miércoles, 25 de mayo de 2016

Noticias: Reseña de "El reverso de la historia", de Jordi Ibáñez Fanés, en Quimera, por José Antonio Vila








¿Para qué las letras?
(El reverso de la historia de Jordi Ibáñez Fanés)


Quimera, 390, mayo 2016
José Antonio Vila 

Jordi Ibáñez Fanés es un personaje bastante conocido en el mundo intelectual de Barcelona, pero creo que menos fuera de él (cosas de la insularidad catalana, supongo), hombre de talante irónico y escritor de trayectoria discreta pero muy sólida, escribe poesía en catalán, es autor de una novela notable La vida en la calle (2007), y de varios ensayos, entre los que destaca el interesantísimo Antígona y el duelo, a caballo entre la reflexión estética y la filosofía moral. De algunas líneas temáticas de ese libro de 2009 surgen muchos de los planteamientos que recoge El reverso de la historia, ensayo en forma de dietario y con el que comienza su andadura «Criterios», la nueva colección que la editorial Calambur dedica a la prosa de ideas. El libro trata de la crisis de las humanidades, y más específicamente de la crisis de las facultades de letras, ¿cuál es el sentido de las humanidades, cuál puede ser su utilidad en la enseñanza superior, y, en última instancia, qué pueden aportar a la sociedad en su conjunto? El reverso de la historia no es un ensayo convencional, sino que se trata de un libro en el fondo autobiográfico, escrito desde el yo y articulado sobre la experiencia de la primera persona (y que se completa con tres estudios sobre el gusto, el mal y el «final de la historia» que sirven de colofón en el último tercio de la obra), es el libro de un pensador y profesor de universidad que reflexiona sobre la función de los libros –filosofía y literatura- en nuestras vidas, sobre el modo en que problematizan pero también enriquecen nuestra existencia. Es un ensayo que nace también de una frustración personal: su dimisión, tras año y medio en el cargo, como director del Departamento de Humanidades de la barcelonesa Universidad Pompeu Fabra, dieciocho meses de obstáculos y bloqueos debidos al vicioso círculo de intereses, intrigas y politiqueos «que lo enredaban todo y convertían todo esfuerzo en un juego agotador y penoso» (un mal que, sospecho, no es privativo de este centro de enseñanza sino que se da, en mayor o menor medida, en todas las universidades, por lo menos en las españolas).  
            Ibáñez Fanés se plantea el problema de la vocación intelectual en el contexto de la crisis contemporánea, crisis económica en la superficie, pero política y moral en lo más profundo como sugiere el autor en el texto, el tiempo de la historia que nos ha tocado vivir y que ha sacudido particularmente el ámbito de la cultura. Asediadas por la lógica economicista, el imperativo de la productividad a ultranza y el culto a lo técnico-científico como única forma de instrucción, las humanidades, o letras, corren el riesgo grave de verse como algo residual, ornamental, o, en el peor de los casos, un hobby de segundo orden que no puede competir con los entretenimientos del mainstream, los que proporcionan las pantallas (de ordenadores y televisores) y los grandes fastos del deporte (sospechosamente, los nuevos gurús de la economía y la política son muy aficionados a las metáforas deportivas, como Ibáñez Fanés señala con gracia y acierto). Es necesario volver a dotar de sentido a las humanidades, o letras, aunque eso implique, como hace el autor, no renunciar a preguntarse por el sentido de lo que hacemos, ni acabar de despejar la sospecha de la ausencia de ese sentido. El libro no tiene un tono sermoneador, ni deliberadamente nostálgico como el de Jordi Llovet en Adiós a la universidad (2011), sino vibrante, a veces divertido pese a la seriedad de los temas que se abordan, no da respuestas fáciles ni disimula sus perplejidades, es rico en sus referencias, de una cultura deslumbrante pero jamás exhibicionista, en el que, por ejemplo, se enlaza la pulsión ética de Hannah Arendt con brillantes interpretaciones de novelistas tan dispares como Balzac o el marqués de Sade, y su lectura nos propone «avanzar como si sólo nosotros estuviésemos despiertos, en medio de un mundo de sonámbulos», tal vez para buscar nuestro espacio en este reverso de la historia. Y quizá construir, sin utopismos, sociedades un poquito mejores de las que tenemos.