí yace alguien cuyo nombre fue escrito en el agua), una explosiva sucesión de imágenes ordenadas en el ritmo envolvente y poderoso de sus versos.

Escrito en Roma entre octubre 1997 y febrero de 1998, acompañado de las ilustraciones del libro de artista Ghetto que el autor realizó a la vez que el poema, en su espacio emerge la sombra de Keats como símbolo de la conciencia irrenunciable del poeta a través de la voz de Juan Carlos Mestre.

El tiempo y la compasión, el amor y la historia, la noche y la palabra arrebatada articulan un intenso y largo monólogo en el que el poeta da voz a las sombras frente al olvido y esgrime la resistencia y la utopía como ética de las derrotas, como épica de la dignidad. Frente a las ruinas de la historia la fuerza resistente de la palabra cuando no importa ya vivir sino la vida, no importa ya morir sino lo humano.


jueves, 16 de junio de 2016

Noticias: celebración del 25 aniversario de Calambur

El pasado 2 de junio a las 19 horas en la Casa de Fieras de la Biblioteca Pública Municipal Eugenio Trías de El Retiro celebramos los 25 aniversario de Calambur. El director de la colección de Poesía, Emilio Torné, fue el maestro de ceremonia de un acto conmemorativo en el que varios de nuestros autores participaron recitando algunos de los poemas que han dado vida a Calambur en estos años de trayectoria. ¡Muchas gracias a todos por acompañarnos! (Fotos: Marius Scarlatt).






miércoles, 25 de mayo de 2016

Noticias: Calambur en la Feria del Libro de Madrid

Ya tenemos el calendario de firmas de la Feria del Libro de Madrid. Contaremos con Antonio Hernández, Juan Carlos Mestre, Olga Muñoz Carrasco, Esther Ramón, María Jesús Zamora y Jorge Riechmann. ¡Os esperamos!


Noticias: Reseña de "El reverso de la historia", de Jordi Ibáñez Fanés, en Quimera, por José Antonio Vila








¿Para qué las letras?
(El reverso de la historia de Jordi Ibáñez Fanés)


Quimera, 390, mayo 2016
José Antonio Vila 

Jordi Ibáñez Fanés es un personaje bastante conocido en el mundo intelectual de Barcelona, pero creo que menos fuera de él (cosas de la insularidad catalana, supongo), hombre de talante irónico y escritor de trayectoria discreta pero muy sólida, escribe poesía en catalán, es autor de una novela notable La vida en la calle (2007), y de varios ensayos, entre los que destaca el interesantísimo Antígona y el duelo, a caballo entre la reflexión estética y la filosofía moral. De algunas líneas temáticas de ese libro de 2009 surgen muchos de los planteamientos que recoge El reverso de la historia, ensayo en forma de dietario y con el que comienza su andadura «Criterios», la nueva colección que la editorial Calambur dedica a la prosa de ideas. El libro trata de la crisis de las humanidades, y más específicamente de la crisis de las facultades de letras, ¿cuál es el sentido de las humanidades, cuál puede ser su utilidad en la enseñanza superior, y, en última instancia, qué pueden aportar a la sociedad en su conjunto? El reverso de la historia no es un ensayo convencional, sino que se trata de un libro en el fondo autobiográfico, escrito desde el yo y articulado sobre la experiencia de la primera persona (y que se completa con tres estudios sobre el gusto, el mal y el «final de la historia» que sirven de colofón en el último tercio de la obra), es el libro de un pensador y profesor de universidad que reflexiona sobre la función de los libros –filosofía y literatura- en nuestras vidas, sobre el modo en que problematizan pero también enriquecen nuestra existencia. Es un ensayo que nace también de una frustración personal: su dimisión, tras año y medio en el cargo, como director del Departamento de Humanidades de la barcelonesa Universidad Pompeu Fabra, dieciocho meses de obstáculos y bloqueos debidos al vicioso círculo de intereses, intrigas y politiqueos «que lo enredaban todo y convertían todo esfuerzo en un juego agotador y penoso» (un mal que, sospecho, no es privativo de este centro de enseñanza sino que se da, en mayor o menor medida, en todas las universidades, por lo menos en las españolas).  
            Ibáñez Fanés se plantea el problema de la vocación intelectual en el contexto de la crisis contemporánea, crisis económica en la superficie, pero política y moral en lo más profundo como sugiere el autor en el texto, el tiempo de la historia que nos ha tocado vivir y que ha sacudido particularmente el ámbito de la cultura. Asediadas por la lógica economicista, el imperativo de la productividad a ultranza y el culto a lo técnico-científico como única forma de instrucción, las humanidades, o letras, corren el riesgo grave de verse como algo residual, ornamental, o, en el peor de los casos, un hobby de segundo orden que no puede competir con los entretenimientos del mainstream, los que proporcionan las pantallas (de ordenadores y televisores) y los grandes fastos del deporte (sospechosamente, los nuevos gurús de la economía y la política son muy aficionados a las metáforas deportivas, como Ibáñez Fanés señala con gracia y acierto). Es necesario volver a dotar de sentido a las humanidades, o letras, aunque eso implique, como hace el autor, no renunciar a preguntarse por el sentido de lo que hacemos, ni acabar de despejar la sospecha de la ausencia de ese sentido. El libro no tiene un tono sermoneador, ni deliberadamente nostálgico como el de Jordi Llovet en Adiós a la universidad (2011), sino vibrante, a veces divertido pese a la seriedad de los temas que se abordan, no da respuestas fáciles ni disimula sus perplejidades, es rico en sus referencias, de una cultura deslumbrante pero jamás exhibicionista, en el que, por ejemplo, se enlaza la pulsión ética de Hannah Arendt con brillantes interpretaciones de novelistas tan dispares como Balzac o el marqués de Sade, y su lectura nos propone «avanzar como si sólo nosotros estuviésemos despiertos, en medio de un mundo de sonámbulos», tal vez para buscar nuestro espacio en este reverso de la historia. Y quizá construir, sin utopismos, sociedades un poquito mejores de las que tenemos.



martes, 24 de mayo de 2016

Noticias: "El reverso de la historia", de Jordi Ibáñez Fanés, en El País, por Félix de Azúa




                                                   Inhumanos
En estas elecciones debe darse prioridad absoluta a los programas educativos de cada partido


Félix de Azúa
10/5/2016

La liquidación de las humanidades en la educación española no es sólo un error atribuible al mercantilismo obsesivo, es, además, un modo de desarmar a la población más desamparada. Como escribe Jordi Ibáñez en su extraordinario estudio El reverso de la historia, la política educativa española, “no es que sea ni torpe ni mala, sino directamente estúpida y malvada” (161). Y ello es así porque sólo tiene dos caras: los grises tecnócratas adornados de un cinismo compasivo, o los cínicos ilusionistas que acomodan su discurso a la fabricación oportunista de una mayoría social (237). En ambos casos se destruye la posibilidad de que la cultura humanista enseñe “a pensar críticamente con un pensamiento no orientado a fines meramente profesionales o técnicos” (141).

Ibáñez cree, como su colega Jordi Llovet y en palabras de Lévi-Strauss, que la universidad “se ha entregado a la inevitable coalición entre el infantilismo de las masas estudiantiles y el corporativismo de los funcionarios” (277). El resultado es el adocenamiento y la degradación educativa. Ibáñez, buen kantiano, cree en la función esencial de una educación ilustrada. Justo lo contrario de lo que expone la derecha socialista la cual acusa de “desfachatez” a quienes rechazamos la situación mientras ellos se acunan en un ávido conformismo.

En estas elecciones debe darse prioridad absoluta a los programas educativos de cada partido. Parecen iguales, pero las exclusiones se ocultan bajo máscaras ideológicas como “integración”, “normalización”, “sexismo” o “laicismo”, meros placebos frente a un problema pavoroso: en 2003, de cada cien hombres veinte eran analfabetos funcionales. De cada cien mujeres, treinta (295). ¿Y hoy? Muchos más.


Véase también http://elpais.com/elpais/2016/05/09/opinion/1462809524_656001.html

Novedad: Viento variable, de Antonio Hernández

Ya en Calambur, Viento variable, de Antonio Hernández, premio Nacional de Poesía 2014:



Tras el excepcional Nueva York después de muerto (Premio Nacional de Poesía y Premio de la Crítica), Antonio Hernández pasea por sus geografías cotidianas, Madrid y Cádiz, desde las que, fervoroso y escéptico a un tiempo,tiende puentes a una multitud de facetas de la realidad y de la conciencia. Para cumplir estos recorridos, Viento variable se hornea como un hojaldre que, en sus diversos estratos, lleva del poema individual, y su anécdota, a los niveles más elevados de sentido, generados en el diálogo, afirmación y conflicto, entre sus diferentes partes. Brilla aquí la poesía
total que Hernández persigue desde sus inicios y en la que se dan cita la realidad y el misterio, lo narrativo y lo simbólico, lo prosaico y lo lírico; con recursos de una polifonía de géneros —periodismo y teatro, ensayo y cine, cuento y aforismo—; fundido todo en virtud de un único tono poético —hecho de modulaciones y contrastes, de una original imaginación poética y de cierta tierna ironía—, que es sostén y logro mayor del libro.Un mosaico de temas ordena, de manera fluida, la
obra: paisajes naturales y urbanos, con sus equívocas faunas; el palimpsesto de la familia y la infancia; la solidaridad ante los desfavorecidos; el amor que pasa y aún vuelve; irónicas reflexiones
de postrimerías; la soledad, el destino… Y la poesía, heterogénea como la vida, viento variable que a un tiempo conduce y extravía, acuna y solivianta, grita y susurra, mas, al cabo, consuela y reconcilia:


                                        Cuando todo sea definitivo,
                                       ¿habrá un lugar para la Poesía?
                                       ¿Se habrá salvado un ala de Carducci,
                                       de Hölderlin, de Heine, de Rilke?
                                      ¿Sobrevolará el crepúsculo de Bécquer?
                                      ¿No me harás señas tú?
                                       Pero hoy vuelven eternamente las golondrinas.

lunes, 23 de mayo de 2016

Noticias: presentación "Cráter, danza", de Olga Muñoz Carrasco, en Madrid



El pasado sábado 21 de mayo se presentó en la Librería Enclave de Madrid, el último poemario de Olga Muñoz Carrasco, Cráter, danza. La autora estuvo acompañada por la poeta Esther Ramón (Morada, Calambur, 2015) y el director literario de la colección de Poesía, Emilio Torné.

¡Gracias a todos por acompañarnos!








miércoles, 18 de mayo de 2016

Noticias: Entrevista a Amelia Gamoneda por la Librería, por la Librería Cazarabet


LA EXQUISITEZ EN LA PLUMA Y EL TRAZO DE ANTONIO GAMONEDA, SE DAN CITA EN UNA ANTOLOGÍA QUE TIENE A LA NIÑEZ ENTRE EL JUEGO DE LA PALABRA Y AQUELLO QUE HIERVE ENTRE EL POETA Y SU INTERLOCUTOR, EL LECTOR.

LA SELECCIÓN CORRE A CARGO DEL CUIDADO DE UNA DE LAS PERSONAS QUE LE PUEDE CONOCER MÁS , SU HIJA, AMELIA GAMONEDA LANZA.


Cazarabet conversa con Amelia Gamoneda:

-Amelia, no debe de ser tan sencillo el encargarse de la edición de la obra de una persona, tan íntimamente ligada a una como es tu padre. Explícanos…

-Lo importante para hacer una antología es la familiaridad con la obra, no con el poeta. Yo tengo las dos familiaridades: mejor que mejor.

-Dinos, ¿por qué te decides a dar este paso: seleccionando los poemas y realizando el prólogo?.Supongo que la selección debió de ser un proceso arduo y difícil

Emilio Torné, el director de la colección de Calambur, me hizo el encargo. La selección y el prólogo fueron un trabajo. Pero un trabajo gozoso (algo que en sí es una paradoja).

-¿Qué tiene de particular el Antonio Gamoneda como poeta…?


-Que es muy exigente con su propia escritura.

-Os viene un poco de familia esto del amor a las letras, a los poemas…lo digo por tu abuelo paterno
-Sí, mi abuelo era poeta y periodista. Yo prolongo modestamente esa veta familiar.

-En este libro, en esta antología de poemas amiga Amelia te has acercado y nos acercas a todos al Antonio Gamoneda que vuelve la vista atrás…al período de la niñez ¿Por qué?


-Esa es una edad de mi padre que obviamente yo no conocí. Y por tanto es la más misteriosa para mí.

-Aunque nunca dejamos, ni como humanos ni como poetas, de ser niños de “vivir en cierta burbuja de aquellos años atrás…”…para bien y, también supongo para mal…porque en la niñez hay y se suceden hechos positivos, pero también experiencias negativas….

-En la niñez se forja lo esencial de nuestra sensibilidad, eso es lo importante para nuestra vida.

-¿Te reconoces en los poemas o en algunos de estos poemas del Gamoneda que remira a la “niñez”?


-Sí, pero más bien reconozco lo que de mi padre hay en mí.

-La prosa poética toma en la pluma de Antonio Gamoneda más de una dimensión…la reflexiva, la de una mirada inquieta, la que se resiste a desmembrarse de, este caso, de la niñez; y la de llegar al lector de una manera tan diferente y diferencia como amena… ¿Qué nos puedes comentar?


-Todos los textos de esta antología pintan muchos tonos de la niñez, pero también muchos tiempos en los que se aloja la niñez: su vivencia, su recuerdo, su proyección en los otros.

-El hecho de ser escritor autodidacta le proporciona a sus poemas y a su prosa poética en torno a la niñez rasgos diferentes o que debamos de tener como en cuenta? Es, no sé…quizás me lo parezca como una poesía más libre…

-He evitado voluntariamente la distinción entre verso, poema no versal y prosa en esta antología. Para que el lector transite por las diversas formas de la obra de mi padre reconociendo resonancias entre todas ellas. En cierto modo hay un hilván narrativo entre todos los fragmentos.


-Este año tu padre cumple diez años del Premio Cervantes. ¿Qué recuerdas del día en que se le comunicó este galardón?; a veces los reconocimientos, como cualquier cosa que nos pase en la vida nos influye como seres humanos, pero también en nuestra faceta profesional. ¿Le ha influido a tu padre el haber recibido este galardón?

-De aquel día lo que más recuerdo –además de la alegría– es la preocupación por organizarnos para atender a muchos e imprevistos requerimientos de los medios de comunicación y de los amigos. Sí, un premio como el Cervantes cambia mucho la vida de una persona de manera repentina. Luego las cosas se van calmando...

-En la actualidad, personalmente, soy de las que piensa que vivimos tiempos muy buenos, y desde hace muchos años, en torno a la poesía...se hace, se compone, se reflexiona y se destila en blanco sobre negro una excelente poesía en todos los campos y estilos (una cosa es que un estilo te guste más que otro), pero, creo, hay un nivel excelente. ¿Qué nos puedes decir?

-La poesía se suele mover históricamente entre dos polos: el del discurso comprensible y de representación y el de la búsqueda de los márgenes de representación y sentido del lenguaje. Cuando el péndulo va hacia el primer polo –como ocurre actualmente– se integra mejor entre los discursos que la sociedad y sus medios promocionan, y la poesía consigue tener más lectores y más practicantes. Es una opción. A mí me interesa sin embargo más la interrogación sobre los márgenes del lenguaje.

-De todas formas, comentando un poco los poemas de Antonio Gamoneda… no sé, me da que son o están un poco como “tintados” por la tristeza, por las amargas circunstancias y los tiempos que le tocó vivir, incluso por la muerte…y que eso, de manera irremediable, lo traslada a su obra. Explícanos.

-Es cierto. La biografía no siempre se traslada como relato a la poesía, pero sí aparece en ella de manera fragmentaria y, sobre todo, tonalmente. Para una obra que acompaña a la vida esa contaminación es inevitable.






Niñez. Antología. Antonio Gamoneda. Selección y prólogo de Amelia Gamoneda
153 páginas
15.00 euros
Calambur



Un extracto del prólogo:

“MITOLOGÍA ÍNTIMA”

Por AMELIA GAMONEDA LANZA

La niñez es un tiempo mítico personal donde se origina el yo capaz de hablar de sí mismo, donde su prehistoria cede el paso a una historia que le concierne. Contar la propia infancia reconstruye hacia atrás el tiempo, echa el ancla en el pasado, en un cierto mundo físico, mental y afectivo. Pero, como todo mito, la niñez pervive más allá de su momento, impregna la vida entera, y contarla supone también un modo de hablar del presente. Cuando, además, quien relata es de nuestra misma sangre, buscamos en esa narración algún efecto de espejo: la niñez tiene entonces un poder performativo que sobrepasa a su relator y se adentra en el futuro, reforzando así los lazos de la herencia biológica. Estos tres tiempos de palabra en torno a la niñez organizan esta antología.

En nuestra cultura, la voz autobiográfica de la infancia suele estar precedida de otras más antiguas. Y en lo que respecta a mi padre, el relato fue transmitido en primer lugar por la voz de una abuela que se dirigía a sus nietas. Mi abuela –a quien la guerra había hecho perder todos los bienes materiales y muchas de las relaciones que la vinculaban a su familia– nos presentaba los contenidos de su memoria personal como entregándonos un secreto en custodia. Poca cosa más poseía. No sé si contaba bien, pero sí sé que dramatizaba sus relatos como si los reviviera. No buscaba entretenernos: nos sobrecogía con su palabra repetitiva y a menudo elíptica, que no siempre entendíamos. Creo que narraba más por necesidad que por gusto: no recuerdo que nos contase cuentos infantiles.


(…) Sobre aquel relato dulcificado –y acotado por el secreto– vinieron a posarse después otros estratos que pertenecen ya a la voz autobiográfica. La lectura de Blues castellano me descubrió los tintes de la pobreza, Lápidas me abrió los ojos a la gélida claridad que la infancia de mi padre presta a toda su obra. De manera lenta a través de los años, fui sabiendo por sus libros lo que él quería contar de su niñez. Nunca se ha explayado mucho más de manera oral: seguramente tampoco se lo hemos preguntado. Hay, por ejemplo, episodios importantes de Un armario lleno de sombra de los que yo nunca tuve noción. Quiero decir que, desde el punto de vista de la información, mis ventajas de hija-antóloga son más limitadas de lo que cabría suponer.

(…) Y, en lo que concierne a mi padre, esta antología contiene los gestos de la donación hecha. En su tramo final aparecen poemas en los que se refiere o se dirige a las niñas que han sido sus hijas y nieta. He titulado esta parte “En otro pensamiento”, pues tal es la fórmula que el poeta utiliza para describir su permanencia en los seres amados. Al hablar de ese legado de presencia, mi padre elige el pensamiento de una niña como su refugio futuro; no ha de extrañar pues que, en trueque afectivamente equilibrado, la niñez de mi padre pertenezca también al pensamiento de sus descendientes.

Esta antología tiene dos partes más que preceden a la ya mentada. En la primera –“Manos, balcones”– mi padre evoca su niñez: un crisol de frío y miedo, de tristeza y ternura, de desdicha y claridad desolada. No pretendo en estas páginas reconstruir su narración –por lo demás ya servida con detalle en Un armario lleno de sombra– y por eso no propongo un exhaustivo recorrido de episodios reconocibles. Pero sí busco una cierta mirada que dé a percibir centros de gravedad emocionales, sensitivos, pulsionales, de pensamiento… La manos –son las manos de mi abuela– aparecen como grandes paréntesis protectores que abren y cierran este relato. Los balcones son los lugares desde los que la niñez se asoma a espectáculos que no pertenecen a su edad y que llevan consigo descubrimientos graves. Hay más atmósferas que episodios, más palabra interiorizada que presentación del vecindario, menos personajes que paisajes. Y, puesto que no hay niñez sin aprendizaje, cumple hacer algún inventario: el aprendizaje de la lectura, el de la crueldad, el del miedo, el de la melancolía… Son también muy perceptibles los dos espacios en los que se resuelve la infancia: la ciudad y el campo que la circunda, entramados por un extrarradio inhóspito donde de pronto puede destellar la belleza. Pero la arteria fundamental de la infancia es un barrio de la periferia urbana: allí fluye tumultuosa la vida bajo sus formas más míseras y despiadadas.

(…) Si la segunda parte de esta antología lleva el título “El resplandor en la sombra” es porque esta fórmula poética se repite extrañamente en la mención de la presencia que la niñez tiene en la vida adulta del poeta. Ha sido para mí una sorpresa verla así reiterada –con la variante de “el resplandor y la muerte” u otras afines– en los textos que yo elegía para articular la que ya no es memoria sino reflujo e incorporación de la niñez en el curso de otra edad. En su síntesis de oxímoron, “el resplandor en la sombra” traduce a términos luminosos la experiencia de la coalescencia de la vida y la muerte. Que la infancia sea esto en la edad adulta o en la provecta significa que se la toma muy en serio, que no había en ella ningún ser banal, inconsistente o ajeno a uno mismo del que renegar o distanciarse. Tal vez por eso mi padre no ha hablado nunca de su infancia en términos coloquiales.

De hecho tampoco lo hace con las infancias ajenas. Él tiene de las de sus hijas y nieta un pequeño repertorio de momentos cargados de intensidad emocional que, a su manera, también contribuyen a crear nuestros mitos niños. Mi corta memoria de la infancia recibe este suplemento, que no es tanto de cantidad como de cualidad: la cualidad de ser objeto de relato. Que la palabra de otro se haga así cargo de uno es un regalo –un regalo que, bien es verdad, a menudo hemos de agradecer pareciéndonos a lo que de nosotros se ha dicho. La creación de una mitología íntima de niñez enriquece y obliga. Y yo creo que esto sucede también cuando la narración es autobiográfica. Creo, en suma, que mi padre a través de su obra hace ese gesto de fuerte control sobre sí mismo: dar voz a una memoria de niñez que le ha obligado a ser un adulto a su imagen y remembranza.

martes, 17 de mayo de 2016

Reseña: "Morada", de Esther Ramón, en el Cultural de El Mundo


Morada

Esther Ramón

Calambur. Madrid, 2015. 100 páginas, 10€

FRANCISCO JAVIER IRAZOKI | 13/05/2016 |


Esther Ramón. Foto: Círculo de Bellas Artes.

Esther Ramón (Madrid, 1970), profesora de escritura creativa, ha dirigido un programa de radio dedicado a la poesía. Sus textos han sido incluidos en diversas antologías. Es autora de siete poemarios publicados.

Las cuarenta y dos composiciones del libro Morada están distribuidas en tres apartados. Ninguna de ellas lleva título. El primero de los poemas ya transmite la atmósfera del conjunto. La escritora describe un mundo inacabado e inestable. En él, la luz está guiada por las sombras. Entre derrumbes, señales de arcilla y letras rotas, se nos habla de vínculos que desconocíamos. Vivimos en las raíces enfermas de un olmo. El gusano que levanta su cabeza antes de morir es también nuestra casa. Objetos desaparecidos y seres que huelen a piedra cavan en los paisajes. Muros, agujas y ruedas forman el decorado de quienes deciden “abandonarse al caballo / herido de la música”.

La poesía de Esther Ramón no abarca sólo un surrealismo liberador. Las tres secciones de la obra (“Excavación”, “Velocidad”, “Piedra de agua”) contienen una escritura diáfana y de múltiples significados. En sus páginas, las poderosas imágenes muestran pulsiones variadas. La hormiga, el lobo, la araña y la serpiente comparten los espacios con el espino, la baldosa y el cristal. Existe una asociación de deseos que avanzan. Como si la etiqueta fuese una cáscara superflua, los lugares y personas carecen de nombre. El agua aparece de manera casi obsesiva en el libro. Leemos: “He tomado con vértigo / los cabellos del agua, / los he trenzado / sin mojarme”. Y la poeta concluye: “Me inunda al caminar / una blanca hemorragia”.

La escritora crea un entramado poético con las estancias de una vivienda. Cita goznes, tinajas, llaves, vaivén de cortinas. En el exterior, troncos que susurran, depredadores, resuellos, brasas, crujidos, rozaduras de reptiles. ¿Cómo concilia Esther Ramón tantos elementos dispares? Su uso certero del lenguaje contribuye a una expresión natural. Menudean las conexiones insólitas, pero el poema no deja de fluir a favor del lector.

Los versos de Morada son columnas delgadas que a menudo sólo encierran dos, tres o cinco vocablos. Con tan escueto material, nos comunican realidades complejas. Terminada la lectura, tenemos la impresión de que Esther Ramón ha construido un laberinto que nos transparenta.


Veáse también en http://www.elcultural.com/revista/letras/Morada/38074

Noticias: Presentación "Panga Rilene", de Juan Tomás Ávila Laurel, en Barcelona

El jueves 12 de mayo se presentó en la Biblioteca de la Vila de Gràcia la nueva obra del autor guineano Juan Tomás Ávila Laurel, Panga Rilene. El autor estuvo acompañado por la escritora Remei Sipi. ¡Gracias a todos por acompañarnos!




Noticias: Presentación de "Morada" en Valencia

El día 11 de mayo nuestra poeta Esther Ramón presentó su Morada en la Librería Bartleby de Valencia. La autora estuvo acompañada por Teresa Garbí. ¡Muchas gracias a todos los que nos acompañasteis!



martes, 10 de mayo de 2016

Reseña: "Niñez", de Antonio Gamoneda. Por Verónica Viñas en El Diario de León


El niño que persigue a Gamoneda



A Gamoneda siempre le ha perseguido la niñez. Partiendo de esa premisa y del encargo de hacer una antología que la editorial Calambur encomendó a su hija Amelia —profesora de Literatura Francesa y autora de ensayos como Marguerite Duras. La textura del deseo— llega ahora Niñez. El autor de Lápidas, «sin escurrir el bulto», prefiere ceder todo el protagonismo del libro a su hija. «Fue ella quien escogió los textos que estaban en otro contexto y los ordenó a su manera, que no es casual, sino siguiendo un proyecto significativo. Seguramente, no sólo ha buscado mi niñez», asegura el premio Cervantes leonés.

«El editor me propuso hacer una antología de mi padre y yo decidí el asunto y el enfoque», cuenta Amelia. «Hablar de la niñez de mi padre tenía sentido no sólo porque soy su hija, sino porque tiene suficientemente escrito y porque es una época que ha marcado su poesía y su vida». Y se remonta la autora de Niñez a la abuela, la mujer que huyendo de la Guerra Civil recaló en un León terrible y represivo con un pequeño que vería desde el balcón de su casa del Crucero desfilar a los presos camino del campo de concentración en que se convirtió San Marcos. «La niñez de mi padre era, en su boca, una colección de escuetas escenas... Para ella su hijo era un absoluto sin adjetivos, un ser blanqueado como un ángel por el amor materno», anticipa en el prólogo.

Amelia monta un sistema de recurrencias que permiten al lector deslizarse de unos textos a otros, de Lápidas a Edad o Un armario lleno de sombra. La hija de Gamoneda tira de un hilo que le conduce hasta «esa desconocida niñez» del padre.

Reconoce que hay episodios en Un armario lleno de sombra de los nunca había tenido noción. «Quiero decir que, desde el punto de vista de la información, mis ventajas de hija-antóloga son más limitadas de lo que cabría suponer». A pesar de conocer profundamente tanto al hombre como al escritor, ha hecho Amelia otro descubrimiento: «Hay más reflejos de él en mí de lo que esperaba».

La autora ha dividido el libro en tres partes: "Manos, balcones" (manos de la madre y balcones del niño que se asoma al mundo), donde hay más atmósferas que episodios; "El resplandor en la sombra", que alude al recuerdo siempre presente que la niñez tiene en la vida adulta del poeta; y "En otro pensamiento" o la permanencia del poeta en los seres amados.


                                                                                                                Verónica Viñas
                                                                                                               

Véase también en http://www.diariodeleon.es/noticias/cultura/el-nino-persigue-gamoneda_1066573.html

viernes, 6 de mayo de 2016

Novedad: "Cráter, danza", de Olga Muñoz Carrasco



Se alza el cráter tras la caída del meteorito y hay que reconocer el nuevo territorio. Convertido en desierto o en planicie nevada, la perforación dejó el paisaje abierto. Todo resbala por la gran fisura que es el cuerpo. Cuerpo intervenido, desollado, abismo de carne convaleciente. Tras el estrago comienza el baile. El movimiento se asoma al vacío en busca de ese lugar intacto que en verdad existe, donde alguien aguarda desde siempre. Atrevimiento de un cuerpo corroído y luminoso en el deseo, danza de quien cae a solas.
                                                                 Cráter, danza, de Olga Muñoz Carrasco

¡Ya en librerías!


martes, 26 de abril de 2016

Noticias: Calambur celebra La Noche de los Libros en Madrid y Sant Jordi en Barcelona


Calambur celebró La Noche de los Libros con el coloquio "Editar poesía hoy". Con las poetas Vanesa Pérez-Sauquillo, Olga Muñoz y Esther Ramón, y el editor Emilio Torné en La Librería Enclave de Madrid. ¡Gracias a todos los que nos acompañasteis en esta magnífica velada!

Vanesa Pérez-Sauquillo, Esther Ramón, Olga Muñoz y Emilio Torné.


Asimismo nos unimos a la fiesta de Sant Jordi, en Barcelona, con una parada de Calambur en el Paseo de Gracia, 69. ¡Gracias a todos los que os pasasteis a vernos en este día de libros y rosas!




 

jueves, 21 de abril de 2016

Novedad: Panga Rilene, de Juan Tomás Ávila Laurel



Ya tenemos la esperada nueva novela del autor guineano Juan Tomás Ávila Laurel, Panga Rilene.

Panga Rilene es una superviviente y una señal de alerta. Ella es testigo del convulso dramatismo de la vida actual y advertencia del futuro aterrador al que puede conducir la incertidumbre del presente. La historia de Panga recorre de manera premonitoria los caminos por los que la continuidad de la humanidad podría verse comprometida. Esta narración emotiva, profundamente humana, apunta a nuestra ceguera ante una dimensión de la realidad que resulta desgarradora.




lunes, 18 de abril de 2016

Novedad: "Niñez", antología de Antonio Gamoneda, seleccionada y prologada por Amelia Gamoneda

Niñez, la hermosa antología de Antonio Gamoneda, seleccionada y prologada por su hija Amelia. Un canto a la infancia y al recuerdo. Os emocionará. ¡Ya en librerías!


jueves, 14 de abril de 2016

Noticias: Entrevista a Juan Carlos Mestre en "Peru21", con motivo de la participación del poeta en el Festival Internacional de Poesía de Lima


Juan Carlos Mestre: "Ha llegado el tiempo profetizado por Lorca en el que la música mala gustaría muchísimo" 


Entrevista al poeta español Juan Carlos Mestre. (USI)



Mijail Palacios Yábar

El Festival Internacional de Poesía de Lima recibe al poeta español Juan Carlos Mestre. Debido a su complicada agenda por constantes viajes y la imposibilidad de comunicarnos telefónicamente, nos pidió enviarle una batería de preguntas para responderlas por correo electrónico. A continuación le planteamos algunas interrogantes generales, que Mestre las responde casi en clave poética y profunda sabiduría.



¿Por qué eligió la poesía?
La poesía no se elige, es una manera de estar en el mundo, algo configurante de la identidad personal. Acaso sea la propia materia viva del lenguaje la que elige un lugar vocal en uno, una prevalencia de la imaginación en el territorio de las ensoñaciones o, también, una disposición crítica a anteponer la delicadeza moral de las palabras a los actos de fuerza, las desafiantes razones de lo intuido a los siempre decepcionantes enfrentamientos con la obviedad y los significados de la costumbre. Por ahí tal vez se desenvuelva ese caminar en el vacío que es siempre, cuando existe el suceso poético, la elección no elegida del que oye voces y escribe entre la oscuridad y el silencio.

¿En dónde radica la belleza la poesía?
La belleza ha muerto, Rimbaud le retorció el pescuezo y ahora las gallinas cantan como ruiseñores. La belleza es un concepto de carteristas, un ilusionismo ajeno a los grandes desafíos del porvenir. Otro es hoy el constructor de la estética contemporánea, alejada del paradigma de las categorías canónicas y las sublimaciones estilísticas. Aquella belleza de entonces habita hoy los suburbios de la desobediencia, las cabezas en fuga hacia otro lugar en los mapas imaginarios de la utopía, allí donde dignidad y misericordia son hoy el desafío ético ante la condición de un semejante, la víctima, el inocente, el encausado por sus conflictos con el poder.

¿Ser poeta es como ser un cantante?

Ni mucho menos, no confundir al colibrí con el ornitorrinco. Ha llegado el tiempo profetizado por Lorca en el que la música mala gustaría muchísimo. La poesía habita una zona de resistencia al consumo, muy alejada de esa ventanilla de oficinistas y productores de banalidades bien entonadas en que se han convertido la mayoría de cantantes. Hay, obviamente, grandes e inmensas excepciones, gente mágica, luminosa, imprescindible, como Paco Ibáñez, Leonard Cohen o Amancio Prada.

¿Hay melodía en la poesía?
Hay melodía como hay discordancia, hay tanto acorde y cadencia como desarmonía y estridencia, todos los ríos acarrean sus aguas al poema inundado por las sustancias contaminadas de la vida, por las palabras ya usadas por otros, por el aire ya respirado por los muertos. Si bien es cierto que todo poema es una partitura, esta no es precisamente una composición armónica afinada de acuerdo a un canon, sino una discrepante enunciación de cosas nuevas, de extraños sonidos que reorganizan el habla babélica que da existencia y razón al destino del habla humana.

¿Qué conoce de la poesía peruana? ¿Algún poeta que destacar?
Creo conocerla bien, desde muy joven me sentí próximo y cautivado por esa gran dicción de la lengua castellana que es la poesía tan fundacional de Perú, el universo imprescindible de César Vallejo y su inagotable cáliz de conciencia, el prodigio de César Moro, la hermenéutica oracular de Martín Adán y, claro está, la maravillosa y delicada hondura de Jorge Eduardo Eielson, el cautivante Emilio Adolfo Westphalen, a cada cual mayor en intensidad y revelación, sin olvidar a la irrepetible Blanca Varela, la huella tan temprana en mi vida de Carlos Oquendo de Amat, y las pérdidas recientes de tres grandes en la admiración y el afecto como son Antonio Cisneros, José Watanabe y Eduardo Chirinos. Y sí, claro que destacaría entre los muchos y tan notabilísimos poetas actuales a alguien para mí lleno de interés y desafiante inteligencia creativa, el joven poeta José Agustín Haya de la Torre, como estimo mucho también la poesía de mis amigos Nilton Santiago, Mario Pera o Renato Sandoval.

¿Por qué es importante el desarrollo de festivales, en este caso, de poesía? Es decir, ¿cuánto suman para la difusión de este género literario?
Toda asamblea de poetas es siempre una súbita cualidad que adquiere la dialéctica del mundo, reunirse para deliberar sobre las otras razones que alientan la dinámica oculta del universo, la reflexión espiritual y ética opuesta a la pragmática de los mercaderes, y también obviamente para conspirar y amarse, son razones más que válidas para el encuentro. Todo poema ofrece una delicada resistencia al mal, una actitud alejada de las imposiciones discursivas, de la toxicidad publicitaria y de la soberbia del consumismo, las palabras empeñadas en reconstruir espacios para el diálogo y la imaginación, es decir para el pensamiento libre y la digna contemplación de las especies de la verdad.

¿Puede recitarnos (escribir) un breve extracto (significativo) de algún poema suyo o de otro autor que quiera compartir con los lectores?
Recordaría con particular emoción, precisamente ahora, un fragmento de un poeta español, como tantos otros, muerto en exilio tras la infamia del nazifranquismo, palabras del inmenso Luis Cernuda de su poema 1936:

Recuérdalo tú y recuérdalo a otros,
Cuando asqueados de la bajeza humana,
Este hombre solo, este acto solo, esta fe sola.
Recuérdalo tú y recuérdalo a otros.

Gracias, Compañero, gracias
Por el ejemplo. Gracias porque me dices
Que el hombre es noble.
Nada importa que tan pocos lo sean:
Uno, uno tan sólo basta
Como testigo Cuando iracundos de la dureza humana:
irrefutable
De toda la nobleza humana.



Veáse también http://peru21.pe/cultura/ha-llegado-tiempo-profetizado-lorca-que-musica-mala-gustaria-muchisimo-2243722

jueves, 31 de marzo de 2016

Novedades: Crítica y vanguardia, de Andrés Soria Olmedo

Llega el segundo título de Selecta Philologica, Crítica y vanguardia, de Andrés Soria Olmedo, una obra de referencia sobre el vanguardismo y la crítica literaria. ¡Ya en librerías!


lunes, 21 de marzo de 2016

Reseña: Los últimos días de Trostki, de José Manuel Lucía Megías, en Artes Hoy

Con los últimos años de la vida de Trotski, José Manuel Lucía Megías construye un sólido poemario que constituye una reivindicación de su figura y de su lucha. Mediante la incidencia en la tragedia de su exilio y de su muerte, acrecienta su relevancia (apelando a una conexión emocional con el lector) y lo convierte en un símbolo de la revolución, de la injusticia; de todo luchador por una utopía.


El autor, que suele entregar obras muy unitarias formal y conceptualmente, continúa el perfil narrativo que ya practicara en Libro de horas, su primer poemario, y que sucediera en títulos como Cuaderno de bitácora. Con esa orientación, se centra en la subjetividad del personaje. Coloca el “yo” poético en Trotski y así expresa sus sentimientos, sus reflexiones, sus tensiones y sus dudas mediante un verso largo, incluso versículo, donde el poeta mantiene bien el ritmo y la intensidad. En otras ocasiones, la historia se cuenta en tercera persona, a modo de narrador omnisciente que relata la experiencia y pensamientos de Trostki. El poeta, de este modo, va sumando episodios y personajes históricos, con lo que el relato traza un periplo personal desde lo documental, para el que no resulta necesario reconocer todas las referencias puesto que lo fundamental reside en la intensidad lírica de los textos, en cierto modo reiterativo.


Lucía Megías recoge a Trotski como un revolucionario infatigable. Su muerte aparece como el culmen de las adversidades que han jalonado su vida y su propuesta política. Así, el poemario supone la constatación de una derrota, la del proyecto revolucionario, y de un fracaso existencial personal. El libro agrupa poemas dominados por el dolor, la amargura y la tristeza. Supone una constitución de la soledad, del abandono. Sin embargo, a su vez, se resalta el apoyo de su mujer, Natalia. En ese sentido, los textos encierran un hermoso canto de amor enfatizado por las duras condiciones de vida que rodean a la pareja (el miedo, el encierro continuo, el exilio…).

Por último, el volumen constituye una denuncia de la represión, de la tortura, de la infamia y de la mentira, y manifiesta la traición que supuso el estalinismo para la revolución y para el proyecto de Lenin. Finalmente, también se remarca la insumisión ante la evidencia de la muerte, ante la maquinaria represiva.

Así, Los últimos días de Trotski supone la expresión lírica de un sentimiento histórico, una expresión individual que se torna colectiva; la del sufrimiento y el anhelo de todos aquellos marxistas revolucionarios o incluso de aquellos revolucionarios antiautoritarios.

Veáse también: http://www.arteshoy.com/?p=9582

viernes, 18 de marzo de 2016

Novedades: Nace la colección Criterios con "El reverso de la historia", de Jordi Ibáñez Fanés

La nueva colección de Calambur, "Criterios", se inaugura con un ensayo sobre las humanidades en tiempos de crisis: El reverso de la historia, de Jordi Ibáñez Fanés. ¡Ya en librerías!


miércoles, 16 de marzo de 2016

Noticias: Presentación en Calambur Barcelona de "Morada", de Esther Ramón



El pasado martes día 15 de marzo presentamos en la Librería Calambur (Barcelona) el último poemario de Esther Ramón, Morada. La autora estuvo acompañada por Virgina Trueba, profesora titular de Filología española en la Universitat de Barcelona.

Muchas gracias a los asistentes por compartir la "Morada" de Esther Ramón. Gracias a vosotros pudimos crear un ambiente íntimo y poético que acompañamos de reflexión.


Virginia Trueba y Esther Ramón.

Noticias: Ciclo de poesía "Verso en boca: la mirada de ella"


Los días, 9, 10 y 11 de marzo se celebró en la UAM el ciclo de poesía "Verso en boca: la mirada de ella", dirigido por la profesora María Jesús Zamora Calvo y con la colaboración de Calambur. Las jornadas contaron con la lectura y el posterior coloquio de las autoras Cecilia Quílez, Vanesa Pérez-Sauquillo, Marta Agudo, Esther Ramón, Guadalupe Grande y Francisca Aguirre, premio Nacional de Poesía 2011. Muchísimas gracias a todas las poetas por hacer de este ciclo un espacio para el encuentro poético y, por supuesto, a todos los asistentes por compartir con nosotros el amor a la palabra.


Guadalupe Grande, Francisca Aguirre y Emilio Torné.


Marta Agudo, José Antonio Llera y Esther Ramón.


Vanesa Pérez-Sauquillo y María Jesús Zamora.

María Jesús Zamora y Cecilia Quílez.

martes, 1 de marzo de 2016

Noticias: Ciclo de poesía Verso en boca: la mirada de ella

La UAM y Calambur Editorial celebran la poesía con el ciclo "Verso en boca: la mirada de ella", que se celebrará los días 9, 10 y 11 de marzo en el Salón de Actos de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Madrid. ¡No os lo perdáis!


jueves, 25 de febrero de 2016

Noticias: Presentación de "Artes maleficorum: brujas, magos y demonios en el Siglo de Oro", de María Jesús Zamora Calvo



El día 19 de febrero se celebró la presentación de Artes maleficicorum: brujas, magos y demonios en el Siglo de Oro, en el Centro Cultural La Corrala de Madrid. ¡¡Muchas gracias a todos los que nos acompañasteis!!






La autora del libro, María Jesús Zamora Calvo, junto a Carmen Gallardo, directora de La Corrala.


              La autora firmando libros.

jueves, 11 de febrero de 2016

Noticias: La nueva colección de Historia nace con "Artes maleficorum: brujas, magos y demonios en el Siglo de Oro", de María Jesús Zamora Calvo

Estrenamos la colección de Historia con un libro excepcional, Artes maleficorum: brujas, magos y demonios en el Siglo de Oro, de María Jesús Zamora Calvo. Un estudio de los conocimientos mágicos del Siglo de Oro, con maravillosas ilustraciones a color.