lunes, 4 de enero de 2016

Reseña: Perú y la guerra civil española, por Julio Isla Jiménez

Esta reseña fue publicada en el nº 6 de la revista peruana LUCERNA. REVISTA DE LITERATURA, en diciembre de 2014.


En los conflictos bélicos en los que una nación ataca a otra para apropiarse de sus recursos o de su territorio no existe, por lo general, mayores problemas para identificar al agresor y al agredido y saber de qué lado se encuentra la justicia. Pero las cosas no resultan tan claras en el caso de las guerras civiles. Al tratarse de una "disputa de familia" en la que se enfrentan bandos que comparten una historia, una lengua y un territorio comunes –y seguirán compartiéndolos al final de las hostilidades–, se hace más difícil comprender el origen y las causas que empujan a la lucha fratricida y determinar quiénes son las víctimas y los victimarios. Como la guerra civil se produce no por meras diferencias ideológicas, sino como resultado de tensiones sociales largamente acumuladas cuya resolución, al no poder alcanzarse por la vía política, deben dirimirse por las de hecho, involucra a la sociedad entera, acentuando sus divisiones y polarizando en grado extremo las facciones en conflicto. Y aunque ambas guerras, la externa y la interna trastornan profundamente a las naciones, el trauma colectivo por excelencia lo constituye, como señala Peter Waldmann, la guerra civil, ya que tiene su origen en la ruptura de la cohesión interna de la sociedad y puede derivar incluso en su disolución.

Por ello, por tratarse de un fenómeno difícil de comprender y porque sus efectos se prolongan muchos años después de terminado el conflicto, siempre será útil toda aproximación que nos ayude a entender las razones y sinrazones que lo originaron. Y no hay mejor material de reflexión que el cotejo de documentos de la época en que se plasmaron las diversas reacciones generadas por la guerra. Este es el propósito que inspira Perú y la guerra civil española. La voz de los intelectuales (Madrid, 2013), tercer volumen de la colección “Hispanoamérica y la guerra civil española”, proyecto editorial que, como ya indica su título, busca documentar las manifestaciones artísticas e intelectuales que el conflicto ibérico (1936-1939) suscitó en los escritores de nuestro país. Como se encarga de mostrar Olga Muñoz, autora del prólogo y de la edición y recopilación de los textos, el curso de los acontecimientos de la guerra fue seguido con el más vivo interés por los intelectuales peruanos, que vieron en el destino de España, un reflejo de lo que sería la situación política nacional de triunfar uno u otro de los bandos enfrentados.


Por ello, la guerra tuvo en el Perú el efecto de exacerbar las tensiones que ya se vivían desde hace décadas y de partir las aguas de la intelectualidad peruana en dos frentes irreconciliables: los que defendieron la República y los que hicieron lo propio con la causa nacionalista. El libro otorga una amplia cobertura a ambas posiciones y lo primero que salta a la vista es que, a pesar de que posturas de apoyo como la de César Vallejo alcanzaron una resonancia ética y estética universales, y de que las producciones artísticas más logradas estuvieron inspiradas por los ideales de la República, la actitud más generalizada entre la intelectualidad peruana fue la de ver en el triunfo del fascismo español una consolidación de los valores tradicionales hispánicos enarbolados por los sectores peruanos más conservadores.
Como se puede comprobar a través de las múltiples editoriales recogidas en este volumen, esta fue la posición casi unánime de la prensa peruana y de la mayoría de escritores e intelectuales cercanos al poder. La minoritaria postura disidente, debido al clima represivo que asfixiaba toda muestra de simpatía hacia la causa republicana, tuvo que expresarse desde la clandestinidad o el exilio. Es paradigmático el caso del boletín del Comité de Amigos de la República Española (CADRE), editado por Manuel Moreno Jimeno, Emilio Adolfo Westphalen y César Moro y publicado de manera anónima, cuyas cuatro ediciones conocidas Muñoz incorpora en su totalidad. En el lado republicano destacan, asimismo, los aportes de Xavier Abril, Luis Alberto Sánchez, Magda Portal, entre otros. En el volumen, la parte del león se la lleva, como era de esperarse, César Vallejo, no solo con España, aparta de mí esta cáliz, incluido en su integridad, sino con cartas, discursos y manifiestos en los que el poeta peruano manifiesta su adhesión sin reservas a la causa republicana. Y aunque, como recuerda la autora, los intelectuales peruanos partidarios del nacionalismo español carecieron de

figuras del talento y de la talla de los que apoyaron a la República, no fueron menos activos ni entusiastas en promover la causa del franquismo en el Perú, ya sea pergeñando indigestos poemas de circunstancias que hoy no tienen mayor valor que el documental, ya sea a través de reflexiones no menos sinceras que las de sus pares republicanos, como es el caso de los escritos de Felipe Sassone y de José de la Riva-Agüero.


Más allá de su indudable valor bibliográfico –al poner en circulación textos de otro modo inaccesibles– un volumen y un proyecto como este adquieren una significación que va más allá de lo histórico y lo literario. Desde el punto de vista de los directamente involucrados en la guerra, sirve al mismo tiempo como ejercicio de la memoria y material para la refl exión y el debate para que una calamidad como aquella no vuelva jamás a repetirse. Desde nuestra orilla, los testimonios aquí recopilados nos sirven para comprobar el gran sentido de solidaridad que un puñado de intelectuales peruanos fue capaz de expresar, en su hora más crítica, por aquella nación con la que tantos lazos históricos nos unen y de la que tanto nos habíamos distanciado.