viernes, 17 de mayo de 2013

Reseña: La bicicleta del panadero, de Juan Carlos Mestre, en Huelvainformacion.es

Fenomenología del espíritu
Manuel Garrido Palacios
Huelvainformacion.es, 02/07/2012


Es tan rico en sensaciones este libro que humildemente propondría jugar con él en el mejor sentido posible: leyéndolo. Pero voy a más. Una vez leído -nunca se acaba de leer un libro- cada lector podría componer un sin fin de poemas tomando versos sueltos de diversas páginas sin desvirtuar el original. No sé si esto es un disparate total o casi, que no tengo a mano el disparatómetro para medirlo; sí sé que puede ser algo para poner de los nervios a su autor, Juan Carlos Mestre, que igual lo acepta teniendo presente que su libro es un "generador de conciencia, una añoranza de porvenir, una polifonía redentora de la imaginación condenada al monólogo del individuo'.

"Los poemas se han convertido en escaparates / de los almacenes de moda.

Los textos dramáticos han desencajado /

la burla de los autómatas obligados a trabajar / en el elenco de los asuntos humanos".

Días atrás estuve en el Louvre. Una marca de instrumentos musicales había puesto a disposición de quien quisiera participar veinte pianos en círculo, cuyo sonido resultante se grababa sin que nadie mediara para dar turnos o interrumpir a los que teclearan aunque fuera una frase, una nota. Si ya es una explosión vital sentir pasajes de Beethoven a solas, aquello se convirtió en una armonía mágica cuando estos se mezclaron por las buenas con una canción Beatle, el Madigan de Mozart, El clave bien temperado de Bach, además de ritmos salseros, melodías étnicas y obras del más variado origen, incluyendo los torpes intentos de quien pasaba y ponía sus manos en las teclas. Dediqué tiempo a escuchar semejante concierto, cuya variación de intérpretes y de compositores fue un milagro sonoro continuo. Un grupo de japoneses coincidió con otro rumano y, de cruce en cruce, el discurso musical se agigantó hasta ser la voz del mundo ebria de alegría por el inesperado encuentro en el Museo.

Al llegar a casa tenía el libro La bicicleta del panadero sobre la mesa y con la emoción que me había regalado la música, lo abrí y tuve la sensación de estar acompañado por una gran coral que se unía a la magia del momento. Era un juego maravilloso "en este atormentado retablo, en el que luchan la aspiración de absoluto y las devastaciones de la experiencia", un conjunto que concebía "la poesía como una restitución ante la historia del oprobio y como un reflejo de lo irreparable, que ilumina las zonas que han sido negadas a la memoria". Toda la armonía del mundo puesta en escena hacía honor a la hondura de uno de sus versos, que pinta "la ironía como gran sospecha ante la conducta del saber".

"Viviremos bajo los párpados del triunfo

como un imperdible en lo que ya no está

pero llama a la puerta".

Otro vector se añadió a la lectura del libro. Resulta que para armar el fondo de la canción Tomorrow never knows, Lennon y McCartney grabaron todos los ruidos a su alcance y los mezclaron en el estudio. Hablo de memoria y creo que es el último corte de Revolver.

"Alimentaran los cultivos del mundo

Con permutables pulsaciones melódicas

Las madres de los artistas

Perpetuamente en dudas

Ante la jaula de los leones".

Tras todo esto me di cuenta de haber estado anotando versos sueltos mientras los iba leyendo. Ahí nació mi disparatada propuesta del principio.

"No puedo probar cuanto digo,

pero lo que digo desata la alabanza.

Alguna virtud debe existir en la alabanza de los ausentes.

Y el que dice digo está a punto de decir

yo ya no digo nada".

Los previos aciertan al decir que "este libro despliega un entramado simbólico, en la herencia imaginativa de su poesía, una conmovedora visión de las utopías de la felicidad, la desobediencia ante el sufrimiento y la insurrección estética como acto de legítima defensa frente a los discursos de dominación".

Asamblea de muertos es el sentido de la Plaza Jamaa el Fna, en Marrakech. "Las sillas se hacen insoportables cuando están vacías después de los entierros, después de los casamientos cuando se van los invitados". Asamblea de voces vivas es La bicicleta del panadero, que "indaga en los territorios donde lo sublime y lo prosaico se desposan". Aparece aquí su autor en plenitud: "más complejo, arriesgado, irreverente, airado, divertido, conmovido y asaltado por la precisión y la alucinación del lenguaje poético". En suma, la obra es un ofrecimiento "desde el confín de la derrota y la pérdida, donde cada despedida es un regreso y cada encuentro una constatación de vacío".

Y al final, la experiencia de componer un poema según cada lector, gustara o no al autor, se produjo. Valga un fragmento:

"El buen recuerdo de las telarañas

fuma entre los eucaliptos.

La cerradura sin puerta, la puerta sin casa.

De cada caballo boca abajo

cae en algún momento un tesoro.

Las lágrimas me han vuelto mediocre".

Porque día después nos reunimos gente de aquí y de allá, leímos los poemas de La bicicleta del panadero y cada cual anotó un verso de los que se dijeron en voz alta. Después pusimos uno detrás de otro y el efecto fue sencillamente asombroso, como asombroso nos pareció el libro.


Fenomenología del espíritu en huelvainformacion.es

jueves, 16 de mayo de 2013

Reseña: La experiencia de la memoria, de Joaquín Benito de Lucas, en Tinta fresca

La experiencia de la memoria
Manuel Garrido Palacios
Tinta fresca, 12/03/2012

Viajas por la poesía y "Te despiertas al borde mismo de la aurora, al borde del mar, de la ciudad, de los jardines que desprenden sus flores como las letras de un abecedario para escribir tu nombre cada mañana. Buenos días alba, agur amor, qué voces tiemblan si te saludo, si te beso, si me fumo un cigarro, si te pones sentada en mis rodillas y me miras mientras cruzan veloces trenes hacia París, mientras me miras, y el mar respira con su pecho enorme".

El fragmento corresponde al libro de Joaquín Benito de Lucas, publicado en Calambur La experiencia de la memoria (Poesía 1957-2009), versos de los que dice Matías Berchino que "tienen raíces en la vivencia personal y colectiva de su existencia y la de su familia, su pueblo, su país".

Para José García Pérez es una "verdadera obra artística; la poesía auténtica de Benito de Lucas coloca al hecho poético en su dimensión y espacio real: la universalidad. Los accidentes que provocaron el advenimiento de un poema son accesorios, el autor y las formas son importantes, pero la esencia del poema reside en sí mismo y en su simbiosis con el lector".

La experiencia de la memoria es un libro que voy leyendo en el tren y del que tomo algunas notas de lo que dice y de lo que le dicen. Mientras tanto, aparece en el marco de la ventanilla el río Tajo. Paso a leer lo escrito por Pedro González: "El río de Benito de Lucas no es un elemento paisajístico, no es parte de ninguna escenografía lírica, el poeta no canta al río, es el río el que suena dentro de sus versos".

José Hierro habla de: "Pureza: he aquí una palabra clave para navegar por la poesía de Benito de Lucas. Pureza es, tal vez, por uno de sus costados, precisión expresiva, desnudez que no nos impida ver el bosque de las palabras. Pureza es, también, iluminación, luz súbita, revelación. Pureza es esencialidad, inmaterialidad, que sirve para iluminar las palabras".

Luis Jiménez Martos cree que "las raíces líricas de Benito de Lucas se hallan en un terreno poco transitado en las calendas actuales: entrañan un depuramiento de lo romántico, sometido a necesaria sobriedad. Su dramatismo de fondo queda en los límites de emociones vivas. Su conciencia del tiempo no cae en el peligro de la pseudofilosofía".

Otras voces vienen a perfilarlo, como la de Manuel López: "En esta clase de poetas, claros y fáciles para el lector, subyace en el entramado del poema un férreo trabajo de construcción, una disciplinada labor de poda. Son cualidades detectables en Benito de Lucas, que estudia minuciosamente la composición de sus libros y de cada poema". La de Abraham Madroñal: "Talavera no es una ciudad concreta, es la ciudad por antonomasia; su río, todos los ríos; sus calles, todas las calles por las que puede transitar cualquiera. Nuestro autor ha trascendido el valor local de sus alusiones para convertirlas en símbolos de cuantas ciudades y cuantos poetas añoran recuperar la infancia junto a los sitios que los vieron vivir". La de Montero Padilla: "Creo que Benito de Lucas ha escrito una obra importante, de poesía verdadera y ya indeleble, que permanecerá como parte destacada de la mejor poesía española". La de Rafael Morales: "No sólo está presente en la poesía de Benito de Lucas un río concreto, es decir, el Tajo a su paso por Talavera, sino el río abstracto, el río ideal, el río como imagen". La de Francisco Morales Lomas: "Benito de Lucas ha realizado una obra solvente, de gran altura de miras, profundamente humana y atenta a la síntesis entre la tradición de los mejores valores literarios y a la modernidad de un discurso sustancial en el que está presente el ser humano como proyecto". O la de Alberto Tores: "El sitio de su verso está donde la emoción misma que transmite con la mirada inocente. Recoge la trastienda de la historia a la vez que da fe de unos temores no tanto personales como de toda una generación".

Llego al término de mi viaje tras leer lo que dicen del poeta y lo que él deja ver en sus versos. El espacio en el papel también se agota y sólo cabe una impresión tras cerrar el libro y pisar tierra. Benito de Lucas, doctor en Filología Románica, catedrático de Literatura y titular de prestigiosos premios de poesía, sabe que, aunque son grados y honores merecidos que ha ido ganando en el camino, en esencia, es poeta, un gran poeta, que parece poco, virtud con la que nació en 1934 en Talavera de la Reina (cuyo Ayuntamiento es coeditor de la obra), como sexto de los siete hijos que dieron al mundo María y Manuel.


La experiencia de la memoria en Tinta fresca 

lunes, 13 de mayo de 2013

Entrevista a Juan Carlos Mestre en Diario El Sur (Chile)

Juan Carlos Mestre ahora reconocido por la crítica en España 
Sebastián Grant del Río
Diario El Sur. Concepción (Chile), 17/04/2013

"No pertenezco a la tribu de los asaltadores de obstáculos. Los poetas no somos caballos de carrera que lleguen a la meta unos antes que otros. No estamos en competición deportiva".
Las palabras del poeta español Juan Carlos Mestre (55) buscan bajarle el perfil al recién obtenido Premio de la Crítica en España, por su libro La bicicleta del panadero (2012, Calambur Editorial).
Pero destaquemos que se trata de un logro mayor, el octavo desde la obtención del Premio Adonáis en 1982, en la carrera de este poeta, ensayista y artista plástico de corazón penquista. Ello, pues vivió en Concepción desde mediados de los 80 hasta inicios de la década siguiente. 
"De suponer algo imagino que será el pequeño estíumulo para siguir en lo vigilante, en la intemperie bajo las estrellas resistiendo con palabras los proyectos de la crueldad y los sistemas de dominación del neoliberalismo, esos que pretenden convertir al ciudadano en cliente", resume el ganador del Adonáis con su tercera obra: Antífona del otoño en el valle del Bierzo

EL ERROR DE LOS PREMIOS
Mestre es claro. Premiar expresiones artísticas no corresponde.
"Es un error por naturaleza. No se puede medir el arte, la literatura, la música. Decir que esto es mejor que aquello, si existe una obra portadora de verdad y sentido crítico. Es el azar del gusto de un grupo determinado de lectores el que determina una sanción crítica, pero los pájaros no somos los mejores amigos de los ornitólogos, por más que aquellos se esfuercen por preservarnos como especie. Cada cual en su obligación y cada uno en su canto", sostiene el también portador del Premio Nacional de Poesía en su país, por La casa roja.

—En este sentido, ¿cuál es el punto de mirada de La bicicleta del panadero?
—Acaso la persuasiva certeza, como dice el verso que abre con una cita de Francis Picabia el libro, de que los descontentos y los débiles hacen la vida más bella. La bicicleta del panadero recorre los suburbios de una necesidad, la de aquellos que seguimos creyendo que los seres humanos somos responsables unos de otro, lo que pensamos, con Walter Benjamin, que el gran botín de los amos ya no son solo las plusvalías sino la cultura, la educación, los derechos civiles  de la felicidad saqueados por la voracidad y la extorsión del actual sistema financiero.

—¿Cuentas con algunos planes para escribir fuera de la poesía?
—No, nunca tengo planes, la poesía, la escritura aparece, decide cuándo y cómo, no obedece a proyectos. Ahora me gustaría, claro, concluir un trabajo memorialístico en marcha desde hace años sobre los tiempos que viví en Concepción, pero se me hace difícil concluirlo. Llevo más de mil páginas y me da la impresión de que áun estoy en los preámbulos. Necesitaría tiempo (...) el tiempo que no tengo.

VOLVER A ESTA CIUDAD
En realidad, y aunque no lo dispusiera, para Juan Carlos Mestre nuestra ciudad es tremendamente relevante desde lo afectivo. Su mujer, Alexandra Domínguez, también poeta y artista visual, tiene su cuna en el Bío Bío, aunque hace casi 20 años residen en Madrid.
De hecho, ella partició en enero pasado de una lectura poética, en el marco de la Escuela de Verano UdeC 2013.
"Sigo amaneciendo en Concepción muchos días, en sueños siento que nunca he dejado esa ciudad que tanto significó en mi vida, en mis afectos, en mis complicidades intelectuales e ideológicas", refiere Mestre, en palabras que proyectan una bella sinceridad, incluso, en cuanto al sentido estético del término.

—¿Qué percibes del Concepción aquel que ves desde la distancia?
—Tengo permanentemente vínculos con amigos de allá. Ellos me cuentan constantemente de la ciudad, de su vida, de sus proyectos, de su ambiente, de sus expectativas y de sus derrotas. Hoy a través de las redes sociales es fácil estar más cerca de todo, percibir los rumores y los encantamientos del desafío tan cerca del oído como del corazón.

—Siempre hay ganas de volver...
—Volveré claro que sí, sin duda. Está en mi ánimo pasar una más que larga temporada escribiendo ahí, cerca de la gente que quiero y con la que necesito retomar la conversación solo por un tiempecito aplazada. 

http://www.elsur.cl/impresa/2013/04/17/full/24/



Reseña: China destruida, de Pablo Jauralde, en Leer

China Destruida. Pablo Jauralde
Revista Leer, nº 242, mayo 2013

Ladrón de paraguas, recomienda a otros que sueñen el futuro a sus espaldas, sabedor de que nunca comprenderá el destino de las hojas. Romances correntíos y de encuentros fogosos con chinitas en despachos y la prosaicidad del que va al tisen en la luz otoñal, antes de que el día desprenda las estelas luminosas de que hablaba Virgilio. Poemas de rimas fáciles al oído y otras de profunda densidad como en el dedicado a Duchamp, que concluye con la constatación de que "mientras somos nada más sucede". Sucede que Jauralde nos lleva por Nueva York a brunchear y ver a las gentes que pasan por el valle de Santalla, olisqueando el aire, observando desde su posición de "ser el mínimo ser que ser nos dejen". El poeta intuye esa plenitud de lo acabado de los dioses diminutos que somos, otras ilumina su verso con la vida que germina desde la soledad, la extrañeza y la música de cuando se tejen los silencios en compañía.

viernes, 10 de mayo de 2013

Reseña: Autorretrato de otro, de Cees Nooteboom, en El Giraldillo


Autorretrato de otro. Sueños de la isla y la ciudad de antaño
El Giraldillo, mayo 2013

Fruto de la amistad y complicidad de Cees Nooteboom y del artista alemán Max Neumann se ha publicado este libro tan delicado. Parte precisamente de un conjunto de treinta y tres dibujos que Neumann envió a Cees a su casa de Menorca. En base a esas ilustraciones, el autor ha elaborado sus poemas en prosa, cargados de recuerdos, mitología e historia, realidad, infancia y un profundo y particular viaje a la identidad. La isla es el escenario de esta edición bilingüe, que va más allá de este espacio, traspasando las fronteras de lo vivo y lo muerto, de las luces y las sombras. Cees es un holandés enamorado de España, en donde se le conoce sobre todo por sus novelas, ensayos y libros de viaje, entre los que destacan El desvío a Santiago, El día de todas las almas, Tumbas de poetas y pensadores y Zurbarán, el pintor del misticismo. Es un escritor versátil y prolífico que suele cuestionar todo lo que observa.

miércoles, 8 de mayo de 2013

Reseña: Carta blanca, de Rafael Saravia, en El País


Rafael Saravia "desviste" la poesía en su cuarto poemario, Carta blanca
El País, 27/04/2013

Rafael Saravia "desviste" la poesía en su último trabajo, Carta blanca, su cuarto poemario que saca su lado más íntimo y con el que el escritor conduce a sus lectores "al lugar donde se encuentra la belleza", ese al que "no van a parar los cobardes", dice parafraseando a Antonio Gamoneda.

Saravia (Málaga, 1978) viajará próximamente a México donde se editará una edición de su obra resumida que incluye los poemas de sus tres primeros libros "Desprovisto de esencias", "Pequeñas conversaciones" y "Llorar lo alegre".

El poeta afincado en León ha explicado a Efe que tener "carta blanca" para él significa la posibilidad de comenzar de nuevo a escribir sobre un folio vacío.

Aunque con este título también quiere criticar que "se lleva dando durante mucho tiempo carta blanca a demasiadas personas", que han tenido libertad para hacer lo que quieran.

No obstante, defiende que la poesía es de las pocas cosas que se mantienen a día de hoy al margen de lo político, si bien sostiene que el lenguaje poético es insurgente y está del lado del doblegado que, ante la situación actual, es la sociedad.

Carta blanca (Editorial Calambur) está compuesto por 37 poemas divididos en tres partes, aunque todas ellas tienen el elemento común del amor.

Esta es una condición primordial para cualquier poeta, que siempre viven enamorados "de algo o de alguien", confiesa.

La primera parte, "Solo", es una miscelánea donde ha englobado sus poemas más indignados o reflexivos, "aquellos más relacionados con la conciencia cívica".

La segunda tiene más que ver con el amor propiamente; se titula "Hasta que llegue diciembre" y cuenta una historia en torno al propio sentimiento y a su parte "más carnal".

Por último, la tercera parte es la que da título al libro y está compuesta por tres poemas, los más ligados a la actualidad y con los que quiere transmitir a través del lenguaje poético que "un cambio es posible".

Y es que la poesía -defiende- tiene la "magia" de esclarecer una serie de inquietudes que de otra manera "no se explican".

Saravia tiene previsto presenta este libro en Iberoamérica, donde se encuentra "la vanguardia del lenguaje español", para lo que viajará a México para recibir la reedición de su obra reunida y para asistir a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, a la que acudirá como invitado.



lunes, 29 de abril de 2013

Noticia: entrevista a José Luis Puerto en el Diario de León

La fragua literaria leonesa. José Luis Puerto
«La poesía nace siempre de la vida y la trasciende»
Diario de León, 16/04/2013 

El escritor, traductor, editor y etnógrafo José Luis Puerto, autor de Memoria de un jardín, está reuniendo y sistematizando las tradiciones orales de la comarca leonesa de Rueda a la vez que escribe un nuevo poemario.

Nacido en La Alberca, el poeta y narrador José Luis Puerto, que vive desde hace años en León, donde trabaja como Catedrático de lengua y literatura española, se siente ciudadano del mundo, europeo, «pues la cultura y la historia de Europa nos impregnan en nuestras mentalidades y modos de ser». Asimismo, muestra su querencia por el oeste, ese espacio mítico que discurre «a lo largo del corredor de la Vía de la Plata…, lo que se ha llamado el dominio leonés… que iría desde Asturias a Huelva y que recibe herencias portuguesas», aclara Puerto, quien reivindica su origen en la Raya, «en una fraternidad con las gentes humildes, con esos seres intrahistóricos que nutren mi creación y mi existir».

La Alberca es para él un ámbito mental, un territorio de la memoria y de las primeras experiencias vitales, «claves en mi modo de entender el mundo: la pobreza; el misterio, la fascinación y la magia; la poderosa presencia de una naturaleza paradisíaca; así como la existencia de un lenguaje encantado, que, noche a noche, me transmitía mi abuelo Pablo, uno de los seres decisivos de mi vida», porque La Alberca de hoy, sellada por el turismo es otra cosa, pese a que conserve aún buena parte de su encanto y atractivo.

En su caso, la docencia de la literatura y la creación han ido de la mano. «El contacto con los jóvenes, así como el hecho de transmitirles el conocimiento, ha sido algo importante en mi vida, pues me ha hecho tener de continuo la mente abierta hacia todo lo nuevo y todos los cambios». No obstante, es consciente de que la creación lleva su propio ritmo, «se rige por una lógica que está más allá de lo social; ha tenido y tiene en mí su propia autonomía», aclara el autor de una sustanciosa obra, tanto poética y narrativa como etnográfica.

Su poesía de la memoria, que ha sido traducida, entre otros al inglés y al árabe, se halla recogida en diversas antologías tanto nacionales como internacionales. Sin embargo, cree que las antologías, los premios, «todo ese ruido de lo social, del mundillo literario, es secundario», porque «el escritor ha de ser fiel a sí mismo, a su mundo, a su destino, a su estar en el mundo, dentro de esa tradición hölderliniana que me fascina».

El polifacético José Luis, que recientemente ha publicado Trazar la salvaguarda, entiende la poesía como un arte de espiritualización a través de la palabra. Comenzó escribiendo poemas cuando tenía diez años y desde entonces le ha guardado fidelidad a este arte, que «nace siempre de la vida y la trasciende… está presente siempre en el telar del corazón, de la psique; de modo que la escritura, más que un proceso físico, es un proceso anímico y mental», porque para el autor de la antología poética Memoria de un jardín -marcada por la emoción y la contemplación, por el sentir y el pensar que se aúnan en la palabra poética- escribir es estar en el mundo de un modo determinado, «en un contacto continuo con el mundo del espíritu, que se manifiesta en la naturaleza, en los otros, en las luces, en la temporalidad, en todo aquello que pasa desapercibido…». Algo así como lo que ya hacían determinados poetas simbolistas y románticos (Hölderlin o Keats), y como han seguido haciendo Rilke, J. R. Jiménez o Cela, a los que cabría añadir otros muchos clásicos: Manrique, Fray Luis de León, San Juan, Santa Teresa; y contemporáneos: Machado, Lorca, Valente, Claudio Rodríguez, Brines, Colinas… «Y la prosa y el decir de María Zambrano».

En el fondo, su obra poética es un continuo –«por eso en mis últimos libros no pongo punto final a cada uno de mis poemas»-, como una suerte de biografía espiritual, en la que sus distintos libros poéticos dialogaran entre sí. «Ninguno de ellos podría amputarse, pues supondría destruir los sentidos del conjunto».

El que fuera secretario -en los Cursos de Verano de El Escorial y Almería-, de Alberti, Benedetti y Caballero Bonald, también ha escrito libros en prosa como Las cordilleras del alba, que es una memoria de la niñez, de la pobreza, del misterio de su mundo originario: motivos que inspiran su escritura.

Como traductor de poesía, siente devoción por la poesía portuguesa, «aún no descubierta y valorada del todo, como se mereciera, en España», lo que le ha procurado conocer, también traducir, a grandes poetas contemporáneos: Torga; Eugénio de Andrade, Herberto Hélder, Jorge de Sena, José Bento, Fernando Echevarría, Nuno Júdice, Al Berto…

Su experiencia editora, «siempre ediciones muy cuidadas, minoritarias y no venales», se concreta en una colección de libros: Pavesas. Hojas de poesía; cuadernos: Cuadernos del Noroeste; pliegos: Entregas de invierno; y, cada Navidad, una de tarjetas: Las cordilleras. «Me fascina editar poesía. Hay en la España contemporánea una excelente tradición de poetas editores (Juan Ramón, Altolaguirre, José Janés…) y propuestas muy hermosas».

Otra de sus pasiones es la etnografía, centrada en la cultura material e inmaterial del legendario oeste: áreas salmantinas, Las Hurdes o la provincia de León, a la que ha dedicado mucho empeño, como queda recogido en su monumental trabajo, Leyendas de tradición oral en la provincia de León. En estos momentos, está reuniendo y sistematizando las tradiciones orales de la comarca leonesa de Rueda a la vez que escribe un nuevo poemario.

http://www.diariodeleon.es/noticias/cultura/la-poesia-nace-siempre-de-vida-y-trasciende-_787512.html

 

 

Reseña: Nueva York después de muerto, de Antonio Hernández, en Sur. Diario de Málaga

Poesía en estado puro
Antonio Garrido
Sur. Diario de Málaga, 20/04/2013


Afirmar que Antonio Hernández es un gran escritor y un poeta extraordinario es algo sabido desde hace mucho. El poeta de Arcos tiene una obra dilatada y de calidad sostenida, su afán de exploración es manifiesto en cada una de sus entregas. Ha recibido muy importantes y numerosos reconocimientos pero, como verdadero escritor, como poeta verdadero, sabe que la palabra riesgo es la guía, atreverse en cada libro, exponerse ante sí mismo, ante su personal serie literaria que entra en el gran río de la historia de los textos. Al margen de las modas y de las coyunturas, con la valentía de explicar y explicarse para ayudarse y ayudarnos en este ejercicio borgiano de cansar los días, que eso es vivir.

Este libro, muy bien editado, es el más complejo de los que Hernández ha dado a las prensas hasta la fecha. Se trata de una trinidad articulada como tres poderosas piezas de armar, al modo de la mecánica perfecta del puente de Brooklyn. Este libro alcanza la virtud del extrañamiento que es base de la función poética: la Metrópolis, García Lorca y Luis Rosales en tres libros que son Antonio Hernández en los múltiples espejos de una realidad que juega al escondite y a la provocación al mismo tiempo. Transgresión desde un conocimiento perfecto de la gramática poética aplicable en cada caso. Tres llamas independientes que se unen en un fuego absoluto que se llama poesía total y es fuego purificador de las emociones y de los sentimientos, verdadera catarsis para el receptor del mensaje.

¿Qué es la poesía total? Se trata de una acuñación del poeta Rosales. Es la integración de elementos heterogéneos, de plurales registros que pueden llegar a ser opuestos, y que en virtud de un modélico plan textual alcanza un altísimo rendimiento estético. No busque el lector nada parecido en nuestro panorama poético. Este libro pertenece a la estirpe anglosajona del poema extenso que es el lugar de encuentro de la reflexión, del diálogo, de la memoria, de los planos narrativos, de las secuencias fílmicas, de la opulenta imaginería verbal, del laconismo, de todos los elementos que conforman la contemporaneidad lírica que, cuando es de esta singular calidad, deviene clásica y es total y es panteísta por definición.

Un ejemplo de poesía total es el que se refiere a Nueva York. La Metrópolis es realidad, vertiginosa y maravillosa realidad, miserable y sórdida realidad. Es también la literatura general y, por supuesto, el genial libro de Federico; es también la presencia de Rosales, al que se rinde un emocionado homenaje en el último poema. No nos olvidemos del autor que es la voz que ordena y desordena la materia, cuatro elementos que se armonizan.

Otro ejemplo son los registros en una síntesis magistral. El verso largo, el mundo de la cultura asumido como sustancia, como vida. El verso corto en la mejor cauda de las raíces populares. Este contraste crea perfiles y sombras que, de pronto, el rayo deslumbrador ilumina con una intensidad que destaca el aguafuerte de las imágenes líricas, este es el nervio del libro.

El componente dialógico y los planos narrativos otorgan al libro otra cualidad eminente: el dinamismo que se remansa en momentos de reflexión, casi siempre en la recuperación de la memoria que se hace presente. Los paradigmas se cruzan en el universo de la belleza.

No olvidemos nunca que el texto es poesía, pura poesía que sale a pasear por el mundo y se interna en las galerías interiores de las voces que crean esa polifonía que es clave en las tres partes, en la triada mágica de res y de la verba.


jueves, 25 de abril de 2013

Reseña: Carta blanca, de Rafael Saravia, en El Diario de León


Carta blanca, de Rafael Saravia 
Cristina Fanjul
Diario de León, 16/04/2013

Será Calambur, la gran editorial poética, la que finalmente edite el nuevo libro de Rafael Saravia, Carta Blanca, una obra en la que el autor confiesa que se ha distanciado de sus libros anteriores. «El lector podrá calibrar —sostiene—, que, pese a ciertos temas comunes, hay otra música en este libro». Carta Blanca es un libro estructurado en tres partes, tres «pliegues», al decir del poeta que conforman un único ser, «con las dolencias propias y ajenas que nos hacen constituirnos como individuos».
La primera parte se titula Solo y revisa la introspección que nos hace buscar en los lugares interiores. «La búsqueda en esta parte es plural. Busco y encuentro... bailo con la sensación de soledad pero dentro y fuera del amor, de lo social, de lo inherente al individuo», destaca Saravia.
La segunda parte, Hasta que llegue diciembre, es un itinerario por las apetencias más intensas, un relato que comienza en un verano y que, al convertirse en poema, jamás acaba. «Erotismo y fuga», en palabras del poeta. La última capa es la que da título al libro y fue escrita en un intenso retiro de verano. «Me golpeó la necesidad de insurgencia y convencimiento político y generó ansias de preguntas que no necesitan respuestas. Ahí se encuentra la vida: acallando o voceando la verdad», asegura el escritor.
Defiende Rafael Saravia, columnista de DIARIO DE LEÓN, que la poesía sólo es posible ante el lenguaje de la verdad y subraya que esta verdad no es lo mismo que la realidad entendida en el sentido más simple de la palabra. «No concibo el poema dentro del facilismo verbal que agrede la emoción de lo incomprensible. No creo en la voluntad domesticada del lenguaje plano, jocoso y simple para llegar a más y más ventas. No me interesa el mercado como estratagema de cercanía literaria. Si he de escribir simple y complaciendo para que me lean más, desisto de hacerlo. No escribo para conquistar; escribo para compartir», subraya. El poeta añade que la necesidad de ejercer el poema en este libro llega después de largos periodos durante los cuales el autor se ha visto obligado a reflexionar y a engendrar otras vías en el lenguaje. «Sólo existe el poema cuando la sustancia poética no es sustituible por otra experiencia. Aquí lo emotivo e inexplicable surge y genera complicidades con quien se enfrenta a su lectura sin intentar comprender», defiende.

Influencias


Para el escritor, uno de los fundadores del club Leteo, este libro se alimenta del camino que generan otras tantas lecturas que le han iluminado, y cita a Valente, Rafael Pérez Estrada, Walter Benjamin, Mestre, Gamoneda o Gelman. «Es un poemario para quienes no le tienen miedo a la magia. Esos que no intentan explicar el significado de la belleza y la contundencia y sencillamente se dejan empapar de ellas».

El poemario comienza con una plegaria en forma de deseo, con la letanía de un soñador, y se cierra con la denuncia de un mundo injusto en el que la revolución es más necesaria que nunca: «Por eso la quietud/O tal vez… todo lo contrario», dice el poeta.
Destaca Víktor Gómez que los tres episodios que conforman el libro: Solo. Hasta que llegue diciembre y Carta blanca anuncian la complejidad de escrutar deseo, emancipación y convivencia. Opina además que Rafael Saravia «apuesta en este poemario por la primordial meta, que es el origen, no lo original».
Este es el cuarto poemario del escritor. Los anteriores fueron Pequeñas conversaciones (20012), Desprovisto de esencias (2008) y Llorar lo alegre (2011). Además, su labor como gestor cultural también ha fructificado en la edición de obras como El río de los amigos. Escritura y diálogo en torno a Gamoneda (Madrid, Calambur, 2009) con colaboraciones destacadas como las de Gonzalo Rojas, Jaime Siles o Juan Carlos Mestre y la edición del libro Barcos sobre el agua natal. Poesía hispanoamericana desde el siglo XXI elaborada conjuntamente con Jocelyn Pantoja (Coedición Ediciones Leteo y Ediciones Literal, 2012).

http://www.diariodeleon.es/noticias/cultura/el-leones-rafael-saravia-concede-carta-blanca-a-su-madurez-poetica 

martes, 23 de abril de 2013

Reseña: La bicicleta del panadero, de Juan Carlos Mestre, en Poemofilia

La bicicleta del panadero, de Juan Carlos Mestre
Francisco Onieva
Poemofilia, 16/04/2013


“Extraordinario” es, según el DRAE, “fuera del orden o regla natural o común”. La bicicleta del panadero, el último y ambicioso libro de Juan Carlos Mestre (Villafranca del Bierzo, 1957), lo es no solo por lo inusual de un poemario de casi 500 páginas y 297 poemas compuestos en versículo o en prosa y concebidos como un todo unitario tanto temática como rítmicamente, sino también por la maestría con la que el autor solventa el reto de mantener el tono y la intensidad de semejante propósito. Estamos, por tanto, ante una poesía de largo aliento, motivada, en primera instancia, por el reciente fallecimiento de su padre, el panadero de Villafranca del Bierzo. Sin embargo, aunque el poeta no oculta el tono elegíaco de muchos poemas, va mucho más allá del simple lamento y consigue convertir al padre muerto en símbolo del hombre que trabaja y sufre la opresión indiferente de los poderosos, con lo que las circunstancias vitales y los presupuestos ideológicos se encuentran en un ámbito fértil, capaz de generar una obra auténtica e imprescindible, construida a partir de la imagen que le da título y que, según el propio autor, “es la metáfora de la realidad de nuestra casa. Aquel panadero que era mi padre no tenía furgoneta, sino una bicicleta que era la imagen de la utilidad, la posibilidad de llegar hasta donde la gente estaba esperando el pan”.

En este sentido, su poesía, que asume la tradición desde la vanguardia, es un acto de desobediencia ética y estética frente a la injusticia y a la mediocridad del mundo en que vivimos. Semejante componente ético es, además de legítimo, irrenunciable, y nace de la capacidad para escuchar al otro, que ha de ser, necesariamente, el derrotado, aquel que no ha tenido voz. Con todo, el poeta leonés, que descree de cualquier dogmatismo y deslegitima cualquier pensamiento totalitario y excluyente, parte de la dificultad de definir tanto el mundo como la verdad, siendo consciente de que solo podemos aproximarnos a ellos a tientas y de modo impreciso, y construye con precisión una poesía ética que se reivindica a sí misma como instrumento para mirar más allá de la realidad y buscar los principios motrices de universo, pero, eso sí, sin perder de vista el fragmento de existencia en que se está enraizado y que, para ser entendido, debe ser revisado a través de la memoria y la mirada al pasado.

En coherencia con esta definición de la realidad y la verdad como inabarcables, y con la intención de reflejar el carácter poliédrico de ambas, evita que sea una única voz la que sostenga todo el libro, apostando por una multiplicidad de personajes articulados en una singular y armónica polifonía, y plantea tanto una ruptura de la sintaxis previsible como el descubrimiento de nuevas potencialidades semánticas de un lenguaje desgastado y manoseado. Para ello confía en la metáfora como instrumento privilegiado para nombrar el mundo de un modo nuevo, capaz de revelar lo que no es visible –con lo que la poesía es, en cierta medida, el acto fundacional de una realidad más justa y solidaria- y de hurgar en la conciencia de los lectores, en virtud de unas asociaciones imprevistas, invitándolos a la reflexión. Así, todo el poemario irradia un tono visionario, sustentado en poderosas y sorprendentes imágenes que se engarzan entre sí mediante un singular procedimiento acumulativo, difícil de mantener.

Mestre ha logrado crear un libro total, su obra más personal, compleja e intensa, una síntesis de toda su trayectoria poética y un compendio visceral de su ideología, un libro que vuelve a confirmarlo como una de las voces más personales de la poesía española de las últimas décadas, como un poeta de obligada lectura.


http://poemofilia.blogspot.com.es/2013/04/la-bicicleta-del-panadero-de-juan.html

Reseña: Ecuador y la guerra civil española. La voz de los intelectuales, en Portal del hispanismo

Ecuador y la guerra civil española. La voz de los intelectuales
Libro de la semana
Portal del hispanismo, Instituto Cervantes


Este volumen a cargo de Niall Binns (profesor de Literatura hispanoamericana de la Universidad Complutense), da cuenta del impacto de la guerra civil española en Hispanoamérica, donde se vivió y se sufrió como si fuese en carne propia, lo que se pone en evidencia en la serie de artículos recogidos aquí. Cinco años de republicanismo conviertieron a la antigua madre patria en un espejo donde se veían reflejados muchos de los temores y aspiraciones de las repúblicas hispanoamericanas, y cada país se escindió en disputas airadas, apasionadas, en torno a la guerra y a las nociones de la sociedad y del ser hispano defendidas y encarnadas por lo distintos bandos: republicanos, socialistas, comunistas y anarquistas, por un lado; monárquicos, católicos y fascistas, por el otro. Nunca se había escrito tanto sobre España: poemas, narraciones, obras dramáticas, testimonios, crónicas, ensayos, artículos periodísticos y panfletos.


El presente libro, el primero de la colección Hispanoamérica y la guerra civil, estudia y muestra el impacto que la guerra dejó en los intelectuales de Ecuador, un país que estaba viviendo un momento de verdadero esplendor en su literatura. La guerra civil trastornó el campo intelectual ecuatoriano, impulsó un encendido diálogo sobre los deberes del escritor y se convirtió en un tema casi ineludible para todos los intelectuales.


http://hispanismo.cervantes.es/libros.asp?DOCN=575

Reseña: El gran libro del flamenco, de Manuel Ríos Ruiz, en Encuentros de lecturas

Ríos Ruiz. El gran libro del flamenco
Santos Domínguez
Encuentros de lecturas, 02/04/2013


Desde que se publicó, hace poco más de diez años, El gran libro del flamenco, de Manuel Ríos Ruiz, se ha convertido en un clásico indispensable de la flamencología, junto con otras obras de referencia de Félix Grande, Caballero Bonald, José Manuel Gamboa, Ortiz Nuevo o Alfredo Grimaldos.

Editado por Calambur en un cuidado estuche con dos tomos, no es una enciclopedia aséptica, sino un tratado meticuloso en el que es fundamental  el enfoque valorativo y el juicio del experto prestigioso que es Manuel Ríos Ruiz.

La historia y los estilos flamencos son la base del primer volumen, completado con una bibliografía completa y una discografía selecta y suficiente. Generosamente ilustrado, se aborda en sus páginas el origen y la evolución de la más expresiva de las músicas mediterráneas, desde las raíces tartésicas a las influencias orientales árabes o persas de la música andalusí pasando por aquellas cantica gaditanae a las que aludían los latinos anteriores a Cristo.

La genealogía, etimología y del flamenco, folclore elevado a arte desde que en el último cuarto del XVIII -a la vez que la Pragmática de 1783 con la que Carlos III reconocía a los gitanos su condición de españoles- se concretan su estilo, su estructura lírica y melódica y las diferentes ramificaciones en siete ritmos fundamentales: siguiriya, soleá, tangos, fandangos, cantes libres, cantiñas y bulerías.

De Jerez a los Puertos, de Triana a Málaga, de Cádiz a Granada, de esas siete estructuras derivan los palos flamencos que desde las tonás a los cantes de ida y vuelta se abordan en la segunda parte de este primer volumen que incluye también un jugoso apartado sobre el coplerío tradicional de lso distintos estilos. 

Canto porque me acuerdo de lo que he vivido, decía Manolito el de María, profundo y casi mendigo, desde su cueva de Alcalá de Guadaira. De la cueva oscura a las ventas, de las fraguas a los colmados, de los reservados a los tablados de los teatros y a las plazas de toros, desde las Cortes de Cádiz a la actualidad pasando por las sublevaciones campesinas, la época republicana, la dictadura y la clandestinidad antifranquista, la historia del flamenco es inseparable de la historia de España, del trasfondo social de la Andalucía de la injusticia y de la marginación. De la seguiriya a la soleá, es la historia de las calamidades y la pobreza hechas cante negro de fragua y de celda o cauce de la explosión a compás de la alegría festera.

Si en el primer volumen Ríos Ruiz evoca la evolución del flamenco hasta la actualidad, desde figuras fundacionales como El Fillo, Silverio Franconetti, La Serneta, El Nitri, Enrique el Mellizo, El Loco Mateo o Antonio Chacón hasta Camarón o Morente, pasando por nombres imprescindibles como Manuel Torre, Juan Talega, Manuel Vallejo o Antonio Mairena, el eje del segundo volumen son las semblanzas valorativas de las grandes figuras del cante, el baile y el toque flamencos, subrayadas con abundantes documentos gráficos.

Unos utilísimos índices onomástico y topográfico completan la obra y permiten la precisión de una consulta rápida sobre esa música abismal que viene del tronco mineral y negro de la fragua y emerge en los cantes oscuros de fragua, de mina o de celda  o en la claridad salinera del camino estrecho y jalonado de ventas entre San Fernando y Cádiz, con la prosodia rítmica del lamento y del duende o con la sintaxis amarga de la rebeldía y el dibujo secreto de sus sonidos negros. 


lunes, 22 de abril de 2013

Novedad: Carta blanca, de Rafael Saravia


Carta blanca
Rafael Saravia
Calambur Poesía, 137. 68 p. 14 x 22,5 cm.
ISBN: 978-84-8359-251-9

PVP: 10,00 €

«La poesía de Saravia, como él mismo, se llena de sabiduría e ingenuidad, compromiso con la vida y derrame absoluto de imaginación comprometida con el lenguaje y las transgresiones de existencia necesarias para la creación de un mundo propio y emocionante». Jesús Hilario Tundidor

En Carta blanca, su cuarto libro, Rafael Saravia sigue y ensancha el camino que expone su intemperie afectiva en busca de las señales de la conciencia. Un itinerario que se inicia en la autointerrogación, intelectual y corpórea «La genética nos conduce al hombre que conversaba con la tierra […] esa que concierne al agricultor de esperanzas», continúa con el cuestionamiento de los vínculos amorosos «Sólo como presa soy consciente de ti», y finalmente vuelca su mirada sobre el mundo, en su calidad civil «Los herederos del juego quieren vender piolets / a los lectores del Manifiesto por un arte revolucionario independiente / y la nieve ya no limpia los fracasos cosidos al pulóver de los embargados». En palabras de Víktor Gómez, «Lo genético es desbordado por la intensidad de la experiencia vital y la toma de conciencia frente al otro, sea amante, sea pueblo, sea un tiempo herido por sanar y resarcir».

Rafael Saravia, fundador del Club Cultural Leteo y Ediciones Leteo, realiza una intensa labor como gestor cultural y editor, de la que se han derivado los reconocidos premios Leteo. En el ámbito literario, preparó y prologó la edición del libro homenaje a Antonio Gamoneda El río de los amigos (Calambur, 2009), así como, junto a Jocelyn Pantoja, Barcos sobre el agua natal. Poesía hispanoamericana desde el siglo XXI (2012). Ha participado en diversas antologías y ha publicado los libros de poemas Pequeñas conversaciones (2001, 2009), Desprovisto de esencias (2008) y Llorar lo alegre (2011).  


rafaelsaravia.es/ 

Novedad: Porción del enemigo, de Enrique Falcón

Porción del enemigo
Enrique Falcón
Calambur Poesía, 136. 128 p. 14 x 22,5 cm.
ISBN: 978-84-8359-250-2

PVP: 14,00 €

Porción del enemigo aparece no solo como un paso adelante en la trayectoria poética de Enrique Falcón, sino como un instrumento para pensar y afrontar, en términos de conciencia poética, el complejo momento al que se enfrenta la cultura occidental. En palabras del propio autor: «Mucho de lo que vivimos repite cíclicamente sometimientos, rebeldías, liberaciones y catástrofes. Nada de extraño hay en que dicha replicación se produzca también aquí. En la excesiva circularidad de ese ritmo, la pregunta que este libro le confía a la tribu no es si nuestro enemigo podrá ser vencido (lo será), sino si podremos mirarlo de una vez, al menos un centímetro por encima de nuestros propios temores. Estos poemas hablan, casi todos ellos, desde la altura formidable de ese único centímetro posible: ojalá la poesía siga revelando, desde él, los secretos de esa resistencia, cuando esa comunidad de hombres y mujeres la alcanza a conseguir». Un libro para la acción del pensamiento poético en tiempos temibles.

Enrique Falcón (Valencia, 1968) es una voz clave de la renovación poética española, desde que en 1992 publicara El día que me llamé Pushkin. Su actividad poética y crítica, indisolublemente unida a su compromiso cívico, supone una actualización y adecuación de las poéticas de vanguardia y de las corrientes de la poesía comprometida, tanto españolas como iberoamericanas. Falcón es autor de AUTT (2002), Amonal y otros poemas (2005), Para un tiempo herido (2008) y Taberna roja (2008), así como de La marcha de 150.000.000, libro río publicado en sucesivas entregas, finalmente reunidas en 2009. De entre su actividad crítica cabe destacar Poesía y poder (con el colectivo Alicia bajo cero, 1997), El amor y la ira: escritos políticos sobre poesía (2006) o Las prácticas literarias del conflicto (2010). 


http://porciondelenemigo.blogspot.com.es/

miércoles, 17 de abril de 2013

Noticia: entrevista a Juan Carlos Mestre en el Diario de León

Juan Carlos Mestre. Poeta
«No todo tiene precio en este mundo»
Verónica Viñas
Diario de León, 17/04/2013 

Concibe la poesía como una «casa de huéspedes para los descontentos y los débiles». El sábado recibía el Premio de la Crítica por La bicicleta del panadero, mejor poemario del año. Mestre es un encantador de palabras, que le brotán también del pincel o de su achacoso acordeón. Un soñador que quiere desarmar el vocabulario y averiguar qué hay detrás de las cortinas de niebla del pequeño teatro del mundo.

—¿La poesía es un arma cargada de futuro?

—No, definitivamente no. Las armas ni de lejos. Hay que desarmar el vocabulario civil de las metáforas de la agresión. No pertenece la poesía al ámbito de los discursos de fuerza ni a la imposición agresiva; por el contrario, la poesía es lo que siempre ha sido el lenguaje de la delicadeza humana, una forma de consuelo y resistencia, pero nunca arma. El balance de la crueldad humana ha expulsado para siempre esos artefactos del imaginario moral de los poetas.

—Dice Gamoneda que no ha existido un gran movimiento poético desde la Guerra Civil...

—Creo que el maestro Gamoneda tiene razón, después de Larrea, Lorca, Cernuda… toda la Generación del 27, sólo han existido individuales; grandes cabezas dialogantes, pero solas. Los sucesivos intentos generacionales de constituirse en tendencia o movimiento se quedaron en cándidos balbuceos, gestos menores de la sociología literaria que nada tiene que ver con la creación poética.

—Que ‘La bicicleta del panadero’ haya sido elegido mejor libro del año, ¿cambia algo?

—Nada, en nada mejorará al libro, ni podría empeorarlo. Es lo que es. Todo premio forma parte de un error, la poesía no participa de esas categorías jerárquicas, ni es materia que adquiera más valor o tenga rentabilidad como inversión. No, el espíritu que anima todo proyecto poético se desenvuelve en un sentido inverso a la utilidad de lo consumible y la lepra de los mercados. Además, nadie puede decir que un libro sea mejor que otro, no van por ahí las visiones cercanas a la verdad.

—¿Cree en el poder curativo de la palabra?

—Creo en la sanidad del bien que trae consigo las palabras que vinculan lo humano con los sueños de la felicidad. Pero yo no escribo para creyentes, y desde luego no sustituiría el ácido acetilsalicílico por ningún soneto.

—¿Cuál es la perversión del lenguaje?

—El secuestro de sus significados, la retórica puesta al servicio del engaño masivo, de la falsificación moral de las promesas, de la demagogia irresponsable que nos acerca al fascismo. Mentir se ha convertido en una práctica dialéctica, y eso históricamente siempre ha remitido a las vísperas de alguna catástrofe civil. Estamos en manos de políticos ideológicamente analfabetos, gente que ha antepuesto el interés económico y mezquino de unos pocos a los grandes intereses colectivos de la nación. Lo primero que se corrompe en una democracia es el lenguaje, cuando la palabra ciudadano deja de designar a la persona y comienza a significar cliente.

—¿La Habana es el sitio que más le ha fascinado?

—No, no es precisamente fascinación lo que produce La Habana, una ciudad en ruina, un pueblo al borde siempre del abismo del sueño pendiente de ser soñado.

—¿Ser el hijo del panadero le ha marcado?

—Por supuesto, no cabe ninguna duda. Una panadería no es una fábrica de revólveres. Un padre que madruga par amasar el agua con la harina, que prende fuego a un horno de urces, que cuida con esmero lo que hace, de la mejor manera que sabe, intentando hacer el mejor pan día a día, toda la vida, es una fundación de conducta, de honradez, de humilde ejemplaridad. Así era mi padre.

—¿Es usted el juez más crítico de su obra?

—Digamos que soy el primer insatisfecho, también el mayor dudoso, siempre pienso que podría hacerse mejor, corregir más, borrar tanto defecto, pero llego hasta donde puedo, mi cabeza no da para más, lo que hago lo hago lo mejor que puedo, pero en la minoría crítica de mi cabeza el balance no es nunca satisfactorio. Así lo siento.

—¿’La poesía ha caído en desgracia’ como titulaba un poemario?

—Lo que ha caído en desgracia es el respeto hacia el ciudadano, hacia sus legítimas aspiraciones, hacia el proyecto individual de cada persona en la búsqueda de la felicidad. La democracia ha sido secuestrada por el sistema financiero. Las palabras de la tribu han sido rociadas con el insecticida de la demagogia que oculta el robo de los poderosos y el saqueo a las clases humildes. Ha caído en desgracia la palabra, y esa es entonces también la desgracia de la utopía del porvenir.

—¿Cuál es la música de su poesía?

—No la del pentagrama, tampoco la de los once dedos del endecasílabo. No lo sé, si algo armónico se oye será el rumor de lo misterioso, el recado que acarrean las partículas elementales de lo lingüístico desde el territorio de la conciencia.

—¿Cuáles son las servidumbres de los escritores?

—Yo sólo puedo hablar por las mías. Tiendo a pensar que los límites de mi imaginación están más allá de lo poco que mi lenguaje puede dar cuenta. Intuyo mucho más de lo que soy capaz de expresar, y sé, por reiterada persistencia en ese fracaso, que el horizonte se desplaza en la misma proporción que el intento de nuestros pasos por acercarse a lo infinito. Pero no debemos confundir servidumbre con sometimiento, una cosa es estar al servicio de la palabra reveladora de los sentidos de la existencia y otra muy distinta convertir las palabras en vasallos al servicio de los sistemas de dominación.

—¿La poesía es el último refugio de las minorías?

—Sí, algo tiene la poesía de casa de huéspedes para los hablantes de la imaginación crítica, los descontentos y los débiles, las víctimas cuya última oportunidad de restitución de justicia ya sólo reside en el imperativo moral de la memoria. Todo poeta lo es en la medida en que permite hablar a la minoría que lo habita, al otro que en su diferencia lo persuade de su condición de igual.

—¿Cuál es su compromiso con la poesía?

—No he elegido, la poesía y mi manera de entender y estar en el mundo ha sido mi única posibilidad. ¿Compromiso? Sí, el de tener un encargo, el encargo que nadie me ha hecho pero que estoy dispuesto a cumplir hasta el ultimo día de mi vida.

—Literatura, arte, música, ¿se considera un artista global?

—No, no, en absoluto. Lo global no es el número de mis zapatos, yo hago una sola cosa, es la platilla de los policías de la cultura la que ordena el tráfico de las ideas, es el sistema de orden el que separa la expresividad artística en géneros y el que determina a qué debe o no dedicarse una persona… Todos deberíamos estudiar, pintar, escribir, como práctica de una misma amistad con lo maravilloso. Así sería en la tierra de los encantamientos, donde el carpintero, el electricista, el campesino fuese también músico, poeta y pintor. Hace mucho tiempo que los amos se dieron cuenta de que negando el acceso a la cultura se le robaba a las clases populares la escalera para ascender a los sueños.

—¿Es usted un renacentista que se confundió de época?

—No, no, por favor. Simplemente alguien que aunque ya ha abandonado la época de ser muchacho no se ha alejado de la adolescente curiosidad por averiguar qué hay detrás de las cortinas de niebla del pequeño teatro del mundo.

—¿La rebeldía le ha salido cara?

—No, sería vergonzante decir lo contrario en una sociedad y en una época en la que tantos han tenido que pagar con su vida el precio de la lucha por tantas causas justas. Yo he sido solidario en ese dolor con otros, pero ni he sido perseguido, ni he sido encarcelado, ni he pasado hambre ni sufrido el exilio. No he sido una víctima, y mis molestias no alcanzan la categoría del sufrimiento.

–¿Por qué abandonó el periodismo?

—Escribí mucho, acaso demasiado, llegue a tener una columna diaria, era joven, por esa rendija notaba que se me iba todo el talento. Tenía que atarme con correas las manos para escribir frases cortas, echarme lejía en el corazón para que no me saliesen adjetivos y frasecillas con metáforas. Así que decidí hacerme abstemio de los libros de estilo, con el propio ya tenía bastante para pedir hora en la consulta del doctor Freud.

—Hay palabras como decencia o dignidad que han sido prostituidas por los indecentes y los indignos...

—Decía Oscar Wilde que la palabra dignidad suele provocar risa, sobre todo en aquellos que no la tienen. Así están las cosas, seguimos como entonces, en una sociedad que disculpa con frecuencia al criminal, al corrupto estafador, al bandolero financiero, pero nunca al soñador, jamás al débil en su necesidad, no al desobediente ante lo injusto. Por eso son indignos los que comparan la protesta civil del ciudadano desesperado con el nazismo, no saben lo que pasa ahora como no supieron sus antepasados ideológicos lo que pasaba entonces.

—El Bierzo es un territorio...

—Unos dicen que mágico, y son los mágicos. Otros que una tierra irredenta, son los irredentos. Yo creo que es un territorio con unas posibilidades excepcionales pero con una problemática tremenda derivada de una desastrosa gestión de los intereses públicos, expoliada en su riqueza, olvidada administrativamente. Un territorio… sí, digamos un pequeño país para la esperanza.

—¿La poesía está al servicio de la conciencia?

—La poesía es conciencia, acaso la conciencia de algo de lo que no podemos tener conciencia de ninguna otra manera que no sea a través de la poesía. Ni la política, ni la ideología, ni el saber científico y tecnológico han aportado desde la sola voz de un hombre la conciencia súbita que cualifica la intensidad del saber que hay en un poema de San Juan de la Cruz, Walt Whitman o Antonio Gamoneda.

—¿Hemos renunciado a la libertad por el consumo?

—Pretenden que dejemos de ser ciudadanos con derechos civiles para convertirnos en clientes con hojas de reclamaciones.

—¿Con una simple moneda le tapas la boca a cualquier pesadilla’?

—Hoy hasta las peores pesadillas le salen gratis a los productores de los malos sueños civiles. No todo tiene precio en este mundo, no lo tuvieron los ideales de justicia y libertad en el pasado y estoy seguro que no los tendrán tampoco los descontentos en las barricadas de la primavera.

—¿Qué caminos atraviesa ‘La bicicleta del panadero’?

—A veces de barro, a veces de nieve, a veces de polvo, a veces de agua, pero normalmente caminos de aire, entre los cerezos donde sigue brotando la sonrisa de los muertos y las vacas azules que tocan el violín en los cielos de Chagall.



martes, 16 de abril de 2013

La bicicleta del panadero, Premio de la Crítica

La bicicleta del panadero, Premio de la Crítica Santos Domínguez 
En un bosque extranjero, 16/04/2013 

Reunido en Ponferrada el día 13 de abril de 2013, en el Sala de Armas del Conde de Lemos del Castillo Templario, el jurado designado por la Asociación Española de Críticos Literarios (AECL) para otorgar los "Premios de la Crítica" correspondientes a obras publicadas en el año 2012, jurado constituido por Ángel Basanta como presidente y los vocales Fernando Valls, Javier Goñi, Pilar Castro, Carlos Galán Lorés, Ernesto Ayala-Dip, Javier Barreiro, Noni Benegas, Jorge de Arco, Santos Domínguez, Xosé Manuel Eyré, Araceli Iravedra, José Enrique Martínez, José Jurado Morales, Nicolás Miñambres, Manuel Moyano, José Vicente Peiró, José Antonio Ponte Far, Lluïsa Julià, Javier Rojo y Enrique Turpin, que actúa de secretario, tras las correspondientes deliberaciones y votaciones, acuerda otorgar los Premios de la Crítica 2012 a las siguientes obras:

PREMIOS EN LENGUA CATALANA:
Narrativa: En caure la tarda [Al caer la tarde], de Jordi Coca.
Poesía: Vetlla [En vela], de Jordi Llavina.

PREMIOS EN LENGUA GALLEGA:
Narrativa: Morgana en Esmelle [Morgana en Esmelle], de Begoña Caamaño.
Poesía: Os ángulos da brasa [Los ángulos de la brasa], de Manuel Álvarez Torneiro.

PREMIOS EN LENGUA VASCA:
Narrativa: Martutene, de Ramon Saizarbitoria.
Poesía: Bitan esan beharra [Hay que contarlo dos veces], de Rikardo Arregi Diaz de Heredia.

PREMIOS EN LENGUA CASTELLANA:
Narrativa: La hija del Este, de Clara Usón.
Poesía: La bicicleta del panadero, de Juan Carlos Mestre. 

Porque tuve el privilegio de estar en el jurado que otorgó este último premio a Mestre y porque al parecer mi reseña de La bicicleta del panadero en la revista Encuentros de lecturas fue la primera que apareció en los medios, vuelvo a traer aquí el enlace a aquella lectura.

http://santosdominguez.blogspot.com.es/2013/04/la-bicicleta-del-panadero-premio-de-la.html