lunes, 12 de mayo de 2014

Reseña: La poesía ha caído en desgracia, de Juan Carlos Mestre, en Leonoticias

Lo último de Juan Carlos Mestre
Por Luis Artigue
Leonoticias, 7/05/2014


La obra del poeta Juan Carlos Mestre (Villafranca del Bierzo, 1957), que, asentada decididamente en una disidencia más lingüística que formal de raigambre surrealista, se hizo un hueco importante al margen de las poéticas figurativas dominantes en los años 80 ha ido evolucionando en cada entrega: todo sin apartarse nunca de una expresividad lírica que subvierte los valores de la lógica de la significatividad normalizada no para hacernos ver, como Rimbaud y su delirante heredero Artaud, que, considerando la conciencia y no la palabra como horizonte último, el pequeño escenario existencial que somos aparece ante los ojos atentos siempre vaciado de sentido y la poesía ha de ser un correlato radical de esa certidumbre de imposibilidad, sino, por decirlo con palabras de Octavio Paz, para dar cuenta de que la existencia, y su sinsentido, y hasta su sentido, se concentran en un nivel profundo al cual la poesía sólo accede tras desprenderse de sus ropajes de convención y de evidencia directa.

Y ese modo plástico, irracional y audazmente metafórico de crear poemas a la contra pero no en contra del establishment premiador y académico la obra de nuestro poeta se ha ido intensificando, y, además, ha ido rebasando el ámbito textual para ir más allá en la idea del lector coparticipante hasta convertirse ya en una poesía pública performativa. Y ha ido ganando adeptos, e imitadores, y acólitos y lectores fervorosos por todo el mundo. Y se ha convertido en una referencia fundamental a la hora de explicar lo que es y lo que quiere ser también la poesía actual escrita en castellano.

El culmen de la propuesta lírica de este poeta ha venido con dos libros de poemas inconmensurables en su extensión, LA CASA ROJA (Calambur, 2008) y LA BICICLETA DEL PANADERO (Calambur, 2012), los cuales, aunque haya quien diga que tienen algo de fórmula, resultan a mi juicio fundamentales a la hora de entender, desde el presente, que la concepción del hecho poético como revelación y la percepción de este mismo fenómeno como visión se parecen mucho en su materialización verbal y, de hecho, por eso la mística y el neosurrealismo se encuentran y hasta se dan la mano en el territorio común de la metáfora irracional deslumbrante.

¡Casi un místico laico predicando sobre el valor de la belleza, la memoria, las raíces, la solidaridad espiritualista inherente al espíritu humano y el necesario encuentro de las conciencias que aspiran a estar alerta es el último Juan Carlos Mestre!

Paralelamente el autor ha venido desde 2011 revisando toda su obra anterior para someterla a un proceso de rescritura y de unificación rítmica, métrica y formal. Esta labor la inició con su primer libro publicado en 1983 en la Colección Provincia, LA VISITA DE SAFO, un poemario culturalista y celebratorio compuesto entonces en versículos y que, apoyado en una mitología personal que iba desde Safo a Pasolini y Roland Barthes pasando por Gustav Mhler, apostaba por la cultura, el hedonismo y el apasionamiento como vías de acceso a la belleza. Este texto iniciático, en el que se encontraba ya el experimentalismo sin nihilismo que caracteriza la obra del autor, fue en 2012 aumentado, corregido y, tras perder su carácter versicular en favor del poema en prosa, resultó publicado de nuevo en Calambur con el título de LA VISITA DE SAFO Y OTROS POEMAS PARA DESPEDIR A LENNON.

Igualmente ha sido revisado, musicado por Amancio Prada y reditado en un CD imprescindible su celebrado poemario ANTÍFONA DEL OTOÑO EN EL VALLE DEL BIERZO (el poeta, decía Rilke, transforma el mundo informe llenándolo de formas duraderas, y ésa parece ahora una buena definición y un comentario estilístico de dicho libro).

Y precisamente como fruto de este proceso de rescritura unificadora nos llega ahora otra entrega, de la cual con mucho gusto nos hacemos eco.

El libro “nuevo” de Mestre LA POESÍA HA CAÍDO EN DESGRACIA, que fuera premiado y publicado por la Editorial Visor en su primera edición en 1992, ha sido en efecto también corregido y aumentado y rescrito y reactualizado y rítmicamente traducido al formato salmódico de la poesía en prosa –en todo el libro sólo hay ya dos poemas en verso, los cuales recuerdan a los ritmos de su ANTÍFONA DEL OTOÑO EN EL VALLE DEL BIERZO, y estos son los poemas LA CITRONETA AZUL y LOS ADOLESCENTES ENTIERRAN SU DESEO EN EL BOSQUE-, y ha sido salpimentado todo con la explosiva fantasía y el ingenio verbal del último Mestre, para, así, republicarlo, como decimos, en una edición reciente, austera y cuidada por la Editorial Calambur...

He aquí una nueva expresión del trabajo de revisión del compromiso apasionado con el lenguaje oracular y con el ritmo y la liturgia del lirismo en prosa.

Se trató y se trata LA POESÍA HA CAÍDO EN DESGRACIA de un libro que encierra un desarrollo irracional de ideas estéticas: un libro de poesía sobre la propia poesía, sobre su proceso, sobre su significatividad, sobre su vigencia, sobre su poder de trascendencia y, sobre todo, una revisión del rol social, ético y vital del poeta en medio de esa ceremonia de la impostura que es el mundo en este tiempo poco propicio para la lírica en el que, como reza el medievalizante pero intemporal título, la poesía parece haber caído en desgracia… ¿Qué es ahora la poesía en medio de esa cuenta de resultados que parece ser la vida? ¿Dónde está y qué papel ocupa el poeta?

Respondiendo de forma imaginativa y con punzante finura moral a esto, al papel actual del poeta en tiempos aciagos, desde el principio este libro casi nos invita a ver que hay poetas con nombre y poetas anónimos según la distancia de estos con la verdad, tal como leemos en poemas como HOSPITAL DE ANÓNIMOS, VALS NEGRO, TRIBU y, sobre todo, FECHADO EN AUSCHWITZ donde casi explícitamente se dice que el poeta, si no es el que sufre, al menos sí es el que se pone en la piel de los que sufren. La conducta autoexigente como “topos” del poeta. La ética como pulpa del poema estético para que “haya resplandor en los que sufren”. El poema como “razón de los olvidados” y la poesía, más que juego o proeza emanada del automatismo psíquico puro como pretendían Breton y los surrealistas históricos, que venga a ser de nuevo revelación deslumbrante ante lo más humano como nos enseñó Rimbaud (véase a tal efecto el poema ENIGMA y también EL VIEJO POETA); sustancia musical que ayuda al hombre a no ser, como reza el poema, EL HOMBRE DE GRIS; sí, el poeta sabiendo y haciendo saber que el poema es nuestra JAULA; que es EL OFICIO DE MIRAR.

Asimismo una voluntad de teorizar sobre la poesía, de definir lo indefinible, caracteriza este libro en el que Mestre vuelve a su razón de ser, a lo que le llevó un día a enamorarse para siempre de la poesía, para acabar concluyendo que lo mejor del mundo de la poesía es la poesía misma como lo más sustantivo de la vida es la infancia (véase en este punto el poema CABALLO DE PIEDRA). Pero, creo, la más preclara composición metapoética de este libro que escenifica y comunica el proceso de la inspiración al modo en que los místicos describen sus arrobos y sus éxtasis, fue y es el magnético e hipnótico poema EL ARCA DE LOS DONES.

Lo demás, al margen de composiciones “arraigadas” recuperadas en este libro como RETRATO DE FAMILIA o VALLE DEL ALBA, es explicar la vida como un más allá del racionalismo, como la necesidad de ir al encuentro con los sueños y el espíritu mágico de todo, así como con las fuerzas aparentemente invisibles y decididamente incomprensibles que son nuestra inercia, y así lo sugieren a su modo poemas como MAX ERNST, EL PODER DEL VIENTO, EL SONIDO DE LA DEMENCIA, y por ahí todo seguido.

Sí, la poesía para Juan Carlos Mestre ha de ser densa para decir lo menos decible porque “la oscuridad está llena de invocaciones” (se necesita, escribió T.S. Elliot como refiriéndose a Mestre, un más allá de las palabras, pero expresado a través de las palabras mismas, para que el poeta pueda preguntarse perdurablemente por el poder del hombre de ser en plenitud). Pero, detrás de esa densidad, de esa oscuridad, hay también a mi juicio una voluntad neoplatónica de regreso a la esencia de las cosas, un regreso que sólo es posible mediante lo que el propio Platón denominó “la palabra impugnada” –en esta poesía buscadora de ese envés de la evidencia que es la esencia subyace en efecto la idea neoplatónica de que todo lo que puede ser clasificado científicamente en conceptos carece de esencia-; la palabra que amplia su ámbito y sus posibilidades para servir de puente de comunicación del hombre confrontado con esa súbita descarga de emociones alusivas que es la belleza (nos lo enseñó Hölderlin en el HIPERION antes de su locura sin regreso: a veces el lenguaje poético se reconcentra en sí mismo no para dificultar el acceso a su tesoro, sino para tratar de ayudar al lector a recorrer, no sólo un segmento, sino todo el ámbito del misterio que supone vivir).

Oh, el resultado de agitar en una coctelera intelectual para iniciados la cábala, la mística, el Barroco, Rimbaud, las vanguardias históricas principalmente francesas, el surrealismo y demás itsmos, el arte abstracto, Freud, Marx y sobre todo Lacan, Paul Celan, Octavio Paz, y, en nuestra tradición más reciente, Larrea, Huidobro, Aleixandre, los dibujos de Lorca y los ángeles de Alberti, Gamoneda, Valente, Rafael Pérez Estrada y Manuel Álvarez Ortega, son los poemas oscuros como un pozo con el fondo repleto de diamantes, los poemas cifrados como enredaderas con una flor oculta en cuyo interior se haya la pulpa del sentido, del último Mestre.

Buen ejemplo es LA POESÍA HA CAÍDO EN DESGRACIA.

Adentrándonos pues, permítanme añadir, en la lectura de este revisado libro advertiremos que, a pesar de la tensión casi mística de su lenguaje, Juan Carlos Mestre nunca se aparta de la visión autónoma del espíritu hegeliano y sus ramigficaciones hacia la izquierda que protagonizan el pensamiento poético del siglo XX y XXI. Pero, bien mirado, en LA VISITA DE SAFO había ya una voluntad de convertir la poesía en espejo de un cosmos universal que quería quedar resumido en la cultura y en la mitología privada devenida de ésta, y luego en ANTÍFONA DEL OTOÑO EN EL VALLE DEL BIERZO se acercó aún más al espiritualismo panteísta marcado, al modo de Goethe, por la visión sublimada y nostálgica de la Naturaleza hasta llegar a convertir la poesía en un espejo del paisaje y de la propia naturaleza en el cual el absoluto parece salir al encuentro del espíritu interior del poeta.

Tras ese libro y ese regreso al espacio primigenio el espíritu cósmico del poeta pasará a ser interior, y por eso su lenguaje se situará ya definitivamente más allá del “logos” en LA POESÍA HA CAÍDO EN DESGRACIA: el cosmos universal que anteriormente quedaba resumido en la cultura o el paisaje pasa ahora a ser prometeico; a convertirse en un universal interior dominado por la fuerza cósmica experimental y creativa del artista comprometido que denuncia que, en esta era en la que reina la subjetividad, ya lo universal no se piensa como cosmos: por eso la poesía ha caído en desgracia.

En fin.