lunes, 15 de diciembre de 2014

Reseña: La bruja del mar y otros cuentos de los hojalateros escoceses, de Duncan Williamson, en La República Cultural

La bruja del mar y otros cuentos de los hojalateros escoceses, Duncan Williamson
Por José Ramón Martín Largo
La República Cultural, 9/12/2014

El pasado mes de mayo se dirigió al Parlamento escocés un llamamiento, incluido en las medidas que se vienen tomando en esa nación a fin de preservar su memoria histórica. La iniciativa, obra de la escritora Jess Smith, ha sido aprobada, y a finales de septiembre un comité parlamentario la remitió al gobierno. Smith, y muchos escoceses que han suscrito la petición, reclaman que se garantice la protección y la restauración del llamado “Heart of Quartz”, un corazón de piedras de cuarzo que se encuentra en un paraje agreste, cerca de Loch Fyne, en el condado de Argyll, en la costa occidental de Escocia. Este sencillo monumento, que ya en una ocasión no fue admitido por el organismo público Historic Scotland, “por no cumplir con los criterios requeridos para catalogarlo como de importancia nacional”, es conocido popularmente como “The Tinker’s Heart”, y durante siglos fue el lugar preferido de aquella comarca para la celebración de bodas gitanas.

No se sabe con seguridad cuándo arribó este pueblo a las tierras de Escocia. En un documento de 1505, durante el reinado de Jaime IV, consta que unos “egipcios” llegados a Stirling recibieron un pago como compensación a algún entretenimiento que ofrecieron al rey, del que se sabe que era muy aficionado a la música, a los disfraces y a escuchar narraciones. Mucho antes de esta evidencia escrita, sin embargo, existían ya clanes de una población nómada que recorría Irlanda y Escocia. Ello explica que el término con el que se los designa, travellers (viajeros), englobe también a una comunidad celta o pre-céltica que ya era reconocida en la época de la invasión romana. Según algunos estudios recientes, una población autóctona de herreros nómadas que gozó de una alta posición social y que después fue decayendo, convirtiéndose sus miembros en vendedores ambulantes y charlatanes, se mezcló con una etnia procedente del norte de la India, la cual atravesó Egipto y el Este de Europa, y que es la antecesora de los gitanos europeos. Fruto de dicho mestizaje son los tinkers (hojalateros).

El músico escocés Martyn Bennet, prematuramente fallecido en 2005, escribió acerca de su encuentro, siendo niño, con los travellers, los cantantes gaélicos, los cuentacuentos y los bardos que frecuentaban las fiestas populares. Y escribió: “Los orígenes de los gitanos escoceses son tan esquivos como fascinantes. Su vibrante cultura, modo de vida nómada y fuertes lazos familiares son parte de una tradición en la que muchos de nosotros podemos encontrar nuestras raíces”. Unas raíces que en las Islas, como en el Continente, fueron marcadas por el acoso y la persecución. El rey Enrique VIII prohibió la entrada de los gitanos en Inglaterra y mandó deportar a los que ya vivían allí. La medida no tuvo mucho efecto, y más tarde se aprobó la Ley de los Egipcios, en virtud de la cual los gitanos fueron condenados a muerte. La última ejecución registrada en las crónicas es la de una gitana en la década de 1650, un período en el que los gitanos isleños estaban siendo deportados masivamente a América. Hoy en día los gitanos están reconocidos por el gobierno escocés como una minoría étnica bajo la Ley de Relaciones Raciales de 1976.

Son pocas las familias gitanas que hoy conservan el nomadismo. Algunas viajan sólo durante una parte del año, y otras viven en casas de ladrillo y mortero. Mantienen vivos oficios como la cestería o la fabricación y reparación de utensilios de cocina, actividades que alternan con el cambalache. Los más prósperos son tratantes de ganado. La mayoría, sin embargo, ha sido asimilada por la sociedad dominante, lo que no impide que mantenga un acusado sentido de su identidad cultural. Muchos de los conflictos que todavía existen entre los blancos y los gitanos se derivan del escaso valor que estos conceden a la educación formal, y que compensan con otros procedimientos pedagógicos que pueden rastrearse a través de la artesanía y las ferias tradicionales, y en especial a través de los cuentos y la música. Pues la tradición oral de los gitanos hojalateros posee una riqueza que sólo ha empezado a ser reconocida en los últimos años. Gran parte de esta justa valorización de su cultura se debe a Duncan Williamson.

Nació en Furnace, Argyllshire, en 1928. Su padre confeccionaba canastas y utensilios de hojalata. Había nacido nómada y así vivió su juventud, hasta que formó una familia y se instaló en Argyll. Gracias a haber sido soldado en la Gran Guerra, y gracias también a que al regreso de ésta se casó oficialmente con su mujer, fue aceptado por las gentes blancas de Argyll y pudo enviar a sus hijos a la escuela. “Aquellos tiempos fueron difíciles”, escribió Williamson. “Fue difícil nacer en una comunidad itinerante de gaiteros, cantantes de baladas y narradores de historias. En aquellos tiempos era muy duro criarse bajo un robledal, junto a algún pueblecito… Si desaparecía algo, los culpables eran siempre los hojalateros del bosque. Por supuesto, los problemas venían por el prejuicio de la gente, no por el tipo de vida que lleváramos nosotros”. En la escuela, los padres blancos aconsejaban a sus hijos que no se acercaran a los hijos de los tinkers, ya que iban mal vestidos y se temía que tuvieron piojos. Williamson se crió entre los cuentos y las leyendas que relataban sus mayores. Y muy pronto empezó también a relatar esas historias a otros. La fuente principal de las mismas era su abuela, y la prodigiosa memoria del nieto es la causa de que hayan sobrevivido hasta nosotros. Esa memoria con la que Williamson llegó a retener cientos de narraciones se debía, según él, a una insolación que sufrió siendo niño, la cual le puso a las puertas de la muerte, permaneciendo “completamente ausente durante dos meses y medio”. De ese estado se restableció de pronto, convertido ya en cuentacuentos. “Sufrir aquella insolación tuvo un efecto maravilloso en mi memoria. Porque recuerdo todo lo que ha sucedido en mi vida desde el principio. No hay nada en el mundo que no recuerde”.

A finales de los años cincuenta, y en la década siguiente, diversos intelectuales escoceses empezaron a interesarse por ese archivo inagotable de historias que era Williamson, y la poeta Hellen Fullerton registró su voz en una cinta de magnetófono. También grabaría a su madre y a dos de sus hermanas. Ese material, que más tarde enriquecerían otros folcloristas, incluye narraciones, baladas y cantering, una modalidad de canto onomatopéyico en el que el intérprete imita el sonido de una gaita. Un papel destacado en la producción, el estudio y la divulgación de estas grabaciones lo tuvo la School of Scottish Studies, que fue fundada por Hamish Henderson, poeta e intelectual comunista que creó también el efímero People’s Festival de Edimburgo en 1951. A invitación suya, Williamson asistió al Festival de Blairgowrie, lo que le empezó a dar renombre en toda Escocia. No menos importante, a este respecto, fue el trabajo de Linda Williamson, folclorista norteamericana que llegó a la Universidad de Edimburgo para estudiar la tradición oral de la narrativa y la música escocesas y que se casó con Duncan en 1977.

Los abundantes materiales grabados no tardaron en ser publicados en forma de libro a este y al otro lado del Atlántico. Y aún siguen publicándose, de lo que es buena prueba el volumen Scottish Traveller Tales (University Press of Mississippi), recopilación de Donald Braid aparecida recientemente. De igual modo, una selección de dieciséis narraciones grabadas en su día a Williamson ha sido traducida al castellano por la editorial Calambur, en una edición a cargo de Javier Cardeña Contreras, bajo el título de La bruja del mar.

El libro, única fuente de la que dispone el lector hispanohablante para acceder al legado de la tradición oral de los tinkers de Escocia, está dividido en seis partes, cada una de las cuales reúne un grupo de narraciones en función de su temática: cuentos de animales, cuentos maravillosos y cuentos del diablo; y tres secciones dedicadas a las leyendas de broonies, de silkies y de sirenas. El volumen concluye con un ilustrativo estudio de quien es su editor y traductor, y sus páginas contienen diversas fotografías históricas que evocan el estilo de vida de los tinkers.

El modo en que están narradas estas historias responde al que es común en la tradición oral de todo el mundo. Quiere decir ello que son narraciones que se nos aparecen con una extremada sencillez, aptas por tanto para un público infantil, pero cuyos argumentos esconden no pocas sugerencias que perturbarán al lector adulto. El estilo con el que han sido reproducidas respeta escrupulosamente su origen oral, con los consiguientes giros expresivos, repeticiones y llamadas de atención formuladas en segunda persona. A menudo los relatos vienen precedidos por una breve introducción en la que el narrador nos informa de dónde, y de quién, los aprendió. En algunos de esos textos introductorios se anuncia ya anticipadamente al oyente-lector el contenido moral o aleccionador de la fábula, como sucede en el primero de ellos, El muchacho y la serpiente, que nos advierte de “cómo los padres creen saber qué es lo mejor para sus hijos, y sin embargo a veces los niños saben más”. Otros textos introductorios sirven para situarnos en el momento y el lugar en el que el cuentacuentos inicia su actuación, tal como ha venido haciendo el hombre durante miles de años: “Y después de caminar durante todo un día nos sentimos algo cansados y montamos las tiendas en forma de arco en las lindes de un bosque. La mujer se fue a dormir, los niños también, y él y yo encendimos un gran fuego delante de las tiendas. Yo no era muy mayor, debía de rondar los diecisiete o dieciocho años. Y, de este modo, nos quedamos sentados contando anécdotas y las últimas noticias que había habido… Y esta es la historia que me contó”.

Muchos de estos relatos lo son de iniciación, es decir, de iniciación a la vida, al amor, a la muerte o a los misterios de la naturaleza. Por lo demás, ese rasgo iniciático es parte inseparable del acto mismo de narrar, con lo que, como sucede en la descripción que hace Williamson de la escucha de los relatos de su abuela, el narrador adopta temporalmente el papel de maestro; y el oyente, el de pupilo. Abundan en estas historias las alusiones a la vida y la cultura de los hojalateros: a sus oficios, a sus lazos familiares, a los viajes y a su respeto a los animales. Quizá entre estos últimos puedan figurar los protagonistas de las leyendas aquí recogidas: los broonies, hombrecitos vestidos de manera andrajosa, de cara morena y cabeza peluda, que salen por la noche y terminan las faenas que algún humano a dejado a medias; o los silkies, una especie de híbrido entre hombre y foca que es muy popular en la costa oeste de Escocia. A este género pertenece el relato que da título al libro, el cual nos cuenta la historia de un muchacho que se enamoró de una sirena y fue en busca de una red para capturarla. Como otros, el de La bruja del mar nos habla de un grupo humano estrechamente vinculado a la naturaleza, de los mundos y seres desconocidos que habitan en ella y de lo costoso que resulta todo aprendizaje.

Del libro pueden extraerse múltiples reflexiones, en especial en lo que concierne al valor indeclinable de la memoria y a la fascinación y el asombro ante la vida. Y es verdaderamente, sobre todo, una de esas obras cuyo autor anónimo y colectivo, al susurrarnos al oído su historia a través de los siglos, nos devuelve al inicio del placer de la lectura.


Lee la reseña en La República Cultural.


Reseña: Otrora, de Javier Pérez Walias, en Proyecto desvelos

Otrora (Antología poética 1988-2014), Javier Pérez Walias
Por Agustín Calvo Galán
Proyecto desvelos, 13/12/2014

Una antología es un momento para el punto y seguido, para detenerse y prestar atención no al instante sino a la trayectoria de una flecha que fue disparada ya hace tiempo, y una oportunidad para dar un pequeño salto hacia delante e imaginar también el futuro. Una antología que llega a finales de otoño es una oportunidad también para podar y que el árbol, en la primavera, rebrote sin redundancias y siga dando buenos frutos.

En una antología podemos reseguir alguna palabra o un motivo; en el caso de Javier Pérez Walias, con su Otrora, antología poética 1988-2014 (Calambur, 2014) me place estirar del hilo del paisaje, pienso en el paisaje interior tanto como en el extremeño, en el propio del poeta, en sus cauces, en sus arterias, en sus bosques, en su piel, y se va formando ante el lector una pintura preñada de interpretaciones de la realidad, de fragilidades:

El lienzo estucado es la tarde
y se cubre lentamente de pigmentos.
(Pág. 60)

Y de la voz del poeta:

Mira,
mira callado el silencio frío
de esta sierra.
(Pág. 75)


O de la presencia del poeta:

bajo la sombra inmensa del desconsuelo
por ti mismo
en la ciudad dormida.
(Pág. 121)

Para llegar, en esta posibilidad de recorrer las páginas, en estos ejemplos apresurados, hasta el último libro del poeta, ese Al Qarafa, ese barrio de El Cairo en el que conviven los vivos y los muertos en perfecta y mísera armonía; llegar sin finalidad posible, llegar ahí para darse cuenta de que todo continúa:

Atravieso el umbral sellado por la muerte.
Salgo extramuros.
(Pág. 201)

Porque todo continúa, felizmente, en la esperanzadora nostalgia de Pérez Walias.



Lee la reseña en Proyecto desvelos

jueves, 11 de diciembre de 2014

Reseña: Otrora (Antología poética 1988-2014), de Javier Pérez Walias, en el blog de Carlos Alcorta

Otrora (Antología poética 1988-2014), Javier Pérez Walias
Por Carlos Alcorta
Carlos Alcorta. Literatura y arte, 10/12/2014


Mucho ha llovido desde que Javier Pérez Walias (Plasencia, 1960) publicara su primer libro, Ceremonias del barro (1988), en la colección «Ángel», una de las, nunca suficientemente ponderadas, ediciones malagueñas dirigidas por Ángel Caffarena. Mucho ha llovido, y para bien, porque durante todos estos años la dedicación poética de nuestro autor, dedicación que se ha visto consumada en nueve poemarios, además de sendos libros de artista, uno en colaboración con Juan Carlos Mestre y otro con Javier Alcaíns y una antología de su obra escrita entre los años 1988 y 2003, publicada en la Editora Regional de Extremadura en 2004 ha sido fecunda tanto cualitativa como cuantitativamente.

Otrora, esta antología publicada exquisitamente (como es costumbre de la casa) por Calambur, comienza con Impresiones y vértigos del invierno (1989) – escrito antes de Ceremonias del barro, aunque publicado un año después- y llega hasta el ahora mismo, hasta Al Qarafa, publicado el año en curso. Acaso esa inmediatez sea la causa de que Pérez Walias no haya incluido ningún poema inédito, una norma no escrita que, sin embargo, practican gran parte de los poetas que se enfrentan a la estructura de una antología, y digo se enfrentan deliberadamente, porque no resulta fácil ajustar la voz actual a las distintas voces del pasado. Se necesita establecer un diálogo íntimo entre los diversos yos que conforman la identidad actual para entresacar de lo escrito aquello que mejor ha contribuido a la construcción de esa identidad, identidad, por otra parte, nunca conformada del todo, a pesar de lo que proclaman los diagnosis de la medicina general, relacionándola de manera simplista con el paso del tiempo, madre de la experiencia. Y es que, como dice el poeta Eduardo Moga en «Poesía para no olvidar», el imprescindible texto que prologa esta selección, «Una obsesión persigue a Javier Pérez Walias y a su poesía: la recuperación del pasado. Otrora es un conjuro incesante para la reviviscencia de lo perdido», pero acaso sean las palabras del propio poeta las que aclaren mejor la idea que hemos apuntado más arriba: «Así, y por mor del enfoque casi encelado de esta lente, que es la poesía, podemos rescatar, desde la oscuridad recóndita de nuestro ser, lo esencial de nosotros mismos y trasmitirlo, para hacerlo palpable y visible, a nuestro semejantes».


Durante esta ya larga travesía poética se han producido algunos cambios en la poesía de Pérez Walias, como no puede ser de otra forma en un poeta que se interroga sobre su lugar en el mundo de forma permanente y que está sujeto a los vaivenes emocionales y las trasformaciones tanto de índole personal como social. La escritura, mejor será decir, los motivos de la escritura pueden ser, y de hecho, son similares, pero es distinta la manera de reflexionar sobre ellos. Lo contrario denotaría una especie de peterpanismo, nada extraño, por otra parte, en aquellos poetas que se empeñan en escribir siempre el mismo libro, tal vez porque desde sus libros juveniles impostaban una voz reflexiva que sólo el paso del tiempo ha conseguido hacer creíble. No es este el caso, por supuesto, de Pérez Walias, como delata la versatilidad poética de la que somos testigos desde sus primeros libros hasta los últimos. No sobra aquí recordar lo que Auden escribía sobre este propósito: «En todos los poetas distinguimos entre su obra juvenil y la de madurez, pero en el caso de los poetas mayores el proceso de maduración continúa hasta la muerte y, por tanto, si comparamos dos poemas suyos de igual valor pero escritos en diferentes momentos el lector puede decir inmediatamente cuál de ellos es anterior». Esta diversidad muestra, entre otras cosas, el proceso evolutivo de la escritura, pero también, la transformación del artista que mueve los hilos desde las bambalinas, de la persona que sirve de molde al personaje que vive en el poema. Toda antología es una especie de, utilizando un símil artístico, retrospectiva, en ella se dan cita todos los periodos por los que atraviesa la escritura, periodos engarzados por un hilo común, la conciencia de que el lenguaje es una herramienta —no del todo eficaz, si se quiere, en muchos casos— que hay que tratar con delicadeza y respeto para sacarla el mejor partido, para trasladar la emoción al poema con la mayor fidelidad posible. «La escritura, a veces, como la lentitud del paso de las estaciones o la visita inoportuna del sufrimiento, se me antoja/ cuesta arriba,/ y otras veces soportable,/ a duras penas», escribe Pérez Walias en un poema de carácter confesional. Soy de los que creen que cada asunto busca su propia retórica y, tal vez, esta sea la razón por la que Javier Pérez Walias ha experimentado con formas diversas, que van desde el poema breve, proclive a la esencialidad, con un lenguaje concreto, con pocas concesiones a lo discursivo, hasta el poema en prosa y el versolibrismo de los últimos libros, versos de largo aliento llenos de reminiscencias sonambulescas, misteriosas, irracionales, con abundancia de imágenes y de metáforas. Como escribe Eduardo Moga en el citado prólogo, «De la barahúnda expresiva de la juventud se pasa, con mayor o menor templanza, a un lenguaje más austero, más pudoroso. Pérez Walias es uno de los pocos casos de autores actuales que ha evolucionado en sentido contrario: de cierta parquedad inicial a una eclosión de imágenes y acentos en el tramo más reciente de su producción». Otrora, la antología que comentamos, permitirá al lector realizar una vista panorámica sobre la fecunda trayectoria de Pérez Walias y descubrir por sí mismo las virtudes de tal pluralidad compositiva.



Lee la reseña en el blog de Carlos Alcorta.


jueves, 4 de diciembre de 2014

Noticias: presentación de 'Otrora (Antología poética 1988-2014)', de Javier Pérez Walias


Presentación de Otrora (Antología poética 1988-2014), de Javier Pérez Walias

Acompañará al poeta: Eduardo Moga, antólogo y prologuista del libro

Jueves, 11 de diciembre de 2014, 19:30 h
Librería Café La Fugitiva
C. Santa Isabel, 7. Madrid
Más información

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La poesía de Pérez Walias aúna el impulso narrativo y la representación simbólica, la construcción de un yo lírico coherente y la fulguración de lo incontrolado, el vislumbre de lo anómalo, o incluso de lo imposible. El cincelado metafórico atraviesa los poemas sin privarlos de su enjundia figurativa, pero repujándolos con una intensidad infrecuente. Si algo caracteriza su propuesta es la busca de una dicción sosegadamente desgarradora, que renueve la vida pronunciándola otra vez, con más vigor, con más inocencia, que impacte en la sensibilidad y en el ánimo del lector. Otrora es un diorama del mundo, el óleo panorámico de un orbe que no deja de ramificarse. 
(Eduardo Moga)

Javier Pérez Walias (Plasencia, 1960) es licenciado en Filología Hispánica —especialidad de Literatura— por la Universidad de Extremadura. Desde la aparición de su primer libro, Ceremonias del barro (Málaga, 1988), Pérez Walias ha publicado —entre otros— Versos para Olimpia (Málaga, 2003), Los días imposibles (Tres figuraciones) (Madrid, 2005) —editado por Calambur—, Cazador de lunas (Seis aguafuertes de Juan Carlos Mestre con ocasión de Cazador de lunas de Javier Pérez Walias) (Málaga, 2007), Largueza del instante (León, 2009, Premio Bienal de Poesía «Provincia de León»), Arrojar piedras (Sevilla, 2011) y Al Qarafa (Mérida, 2014). Ha colaborado en revistas especializadas, como El Maquinista de la Generación, Turia y Cuadernos del Matemático, y en ediciones y catálogos con los artistas plásticos Rafael Carralero, Juan Carlos Mestre, Javier Roz y Javier Alcaíns. Su obra poética está representada en diversas muestras colectivas.




Noticias: presentación de 'La isla que prefieren los pájaros', de Vanesa Pérez-Sauquillo


Presentación y concierto de La isla que prefieren los pájaros, de Vanesa Pérez-Sauquillo

Leerán junto a la autora: Richard García y Antonio Luque

Intervendrán: Paul Gladis (guitarra) y Nicole Pearson (cantante) con temas de la lírica tradicional celta y algunos propios.

XXI Ciclo Los viernes de la cacharrería
Viernes, 12 de diciembre de 2014, 20:00 h
Salón Ciudad de Úbeda, Ateneo de Madrid
C. Prado, 21, Madrid 
Más información

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La isla que prefieren los pájaros es el primer poemario de Vanesa Pérez-Sauquillo desde Bajo la lluvia equivocada. Responde a un silencio creativo de cinco años, una búsqueda desde el vacío y la alienación, desde la tierra arrasada del sentimiento, hacia el encuentro de la naturaleza y el amor.

Vanesa Pérez-Sauquillo (Madrid, 1978) ha publicado hasta ahora los poemarios Climax Road (Premio Ojo Crítico de Radio Nacional 2012 y accésit del Premio Adonáis), Bajo la lluvia equivocada (Premio Arte Joven de la Comunidad de Madrid, Hiperión, 2006), Invención de gato (Calambur, 2006), Vocación de rabia (accésit del Premio Federico García Lorca de la Universidad de Granada, 2002) y Estrellas por la alfombra (Premio Antonio Carvajal, Hiperión, 2001). Como autora de libros infantiles, ha publicado en 2013 Cuentos con beso para las buenas noches, editado por Alfaguara en España y México, y el álbum ilustrado ¡Pobre mamá!, que ha visto la luz en Inglaterra, Francia y Alemania con la editorial Minedition y recientemente en España con Bruño. Una de sus últimas traducciones, Las ventajas de ser un marginado, de Stephen Chbosky, fue el título seleccionado en castellano para la Lista de Honor de ibby 2014 en la modalidad de Traducción.


 

Novedad: El héroe que fue al infierno y escuchó que cantaban allí su epopeya. Cantos épicos del pueblo djerma de Níger

El héroe que fue al infierno y escuchó que cantaban allí su epopeya
Cantos épicos del pueblo djerma de Níger

Traducción, edición y estudio de Safiatou Amadou y José Manuel Pedrosa
Calambur Narrativa, 56. 2014. 268 p. 14 x 22,5 cm.

ISBN 978-84-8359-349-3
PVP: 20 €

Este libro no canta (porque las letras son mudas y los lectores sordos), pero sí cuenta, algunas de las hazañas de cuatro de los notables más recordados por la memoria oral del pueblo djerma del sur de Níger: el tirano Da Monzón, que poseía un amuleto hecho con una cabeza de perro que sembraba la muerte por donde pasaba; los colosales y desdichados guerreros Bákari Dia (quien persiguió a un ejército de genios hasta las profundidades de un río y nunca regresó) y Gorba Dikko (muerto durante días, erguido sobre un caballo también muerto, en la inmensidad de la sabana, puesto que el infierno no fue capaz de derrotarlo); y Samba Soga, el músico que hechizaba a los muy pocos que tenían la fortuna de escucharlo, y que robó su joven esposa a un viejo rey de piel de cocodrilo. Quiere trasvasar este volumen, a la letra impresa y a una lengua muy distinta de la suya, el arte inmemorial de los jasarey, la casta de siervos músicos que, mientras tañían sus mooley de tres cuerdas, cantaban las hazañas, las alabanzas y las genealogías de sus señores. Legando al mundo el tesoro de una literatura oral y de un mundo tradicional que se apagan, puesto que solo sigue cantando hoy el último anciano jasare que guarda la memoria de estas asombrosas epopeyas, grandiosas Ilíadas injertadas dentro de coloreadas Odiseas.

Safiatou Amadou es doctora en Filología Hispánica, profesora y traductora de español en París.
José Manuel Pedrosa es profesor de Literatura Comparada en la Universidad de Alcalá.




Novedad: No-Haiku, de José María Millares Sall

No-Haiku
José María Millares Sall
Selección y prólogo de Juan Carlos Mestre y Miguel Ángel Muñoz Sanjuán
Calambur Poesía, 147. 2014. 206 p. 14 x 22,5 cm.

ISBN 978-84-8359-243-4
PVP: 18 €

José María Millares Sall (1921-2009) es quizá el último de los poetas redescubiertos con los que se cierra el panorama de la poesía española del siglo XX. La reedición en 2008 de su primer libro, Liverpool —que vio la luz por primera vez en 1949—, le traería de nuevo, después de cincuenta años, a ocupar un lugar de preeminencia en la atención crítica y en la consideración por parte de las más jóvenes generaciones de poetas. Este renovado interés por su obra propició que un año después apareciese Cuadernos 2000-2009, que, nuevamente, amén de arrojar más luz sobre la poesía de Millares Sall, acrecentaría el interés por el conjunto de su creación. Dicho interés no quedaría solo en intenciones; así, en 2009 le fueron concedidos el Premio Nacional de Poesía, por su libro Cuadernos 2000-2009, y el Premio Canarias de Literatura, máxima distinción de las letras canarias. Con la publicación póstuma de Krak, en 2011, se confirmó el aprecio y consideración crítica de la que ya gozaba su obra en la perspectiva de la poesía española contemporánea. Entre la abundante producción que quedó inédita, se encuentran los textos que conforman este No-Haiku, esa otra cara de la moneda, esta vez referida a la tradición japonesa, de la que José María Millares Sall hace su personalísima exploración creativa. No-Haiku son las marcas y el testimonio de un camino místico y «apenas susurrante» en el que el poeta persiguió, con el entramado de su lenguaje espiritual, «escuchar» la luz, pero no «traducirla». 



Novedad: El piano del pirómano, de Ángel Antonio Herrera

El piano del pirómano
Ángel Antonio Herrera
Calambur Poesía, 146. 2014. 70 p. 14 x 22,5 cm.

ISBN 978-84-8359-322-6
PVP: 10 €

El piano del pirómano quiere beber de todos los riesgos, los de la existencia extrema y los del idioma desbocado. Tiene principio en el placer de la rebeldía y aspira a un éxtasis del lenguaje. Aquí se nos presenta el hombre que busca la última partitura del instinto, el hombre que conoce la oscuridad por dentro, el hombre, en fin, que sabe que «un palacio dice en pie una catástrofe». Aquí se indaga la belleza, o la noche, con todos sus hechizos, pero también con todos sus daños, porque quien sabe del dolor lo sabe todo, porque la vida, si es tal, «busca un lobo en cada víspera, apura otra eternidad en cada perfume». A bordo del largo vértigo de un único poema en prosa, barroco hacia adentro, El piano del pirómano cumple el viaje a las virtudes del exceso, el asalto a la verdad de un escritura que tiene «imaginación de imanes».

Ángel Antonio Herrera (1965) es autor de los poemarios El demonio de la analogía (1984-86), En palacios de la culpa (1986-88), Te debo el olvido (1997-1998), Donde las diablas bailan boleros (2000-2002) y Los motivos del salvaje (2007-2010). Dos antologías reúnen parte de su obra poética: El sur del solitario (1984-2000) y Arte de lejanías (1984-2006). Paralelamente, ha publicado la novela Cuando fui Claudia, la biografía Francisco Umbral, el ensayo El Falo, o el diccionario de fa­mosos Esto no es Hollywood, entre otros libros de diverso género. Ha cumplido treinta años de oficio en el cronismo o columnismo literario. También ejerce en radio y televisión.



Novedad: Otrora (Antología poética 1988-2014), de Javier Pérez Walias

Otrora (Antología poética 1988-2014)
Javier Pérez Walias
Selección y prólogo de Eduardo Moga
Epílogo de Javier La Beira
Calambur Poesía, 145. 2014. 226 p. 14 x 22,5 cm.

ISBN: 978-84-8359-350-9
PVP: 20 €

La poesía de Pérez Walias aúna el impulso narrativo y la representación simbólica, la construcción de un yo lírico coherente y la fulguración de lo incontrolado, el vislumbre de lo anómalo, o incluso de lo imposible. El cincelado metafórico atraviesa los poemas sin privarlos de su enjundia figurativa, pero repujándolos con una intensidad infrecuente. Si algo caracteriza su propuesta es la busca de una dicción sosegadamente desgarradora, que renueve la vida pronunciándola otra vez, con más vigor, con más inocencia, que impacte en la sensibilidad y en el ánimo del lector. Otrora es un diorama del mundo, el óleo panorámico de un orbe que no deja de ramificarse.
 
Eduardo Moga

Javier Pérez Walias (Plasencia, 1960) es licenciado en Filología Hispánica —especialidad de Literatura— por la Universidad de Extremadura. Desde la aparición de su primer libro, Ceremonias del barro (Málaga, 1988), Pérez Walias ha publicado —entre otros— Versos para Olimpia (Málaga, 2003), Los días imposibles (Tres figuraciones) (Madrid, 2005) —editado por Calambur—, Cazador de lunas (Seis aguafuertes de Juan Carlos Mestre con ocasión de Cazador de lunas de Javier Pérez Walias) (Málaga, 2007), Largueza del instante (León, 2009, Premio Bienal de Poesía «Provincia de León»), Arrojar piedras (Sevilla, 2011) y Al Qarafa (Mérida, 2014). Ha colaborado en revistas especializadas, como El Maquinista de la Generación, Turia y Cuadernos del Matemático, y en ediciones y catálogos con los artistas plásticos Rafael Carralero, Juan Carlos Mestre, Javier Roz y Javier Alcaíns. Su obra poética está representada en diversas muestras colectivas.



miércoles, 3 de diciembre de 2014

Reseña: Porción del enemigo, de Enrique Falcón, y Pobreza, de Víktor Gómez, en Babelia

Geografía insoportable
Cinco pistas sobre... La poesía y la crisis
Por Manuel Rico
Babelia, El País, 25/10/2014

La poesía reciente indaga en el dolor y la identidad de un mundo que se hunde en la desigualdad.
 
1. Indagar en los secretos de la resistencia frente a quienes controlan los procesos económicos, políticos y sociales en el sistema global. Enrique Falcón se adentra, con una mirada compleja y un lenguaje de una enorme riqueza, que niega, con inteligencia e intuición, lo convencional, en las contradicciones del “enemigo”. Porción del enemigo (Calambur, 2013) combina la visión estratégica de los males y desigualdades globales con la visión desoladora de lo inmediato, de cuanto observamos a nuestro alrededor en la España de la crisis: “En el mercado de divisas el euro mejora: / ya supera el nivel de 1 con 21. // Y en esta sucursal: / ataduras, cacerolas y holocaustos”.

2. Para Ana Pérez Cañamares, la crisis tiene una proyección especialmente dura en la cotidianidad de la mujer. Versos afilados, cargados de ironía, que nos hablan de la propia identidad en un mundo que se hunde en la desigualdad, en el que no hay certezas, ni seguridades o solo en la memoria de la infancia. Así nos lo advierte en Las sumas y los restos (Devenir, 2013). La felicidad es relegada o condenada a ser una quimera. La conciencia se divide (“No parecemos reparar en / cómo se mancha la conciencia / mientras nos quedamos quietos”) y se siente culpable por la impotencia y las renuncias.

3. En Comida para perros (Baile del Sol, 2014) no hay concesiones a la facilidad. El protagonista colectivo del libro son los guardianes, quienes cierran las manifestaciones o violentan las leyes desde la coerción y la posesión del poder en forma de uniforme o de placa. Su autor, Gsús Bonilla, disecciona la crisis situándose en la conciencia de una generación que, entre la rebeldía y el miedo, ha vivido el 15-M y sus consecuencias y, sobre todo, sufre los efectos de la ideología artificialmente manipulada de quienes procediendo de las clases desfavorecidas se identifican, en la calle, con las dominantes. Son los “perros”. “Tu perro confunde a sus vecinos, ladra a la tercera edad; a la vecina de enfrente, a su hijo parapléjico”.

4. Somos hormigas. Seres condenados a la soledad entre la multitud. Silvia Nieva disecciona una época que olvida, a marchas forzadas, un tiempo de derechos, protección y cierta seguridad. Es la época de lo precario, en la que la mujer está más sola y desasistida, en la que la amenaza, que viene de fuera, sólo puede ser conjurada con palabras. En La fábrica de hielo (Canalla Ediciones, 2014) hace frío de intemperie colectiva y, a la vez, calidez de intimidad. La crisis es el telón de fondo que disturba la conciencia: “El miedo a ser mujer en esta época. / El miedo a soltar la cuerda, / que caigan ángeles para aplastar tu penitencia”.

5. Pobreza (Calambur, 2013), del madrileño Víktor Gómez, pone en primer plano la secuela más pavorosa de la crisis en el mundo de la autosatisfacción: los pobres han dejado de ser los mendigos de siempre. La pobreza es el habitante no invisible de nuestras ciudades. El poeta dibuja, entre lo racional y lo imaginario, una geografía insoportable. Una lírica experimental, que indaga en los límites del idioma, acoge una reflexión sin concesiones sobre la impiedad de los artífices últimos de la crisis y sobre el dolor de las víctimas: “como tanto atroz atropello al bachiller le tortura un presente bastardo”. 


Lee la reseña en El País

Noticias: presentación de 'Otrora', de Javier Pérez Walias, en Plasencia


Presentación de Otrora (Antología poética 1988-2014), de Javier Pérez Walias
Jueves, 4 de diciembre de 2014, 20:00 horas
Centro Cultural "Las Claras"
Plasencia (Cáceres)
Acompañará al poeta: Eduardo Moga, antólogo y prologuista del libro


Noticias: presentación de 'Otrora', de Javier Pérez Walias, en Cáceres


Presentación de Otrora (Antología poética 1988-2014), de Javier Pérez Walias
Miércoles, 3 de diciembre de 2014, 19:30 horas
Biblioteca Pública Rodríguez-Moñino
Cáceres
Presentación a cargo de  Eduardo Moga 




jueves, 9 de octubre de 2014

Reseña: 'Chile y la guerra civil española. La voz de los intelectuales', en Anales de literatura chilena

Chile y la guerra civil española. La voz de los intelectuales, Matías Barchino y Jesús Cano Reyes
Por Rocío Rodríguez Ferrer (Pontificia Universidad Católica de Chile)
Anales de literatura chilena

Año 15, junio 2014, nº 21, pp, 219-224
 

“Y en verdad el drama de España nos despertó, más que a la conciencia, a la inocencia, no a la ingenuidad, según ese reiterado reproche que se nos dirige nacido de la simpatía. El despertar de la inocencia anula la soledad, trae la identificación consigo mismo y con todos los hombres, que parece entonces imposible que sean ‘otros’; ‘los otros’ o ‘los demás’” (María Zambrano, Los intelectuales en el drama de España).



Cobijar en un volumen diferentes relatos motivados por una guerra como la que tuvo lugar en España entre 1936 y 1939, permite dar forma a un variado imaginario ceñido tanto al molde épico como al trágico. Y, en no pocas ocasiones, al formato apologético. Como la guerra, suceso agónico por excelencia, una obra que gire en torno a ella también revelará paradojas y contradicciones, dependientes de cierta conciencia de circunstancialidad. Enfrentarse a textos que hablan de los avatares de una contienda como la española del 36 es entonces, a sabiendas, encararse con trasfondos ideológicos, dimensiones bélicas y, principalmente, dimensiones humanas, demasiado humanas a veces. Hay algo, pues, de ética humanista en el propósito memorial de un libro como el que han preparado Matías Barchino y Jesús Cano Reyes. Pero asimismo hay mucho de lección histórica y cultural en este archivo que evidencia cómo la Guerra Civil española también se vivió en Chile.

Con introducción, estudio y edición a cargo de Matías Barchino, y con Jesús Cano Reyes en la coedición, la obra Chile y la guerra civil española. Lavoz de los intelectuales se enmarca en un proyecto de investigación mayor, “El impacto de la guerra civil española en la vida intelectual de Hispanoamérica”, que contó con el apoyo del “Ministerio de la Presidencia de acuerdo a las subvenciones destinadas a actividades relacionadas con las víctimas de la guerra civil y del franquismo”. Publicado en 2013 bajo el sello editorial Calambur, el volumen se integra en una colección mayor, “Hispanoamérica y laguerra civil española”, dirigida por Niall Binns, cuyos aportes y orientaciones se vislumbran con nitidez a lo largo de estas casi setecientas páginas.

Lo que aquí puede encontrarse es tanto la estetización de la política como la politización de la estética, en el decir de Walter Benjamin. Nada de extraño si se considera que fue esta la primera guerra vivida (visualizada y oída) en directo gracias a noticiarios, periódicos, radios y cine, con esa natural consecuencia hipnótica de las representaciones mediáticas. Fue el de la Guerra Civil española un hecho histórico que originó diversos debates, de los que Chile no podía abstenerse. Frente a tanto y tan diverso discurso, el volumen preparado por Matías Barchino revela de inmediato un primer mérito: la garantía de representatividad. No solo los bandos pro-nacionalistas y pro-republicanos están presentes; también las posiciones “neutrales”, si es que estas realmente existen. La investigación impulsada por Nial Binns nos deja libres para extraer nuestras propias conclusiones –interrogaciones e inquisiciones– a partir de la variedad de testimonios recogidos. No otro gesto podría esperarse de un proyecto enmarcado en políticas de recuperación de la memoria histórica en España. Se procura evitar el sacralizar a priori ciertas posturas. Aunque, como afirma Derrida, sabemos que no hay archivos inocentes.

El impacto de la Guerra Civil española en el campo intelectual/cultural chileno se evidencia en “los más de ciento sesenta nombres de autores y [11] medios de comunicación documentados en este libro [que] son solo una breve muestra de ese entusiasmo, que se reflejaba tanto en la producción escrita de los intelectuales como en la demanda de los lectores, en respuesta a la cual hubo una vibrante actividad editorial” (61). Sin duda el interés de algunos de los textos recogidos radica, primeramente, en el autor que lo suscribe y que, atrapado por el peso de lo histórico, se pronuncia de manera literaria o no sobre el conflicto: Eduardo Anguita, Braulio Arenas, Volodia Teitelboim, Manuel Rojas, Marta Brunet, Nicanor Parra, Augusto D’Halmar, Luis Enrique Délano, Alone, Enrique Gómez Correa, Vicente Huidobro, Gabriela Mistral, Gonzalo Rojas; Carlos, Pablo y Winett de Rokha, Víctor Domingo Silva… Innecesario, creo, mencionar a Neruda. Justificado, pienso, relevar que la guerra española permitió el vislumbre iniciático de ciertas voces chilenas: es el caso, por ejemplo,de Óscar Castro, “descubierto” en una velada fúnebre a la memoria de García Lorca (como un siglo antes José Zorrilla en el funeral de Mariano José de Larra). Todo ello nos lo recuerda este recopilatorio.

Lógicamente la Generación del 38 es protagonista indiscutida de esta nómina. Si bien su designación recuerda la Matanza del Seguro Obrero, si bien ese fue el año que los aglutinó, en palabras de Eduardo Anguita recogidas en este libro: “en verdad fue el año 36 el primer aguijonazo: la Guerra Civil de España. Todos, escritores y artistas, mayores que nosotros o los de nuestra edad, nos alineamos junto a la España republicana. Su tragedia fue, sin duda, una semilla que fructificó en la lucha de otros pueblos. Es muy seguro que el valor de ‘los leales’, como se llamó a los republicanos, haya estado presente en el espíritu y en la lucha de otros pueblos: en la Segunda Guerra Mundial, en Cuba, en Vietnam (…). Fue la guerra de España, dije, el hecho que más nos emplazó a una ‘poesía comprometida’, a un ‘arte comprometido’…” (101-102). Pero a lo largo de este compendio se descubren asimismo otras figuras, más bien desconocidas u olvidadas en la historia literaria de Chile: Olga Acevedo, Mario Ahués, Laurencio Gallardo, Juan Marín, María Cristina Menares, Carlos Préndez Saldías… De gran utilidad para el conocimiento de nuestra literatura es la presentación biográfica que se hace de cada una de ellas. También la de aquellos personajes que se resisten a abandonar la nebulosa, blindados algunos por seudónimos hasta el momento impenetrables: Pedro Carrillo, Enrique Martínez Arenas, Muñito de Alorca, Martín Pangloss… Conocidos o no, en cada uno de este más de centenar de nombres se reconoce una subjetividad que siguió el imperativo de la filósofa María Zambrano: la inteligencia tiene que ser combatiente. Instinto ético e instinto intelectual han de ir de la mano. O como dirá Volodia Teitelboim en un texto de 1937 titulado “De España viene la salvación” y que podemos leer en esta compilación: “En la Revolución española los poetas, los artistas de verdad encuentran la actitud, la condensación de su ser, su comunidad con el pueblo. Como Hegel decía, el trabajo del escritor debe ser que el espíritu resida en él. Este es su trabajo. El Trabajo Humano” (627).

La Guerra Civil española constituirá un punto de inflexión en lo que a relaciones transatlánticas se refiere, con un marcado énfasis en propuestas de fraternidad y solidaridad. En este contexto, no sorprende que surjan debates de sumo interés desde la crítica postcolonial. Mientras no pocos apelan a esa “madre España” alumbradora, también habrá otras figuras como la del escritor y periodista Ernesto Montenegro, que demandará el establecimiento de un vínculo horizontal y no jerárquico, fraternal y no filial: “Comencemos por recordar la falacia que se manifiesta en ese recurso retórico de ciertos políticos e hispanizantes peninsulares, cuando nos dan por ‘hijos de España’, a nosotros los hispanoamericanos. Ya Unamuno hizo notar con su rotunda lógica que no hay tal matriarcado internacional, puesto que los españoles de hoy son tan ‘descendientes’ como nosotros de la España que mezcló su sangre con la de los americanos autóctonos. La España de hoy es pues, nuestra hermana, o nuestra prima, nunca nuestra madre, puesto que para serlo tendrían que haberse sobrevivido aquellas generaciones seculares y sedentarias que fueron hermanas de las que pasaron a América. Igual que en muchas familias, la España de hoy lleva el nombre de su madre o abuela, la España de antaño. La España y América de hoy tienen una abuela común; eso es todo…” (439). Queda claro, entonces, que el activismo intelectual que desató la Guerra Civil española revitalizó viejas polémicas.

La obra Chile y la guerra civil española. La voz de los intelectuales constituye, en sí misma, un argumento irrefutable de lo acertado de ciertas conceptualizaciones actuales de la crítica literaria, como son los estudios transatlánticos, asentados en un claro principio dialógico, intercultural y transdisciplinar. Esta compilación saca a la luz textos que hablan de flujos y migraciones y que evidencian la movilidad, el dinamismo, el desplazamiento de las fronteras, como elemento clave de toda identidad cultural. Nos descubre un momento agónico de las relaciones entre España y Chile (“dura tarea es definirse en un instante de agonía”, dirá Ricardo Latcham), el impacto transoceánico de un trágico acontecimiento histórico. Es esta obra una pieza clave en la reconstrucción de la memoria histórica de las relaciones transatlánticas y, en este caso, con una particular dimensión ética. Y es, por todo lo expuesto, un ejemplo de los necesarios nuevos derroteros del hispanismo.

Mucho se habla en estas sus páginas de cierta comunidad de destino. Quizás eso explica, por ejemplo, que en estos viajes transatlánticos de ida y vuelta luego haya sido España la que fijara sus ojos en Chile y reaccionara con similar interés y apasionamiento ante otro momento agónico de la historia: el Golpe Militar de 1973 y sus sombrías consecuencias. No deja de resultar inquietante que ciertos textos aquí recogidos se convirtieran en armas cargadas de futuro. Chile vio en el destino de esta España madre/hermana una posible ruta, positiva o negativa según la ladera ideológica desde la que se contemplase. Desde la comodidad de los años transcurridos, podemos afirmar, incluso, que no pocas de las palabras pronunciadas entre 1936 y 1939 escondían también vaticinios del devenir histórico hispanoamericano y, particularmente, chileno. En un juego de sincronizar órbitas, no parece aventurado, por ejemplo, trasladar de 1936 a 1973 declaraciones vertidas en un editorial de El Mercurio, titulado “Situación de España”, dos o tres días después de estallada la Guerra Civil. Tratando de explicar la sublevación se afirma: “Pero hay algo que ya está fuera de conjeturas: la imposibilidad en que día a día, desde su advenimiento al poder, se han ido colocando los jefes del ‘frente popular’ para dominar la situación política… (…). La gran masa de la población española quiere orden; es posible que el sector mayoritario apeteciera un ‘nuevo orden’, pero en todo caso un orden. La llegada al poder supremo del ‘frente popular’ no le ha dado ese orden. Al contrario, esa victoria política ha sido el punto de partida de desórdenes y perturbaciones tanto en el orden social como en el orden económico. Afectado profundamente el principio de la propiedad con variados y contradictorios propósitos de reformas agrarias más y más orientadas en el sentido de una socialización de la tierra…” (246). ¿No podrían acaso estas líneas reproducirse en el mismo periódico para justificar el golpe de Pinochet a partir del caos e ingobernabilidad de la Unidad Popular?

En lo que respecta al ámbito temático, es posible reconocer ciertos ejes a lo largo de los textos aquí acopiados: el rol de la diplomacia española en Chile, las actividades propagandísticas de ambos frentes más allá de las fronteras peninsulares, la crisis de los refugiados y el derecho de asilo, los congresos de intelectuales efectuados en diversos países, la función concientizadora hasta lo paradigmático de figuras como Pablo Neruda o Vicente Huidobro, el asesinato de Federico García Lorca, la revisión de tópicos de la cultura y la historia de España (Cid, Colón, Don Quijote…), la figura de la mujer española y sobre todo de la que tomaba armas en defensa de la República, el sufrimiento de los niños españoles, etc. Pero el mirar nunca es inocente. Y en este ejercicio de contemplar al otro, el intelectual chileno acabará reconociéndose. La Guerra Civil española gatillará y develará propios y regionales conflictos. Los testimonios sobre la guerra española que aquí leemos permiten, por ejemplo, reconstruir otro circuito bélico: el de las peleas y rivalidades entre escritores chilenos. Basta recordar el sabotaje al acto de despedida a Neruda, celebrado en la Universidad de Chile el 1 de julio de 1940, con motivo de su viaje a México para ocupar el puesto de cónsul. Con escándalo, los integrantes de La Mandrágora interpelaron a Neruda sobre el destino del dinero recaudado por la Alianza de Intelectuales para los niños españoles y sobre las supuestas irregularidades cometidas en el envío de los refugiados en el Winnipeg. Pero no son estas las únicas polémicas que se esconden tras el discurso sobre la guerra. El conflicto español también permitió que se hablase de feminismo. A través del boletín La mujer Nueva, del Movimiento Pro-Emancipación de las Mujeres de Chile, con figuras como Elena Caffarena, Marta Vergara y Laura Rodig, bajo un discurso de corte antifascista, se problematizaba en torno al papel de la mujer en la guerra.

Así, el campo intelectual chileno de los años 30 se va reconstruyendo a través de esta compilación dedicada a Chile y dirigida, en cuanto gran proyecto marco, por Niall Binns. Pero también supone una contribución a la revisión de la historia de la prensa en Chile, al recordarnos el rol desempeñado por esta en la generación y difusión de un debate de ideas. Fueron estos años tiempos dialécticos visibles en esas pequeñas batallas que tuvieron lugar en las publicaciones chilenas, medios en los que, al igual que en las trincheras españolas, era posible distinguir dos bandos: el de la óptica de la derecha (con periódicos como El Mercurio, El Diario Ilustrado…) y el de la izquierda (Aurora de Chile, Frente Popular, La Opinión, La Hora…). La razón de esta trascendencia la explica el español Andrés Trapiello en su imprescindible ensayo Las armas y las letras: “Nunca antes, ni siquiera en la Revolución Rusa, había arrancado una guerra tantas adhesiones de escritores e intelectuales, quizá porque jamás hasta entonces los pueblos habían tomado conciencia del papel determinante que las ideas publicitadas tenían en la marcha de la historia” (377).

Pero no son solo disquisiciones de intelectuales las que cobija esta obra. Junto a crónicas, editoriales, entrevistas, testimonios, manifiestos, discursos y diversas muestras de oratoria, otros textos también emergen y, desde sus particularidades de forma y contexto, contribuyen a componer ese período altamente ideologizado. Es el caso, por ejemplo, de algunas muestras epistolares, como la carta del miliciano Gustavo Gaete Pequeño dirigida a su “querida y recordada mamacita” desde el campo de batalla: “Me encuentro orgulloso de aportar mi grano de arena en esta Guerra contra el fascismo, o mejor dicho contra la barbarie mayor que ha tenido el mundo” (297). También algunos cuentos (como el de Roberto Borzutzky, bildungsroman en clave morisca, 151), numerosos poemas y hasta una obra dramática (de Arturo Lamarca Bello, 356).

Para cerrar, cabe recoger ciertas palabras publicadas en la revista El Mono Azul de Rafael Alberti, que reseñaban el poemario Homenaje poético al pueblo español (1937) del profesor y escritor chileno Jorge Millas: “Muchos libros se publican, han publicado y se publicarán sobre la guerra española. Los hay que pretenden ser objetivos; otros, de combate; otros, de amor”. (405). Este que ahora nos reclama no es un libro más sobre la Guerra Civil española. Ni sobre la historia de las ideas en Chile. Es una obra que confía en el valor de la memoria trasatlántica. Total acierto el de las palabras finales del estudio introductorio de Matías Barchino: “…merecía la pena buscar estos textos, que casi siempre yacían perdidos en hemerotecas u olvidados en libros, para calibrar la vastedad de lo escrito sobre la guerra civil por intelectuales de Chile y la vastedad, también, de la conmoción que el conflicto provocó en toda la sociedad chilena; merecía la pena rescatar los textos aquí reunidos en la sección de Documentos, pero también otros miles de poemas, artículos, cuentos y crónicas que no hemos podido incluir. Confiamos en que el esfuerzo de recopilación y el análisis de las trayectorias de tantos autores, muchos de ellos poco o nada conocidos, sirvan para esclarecer un momento apasionante y controvertido de la historia de las relaciones entre España y Chile” (68). En este juego especular que facilita el diálogo transatlántico, se agradece también el recordarnos la imagen de ese Chile “mediador humanitario”, en el decir de Edwards Bello, el Chile que abrió las puertas de sus dependencias diplomáticas en Madrid a más de dos mil refugiados (mayoritariamente franquistas), y el Chile que abrió las fronteras a más de dos mil refugiados republicanos que un 3 de septiembre de 1939 descendieron en Valparaíso de un barco cuyo nombre, como diría Neruda, tenía alas.

miércoles, 8 de octubre de 2014

Reseñas: 'La isla que prefieren los pájaros', de Vanesa Pérez-Sauquillo, en la revista Leer

La isla que prefieren los pájaros, Vanesa Pérez-Sauquillo
Por Alicia González
Revista Leer, nº 256, octubre 2014

Palabras que van y vienen por su condición noctámbula y edades del hombre ritualizadas, de obligado cumplimiento, sin estación de paso en la que detenerse para apreciar la reciedumbre del origen. La autora madrileña, consciente de esa aceleración que nos merma la libertad, habla a los nativos de su generación de las carencias primigenias del egoísta. Deseos inalcanzables para los que se han visto impelidos a convivir con la necesidad después de haber tenido todo y a resistir a los falsos mercaderes, conseguidores en esta época de insatisfacción. Del otro lado, tiranos de la especie frente a los ciudadanos deshabitados de horizontes, pero poblados de semillas, de pomos que abren puertas a nuestro alcance. Por eso es la isla el sitio donde buscar refugio, porque se requiere un cierto alejamiento de ese marasmo en que vivimos, pero es lugar lleno de sugerencias y voces, esa isla de los pájaros que menciona el título. Pérez-Sauquillo interpreta la imperfección del paisaje como herencia del tránsito humano, al hacerlo doliente, espejo de la muerte. Igual que la inmovilidad concita  al voraz espera y el vértigo del acabar nos sostiene los pies al suelo. Poemario del temor a perder el referente, que puede estar en un cuerpo o en el muro que hacemos camino.

viernes, 3 de octubre de 2014

Noticias: presentación de 'La hija del capitán Nemo', de Cecilia Quílez



Presentación del poemario de Cecilia Quílez, La hija del capitán Nemo, en el Ateneo de Madrid
Lunes, 13 de octubre de 2014, 20:00 horas
Ateneo de Madrid
C. Del Prado, 21

Intervienen

Hombre 1: Paco Moral
Violinista: Joaquín Torre
Mujer: Beatriz Russo
Hombre 2: Víctor Gómez
Capitán Nemo: Alejandro Céspedes
Hija del Capitán Nemo: Cecilia Quílez
Hija: Julia Menéndez

Dramaturgia: Cecilia Quílez y Alejandro Céspedes
Dirección escénica: Alejandro Céspedes
Imágenes subacuáticas: José Manuel Herrero (Bluescreen)


Más información

***

En La hija del capitán Nemo, Cecilia Quílez ofrece un examen apasionado y elegante sobre el amor y la memoria. La poeta lleva de la mano al lector a través de espacios diversos de pérdida y fuego en los que explora la manera en que la experiencia, el erotismo y la intuición nos ayudan a respirar en un mundo hostil. Con un lenguaje simbólico y enérgico, acompañado a su vez de un tono que reivindica la propia jerarquía de mujer, sus poemas surgen desde la historia personal para cubrirnos física y espiritualmente. Quílez otorga a la vida cotidiana una dimensión lírica de lo que hoy supone ser mujer y vivir con plenitud la desobediencia frente a la dictadura del sobrevivir. Sus poemas desarrollan una sorprendente capacidad para atrapar y escrudiñar los deseos y las reflexiones más humanas. En sus meditaciones la poeta observa y cree en el mundo como quien cuida de un fuego o despierta a unamante.
Julio Mas

Cecilia Quílez, Algeciras (1965), ha publicado cuatro libros de poemas: La posada del dragón, Un mal ácido, El cuarto día y Vísteme de largo. Ha colaborado en programas de radio y coordinado y dirigido exposiciones de pintura y escultura. Ha sido incluida en recopilaciones junto a otros poetas como Entre el clavel y la rosa, Madrid Capital, Fuga de la Nada, El río de los amigos, Poetas a orillas de Machado o En legítima defensa. Coordina y dirige varios ciclos de poesía. Sus poemas han sido traducidos a varios idiomas. Actualmente codirige la editorial Tigres de Papel.

http://ceciquilez.blogspot.com.es/ 

Cecilia Quílez también ha publicado con Calambur: 
Vísteme de largo, 2010. Poesía, 118. 92 p. ISBN: 978-84-8359-212-0. 10,00 €. 
El cuarto día2008. Poesía, 79. 72 p. ISBN: 978-84-8359-026-3. 9,00 €.

jueves, 2 de octubre de 2014

Reseña: La hija del capitán Nemo, de Cecilia Quílez, en la revista Mercurio

Amanecer entre naufragios
Por Javier Lostalé
Mercurio, nº 164. Octubre, 2014

Desde su primer libro, La posada del dragón, Cecilia Quílez se ha desnudado psíquicamente en su escritura a través de unos poemas que respiran verdad y libertad. Una escritura con alta temperatura pasional en la que se anudan lo real y lo simbólico, lo intuitivo y lo reflexivo, una búsqueda donde lo íntimo tiene una dimensión cósmica y el amor es consumación. Hay además en ella una energía femenina fecundadora de la plena independencia y una ordenación del tiempo y del espacio en armonía con los movimientos sísmicos de la poeta. Todo ello trasmitido mediante un lenguaje confesional con lianas en el surrealismo y el expresionismo. El cuarto día y Vísteme de largo son otros libros de la escritora algecireña fieles al universo poético sucintamente dibujado que adquiere su máxima temperatura basal con La hija del capitán Nemo. La referencia del título a la obra de Julio Verne prepara ya al lector a la comunicación con alguien, Cecilia, que, como el capitán Nemo, no abandona la lucha ni la exploración de la existencia, y que es capaz de renacer tras ser arrastrada por torbellinos internos que el lector enseguida unirá a los producidos por la pérdida del amor, núcleo vivificante de este poemario, sin que en modo alguno esto signifique que lo autobiográfico no sea elevado en todo momento a categoría y así resuene en otros corazones y conciencias.



El libro es un ascenso hacia la luz tras haber habitado lo abisal humano, después de haber naufragado en una aventura amorosa en que el cuerpo es la escritura de lo que a los amantes les ha sucedido; cuerpo que transpira espíritu y abre su lenguaje más hondo a través del llanto. Naufragio o desamor que de todo desata a quien, como en este caso, es desamada, y que germina tristeza y sombra, que se torna constante pregunta y alumbra en la poesía de Cecilia Quílez la figura de un ángel en ella entrañada que irradia tanto inmortalidad como brumas demoníacas. Decía que La hija del capitán Nemo es un ascenso hacia la luz porque hay una búsqueda constante del amanecer, un canto a la plenitud y al gozo y un anhelo también de liberarse del amado borrando hasta su aurora: Viví tu guerra y tú la mía/ El olvido ha dejado flores en mi lecho/Esta es mi victoria/Amanecer y no pensarte. Liberación del tiempo del amado para que la palabra amor, de nuevo, sea Violentamente amanecida.
 
En este libro de Cecilia Quílez en que no existe puntuación porque todo se integra: lo físico y lo psíquico, lo intutivo y lo reflexivo, el placer y la culpa, y donde se cumple una antropofagia celular hasta el último latido del ser. Pocas veces la creación poética adquiere tan alto grado de liberación vital y lingüística. 


Lee la reseña en la revista Mercurio

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Reseña: La poesía ha caído en desgracia, de Juan Carlos Mestre, en la revista Turia

La cornucopia
Por Agustín Pérez Leal
Revista Turia


La poesía de Juan Carlos Mestre (Villafranca del Bierzo, 1957) ha reverdecido de un modo llamativamente juvenil desde que en 2009 recibiera el Premio Nacional de Poesía por La casa roja. Se han sucedido desde entonces reediciones, reimpresiones y libros nuevos de amplio vuelo que obligan a reemprender la aventura de una lectura de conjunto a quien se interese por la obra de este creador proteico y aparentemente incansable. Mestre es, además de poeta, músico y artista plástico. Sus recitales tienen mucho de juglaría renovada; de oralidad gozosamente recuperada para bien de la poesía y de los oyentes. Mestre tiene algo de fuerza de la naturaleza, irreprimible, energético, siempre en ebullición. Quedaba pendiente de reedición La poesía ha caído en desgracia, título emblemático con el que el poeta ganó en 1992 el premio Jaime Gil de Biedma, y que supuso entonces, en la obra del autor, un cambio radical que lo llevaba a fundir Chile con su León natal, y a abrir de par en par el repertorio de sus ecos a autores del Cono Sur poco o nada leídos en nuestra Península; y, en el panorama de la poesía española, un aldabonazo a medio camino entre la denuncia del relativo letargo imperante y el tirón de orejas por el olvido en que teníamos aquí a los poetas de América. Más que una reedición, lo que venimos a comentar aquí es un libro que incluye aquél, y hereda su título, pero que casi triplica las dimensiones del original. Son 116 poemas, casi todos en prosa o dispuestos a modo de versículos, los que integran esta nueva y ya conocida entrega del Mestre más afianzado en su voz: el de su descubrimiento del continente americano; el que se abrió al influjo de la rica y variada tradición poética chilena, en la que ha permanecido, inquieto y fértil, el espíritu de las vanguardias históricas. La situación de Chile bajo la sangrienta dictadura del golpista Augusto Pinochet hizo que todo lo que oliese allí a cultura (poesía incluida) tuviera aroma de rebeldía; que toda rebeldía se entendiese como subversión y que, en fin, cualquier acto gratuito (y la poesía lo es) fuese a la vez, y no en menor medida, un acto revolucionario. Este libro, ya desde su mismo título general y desde los títulos de los poemas, no escapa ni pretende hurtarse a ese clima reivindicativo, de acción libérrima, que supone la creación de un verso, de un poema o de un volumen que tienen, o al menos tuvieron, algo o mucho de bandera. El lector impaciente hará bien en leer, en primer lugar, el poema “Metamorfosis de la rebeldía”: uno de los mejores del libro; quizá, también, el que más nítidamente ejemplifica lo que estoy diciendo. Ciento cincuenta páginas de poemas dan, sin duda, para mucho. Mestre sustituye aquí la intensidad por la avidez. Su poesía pretende dar cuenta de un mundo inmenso, poliédrico y cambiante, en el que la visión del autor contempla un incesante devenir de metamorfosis probablemente simultáneas. Es ésta una poesía cimentada en la fuerza de las incesantes metáforas; en la enumeración, en la salmodia, en el acopio de imágenes oníricas (“el fluir hipnótico de las imágenes”, como lo ha descrito Jordi Doce). La imaginación portentosa de Mestre, eminentemente visual como corresponde al modo de ver el mundo de un artista plástico, se ejercita en el acarreo constante de realidades nombradas, casi atropelladamente, en un fervoroso intento por dar cuenta de todo: de la fauna, la flora, el paisaje, las lecturas, las pinturas, la humanidad, los objetos visibles que se agolpan en el poema generando, con sus fortuitos encuentros, las simpatías galvánicas que nos sorprenden e intrigan a cada paso.

Es imposible hacerse una idea cabal de todo lo que contiene este libro. Unos poemas son como escenas: estáticos, construidos mediante la repetición y el paralelismo, comienzan y terminan en un bucle que los asocia al mantra. Abundan en ellos las anáforas, las enumeraciones, los excursos que actúan como meandros de un río majestuoso e imparable. Otros recobran el aliento profético de un Pound, de un Péguy, de un Claudel o un Huidobro que se acercasen al hervor onírico de Rimbaud, a la inventiva imaginista de Gonzalo Rojas o a la herencia irracionalista del surrealismo francés de la postguerra: Ponge, Char, Michaux, Dubuffet, Bellmer… Hay poemas políticos, eróticos, paisajísticos, paródicos y narrativos. También se evoca en otros la pintura de Max Ernst, del aduanero Rousseau, de Bruegel, Matta o Chagall. Un poema adopta la apariencia de un testamento; otro se construye como el acta de una reunión. No están ausentes ni el más severo localismo, ni el vocabulario de lo sagrado, ni los términos zoológicos o botánicos, entre Dioscórides y el Physiologus. Más que un libro, parece que nos hallemos ante la descripción adánica y aparentemente ingenua de un arca de Noé o de un Aleph borgiano sin orden ni concierto. ¿Sin orden ni concierto? ¿Es el libro una acumulación azarosa de poemas? ¿Es el poema una acumulación azarosa de palabras? ¿Hay un sistema? ¿Hemos de buscar la intelección, o dejarnos llevar por el torrente de las evocaciones y las sugestiones? Tres poemas del libro dan, en mi opinión, algunas claves: “Es recomendable poner en cuarentena la credibilidad / Es conveniente apartarse un palmo de los escudriñadores”, leemos en “Teoría estética” (pg. 109). Así pues, un término medio, una tercera vía entre el análisis puramente racional y la zambullida sensorial es lo que dará, en mi opinión, mejores frutos. De entre el “decorado hermético” (Mestre lo dice) que todo lo convoca a su magma inacabable surgen siempre, aquí y allá, asideros racionales que guían nuestra lectura y salvan la obra del autismo. El poema se resuelve así, muchas veces, como un juego de pistas cuyas piezas diseminadas se han de recomponer a partir de una clave interpretativa no siempre evidente. En “Ars patética” (pg. 137) se añade: “Me persigue un oficio solitario, vigilar toda la noche una gacela, hablar sin seducir, no poseerla y verla irse oscura al diccionario”. La observación del objeto poético tiene algo de inasible que se transmite al poema, y de éste al lector. No pretende el poeta poseer, sino mostrar. El misterio inherente a cada cosa queda, en cualquier caso, a salvo. Y por fin, en “Diario de un poeta recién premiado” (pg.145) el versículo “Él escribe poemas que recuerdan a los gatos que maúllan” remite, pese a su ambigüedad, al credo creacionista aquí revisitado en poemas - artefactos que parecen respirar al margen de la voluntad de su hacedor. Mestre asume sus riesgos con una honestidad desarmante. Ya dije que leerle tiene mucho de aventura y, para ser también honestos, algo de frustración. Da vértigo afrontar un libro tan extenso y tan tenaz con la voluntad de analizarlo y acercarlo a sus posibles lectores. Los ecos y reflejos se superponen y abarcan buena parte de la herencia irracionalista de las vanguardias históricas. El mundo natural y el factor humano se confrontan t aluden mutuamente con una insistencia desesperada y visionaria. Todo está convocado; todas las voces buscan ser oídas y hablan a la vez. Es mejor entrar en este libro como quien entra por primera vez en un bazar exótico y atestado de objetos en desorden: curioseando, sin miedo, entre los cachivaches que reclaman nuestra ya saturada atención. Yo me despido aquí. Pasen y vean.




viernes, 5 de septiembre de 2014

Reseña: La hija del capitán Nemo, de Cecilia Quílez, en Encuentros de lecturas

La hija del capitán Nemo, Cecilia Quílez
Por Santos Domínguez
Encuentros de lecturas, 26/07/2014


Padre,
Estoy temblando de agua y frío. Me has arrojado a la casa de la tempestad, en el páramo más alto donde la miseria está preñada de sudor y miedo.
Oh, mi hermosa infancia entre las letras cenicientas de Alejandría. Éste, padre, es el mayor naufragio de la tierra prometida.


Con la fuerza expresiva que otorga la desobediencia, con la energía de quien ha decidido levantar una barrera de resistencias frente al océano, Cecilia Quílez, que a pesar de todo, como escribe Julio Mas, “cree en el mundo como quien cuida de un fuego o despierta a un amante”, ha escrito La hija del capitán Nemo que publica Calambur.

Poesía visceral, poesía que respira en el verso genitalmente, habitada por una ausencia que hace que siempre sea octubre en estos textos desgarrados que vienen de la pregunta y de la ceja del asombro.

Una poesía de signo visionario que no mira hacia atrás aunque escuece como la sal en las heridas de quien sabe que el miedo es la melodía del mundo y declara: Al fin esta es mi victoria /amanecer y no pensarte.


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