miércoles, 23 de marzo de 2011

Reseña de La experiencia de la memoria, de Joaquín Benito de Lucas, en Revista de las Letras

Revista República de las Letras, n.º 120

LA EXPERIENCIA DE LA MEMORIA, de Joaquín Benito de Lucas

Por Pedro A. González Moreno

Joaquín Benito de Lucas es, esencialmente, un poeta de la memoria, cuya obra está marcada por lo que él mismo llama “la tiranía del regreso”, y cuya voz discurre fluvialmente hacia un reino antiguo que fue el de su infancia. De ahí lo oportuno del título de este libro, La experiencia de la memoria (1957 - 2009), que reúne en dos volúmentes la larga trayectoria lírica del poeta y que aparece publicada por Editorial Calambur.

Los senderos abiertos (escrito en el 57 aunque publicado en 2007), Las tentaciones (1964), Materia de Olvido (1968) y Kz (Campo de concentración) (1970) son los cuatro primeros libros de Joaquín Benito de Lucas, en los que de una u otra forma, aparece el nexo común que es el desarraigo, motivado siempre por alguna circunstancia biográfica del poeta. En todos ellos se manifiesta de algún modo un sentimiento de exiliado, ya sea motivado por su estancia en Oriente Medio —Las tentaciones—, ya sea por el abandono de la patria de su infancia, Talavera —Materia de olvido—, o ya por sus años vividos en Berlín —KZ (Campo de concentración). Pero será Materia de olvido el libro a partir del cual la voz del agua, como símbolo de la memoria, se convierte ya en uno de los motivos medulares de su lirica, y en un signo emblemático de su pasado.

De los ámbitos oníricos hacia el ámbito del amor

Plancton (1976) se construye también sobre el tema de la memoria, pero con él se entreteje un motivo nuevo: el de los sueños, el de las imágenes oníricas concebidas como un modo diferente de conocer, interpretar o incluso revivir la realidad. Por su parte, Memorial del viento (1978) es una obra de temática diversa que aglutina poemas en homenaje a escritores o amigos, si bien presentan como nexo un sutil hilo conductor que no es sino una idéntica actitud solidaria con aquellos seres que han sido condenados al sufrimiento o a la muerte. Con un acento sereno y compasivo, pero doliente siempre, el poeta muestra su irrenunciable compromiso con la verdad y la justicia, y se solidariza con todas aquellas criaturas que han sido sometidas a un “duro destino” y que, como el propio Cervantes, lucharon ”contra tanta injusticia, contra tanta mentira”.

Antinomia y Campo de espuma son dos libros escritos simultáneamente y también publicados en el mismo año, 1983, de ahí que giren en torno a una temática, una estética y una atmósfera comunes. Se trata, en realidad, de una misma obra dual, concebida como una amplia reflexión sobre el amor y el desamor, o sobre la pasión y el olvido, aunque en ambos libros el sentimiento amoroso es abordado desde diferentes perspectivas. En Antinomia el poeta cede la voz a los personajes de La Celestina, y en Campo de espuma entona su cántico desde el punto de vista de la primera persona. Diálogo y monólogo son, en consecuencia, las diferentes técnicas con las que Joaquín Benito de Lucas elabora su reflexión lírica.

En 1987, con La sombra ante el espejo, Benito de Lucas vuelve su mirada y su mundo creativo hacia el tema esencial de su lírica, el de la infancia. Como si avanzara a impulsos de su propia nostalgia, el poeta acaba volviendo los ojos a su patria talaverana, al tiempo muerto de sus recuerdos y a la música de su río, que es la de su niñez. Y esto, en el fondo, tal vez lo haga por la razón que le escuchamos en el poema “Brindis de la amistad”: “Porque queremos/ ser felices/ bebemos de la infancia,/ evocamos escenas/ que apenas la memoria reconoce”.

Hacia los ámbitos de la memoria

Tras La sombra ante el espejo, Benito de Lucas publica tres títulos, un tanto alejados de sus preocupaciones habituales, pero en los que parece reflejarse un mismo espíritu de búsqueda. Antes de reencontrarse con el mundo que ya se había manifestado en Materia de olvido, la lírica del poeta talaverano se remansa y se diversifica como si pretendiera buscar nuevos acentos y nuevas direcciones en su universo poético. Regresa a la temática amorosa de Campo de espuma para abandonarla acto seguido, explora los tenebrosos ámbitos del dolor y la soledad, o se adentra en las reflexiones metapoéticas en Dolor a solas (1991); y posteriormente busca en el viaje un pretexto para construir una peculiar metafísica de los sentidos en Invitación al viaje (1995). Diferentes maneras de la búsqueda que sirven de preámbulo al bloque final y más representativo de su obra, configurado por su tetralogía de la memoria.

En Álbum de familia (2000), La mirada inocente (2003), El reino de la niñez (2006) y La escritura indeleble (2009), Joaquín Benito de Lucas vuelve a reencontrarse con su propia voz y sus propios recuerdos. Álbum de familia es el libro de un regreso, un libro donde el poeta retorna a un ámbito y a un tiempo que ya no le pertenecen, a un lugar en donde ya nadie le espera, salvo el río, que se detiene para acogerle entre sus orillas maternales. El poeta vuelve, después de tantos años, a un lugar despoblado por el que sólo deambulan las sombras muertas de un ayer irrecuperable.

La mirada inocente viene a ser una página nueva de ese “álbum” de la memoria que el autor había trazado ya en su libro anterior. La mirada del niño, que es la mirada de la inocencia y la ternura, sigue poniendo ante nuestros ojos sensaciones de ayer, evocaciones de un pasado que oscila entre la felicidad y la pesadilla, entre la ilusión y el desamparo.

A lo largo de La mirada inocente, el poeta nos ofrece un emotivo daguerrotipo, en colores grises y desleídos, de esa época en la que transcurrió su infancia, “en esos años turbulentos/ de mil novecientos cuarenta y tantos”, en aquellos “años oscuros, años perdidos, años muertos…” que a él y a los de su generación les tocó vivir. Unos años oscuros marcados por el fantasma del hambre y el racionamiento, la tos y la tuberculosis, en los que vemos, como si se tratara de fotografías muy antiguas, a un niño prematuramente incorporado al mundo de los adultos, trabajando con apenas doce años en una barbería, o aprendiendo sus primeras lecciones o sus primeras lecturas en escuelas frías y tristes donde difícilmente se aprendía la verdad de la vida.

El reino de la niñez viene a ofrecernos, desde diferente perspectiva, el mismo tema en torno al cual giraban los dos libros anteriores. Dentro de un formato y un estilo que parece concebido “para niños de todas las edades”, lo que Joaquín Benito de Lucas nos presenta es una nueva imagen de ese “Paraíso de la infancia” al que se alude en el título que sirve de pórtico general al libro. Visión edénica de un mundo en el que aún existía la inocencia original y en el que aún no había instalado sus garras el dolor .

La escritura indeleble (2009) completa ese ahondamiento en los ámbitos de la memoria, donde a veces la infancia se concibe como un recinto protector y balsámico que ahuyenta las sombras interiores del poeta; y a la recuperación de sus ruinas no se enfrenta el autor como si realizase una mera tarea arqueológica, sino que los restos de aquel naufragio aún perviven y se proyectan sobre el hombre actual, alimentándolo. De ahí la ternura que rebosan algunos de sus poemas, escritos en un tono conversacional y narrativo, con apenas concesiones a la retórica.

Sin embargo el poemario, que comienza con la visión ilusionada y casi mágica de una infancia cuya luz proporciona protección y consuelo, va poco a poco convirtiéndose en una reflexión amarga y descarnada sobre la enfermedad, sobre el sufrimiento y el dolor y, finalmente, sobre la muerte. Una visión desolada y elegíaca a través de la que el poeta concibe la vida “como un campo de batalla”, y desde semejante perspectiva contempla la vida con el desgarro más profundo y con la viva quemazón de “una angustia seca y sin consuelo”.

Poemas de un reino perdido pero reconquistado poéticamente, vidas que se fueron, voces y rostros desdibujados ya entre la niebla, pero que el poeta ha salvado y ha dejado escritos no con la pluma sino con su propia carne y con la tinta indeleble de los recuerdos. Así el poeta deja escrita su voz, tal vez con la esperanza de que sea lo único que sobreviva al fin en el terrible naufragio del tiempo y de las cosas. Y como él mismo asegura, citando unos versos suyos de Álbum de familia, esa voz “ni importa quien la escuche o quien la lea. / Su escritura indeleble/ queda en la arena como testimonio”.

martes, 22 de marzo de 2011

Imágenes del recital de Cecilia Quílez en el Jardín Botánico

La amenaza de lluvias no impidió que celebráramos el Día Mundial de la Poesía, al aire libre, en el magnífico Jardín Botánico de Madrid, con la lectura de la poeta Cecilia Quílez. Desafortunadamente, no pudo asistir al acto Juan Carlos Mestre, que también estaba anunciado.

Muchas gracias a los amigos de la Escuela de Escritores por la organización del acto.


lunes, 21 de marzo de 2011

Vísteme de largo, de Cecilia Quílez, en el suplemento Yo dona (El Mundo)

Dossier dedicado a Jesús Hilario Tundidor en la revista Tierra de Nadie

Revista Tierra de Nadie n.º 9 (2010-2011)

El último número de la revista Tierra de nadie recoge un extenso dossier dedicado al poeta Jesús Hilario Tundidor. Reproducimos aquí uno de los artículos, el de Louise Milton Bourne, "Salvando los despojos de la memoria: el día poético de Jesús Hilario tundidor".

viernes, 18 de marzo de 2011

Reseña de Tormenta transparente, de Javier Lostalé

Blog de Manuel López Azorín

Javier Lostalé y suTormenta transparente. Entre el gozo del Amor y el dolor de lo amado


Javier Lostalé (Madrid, 1942), estudió Derecho pero su vida profesional ha transcurrido en Radio Nacional de España hasta su jubilación. Allí presentó el programa cultural El ojo crítico, igualmente, junto con Ignacio Elguero, codirigió La estación azul y, aunque retirado ya, continúa colaborando con este programe cuyo título se tomó de un poemario suyo en prosa.

Siempre se he dedicado a la promoción de la lectura y a la difusión de la poesía en general. Muchos poetas han sido “promocionados” o difundidos por Javier a través de las ondas. Tantos que la poesía de Lostalé parecía quedar relegada a una actividad secundaria para él. Por esta razón, podría decirse que es un poeta más conocido por su faceta de animador cultural y difusor de poesía en los medios de comunicación que por la suya propia, pero también es cierto que, entre los jóvenes poetas, su influencia es considerable.

Tormenta Transparente, su último libro (Calambur, 2010), según nos dice, supongo que el propio autor, en la solapa interior, es una reflexión sobre el amor, su imposibilidad y su pérdida, en la que más allá de la criatura sin nombre que late en todos los poemas, el lector sentirá lo que sucede en el interior de quien ha hecho de la entrega a un ser su destino, su «tormenta transparente», porque no llega a desatarse, aunque todo arde en la aparente quietud.. Y, ya leído, puedo asegurar que efectivamente, este místico laico que es Javier Lostalé nos ofrece un canto al amor y al desamor en un poemario que nos habla de la pérdida y de la ausencia o de la imposibilidad de amar y de ser amado. Un libro, en fin, de deseo, de anhelo, de amor con todo lo que el Amor conlleva.


El título refleja muy bien el entramado ya que en el libro se produce una”Tormenta” que es la del amor. Un amor ya de ausencia y por tanto de memoria, de pensamiento más que de hecho, y a través de “visiones tranparentes” que tan pronto se duelen del amor, como del gozo de la pasión del Amor, que sólo se produce en sus palabras. Y aquí oigo ahora, además de otros, los ecos del inolvidable San Juan de la Cruz; pero sin mística religiosa, sólo anhelo, deseo, amor y desamor para este canto de luz y de sombra. Un libro del que Lostalé dice:aunque el libro pueda parecer una despedida del amor, no es así exactamente. De ahí la cita de René Char que abre este libro: El poema es el amor realizado del deseo que sigue siendo deseo.

La andadura poética de Lostalé —en solitario— llegó con la publicación del libro Jimmy, Jimmy (1976. Reeditado en el 2000), al que siguieron Figura en el paseo marítimo (1981), La rosa inclinada (1995), Hondo es el resplandor (1998). Estos libros fueron recogidos (acompañados el inédito, entonces La estación azul) en La Rosa Inclinada (Calambur, 2002) y en ellos se percibe entre las sombras de las palabras que preservan los años, el joven clamor del amor, y de su sombra, el desnudo fulgor de la luz del deseo, y de su sombra, y se perciben igualmente ecos de Vicente Aleixandre, de Cernuda, de Salinas, entre otros, y yo particularmente creo que también de Brines y Pablo García Baena. Ecos de tan inmensos poetas es, me parece a mí, un marchamo de calidad en la poesía de este hombre observador y tímido, de apariencia frágil, del que en muchas ocasiones me dijo Fina de Calderón que era tan buena persona y tan discreto que siempre se podía confiar en él y yo estaba de acuerdo.

Recuerdo la primera vez que coincidí con él, fue en la Tertulia Literaria Hispanoamericana de Rafael Montesinos, en Cultura Hispánica, y recuerdo que estaba entrevistando a una muy buena poeta llamada Encarnación Pisonero. Recuerdo igualmente que la impresión que me produjo fue de un hombre tímido, amable, educado, misterioso, observador.


En La rosa inclinada, en el poema confesión nos dice Javier Lostalé a modo de poética: Escribo porque me salva, porque es lo único que me queda, porque fija un sonido, unas luces, el final de un acto de amor, el escenario de unas horas de deseo. Escribo porque están conmigo los que ya nunca estarán, porque bajo al mar desde la mesa donde apoyo la cuartilla y me quedo quieto en la memoria de un cuerpo, y prolongo unas voces hasta perder la noción del tiempo (días y años juntos, apretados en un instante que me deja sin defensa). Escribo porque al abrir el seno de una palabra encuentro la iluminación última del beso, porque pronuncio a solas mi única verdad: ésa que después desmiento con mi vida. Escribo porque hay un llanto íntimo que me purifica desde que comienzo a hacer signos en el papel, porque poseo las cosas desde su respiración humana y puedo habitar aquello de lo que fui desterrado. Escribo para ser joven y alimentar una esperanza radical, para tener lo que no tengo y escuchar lo que nunca me dijeron. Escribo porque nunca fue más bello el engaño.

Javier Lostalé Tal vez escribe para alumbrarse, entre palabras de sombra y desencanto,entre el gozo del Amor y el dolor de lo amado, esta vida dura, que lo es, frente a la fragilidad y la decepción, no del Amor, sino de lo que se ama. En este nuevo libro, su voz, me parece a mí, llega más sombría, más triste, como conformada a la imposibilidad del Amor. Quizá por ello esta cita de Jules Renard: He construido castillos en el aire tan hermosos que me conformo con las ruinas.

Hay en Lostalé algo de misterio, de enmascaramiento y de fragilidad, al menos así lo percibo yo, es como un aire de dulce tranquilidad, y al tiempo de desamparo, un aire como de reserva, de preservación, un aire que al verle alejarse me deja siempre como si se quedase flotando un misterio, un no sé qué que queda...La última vez que nos vimos fue en el Salón de Columnas del Palacio Real. Juntos nos sentaron y juntos escuchamos las precisas y emocionadas palabras de nuestro admirado amigo Francisco Brines que respondía a la entrega de su Premio de Poesía Hispanoamericano Reina Sofía.


Javier Lostalé elabora la palabra con precisión, con lentitud y, desde su corazón y pensamiento, la deposita, luego del papel, en la vida. Ahora, según me cuenta, anda escribiendo más.
Este libro, Tormenta transparente, es el que canta al Amor y llora al amor. Un libro que nos lleva al Fernando Pessoa fingidor cuando dice: Que de tal manera miente / que hace ver que no es verdad / el dolor que en verdad siente. El canto al Amor y la elegía al amor son el fingimiento de un acercamiento a lo general, a lo colectivo con el propósito de evitar la confesionalidad, lo íntimo y acierta en cuanto a hacer un discurso colectivo donde el lector va a sentir con intensidad emocionada, tal vez, aspectos de sus propias vivencias: Nunca fue más bello el engaño.

En alguna parte leí que Javier Lostalé es un poeta cuya obra se encuadra dentro del movimiento novísimo; pero, aunque este poeta se inició en 1971con una antología de Vicente Aleixandre, titulada Espejo del amor y de la muerte, y lo hizo junto a poetas como Luis Antonio de Villena y Luis Alberto de Cuenca, entre otros, su andadura poética ha caminado siempre fuera de corrientes y modas. Hace ya muchos años en relación al mundo de la poesía me dijo Antonio Gala: Lo mejor es ir, por libre, de francotirador. Javier Lostalé ha caminado así. Con los francotiradores existe el inconveniente de parecer que no se es cuando no se está inmerso en un grupo, una corriente, etc.; pero el que es poeta, lo es aunque no esté.
Javier Lostalé nos deja, con esta Tormenta transparente, un hermoso libro en el que su enmascarada y lírica palabra poética roza la luminosa luz de la Poesía.

http://manuellopezazorin.blogspot.com/2011/02/javier-lostale-y-tormenta-transparente.html

jueves, 17 de marzo de 2011

viernes, 11 de marzo de 2011

Noticia sobre Trovadores de silencios en El Cultural

El Cultural, 25 de febrero de 2011

S. de Zaitegui

No es innovador, pero funciona: Trovadores de silencios (Madrid: Calambur, 2010) introduce la poesía entre las cuerdas del instrumento, como hacíamos los europeos hace tres mil años. En el rincón de los poetas, pesos pesados como Juan Carlos Mestre, Jaime Siles o Luis Antonio de Villena. En el de los cantautores, clásicos como Amancio Prada y Aute. Ilia Galán y Esther Peñas ejercen de maestras de ceremonias. Incluye CD y el verso "Yo soy Simbad Merino". Se trata de leer entre líneas: las del pentagrama.


Presentación de Tormenta transparente, de Javier Lostalé, en Getafe (Madrid)

Lunes 14 de marzo
Ciclo Panorama Literario
Auditorio del Centro, 20.00 h.

Fundación Centro de Poesía José Hierro
c/ José Hierro 7
28905 Getafe (Madrid)
Tel. 91 696 82 18
info@cpoesiajosehierro.org

Javier Lostalé (Madrid,1942), es profesional de Radio Nacional de España desde hace más de treinta y seis años; presentó "El ojo crítico" y creó con Ignacio Elguero el programa de poesía "La estación azul". Su labor radiofónica fue reconocida por los premios Ondas y Nacional de Fomento de la Lectura a través de Medios de Comunicación. Como poeta apareció en 1971 en la antología Espejo del amor y de la muerte, junto a Luis Antonio de Villena, Luis Alberto de Cuenca, Eduardo Calvo y Ramón Mayrata, y es autor de los libros de poemas: Jimmy, Jimmy; Figura en el Paseo Marítimo; La rosa inclinada; Hondo es el resplandor y La estación azul (poemas en prosa), todos ellos reunidos en 2002 bajo el título La rosa inclinada, publicado por Calambur. En 2004 apareció exento La estación azul, tras obtener el año anterior el premio Francisco de Quevedo. Recientemente ha publicado, igualmente en Calambur, Tormenta transparente. Es autor asimismo de dos antologías, una de Vicente Aleixandre y otra de poetas cordobeses de comienzos del siglo XXI. Ejerce la crítica literaria en las revistas Mercurio y Turia y es miembro de la Academia Castellano-Leonesa de la Poesía.

lunes, 7 de marzo de 2011

Reseña de Especímenes tipográficos españoles, de Albert Corbeto



Alhora d’establir una impremta des de la seva invenció i fins a finals del segle XIX, no només calia disposar de la maquinaria i les diverses matèries primeres. L’impressor també havia de proveir-se dels tipus mòbils per a cada un dels jocs de caràcters en les seves diferents mides.
La disponibilitat d’aquests jocs de caràcters era, amb diferència, una de les principals despeses a les que havia de fer front l’impressor. La manca d’obradors especialitzats en la preparació dels motlles per a la confecció dels tipus, una tasca especialment complexa, feia que sovint calgués importar-los de l’estranger. Les diverses polítiques de restricció d’importacions existents així com l’elevat cost feia que la disponibilitat de tipus a les impremtes fos molt baixa, especialment dels tipus de més qualitat.
Tot això feia que els impressors tinguessin molt d’interès en donar a conèixer als seus clients quins tipus disposaven i ho feien mitjançant la impressió de fulls de mostra o de catàlegs complets de mostres. Es tractava d’una autèntica propaganda on cada impressor anunciava els diferents tipus de lletra i mides que disposava per a la impressió de fulls i permetia als clients preparar la comanda. Fins i tot alguns dels catàlegs que es conserven ens han arribat incomplets, ja que alguns fulls van ser arrencats per tal d’indicar exactament quin tipus s’havia d’utilitzar en una impressió. Fins i tot en algunes d’aquests comandes el client demanava a l’impressor que, un cop rebuda, li fes el favor de tornar el full de mostra per tal de reincorporar-lo dins del catàleg. En alguns dels catàlegs, però, hi havia una indicació on es sol·licitava expressament als clients que no calia arrencar els fulls…
Un dels moments en que aquests catàlegs van tenir una major difusió va ser durant la segona meitat del segle XVIII, quan la reactivació de les impremtes va anar unida a la cada vegada major disponibilitat de tallers amb capacitat de facilitar més varietat de tipus, feia encara més necessària la preparació d’aquests catàlegs.
Ara bé, es tracta d’uns catàlegs d’una difusió limitada i d’una vida efímera, el que ha fet que ens hagin arribat un nombre molt petit i fragmentari d’exemplars. A això cal sumar-hi l’interès que molts bibliòfils tenen en aquesta mena de documents. A principis del segle XX molts d’aquests documents van anar a les col·leccions de bibliòfils d’altres estats fent que actualment formin part de les col·leccions de moltes biblioteques d’arreu del món.
En aquest llibre es presenta, en primer lloc, un estudi històric sobre la disponibilitat de jocs a les impremtes de l’estat espanyol i dels diversos intents per a poder establir fàbriques amb capacitat de poder produir localment nous tipus i evitar la necessitat d’importar-los d’altres països. En l’àmbit català hi ha dos destacats tallers: el d’Eudald Pradell, un jove armer de Ripoll que va veure a finals del segle XVIII l’oportunitat d’aprofitar els seus coneixements per fabricar de tipus d’impremta i que va acabar establint-se a Madrid, i el taller existent al convent de Sant Josep de Barcelona. A València, un anys després, hi ha el taller de Manuel Peleguer. El període analitzat arriba fins l’any 1833, l’any en que la Impremta Reial de Madrid va publicar el seu darrer catàleg de tipus.
La segona part del llibre és la catalogació de totes les mostres conegudes de tipus impreses a l’estat espanyol fins l’any 1833. Aquesta catalogació, que recull un total 80 documents indicant on es troben dipositats, les seves característiques i les referències bibliogràfiques que en parlen. Finalment, hi ha 72 làmines amb les portades i alguns exemples destacats d’aquests 80 documents catalogats.
Aquest llibre ens presenta un estudi d’un aspecte molt important dels primers segles de la impremta que, fins ara, no havia merescut una excessiva atenció tot i la importància que va tenir en el desenvolupament de les activitats de les primeres impremtes.
Títol: «Especímenes tipográficos españoles. Catalogación y estudio de las muestras de letras impresas hasta el año 1833»
Autor: Albert Corbeto
Editorial Calambur, col·lecció Biblioteca Litterae, 23
Primera edició, novembre del 2010
188 pàgines
ISBN 978−84−8350−160−4
Preu:
20,00 €

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Traducción al castellano:

A la hora de fundar una imprenta, desde su invención y hasta finales del siglo XIX, no sólo hacía falta disponer de la maquinaria y las diversas materias primas. El impresor también debía proveerse de los tipos móviles para cada uno de los juegos de caracteres en sus diferentes medidas.

La adquisición de estos juegos de caracteres era, con diferencia, uno de los principales gastos a los que tenía que hacer frente el impresor. La carencia de artesanos especializados en la preparación de los moldes para la confección de los tipos, una tarea especialmente compleja, hacía que a menudo hiciera falta importarlos del extranjero. Las diferentes políticas de restricción de importaciones existentes y el elevado coste hacía que la disponiblidad de tipos en las imprentas fuera muy baja, especialmente de los tipos de mayor calidad.

Todo eso hacía que los impresores tuvieran mucho interés en dar a conocer a sus clientes de qué tipos disponían y lo hacían mediante la impresión de hojas de muestra o catálogos completos de muestras. Se trataba de una auténtica propaganda donde cada impresor anunciaba los diferentes tipos de letra y medidas de los que disponía para la impresión de hojas y permitía a los clientes preparar el pedido. Incluso hay algunos de los catálogos que se conservan que nos han llegado incompletos, ya que algunas hojas fueron arrancadas para indicar exactamente qué tipo se debía utilizar en una impresión. Incluso en algunos de estos encargos el cliente pedía al impresor que, una vez recibido, le hiciera el favor de tomar la hoja de muestra para reincorporarla dentro del catálogo. En algunos catálogos, sin embargo, había una indicación donde se solicitaba expresamente a los clientes que no hacía falta arrancar las hojas…

Uno de los momentos en los que estos catálogos tuvieron una mayor difusión fue durante la segunda mitad del siglo XVIII, cuando la reactivación de las imprentas, unida a la cada vez mayor disponibilidad de talleres con capacidad de facilitar más variedad de tipos, hizo todavía más necesaria la preparación de estos catálogos.

Ahora bien, se trata de unos catálogos de una difusión limitada y de una vida efímera, lo que ha hecho que nos haya llegado un número muy pequeño y fragmentario de ejemplares. A eso hay que sumarle el interés que muchos bibliófilos tienen en este tipo de documentos. A principios del siglo XX muchos de estos documentos fueron a parar a las colecciones de bibliófilos de otros estados, haciendo que actualmente forman parte de las colecciones de muchas bibliotecas de todo el mundo.

En este libro se presenta, en primer lugar, un estudio histórico sobre la disponibilidad de juegos en las imprentas del Estado español y de los diversos intentos para poder establecer fábricas con capacidad de poder producir localmente nuevos tipos y evitar la necesidad de importarlos de otros países. En el ámbito catalán hay dos destacados talleres: el de Eudald Pradell, un joven armero de Ripoll que vio a finales del siglo XVIII la oportunidad de aprovechar sus conocimientos para fabricar tipos de imprenta y que se acabó estableciendo en Madrid, y el taller existente en el convento de Sant Josep de Barcelona. El período analizado llega hasta el año 1833, el año en que la Imprenta Real de Madrid publicó su último catálogo de tipos.

La segunda parte del libro es la catalogación de todas las muestras conocidas de tipos impresos en el Estado español hasta el año 1833. Esta catalogación, que recoge un total de 80 documentos, indica dónde se encuentran depositados, sus características y las referencias bibliográficas de las que hablan. Finalmente hay 72 láminas con las portadas y algunos ejemplos destacados de estos 80 documentos catalogados.

Este libro nos presenta un estudio de un aspecto muy importante de los primeros siglos de la imprenta que, hasta ahora no había merecido una excesiva atención a pesar de la importancia que tuvo en el desarrollo de las actividades de las primeras imprentas.

viernes, 4 de marzo de 2011

Reseña de Los toros furtivos, de Javier Villán, en El Cultural

El Cultural (El Mundo), 4 de marzo de 2011
Por Pilar Castro


Quienes sigan la imparable actividad de Javier Villán como crítico taurino y teatral sabrán queextiende sus intereses a otras formas de expresión creativa -Villán es sobre todo poeta- demostrativas de un estilo que no por prolífico pierde pulcritud, ni por diverso en sus manifestaciones desvía el sentido obligado en una prosa culta que bebe de diferentes fuentes y arriesga con distintos registros expresivos. Antología de la crítica taurina, Aquelarre de sombras, o estos seis “relatos de la clandestinidad taurina” (como subtitula el volumen Los toros furtivos) son buena prueba de esa diversidad creativa.

Son, para entendernos, su embestida y su estoque contra las prohibiciones que rondan la fiesta de los toros. Y son, frente a ella, la posición de quien decide dar respuesta al “abolicionismo antitaurino” sirviéndose de la exageración crítica de Rabelais y el magisterio de la ironía cervantina. En palabras de Gimferrer , que abre esta preciosa edición (ilustrada con mimo por Gonzalo Torné), en nombre de quienes no disimulan su descontento: ya que “debemos quedarnos en el callejón, el mejor burladero es el sentido del humor”.

Y humor disparatado, agudo y mordaz es lo que impulsa la intención de simular una ficción que, de manera irregular y entrecortada, compone este argumento apocalíptico: en un tiempo inconcreto, de una realidad geográfica reconocible, dos incidentes sin aparente relación (con un torero y con un crítico) dan pie a una sucesión de episodios en los que diversos personajes rastrean lo que en un pasado difuso fue la fiesta taurina.

El narrador, buscando dotar de coherencia al contenido de fuentes vinculadas a un personaje (que coincide con el autor real del libro) logra verificar la existencia de un “Movimiento Ibérico de Liberación Taurina” articulado para actuar en la clandestinidad. A él se suma un supuesto equipo de investigación para la Memoria Histórica de la Fiesta que no ceja en su empeño de corroborar que esa fiesta existió en la Península y se perdió en aras de una discutible modernidad. Y en virtud de ese fin burlesco se justifica el volumen, que entretiene y divierte.
 

http://www.elcultural.es/version_papel/LETRAS/28770/Los_toros_furtivos

jueves, 3 de marzo de 2011

Presentación de Ocupación de la ciudad prohibida, de Jorge Urrutia. Lunes 7 de marzo en el CBA (Madrid)

EL CÍRCULO DE BELLAS ARTES
Y
LA EDITORIAL CALAMBUR

tienen el gusto de invitarle a la presentación del libro

Ocupación de la ciudad prohibida

de Jorge Urrutia

Intervendrán, además del autor,
Emilio Torné, editor
Manuel Rico, poeta
Francisco Estévez Regidor, profesor Università degli Studi di Torino
Fanny Rubio, catedrática Universidad Complutense de Madrid

Lunes, 7 de marzo de 2011, a las 20,00 h.

CÍRCULO DE BELLAS ARTES DE MADRID
Sala María Zambrano
c/ Marqués de Casa Riera, 2
28014 MADRID

Se recomienda llevar esta invitación

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Jorge Urrutia
Ocupación de la ciudad prohibida
Calambur Poesía, 114. 2010
ISBN: 9788483592052
128 págs. PVP: 13 €

Ocupación de la ciudad prohibidaconfirma el adentramiento en el misterio del símbolo iniciado en libros anteriores de Jorge Urrutia. La trabazón orgánica del libro, dividido en siete «Tramos», marca los pasos del itinerario poético y deriva de un ritmo conceptual que liga, ordena y dota significado como invisible hilo rojo del viaje hacia el núcleo de un simbolismo interior impreso gracias a la transustanciación de la experiencia. Decantada ya en esencia, este último grado de la escritura del autor reconsidera la tradición literaria, en la que hace cala, para reescribir desde su tiempo la poesía española contemporánea de principios de siglo XXI.

Jorge Urrutia, madrileño y catedrático de la Universidad Carlos III de Madrid, es teórico y crítico literario. Es autor de numerosos libros: entre los más recientes destacan La pasión del desánimo. La renovación narrativa de 1902 (2002), Las luces del crepúsculo. El origen simbolista de la poesía española moderna (2004) o El teatro como sistema (2007); así como ediciones de Juan Ramón Jiménez, Azorín, Valle-Inclán, Miguel Hernández, Bacarisse, Cela, Leopoldo de Luis o José Hierro.
Su obra poética, iniciada en 1966, incluye las obras El grado fiero de la escritura (1977), Del estado, evolución y permanencia del ánimo (1979),Delimitaciones (1985) y el poemario en prosa La travesía (1987). La poesía de Jorge Urrutia se concentra y termina de madurar, fuera de las tendencias al uso, a través de un nuevo simbolismo que inicia en 1991 con Invención del enigma y continúa en Cabeza de lobo para un pasavante (1996), Una pronunciación desconocida (2001) y El mar o la impostura (2004). Fue Premio Nacional de Traducciones con una antología de Paul Éluard. De una vida tal vez nunca vivida (2010) es la segunda entrega de Jorge Urrutia en la prosa de creación.

Noticia sobre Javier VIllán y algunos poemas en Revista Enclave

Aquelarre de sombras, poemas sobre el dolor y el horror, de Javier Villán

El escritor y periodista palentino obtuvo con este poemario editado por Calambur el Premio de la Crítica de Castilla y León 2010

8 euros. Aquelarre de sombras. Javier Villán. Editorial Calambur, 2010. 48 páginas.

Las placas de las calles están llenas de formol. Guardan vida para los muertos y dejan un libro cerrado a los vivos. No hay persona en ellas que esté entre nosotros.

La ironía de la posteridad consiste en que agasaja a alguien que siempre da plantón. De tal modo, surgen homenajes sin homenajeados, actos de reconocimiento a sillas vacías, aplausos que se lleva el viento antes de haberse llegado a producir. La muerte ha alcanzado un prestigio inigualable a la hora de fabricar mitos y pulir asperezas. Igual que el coche deprecia su valor nada más salir del concesionario, la consideración por los fallecidos engorda a las pocas horas de desaparecer. Pasa que si te reconocen en vida, te obligan a estar a la altura, lo que no es fácil, aun así, parece positivo el intento palentino de honrar con una calle a Javier Villán, crítico teatral y taurino de el diario El Mundo por casualidad y poeta por causalidad. La poesía es una ley en virtud de la cual se producen efectos existenciales. Los de Villán, referidos a una manera de entender la vida certeramente cercana a la enfermedad. Inmovilidad y dolor. En su último poemario, Aquelarre de sombras, dice: “Ojalá el recuerdo, en apariencia lo más beneficioso, / no te abra más llagas que el dolor”. Por lo que dedicarle una placa sería reconocer, de alguna manera, el hilo de sórdida oscuridad que pende de las marionetas de la vida.

Las sombras, con su tacto de pesadilla, escogen el suelo y la pared para manifestarse. Otro lugar es el inconsciente, una especie quizá de “campo abrasado donde te abandona la razón”, pero poca gente se asoma a esta barandilla. Sembremos el nomenclátor de bálsamos imposibles. Alcancemos la exclusividad del murciélago para “romper el himen sagrado de un alba fría”. Sepamos que en la sombra purísima no hay más que esqueletos de viento. Que somos cuerpos crepusculares en que la decadencia “se anuncia suavemente” y la lenta devastación “nace de uno mismo y se percibe por reflejos”. Ni las farolas ni la luz de la mañana contrarrestan la certidumbre de que las aceras están llenas de epidemia, esclavitud, perturbación y cadáveres. Dedicar una calle a Villán es un modo de reconocerlo públicamente.

PREMIO DE LA CRÍTICA DE CASTILLA Y LEÓN 2010

El jurado valoró “la poesía llevada al límite” y optó por “el género más invisible de todos” y por ello es doblemente meritorio. Por la calidad del libro y la valentía del jurado. El autor de ‘Aquelarre de sombras’ está de actualidad por el volumen ‘Los toros furtivos’, de reciente aparición. Al tiempo confiesa que es posible, “aunque es pronto para asegurarlo”, que los versos sufran una adaptación dramática para llevarlos sobre el escenario de un teatro.


http://www.enclaverevista.com/libros/articulo.php?id_articulo=3125

miércoles, 2 de marzo de 2011

Cecilia Quílez en Conoceralautor.com

Reseña de Vísteme de largo, de Cecilia Quílez, en la revista Leer

Revista Leer, n.º 220, marzo de 2011

"Caudal de metáforas", por Agustín Delgado
Reseña conjunta de los libros Vísteme de largo, de Cecilia Quílez (Calambur, 2010) y Rapsodia, de Pere Gimferrer (Seix Barral, 2011)

Cecilia Quílez (Algeciras, Cádiz, 1965) ha coordinado y dirigido exposiciones de pintura y escultura en numerosas instituciones de arte y colaborado en catálogos. Pero es su ya reconocible, su singularizada voz poética, la que ha llamado la atención en el panorama de la reciente poesía española, desde su primer libro,La posada del dragón, textos escritos entre 1990 y 2002, que fue dado a la luz por la editorial Huerga & Fierro. Y fue en un segundo poemario, con el título de Un mal ácido, que se publicó en Torremozas, donde Cecilia Quílez afirmó para el lector avisado mucho más su voz. El tercero de sus poemarios, El cuarto día,apareció en Calambur; un libro que recoge los poemas de los años 2006 y 2007.

En la nota de prensa que presentaba El cuarto día, la editorial destacaba que “un aspecto que no ha cambiado en su literatura es la probada habilidad para jugar con el vocabulario y con el ritmo sintáctico, para construir con el idioma un edificio poético en una partitura musical que se deja oír tanto en su melodía como en sus letras”. En el proyecto El cuarto día –resumía y sintetizaba esa nota de prensa– “se asienta definitivamente la autora con una voz desasosegante que trasiega en la inmensidad del tiempo, la realidad material y las abstracciones de su entorno”.

Ahora, en Calambur, su cuarta entrega, Vísteme de largo, está dividida en tres apartados: “Silencio sostenido”, “Dilación del desnudo” y, en coincidencia con el título del propio poemario, “Vísteme de largo”. Si algo se aprecia de inmediato en el nuevo libro es el enriquecimiento del universo de su indagación poética. Como ha escrito Idoia Arbillaga, “el poemario nos pone en directo contacto con verdades de gran hondura existencial: el otro yo con el que convivimos, que nos desarbola y enriquece; los pactos autobiográficos entre la renuncia y la osadía del vivir; la estabilidad y el riesgo; varias poéticas informales; también la infancia; el amor y el deseo, su rotura al fin”.

Cecilia Quílez posee una rara habilidad de dominio y ejecución formal para circular entre su caudal novedoso de metáforas, de moverse con sutileza en la frontera de abismos, de pasar desde la abstracción a la órbita de la cotidianeidad mediante luminarias ambiguas. “Todo es puro insomnio”. O dicho con las palabras de otra poeta de su generación, Ana Martín Puigpelat, Vísteme de largo “es la apuesta por romper los tópicos, morder el hueso, hilvanar las lágrimas, seducir y crecer, amar y crecer, fracasar y crecer… la vida que transcurre. Si miras a través de las páginas, encontrarás un paisaje en femenino, una visión en la que reconocerte para asumir el propio paso, el torpe tropiezo, la ambición por beberse el ahora y apurar las ganas. Poesía al límite de un sentido, justo antes de quedarse sin aliento”. (…)



martes, 1 de marzo de 2011

Lectura de Javier Lostalé en Valladolid, viernes 4 de marzo

Viernes 4 de marzo de 2011, 20 h.

Lectura de poemas de Javier lostalé

Tertulia del Sarmiento.
Salón de actos del BBVA
c/ Duque de la Victoria, 12
Valladolid

Reseña de El juramento de la pista de frontón, de John Ashbery

La Nueva España, 24 de febrero de 2011


Furor experimental

Se traduce por primera vez al español El juramento de la pista de frontón, el libro más radical de John Ashbery

Por LUIS MUÑIZ
El norteamericano John Ashbery (1927) es sobradamente conocido en España: prácticamente cada año se traduce un libro suyo al castellano, y en Estados Unidos su crédito es tal que en 2008 se convirtió en el primer poeta vivo que ve canonizada su obra en la prestigiosa colección The Library of America. Un verdadero honor para un autor cuyo reinado en la poesía contemporánea que se escribe en inglés sigue siendo visto como una paradoja. El debate sobre si los poemas de Ashbery «quieren decir algo» aún no se ha cerrado, y ninguno de sus libros ha contribuido tanto a mantenerlo abierto como El juramento de la pista de frontón, publicado originalmente en 1962, seis años después de Algunos árboles, su primera entrega (o la segunda si, como el poeta hace, se excluye de la cuenta Turandot y otros poemas).

Además de las 30 piezas que componen el volumen, magníficamente traducidas por Julio Mas Alcaraz, que firma también el prólogo, la edición española de El juramento… contiene abundantes notas, una entrevista con Ashbery y un estupendo epílogo de Jordi Doce: todo lo necesario para enfrentarse a un artefacto lingüístico tan radical que medio siglo después de su aparición todavía provoca el rechazo de una de las dos ramas más poderosas de la crítica norteamericana, la representada por Harold Bloom. En cambio, para la otra, la de Marjorie Perloff, y para los poetas del movimiento «Language» (Bruce Andrews, Susan Howe, Bob Perelman), su importancia es capital.

Bloom y Helen Vendler defienden el conjunto de la obra de Ashbery, pero el primero describió el libro como un «terrible desastre» y la segunda lo tachó de «estridencia voluntaria». Sin embargo, quien dio en el clavo fue Mona van Duyn, la crítica de «Poetry», al reconocer que sólo cambiando su definición de poesía podría llegar a sentirse satisfecha con el «estado de exasperación continua» que el poemario le creaba. Y así es, porque la ruptura con el pasado que Ashbery preconiza empieza por establecer, como Doce atina muy bien a explicar, que un poema es menos un objeto que un proceso, y un proceso, además, que no se conforma con presentar la destrucción del código como un reclamo teórico, sino que aspira a hacer de ella una verdadera experiencia de lectura.

No es necesario decir que fue este corte en la «linealidad» de la tradición lo que molestó a Bloom, incapaz de ver sino diferencias de orden secundario entre la obra de Wordsworth y, pongamos, la del propio Ashbery en libros posteriores como Ríos y montañas (1966) y Autorretrato en espejo convexo (1975). Lo curioso del caso es que en El juramento… el poeta neoyorquino ensaya por primera vez muchas de las técnicas que empleará el resto de su carrera, aunque no con el furor experimental y la frecuencia con que aquí lo hace. Pero, más importante que el uso señalado de procedimientos como la fragmentación, la ambigüedad pronominal, la agramaticalidad, la abstracción, la parodia y la elipsis (u otros, importados de la pintura y la música contemporáneas, como el «collage», el «cut-up» o la atonalidad), es el juego que el autor se trae con ellos y el desmontaje de la noción misma de poema que se atreve a acometer.

No se trata ya de que Ashbery nos diga que es el acto de composición lo único que determina el resultado, como ya habían hecho antes el primer Eliot, Pound o Williams, sino que, yendo mucho más lejos, convierte el hecho de escribir poesía en un continuo reniego contra lo que la factura de un texto poético puede (y debe, según muchos) ser: corta donde el material empieza a fluir, asume el azar y la indeterminación como elementos propulsores, monta fragmentos lingüísticos de diversa procedencia sin miedo al descalabro semántico y, en el colmo de la escritura paródica, el poema «Idaho», camufla su estilo y presenta un texto propio como si fuera parte de la novela barata de la que se está mofando.

El lector encontrará en este libro muy pocos ejemplos del tipo de poema que ha hecho famoso a Ashbery: esos largos flujos de conciencia que ignoramos quién emite ni a quién van dirigidos y que no versan sobre ningún asunto grave; todo lo más, sobre la ausencia de reflexión acerca de lo grave que está en la raíz del presente: sobre la intrascendencia de nuestras vidas y el lenguaje con el que nos las contamos, que, de tan usado, ya no significa. De esa poesía «meditativa» del nuevo milenio, que ha dado piezas como «Fragmento» y «Una ola», tan magistrales como enervantes, sólo disponemos en El juramento… de la titulada «Un último mundo», la mejor del conjunto según Bloom. El resto del libro lo componen poemas que frustran constantemente las expectativas del lector y lo conminan (ése es el objetivo) a prescindir de la búsqueda de sentido y a asumir como recompensa la delectación, morosa o atropellada, en el propio despliegue del texto, que el poeta nos obliga a tomar más por su acción compositiva que por su carga semántica.

Sin embargo, de ahí a afirmar que los poemas del estadounidense «no quieren decir nada» hay un abismo, y prueba de ello es que en un texto que escribió por encargo de la editorial Wesleyan, responsable de la primera publicación de El juramento…, Ashbery explica que la «forma abstracta» en que emplea las palabras no es sino «un intento por llegar a una clase de realismo más completo y mayor». Un realismo según el cual no es tarea del poeta componer un mundo que se descompone, pero sí mostrar sus ruinas de una manera lingüística y rítmicamente eficaz, aunque esta vez sin apelar al mito y a sus arquetipos para poner un poco de orden. El resultado es un libro revolucionario y seminal, pero de ensayo, no de madurez, en el que ya están, como dice Mas Alcaraz, «los muchos Ashberies del futuro», pero no el Ashbery (al menos no del todo) que ha dejado huella en la poesía contemporánea con su poema prototípico. Doce describe su asunto a la perfección: «Vivir ante la pantalla o detrás de una ventana en una casa de las afueras, qué más da, estar siempre del otro lado con la sensación algo melancólica de que algo importante sucede sin nosotros; y luego pensar que no es para tanto y seguir mirando».

lunes, 28 de febrero de 2011

Javier Villán gana con "Aquelarre de sombras" el IX Premio de la Crítica

25 de febrero de 2011

El escritor palentino Javier Villán se ha alzado hoy con el IX Premio de la Crítica de Castilla y León, con su obra "Aquelarre de sombras", que es un libro de poesía "llevado al límite y que cuenta las vivencias de una grave enfermedad y habla del cuerpo derrotado".

Así lo ha explicado en Salamanca el poeta y vocal del jurado Antonio Sánchez Zamarreño, tras darse a conocer el fallo del galardón, creado por la Fundación Instituto Castellano y Leonés de la Lengua y organizado en colaboración con la Fundación Salamanca Ciudad de Cultura con el objetivo de premiar la obra de un escritor de la Comunidad.

Sánchez Zamarreño se ha mostrado "muy contento y satisfecho" porque el género premiado sea "el casi más invisible de todos: la poesía".

Según el copresidente del jurado Gonzalo Santonja, esto no se producía desde que en 2004 se otorgó el galardón a un "poemario espléndido" del Premio Cervantes de 2006, Antonio Gamoneda, titulado "Arden las pérdidas".

El vocal del jurado ha resaltado que la estructura de "Aquelarre de sombras" es "muy similar" a la del titulado "Sobre los ángeles" de Rafael Alberti de 1929, ya que "convoca a una serie de sombras que establecen una especie de diálogo con el cuerpo derrotado, que está totalmente disociado de la voluntad del hombre".

A su juicio, la obra de Villán (Torre de los Molinos, Palencia, 1943) tiene "una enorme novedad", porque "va más allá" de todo lo que se ha hecho hasta ahora, ya que "los pudores en torno al cuerpo caen rotundamente".

La lectura de este libro, al que ha calificado de "muy duro y con textos muy impresionantes", será "una experiencia inolvidable", dado que "es una poesía límite, porque es la de una persona que está en la frontera entre el más allá y el más acá".

También se ha referido a la calidad "extraordinaria" de las diez obras finalistas, a las que ha tildado de "verdaderas maravillas", y le ha parecido "mentira" que todas ellas "se hayan concitado en una sola Autonomía, lo cual honra a la literatura de una nación entera".

Por su parte, el también vocal del jurado y director de la Institución Alfonso el Magnánimo de Valencia (IAM), Ricardo Bellveser, ha expresado su "sorpresa" al haberse premiado un libro de poesía, al que ha definido como "un acta del dolor".

A su entender, Villán, que ha escrito la obra con "la frente contra la pared", le ha dado a su poesía "una vuelta de tuerca más" y de ahí que "Aquelarre de sombras" se "haya estado cociendo desde hace tiempo".

Por último, el codirector del jurado Carlos Aganzo ha subrayado "la calidad de los finalistas" y la entrada de "algunos jóvenes" en el premio, entre los que ha mencionado a Rubén Abella, con "Los ojos de los peces", y a Carlos Contreras, con "Cartografía del verbo".

Asimismo, ha destacado "la vuelta de la poesía, que todos los años ha estado llamando a la puerta" y que el autor "ha hecho un ejercicio de despojamiento poético y ha hablado con una verdad absolutamente traspasadora".

Al IX Premio de la Crítica de Castilla y León, además de Villán, que recibirá un retrato suyo pintado al óleo por el pintor palentino Félix de la Vega, concurrían los escritores Rubén Abella, Gonzalo Calcedo, Carlos Contreras, Jesús Ferrero, Luis García Jambrina, José Ángel González, Gustavo Martín Garzo, Ana Merino y Emilio Pascua.


http://www.todocastillayleon.es/Noticias/javier-villan-gana-con-aquelarre-de-sombras-el-ix-premio-de-la-critica-11459_10.aspx

Encuentro de editoriales y librerías independientes iberoamericanas "Otra mirada"


Calambur ha estado presente en el primer encuentro "Otra mirada" de editoriales y librerías independientes iberoamericanas, celebrado en Zaragoza del 24 al 26 de febrero. Más de 120 participantes de 7 países. Todos los allí presentes, incluidos los más veteranos, coincidieron en que nunca había tenido lugar un encuentro así, organizado "desde abajo", desde los propios libreros y editores independientes, con tan buen ambiente y tantas ganas de trabajar juntos por el futuro del libro.

Y seguiremos…

miércoles, 23 de febrero de 2011

Fotografías de la presentación de las calles de la lluvia, de Pepa Caro, en Arcos de la Frontera

La Capilla de la Misericordia (Arcos de la Frontera, Cádiz) acogió el pasado sábado la presentación de Las calles de la lluvia, de Pepa Caro, un acto que fue presidido por la delegada municipal de Cultura, Isabel Medina, y que contó con la presencia de Jesús Fernández Palacios y Pedro Sevilla.

Ambos escritores acompañaron a Pepa Caro en la presentación de su nuevo libro de poemas publicado por la editorial Calambur en un acto en el que estuvo arropada por numerosos familiares, amigos y representantes del mundo de la cultura y de otros ámbitos de la sociedad arcense.


Reseña de Vísteme de largo, de Cecilia Quílez, en El Cultural

El Cultural (El Mundo), 18 de febrero de 2011

Por A. Sáenz de Zaitegui

Lo que hay detrás de una mujer/ es otra mujer”. Detrás de Cecilia Quílez (Algeciras, Cádiz, 1965) hay una poeta intensa y carismática esperando su turno. De momento, esa otra poeta se conforma con estar en segundo plano. Pero su momento llegará. Es cuestión de tiempo. A veces se impacienta, asomándose en versos valientes que no temen ser demasiado bruscos: “Llegar hasta el hueso,/ chuparlo,/ desgarrar a mordiscos/ la carne fronteriza./ Rompe y cruje/ hasta vaciar la médula”. Cuanto más física se pone, más interesante resulta. Su teoría sobre cómo experimentamos las mujeres la realidad es persuasiva. El hecho mismo de que crea en la existencia de una experiencia femenina de la realidad es ya significativo. Aunque sea esporádicamente, Quílez insiste en imágenes gore más propias de pulp fictions que de Vísteme de largo, donde los poemas de chic garcilasiano son mayoría. Es imposible leer “Mi nombre en un garfio/ en el matadero de la desolación./ Tú lo cubres con salvas de esperma/ y lo sellas al vacío”y no pensar en Saw.

Quílez cita a Stevens y a Gamoneda. Y entendemos por qué: es ambiciosa, es buena poeta, o más exactamente, es ambiciosa porque es buena poeta y lo sabe. Aspira a la inspiración de los grandes, de ahí Stevens. Preferiríamos una Quílez más carnal, más dura. Pero a quién le importan nuestras preferencias.

jueves, 17 de febrero de 2011

Presentación en Arcos de la Frontera de Las calles de la lluvia, de Pepa Caro

Pepa Caro estará este próximo sábado 19 de febrero presentando su poemario Las calles de la lluvia en su ciudad, Arcos de la Frontera.

Estará acompañada por Pedro Sevilla y Jesús Fernández Palacios.

Será en el Centro Cultural Capilla de la Misericordia, a las 20:30 h.
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Pepa Caro
Las calles de la lluvia
Calambur Poesía, 119.
ISBN: 978-84-8359-213-7
72 págs. 2010
PVP: 10 €


Pepa Caro Gamaza es gaditana (Arcos de la Frontera, 1961) y licenciada en Historia General por la Universidad de Cádiz. Colabora en prensa y en revistas literarias, y participa en diferentes encuentros de poesía. Escribe una guía turística de su ciudad en 1997. En 1995, publica una selección de sus poemas en la antología Voces nuevas (ed. Torremozas). En 1997, publica el cuaderno de poesía Primeros Poemas (Aula «José Cadalso» de San Roque). En 2002, ve la luz el libro Con todo el invierno dentro («Cuadernos de Sandua», Cordoba). En 2005 participa, junto a otras poetas gaditanas, en El placer de la escritura o nuevo retablo de Maese Pedro (ed. Universidad de Cadiz).

Pedro Sevilla, paisano, poeta y miembro, como Pepa Caro, del grupo literario «Calima», escribe: «estamos ante una poesía sensible y moderna, ante una prosa elegante y serena como pocas». Juan Jose Téllez, en su prólogo «Ave del Paraíso» para sus Primeros poemas, afirma: «Tal vez, su edén privado sea el de aquella niña venida de un pueblo que en sus versos suena a veces a nombres arábigo-andaluces y otras veces a eco de Julio Mariscal». Enrique Montiel afirma: «Si buscamos un factor común en la poesía de Pepa Caro nos encontramos un pueblo con murallas e iglesias, árboles, sequías, lluvias, pájaros, flores, melancolías y dolores, un balcón abierto, un lecho de amor y de sueño, de ilusiones y esperanzas, la infancia cristalizada en un paraíso que se aleja y una visión de invierno interior, ese drama sin el cual no puede florecer ni la poesía ni la literatura».