martes, 22 de abril de 2014

Reseña: Chile y la guerra civil española. La voz de los intelectuales, de Matías Barchino, en El Imparcial

Chile y la guerra civil española. La voz de los intelectuales
Por Alejandro San Francisco
El Imparcial, 13/04/2014


Como afirma Niall Binns en La llamada de España. Escritores extranjeros en la guerra civil(Montesinos, 2004), el conflicto fratricida que sacudió a la Península en la década de 1930 provocó uno de los fenómenos más interesantes de la política y de la cultura en el siglo XX. La conmoción provocada por el drama alcanzó también a distintos lugares del mundo y como consecuencia de ello numerosos intelectuales y escritores de los más diversos lugares acudieron a luchar por alguno de los bandos en pugna, de preferencia por los republicanos, aunque no faltaron otros en las filas nacionales.

Así aparecieron por España Malraux y Paul Claudel, Roy Campbell y Spender, Upton Sinclair y Ernest Hemingway, entre otros habitantes de las democracias de entonces. Desde los países totalitarios se advirtió la presencia de Bertolt Brecht y Arthur Koestler (Alemania), Emilio Vittorini (Italia), Kolstov y el famoso Ilya Ehrenburg (Unión Soviética).

Pero la América Hispana no estuvo ajena a las luchas y dolores de la Madre Patria, como lo ilustraron el peruano César Vallejo, los cubanos Alejo Carpentier y Nicolás Guillén, el ecuatoriano Demetrio Aguilera-Malta, el mexicano Octavio Paz y el argentino Raúl González Tuñón. Lo mismo ocurrió con Chile, como ilustra el caso más conocido de todos, el del poeta Pablo Neruda.

Sin embargo, el mayor mérito de Chile y la guerra civil española es demostrar con fuentes primarias que la presencia chilena excedía largamente el compromiso de su poeta más famoso. Tanto en Chile como en España hubo actos y publicaciones alusivas a la guerra, los escritores e intelectuales se vincularon en sus afectos y sus publicaciones, e incluso dispuestos a luchar con las armas para defender a alguno de los bandos en pugna. Así lo plantea Barchino en la Introducción, mostrando aspectos tan interesantes como la Guerra Civil en la prensa chilena o la existencia de prensa española en Chile, además de exponer una visión panorámica de los intelectuales y su relación con el conflicto, la propaganda y otros aspectos de interés.

La mayor parte de la obra está constituida por documentos aparecidos con relación a la toma de posiciones de escritores e intelectuales. Destacan, como es obvio, los grandes autores como el mencionado Neruda, Gabriela Mistral o Vicente Huidobro, además de otras figuras relevantes pero más desconocidas, entre los que podemos mencionar a Pablo de Rokha, Rosamel del Valle, Augusto D’Halmar, Juvencio Valle, Inés Echeverría Bello (“Iris”) y Joaquín Edwards Bello, Gonzalo Rojas y Nicanor Parra (estos dos últimos llegarían a ser, como sabemos, poetas de relevancia y ambos galardonados con el Premio Cervantes). A ellos deben añadirse algunos hombres de figuración política en esos años, que dejaron por escrito su testimonio: Maximiano Errázuriz, Manuel Antonio Garretón, Jorge González von Marées, además del diplomático y memorialista Carlos Morla Lynch o el historiador y gran coleccionista de documentos Sergio Fernández Larraín.

El trabajo es un esfuerzo importante e incorpora una colección documental de primer nivel, con textos hermosos y con otros sesgados por los odios del momento, y más bien lejanos a la belleza de la literatura. El esfuerzo por mostrar, en la medida de lo posible, a todos los chilenos que fueron parte de la guerra de España, resulta especialmente valioso. Así lo resume la Introducción al libro: “La guerra civil fue una obsesión para muchos escritores de los años treinta. Chile se convirtió en otro campo de batalla en el enfrentamiento global… Los ciento cincuenta autores y los once medios de comunicación documentados en este trabajo no hacen más que recordarlo”: Por eso y por otras razones esta obra vale la pena y el resultado prestará un servicio al mejor conocimiento del tema. Por otra parte, permite complementar otros estudios análogos aparecidos en los últimos años, como los textos de Carlos Morla Lynch, el gran diplomático chileno en tiempos de la Guerra Civil española.


Después de todo, la lucha fratricida tuvo una dimensión universal y en ella Chile, y los intelectuales de otras naciones latinoamericanas, se hicieron presente con sus banderas y sus letras.