lunes, 16 de febrero de 2015

Reseñas: La isla que prefieren los pájaros, de Vanesa Pérez-Sauquillo, en Nayagua

Los pájaros litúrgicos
Por Nuria Ruiz de Viñaspre
Nayagua, nº 21, febrero de 2015


La isla que prefieren los pájaros
es el último libro de poemas de la poeta madrileña Vanesa Pérez-Sauquillo. Isla que llega —o a la que llega— tras un quinquenio de silencio desde aquella lluvia equivocada.

Pero ¿cómo organizar un libro que va de un lado a otro como un barco naufragado? ¿Como pájaros perdidos? Avanzar es des-avanzar. Hablo de la civilización. Del vértigo de los edificios. De esa parte alta de la ciudad. De la sociedad. De esa parte baja de la sociedad. Lo que va de lo habitado a lo deshabitado. De la habitación a la deshabitación. De la verticalidad de las ciudades y su horror vacui (“hombre que crea espacios para llenar con el hombre…”), (“El paisaje / nos sale de los ojos. / Naturaleza muerta…”), a la horizontalidad del vacío que llena la naturaleza, y es naturaleza limpia de adornos, aliños y aderezos (“Cuerpo de ave no traiciona. / La niebla se lo lleva. / Cuerpo de monte será monte mañana / aun penetrado de criaturas”). Este libro habla de eso.

Ya en la imagen de este libro haikuneado —por lo breve y lo intenso de sus versos, concebidos como axiomas morales—, se antoja la imaginería de la poeta. Palabras como enjambres de estorninos. Pájaros a veces desorientados, confundidos, pero a la vez llenos de dirección, donde el trazo vertical es sinónimo de ritmo y de-cadencia. Una cosmogonía repleta de manchas diseminadas. Manchas que son trayectorias de vuelo multidireccionales: el estado norte-sur-este-oeste del Ser, como esa eterna búsqueda interior: los puntos cardinales del Ser. Recordemos sino aquella tradición hindú que aseguraba que los pájaros simbolizan los estados superiores del Ser. Y es que los pájaros son pájaros dentro y fuera de la jaula —isla de puertas abiertas—; mientras que la jaula —isla de puertas abiertas— solo es jaula —isla de puertas abiertas— cuando va a parar allí el vuelo de aquellos pájaros que ya están fuera de su jaula —isla de puertas abiertas.
 

Seremos isla, algunos días,
pero la isla que prefieren los pájaros


En el lenguaje poético el pájaro es un símbolo recurrente y de fuerza en escritores como Pizarnik (con aquella jaula volviéndose pájaro), Kafka (con aquella jaula que salió en busca de un pájaro), Whitman, o Bernhard (cuando escribió aquello de: “detrás de los árboles hay otro mundo”). Y es que detrás de la isla de Pérez-Sauquillo también hay otro mundo expectante al que van a parar las palabras como pájaros. Walt Whitman, por ejemplo, era considerado como el poeta del viento y de los pájaros, y en La isla que prefieren los pájaros, hay una correspondencia de conjuntos que bien podría cumplirse así:


pájaro[concebido como animal con alas] = poesía [concebida como palabras con alas]
 

Y es que todo ser alado es símbolo de espiritualización, ambos son veloces y por ello difíciles de cazar, emigrados a una isla, la lengua de los pájaros, el lenguaje de los pájaros, donde Pérez-Sauquillo persigue la constante búsqueda de ese algo alado. Inalcanzable.
 

El pájaro es la palabra poética, incansable, mística casi. Pájaro como sinónimo de ave. De rara avis. Y una isla es una zona de tierra firme. De lo alado a lo telúrico. Del cielo a la tierra. De arriba abajo. He ahí el espacio que dista entre ellos.
 

Si Blanca Varela en aquel bello poema “Despierto. / Primera isla de la conciencia: / un árbol. / El temor inventa el vuelo. / El desierto familiar me acoge. / Alguien me observa con indiferencia”, nos hacía volar como si fuéramos un Chagall visto por Mondrian, esto es, llevándonos del universo onírico a la cuadrícula de la vigilia, puede, solo puede, que para Pérez-Sauquillo esta primera isla que prefieren sus pájaros fuera la isla de la conciencia, ya que la condición volátil o aérea del libro es directamente proporcional a su condición terráquea, firme, a la condición sólida de su materia. Pues este libro se toca. Habla de lo líquido (p. 11), de lo blando (p. 13), (p. 15), de lo duro (p. 16)… todo un paradigma de texturas para hacer el recorrido desde y hacia esos estados interiores vistos desde un desvestido paisaje.
 

Esta isla es un lugar al que se llega con un pasado desesperanzado pero al que se va en busca de un futuro prometedor. De la desesperanza a la esperanza. De los inicios de los des, a los despueses de los desdes. Y todo desde los paisajes —vistos o no— de la bella Irlanda, el ejemplo más limpio de la naturaleza des-nudada.
 

De la des-esperanza de la civilización…
El devorador descubre un día que es carnívoro. El canibalismo del mundo queda patente
en el poema de la página 30 (“Universo que busca y se devora. / Universo que espera”). Y es que, ya lo dijo el filósofo Thomas Hobbes, el hombre es un lobo para el hombre (“huecos por los que también el hombre asfixia al hombre”).


Libro social que circula de la naturaleza viva que hay en la propia naturaleza, a la naturaleza muerta que hay en toda naturaleza implantada:

Las ciudades te han hecho de cristal.
En ti no hay horizonte.

 

(Otro poema)
 

El paisaje
nos sale de los ojos.
Naturaleza muerta.
Naturaleza vida
es la que muerde.

 

(Otro poema)
 

Cuerpo de ave no traiciona.
La niebla se lo lleva.
Cuerpo de monte
será monte mañana
aun penetrado de criaturas.

…a la esperanza de la des-civilización
Cuando todo está perdido, no hay nada perdido.
 

Y aunque todo parece que se rompe,
uno es más fuerte de lo que pensaba.
Y uno descubre.
Y uno sabe que a lo lejos no hay tierra
pero ya nada importa.

 

Pájaro pajar paja pájaro que separa grano de paja. Pájaro que se-para bosque de bosques.
Árbol de árboles. De lo imprescindible de la naturaleza a lo prescindible de la civilización. Eso hace la poeta en todo el libro. Des-nudar. Aunque esa desnudez se haga materia en el poema de la p. 41 (“Piedra limpia de barro. / Desde la rama / el muro es un camino”).
 

Pérez-Sauquillo conduce el lenguaje subida en una cosechadora, grande como el corazón de un barco, pero de sencilla conducción (la lengua de los pájaros). Porque su lengua es una lengua sencilla que nos lleva a lo profundo. Donde las palabras son ruedas concéntricas que te acercan a ese cielo en-tierra habitado por pájaros des-orientados. La poeta limpia su idea y su isla de cicatrices. Limpia sus surcos. Allana su isla. La alisa. La facilita. Es arcilla al fin. Sí, la poeta es una trilladora. Detectora y detractora de piedras eludidas por tractores. Quebranta la mies que se tiende en la era del cielo separando grano de paja. Grano de paja. Grano de paja. Porque este libro está limpio de paja. De piedras. Sus manos, sacudidoras de piedra, sacudidoras de paja son manos atornilladas a la tierra nueva des-habitada. Su isla. Su deshabitación.


Lee la reseña en la revista Nayagua.